Todos los actores somos perdedores

 Todos los actores somos perdedores

Héctor Guzmán Nava

Nuestra laicidad pública, dice el escritor Roberto Blancarte, dependerá siempre de tres momentos o regímenes que deberemos tener presentes para dar claridad a la razón detrás de tanta retórica, y son: el régimen pagano; el régimen cristiano y el régimen laico.

En el régimen cristiano, la religión ha tenido su estatus jurídico, en cualquier régimen, o diríamos en un orden jurídico, para asentarse en su lugar social, esto es que la sociedad siempre le ha dado su lugar a la religión, en nuestro país de 1917 a 1992, y aún con ello la jerarquía purpurada no ha estado satisfecha con el papel que la sociedad le ha asignado, donde le ha quitado preponderancia a su insaciable codicia y avidez como reguladora social y privilegios.

La jerarquía católica está no muy clara en sus peticiones y pretensiones, pues se observa que buscan la libertad de la iglesia, más que la libertad de la religión, o, de la libertad de creencias y por supuesto es de entenderse, no es claro si es de su interés sea también la libertad de conciencia; por lo que en las reformas constitucionales del pasado día 10 de enero del año en curso, en el artículo 40 que conceptúa al estado mexicano como un estado laico, diremos pues que, episcopado mexicano y demás compinches tendrán que aguantar, mejoradas las opiniones, a todos los mexicanos sobre lo que sucederá dentro de las iglesias en cuestiones políticas o en su caso tendríamos que decirles ¿cómo deberán funcionar en lo interno?

Un pueblo como el nuestro, en donde la riqueza debería ser sinónimo de pecado, abuso, perversión, más aún en un pueblo económico e intelectualmente jodido, debiéramos tener una práctica contra cualquier forma de violencia y todo lo que esconde el origen del fracaso; la estulticia o la mediocridad.

La denominación de origen del estado mexicano laico, es ahora un asunto que indica un camino, ya no discurso sobre la separación de las instituciones civiles y religiosas; ya somos por disposición legal constitucional, ciudadanos de un estado laico, y ¿ahora qué haremos con ello?

Primeramente, tendremos que saber  y, que sea cierto. A partir de ahora, si los ciudadanos civiles o los ciudadanos religiosos del episcopado mexicano opinaremos conforme a lo señalado en la ley, ¿de quién serán válidas opiniones técnicas, políticas sobre asuntos como el petróleo, sobre el Banco de México y sus tasas de interés, de cómo manejar la inflación y la política financiera, nuestra política exterior, la seguridad nacional, la política migratoria, la salud pública, y que se haga con sensatez y respeto ciudadano para que sea cierto, que los asuntos del César son del César, y los asuntos de dios con dios?

Isaías en el Antiguo Testamento, en cuanto al concepto de justicia en lo social religioso, dejó una sentencia que buscando la concordia y la armonía en el pueblo de Javé 1:16 ¡busquen la justicia y reprendan al opresor! ¡aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda! ¡lávense, límpiense! ¡Dejen de hacer el mal! ¡aprendan hacer el bien! Y creo que para ahora es válido citar el 1:23 del mismo autor cuando hace la expresión que sirve en nuestros días, (nada hay nuevo creo) ¡tus gobernantes son rebeldes, cómplices de ladrones; todos aman el soborno y van detrás de las prebendas! ¡No abogan por el huérfano ni se ocupan de la causa de la viuda!

Isaías en el 5:8 truena, como debiéramos tronar todos los ciudadanos consientes, siempre que conociéramos el libro de la ley, diciendo: ¡ay de aquellos que acaparan casa tras casa, y se apropian de campo tras campo hasta que no dejan lugar para nadie más y terminan por vivir solos en el país! ¡Ay de los que se arrastran iniquidad con cuerdas de mentira y elpecado con sogas de carreta! ¡Ay de los que se consideran sabios, de los que se creen inteligentes!

Todo ello me llevó a reflexionar en los que por soborno absuelven a los culpables y le niegan sus derechos al indefenso; hasta aquí donde religión tiene límites y lo político se unen por lo que ha de ser justicia.

Cuántas décadas de investigación llevamos hasta hoy para darnos cuenta que la Independencia, la Reforma y la Revolución, fueron desfiguradas por un sistema políticomexicano que perdió sus raíces por el disfrute egoísta capitalista de ganancias, desarrollando una actitud autoritaria impulsora de todas las crisis recurrentes y convergentes, que perdió sus posibilidades en todas las épocas como élite gobernante, convertido en paradoja del poder.

El desarrollo de una nación se mide en términos de pleno empleo y de distribución de la riqueza. Hasta la fecha en que escribo este artículo puedo atreverme a preguntar por enésimaocasión como vosotros lo habréis hecho, ¿hasta qué punto las intenciones de los presidentes se han traducido en programas que conduzcan a la nación hacia un desarrollo auténtico?

Nuestro desarrollo económico no ha promovido desarrollo cultural, libre expresión, más humano, y de menos dependencia respecto a los Estados Unidos; hoy en lo electoral –mediático vemos que las elecciones no facilitan la articulación de las demandas políticas del ciudadano, sólo tienen un valor simbólico, como la historia identificada con la sacralidad identitarias entregobierno en turno y el autobombo, como así la eterna y pervertida promesa de un futuro mejor para todos.

Todos los “esfuerzos” del estado se encaminan a neutralizar las demandas por medio de una enérgica retórica a favor de las clases populares, como ha sido el controlar la movilizaciónobrera y campesina aún dadas sus condiciones trágicas de existencia; lo es y lo ha de ser gracias al acto monopólico de la acumulación de capital en el campo y en la empresa fabril que se encuentran en manos transnacionales globalizantes – neoliberales aliadas al gobierno en turno y estructuras caciquiles, jurásicas, que representan retórica populista y mayor represión como elementos fundamentales de la política mexicana desde  hace ya muchas décadas.

El problema político de México consiste en la falta de estratos responsables que puedan defender, intensificar y continuar las posibles transformaciones en el caso de rescatar revitalizantemente todo el legado que se encuentra en los libros de la verdad histórica en nuestra época, como revolución de la pos revolución; el estado deberá intentar incorporar una gran población marginal de miseria y frustración creciente como posible controlador de las amenazantes contradicciones que hace tiempo, actividades se observan contra la estabilidad endeble del sistema mexicano. Mito que se oscurece cuando todo fue cifrado en la existencia de un estado democrático, de derecho con libertad y nada de pan. Intereses, pasiones, ambicionesque se manifiestan con la brutalidad que hemos conocido que es impresionante. Es cuanto

Isauro Gutierrez