Zenón de CitiO ( aprox. 335 a.C. – 246 a.C.)


Pablo Manuel Ramos Vallejo
¿“Dónde puedo encontrar un hombre gobernado por la razón
y no por los hábitos y los deseos”?
GIBRAN Jalil Gibrán
Zenón, hijo de Mnáseo o Demeo, fue un filósofo griego de origen chipriota, que nació aproximadamente en el año 335 a.C. en Citio, Isla de Chipre, lugar entonces, habitado en su mayoría por fenicios, con una corta población griega.
Timoteo Ateniense en el libro De las vidas, nos dice que Zenón: “tuvo la cerviz inclinada hacia un lado”. Por su parte Apolonio de Tiro escribe que: “era delgado de cuerpo, de más que mediana estatura, y moreno de color”; por lo cual, hubo quien lo llamase sarmiento egipcio, como fue Crisipo en el libro I De los refranes. También se dice “tenía las piernas gruesas y duras, pero de pocas fuerzas”. Perseo nos indica en sus Comentarios sobre los convites: “que excusaba muchas veces concurrir a ellos y que gustaba mucho de los higos frescos y de estar al sol”.
El libro I De Zenón dice que, habiendo éste consultado el oráculo acerca de lo que debía practicar para conseguir una vida feliz, la deidad le respondió que “se asemejase a los muertos en el color”; lo cual entendido, Zenón se entrega todo al estudio de los libros antiguos y se traslada a Atenas en el año 311 a.C. convirtiéndose ahí en discípulo del cínico Crates, de cuya corriente filosófica recibe gran influencia. Luego lo fue de Estilpón, y de Jenócrates. Resultando así, que después de tomar contacto con la filosofía socrática, cínica y megárica, Zenón queda poco satisfecho de los sistemas que sus maestros enseñaban en Atenas, por lo que, él inventó a su vez uno, y fundó, en el año 300, aproximadamente, la célebre Escuela estoica o del pórtico, llamada así por enseñar bajo el Pórtico Pintado (Stoà Poikile) palabra de la que deriva “Estoicismo” que es con el nombre que se designa a esta corriente filosófica. De su muerte algunos sostienen que terminó voluntariamente con su vida en el año 246 a.C.
Entre los escritos de Zenón de Citio, sólo se conservan algunos fragmentos por lo que, resulta muy difícil definir cuál fue su pensamiento original, ya que los testimonios posteriores relativos al estoicismo se refieren generalmente, a las formulaciones de Crisipo. De todos modos, deben atribuirse a él las premisas fundamentales del estoicismo, como también debe considerarse como original de Zenón la división de la investigación filosófica en lógica, física y ética, con la primacía de la ética sobre la pura teoría. Ya que, el mundo, para Zenón, está penetrado en todos sus puntos de una vitalidad natural que se manifiesta primariamente en los fenómenos biológicos, que mantiene unidos cielo y tierra, y determina las vicisitudes de todas las cosas en su interior. La ética se basa en la constitución natural del hombre. Zenón, desconfía radicalmente de las convenciones sociales, porque nada nos asegura que no estén viciadas de irracionalidad y de pasiones y, por lo tanto, no vayan en desacuerdo con la naturaleza. Igualmente sin confirmar si es de Zenón o no, sabemos que el punto de vista estoico sobre el criterio de la verdad, que se debe determinar, ante todo, en lógica, se halla en las percepciones de los sentidos aprobados por la razón.
Para el estoicismo, la ciencia de la naturaleza se divide en dos principios: uno pasivo, la materia, el cuerpo; otro activo, Dios, el alma humana. No obstante, el alma es un aire ardiente, y Dios un principio ígneo universalmente extendido, que anima cada cosa, y por su providencia dirige todos los seres, según las leyes inmutables del orden de la razón. Como podemos apreciar los estoicos daban prioridad al tema moral. “Una razón divina rige al mundo según un orden necesario y perfecto, por lo que no cabe rebelarse contra lo que a uno le toca vivir”. Su ideal era la ataraxia (“apatía”), la condena de toda emoción. “El sabio se dedica a la vida contemplativa, se eleva por sobre las preocupaciones del hombre común, se aísla, se distingue de los insensatos y es un ciudadano del mundo que no se encuentra atado a su ciudad” (cosmopolitismo).
El estoicismo es uno de los movimientos filosóficos que mayor importancia y difusión adquirieron dentro del periodo greco – romano, el cual por su vigencia lo podemos dividir en tres etapas denominadas: Estoicismo Antiguo, Medio y Nuevo o Romano, así tenemos que el Estoicismo Antiguo abarca del siglo III al II a.C. sus principales exponentes son como ya lo apuntamos Zenón de Citio, Cleantes y Crisipo; El Estoicismo Medio comprende del siglo II al I a.C. con Panecio, Posidonio y Cicerón y la tercera etapa denominada Estoicismo Nuevo o Romano incluye del siglo I al III d.C. con Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.
Ahora bien, tenemos que al igual que los cínicos, los estoicos consideran que el bien supremo del hombre es la felicidad, pero no la felicidad por los sentidos, sino la adquirida por el conocimiento. “La virtud es el único bien”. “El hombre virtuoso es el que consigue dominar sus pasiones y emociones, abandonando así el mundo externo y encontrándose a sí mismo alcanzando la felicidad a través del conocimiento”. Así pues, sostienen que la virtud es una sola y no admite grados: se es, o no se es virtuoso, porque “quien tiene una virtud las tiene todas”. Dios y el mundo aparecen identificados en el estoicismo. Dios es el rector del mundo, pero a su vez, su substancia y el mundo es la substancia de Dios. El estoicismo afirma que la naturaleza está regida por un principio, La Razón, que liga todas las cosas mediante una ley, El Destino, aunque el hombre tiene cierta libertad o sea el Libre Albedrío. Así pues, el hombre sabio debe bastarse a sí mismo, aceptar su destino obedeciendo la voluntad de Dios. Los estoicos admiten la existencia de nociones comunes pertenecientes a todos los hombres, no porque sean innatas en la mente, sino porque todos los hombres las pueden lograr mediante la reflexión. Así pues, los estoicos redujeron las cuatro causas aristotélicas a dos únicos principios: Un principio pasivo: la materia y un principio activo: el logos universal. El logos no es inmaterial sino de naturaleza corpórea. “Sólo es real lo que actúa o padece una acción y como sólo un cuerpo puede actuar o padecer, todo lo real es corpóreo”. Por esto se afirma que la doctrina estoica es estrictamente materialista. “La materia carece de cualidades y es pasiva”, siendo equivalente a la materia prima aristotélica.
El principio activo es simultáneamente causa eficiente y también, en cierto sentido, causa formal de cuanto acontece ya que contiene las “semillas” a partir de las cuales se desarrollan todas las cosas. Este principio activo razón universal, fuego activo y artista que rige y produce todo y todo lo penetra, es llamado “Dios”. El universo es, por lo tanto, un Todoanimado y divino, lo cual se corresponde con una visión panteísta, así mismo, nada escapa a la ley inmanente que rige el Todo, porque los acontecimientos están determinados por una cadena causal inexorable. Esa “necesidad” que rige el cosmos, es llamada destino o providencia, que no se corresponde con el Hado ciego de la Mitología griega, este es un orden necesario, pero absolutamente racional.
El mundo, que es un ser animado y armonioso, posee vida propia. El “gran año cósmico”, que es un ciclo, que parte del fuego original, se desarrolla por la aparición a partir del fuego, del aire, del agua, de la tierra y todos los cuerpos que se componen de estos cuatro elementos, volviendo finalmente al fuego. Ciclo del mundo, que vuelve a recomenzar de nuevo, y como todos los acontecimientos son necesarios, cada ciclo repite exactamente el ciclo anterior.
En el estoicismo sólo existen “individuos” concretos, los cuales son siempre diferentes entre sí, dice Cicerón: “Cada cosa posee su propio carácter y nada es idéntico a otra cosa, cada individuo está caracterizado por una tensión interior, una manera de ser o estructura que no puede repetirse en otro”. Lo universal (del mismo modo que las Ideas en Platón o la forma en Aristóteles) carece de realidad. Pero aunque sólo existen individuos, éstos están ligados entre sí y todo el mundo es una gigantesca armonía de correlaciones e interdependencias y una ley rige a toda esta diversidad, surgiendo el concepto de “ley natural” o “providencia”. Para los estoicos, carece de sentido hablar del mal en el mundo, porque nada de lo que sucede puede ser un mal en sí mismo, ya que juzgarlo así es consecuencia de la limitada visión que tenemos del acontecer mundano. El hombre, es una parte del universo armónico y destaca de igual forma tanto la individualidad, como la necesidad de someterse a un orden universal. En el estoicismo, el alma humana es corpórea, contrasta este enfoque con el de Platón e incluso con el de Aristóteles, ya que no se contemplan divisiones, sino que, se sostiene la unidad anímica destacando la unidad de las partes, habiendo un principio racional y hegemónico del cual irradia una suerte de “tensión” hacia todas las partes del cuerpo y se extiende hacia los cinco sentidos, la parte reproductiva y la palabra. No hay acuerdo respecto a la localización física de esta concepción del alma (hegemonikón), algunos se inclinan por ubicarla en la cabeza y otros en el corazón. En cualquier caso, del mismo modo en que el fuego sería el principio del mundo, el alma sería la que da origen al cuerpo modelándolo y desarrollándolo desde el estado embrionario.
Como ya dijimos, los estoicos dividieron su filosofía en tres partes: Lógica, Física yÉtica. Todas ellas se refieren a aspectos de una misma realidad: “el universo en su conjunto y el conocimiento sobre él”. Esto puede ser explicado y comprendido globalmente porque es una estructura organizada racionalmente de la que el hombre mismo es parte integrante. Los estoicosal usar la lógica inductiva, a su vez la subdividieron en Retórica y en Dialéctica. En el campo de la física, es fundamentalmente especulativa en clara deuda con el pensamiento de Parménides (unidad del ser) y de Heráclito, en la creencia de que la sustancia primera se halla en el fuego y en la veneración del logos, que identificaba con la energía, la ley, la razón y la providencia encontradas en la naturaleza, donde la razón de los hombres se consideraba también parte integrante del logos divino e inmortal. El universo es un todo armonioso y causalmente relacionado que se rige por un principio activo, el logos cósmico y universal del que el hombre también participa. Este logos cósmico, que es siempre el mismo, es llamado también Pneuma(soplo, Fatum en latín), aliento ígneo, ley natural, naturaleza (physis), necesidad y moira(destino), nombres todos ellos que hacen referencia a un poder que crea, unifica y mantiene unidas todas las cosas y que no es simplemente un poder físico: el pneuma o logos universal es una entidad fundamentalmente racional: es Dios (panteísmo), un alma del mundo o mente (razón) que todo lo rige y de cuya ley nada ni nadie puede sustraerse. Inmanente al mundo, el logos es corpóreo, penetra y actúa sobre la materia (hylé): principio pasivo, inerte y eterno que, en virtud del pneuma o logos, produce todo ser y acontecer. Todo en la naturaleza es mezcla de estos dos principios corpóreos (materialismo). Aunque la naturaleza (physis) es plenamente racional, no rige de la misma forma a todos los seres: Los hombres nacen con un alma como si fuera una “tabla rasa” pero cuando adquieren cierta madurez pueden, mediante el uso de una “fantasía” aceptar o rechazar las impresiones de los “iconos” que desprenden las cosas y que se fijan en el alma como conceptos. Cuando el hombre maduro ejerce una “fantasía cataléptica” es capaz de comprender la verdad de los conceptos, a partir de dichas impresiones y elaborar a partir de los mismos, juicios y razonamientos verdaderos. En los animales irracionales, la physis rige mediante un alma sensible que percibe pero no conoce. En las plantas, mediante un almavegetal y en las cosas mediante el movimiento local de los átomos regidos por el fatum o destino. En concreto la física estoica concibe la naturaleza como un fuego artístico en camino de crear.
Como ya se dijo, la teología estoica es panteísta: “no hay un Dios fuera de la naturaleza o del mundo; es el mismo mundo en su totalidad el que es divino”, lo que justifica que la creencia en los dioses, pese a su heterogeneidad, sea universal. La concepción de un cosmos dotado de un principio rector inteligente, desemboca en una visión determinista del mundo, donde nada azaroso puede acaecer: todo está gobernado por una ley racional que es inmanente y necesaria; el destino no es más que la estricta cadena de los acontecimientos ligados entre sí: “Los sucesos anteriores son causa de aquellos que les siguen, las cosas van ligadas unas a las otras, y así no sucede cosa alguna en el mundo que no sea enteramente consecuencia de aquélla y ligada a la misma como a su causa”. El azar no existe; es el simple desconocimiento causal de los acontecimientos. Afirman que si nuestra mente pudiera captar la total conexión de las causas, podría conocer el presente y predecir el futuro. Por esto sostienen que este mundo es el mejor de todos los posibles y nuestra existencia contribuye a este proyecto universal, por lo que, no hay que temer al destino, sino aceptarlo. Al estar todos los acontecimientos del mundo rigurosamente determinados y formar parte el hombre del logos universal, la libertad no puede consistir más que en la aceptación de nuestro propio destino, el cual estriba fundamentalmente en “vivir conforme a la naturaleza”. Para ello, el hombre debe conocer qué hechos son verdaderos y en qué se apoya su verdad. El bien y la virtud consisten, por lo tanto, en “vivir de acuerdo con la razón, evitando las pasiones”. Que no son sino desviaciones de nuestra propia naturaleza racional. La pasión es lo contrario que la razón, es algo que sucede y que no se puede controlar, por lo tanto debe evitarse. Las reacciones, como el dolor, el placer o el temor, pueden y deben dominarse a través del autocontrol ejercitado por la razón y la impasibilidad. Éstas surgirán de la comprensión de que no hay bien ni mal en sí, ya que todo lo que ocurre es parte de un proyecto cósmico. Por esto, los estoicos afirman que “sólo los ignorantes desconocen el logos universal y se dejan arrastrar por sus pasiones. El sabio ideal es aquél que vive conforme a la razón, está libre de pasiones y se considera ciudadano del mundo”. Es el cosmopolitismo, que defiende la igualdad y solidaridad de los hombres. Por su parte, la ética estoica nos señala que: “A los hombre les ha sido dada la razón como función más perfecta, de tal modo que para ellos vivir según la razón es vivir según la naturaleza, ya que esta es guía de las tendencias”. En línea, la virtud es la disposición permanente de vivir en armonía con la razón y el deber. Por estas razones Zenón dijo -y fue el primero en decirlo- en su libro sobre La naturaleza humana, que “el fin supremo del hombre es vivir en conformidad a la naturaleza, que es lo mismo que vivir según la virtud, a lo que la naturaleza nos conduce”. Esto es lo mismo que vivir de acuerdo con la razón. Se refiere pues a la Razón Universal que es la que rige el orden de la Naturaleza, lo que significa vivir en armonía con el Todo o más bien, realizar el deber que no es otra cosa que lo que la razón manda a hacer.
La doctrina estoica que consideraba esencial cada persona como parte de Dios y miembro de una familia universal, ayudó a romper barreras regionales, sociales y raciales, y preparar el camino para la propagación de una religión universal. Una doctrina de la ley natural, que convierte la naturaleza humana en norma para evaluar las leyes e instituciones sociales, misma que tuvo mucha influencia en Roma y en las legislaciones posteriores de Occidente. Este pensamiento evolucionará con mucha importancia en filósofos posteriores como Descartes y sobre todo en corrientes filosóficas como en la ética Kantiana, en donde la relación entre ética y razón alcanzará su máxima expresión.
Es Cuanto.