Saulo de Tarso (Aprox. 5 a 10 d.C. – 67 d.C.)

Pablo Manuel Ramos Vallejo
“La ciencia sin religión es coja y la religión sin ciencia está ciega.”
George Bernand SHAW
Al término del siglo primero a.C., impulsados por Augusto, muchos ciudadanos romanos volvían a los cultos tradicionales, con el objeto de poner un freno al avance de las escuelasfilosóficas griegas y a las religiones de origen oriental. En este renacimiento de las tradiciones religiosas romanas, se restablecerían antiguos templos para venerar a Júpiter, Juno, Minerva y Marte. Este fortalecimiento del culto, fomentaría el crecimiento de la figura del emperador, como salvador del mundo romano. Durante el gobierno de Tiberio, sacerdotes celtas y judíos, serían perseguidos e incluso enviados al destierro. Esto nos puede dar una idea del entorno en que se desarrolla la vida dentro del imperio romano, en tiempos de Jesús de Nazaret.
A los pocos días de la crucifixión de Jesús, comenzaron a correr rumores de que había resucitado. De esa manera demostraban sus seguidores, que Jesús era más que un hombre, que era en verdad el Hijo de Dios. Se puede decir que la iglesia cristiana inicia ya en la mañana del Domingo de Pascua en torno a esos rumores. Con este hecho, todos los hombres podían tener la esperanza de la resurrección de la carne, pues decían que Jesús fue crucificado precisamente para salvarlos. Aquí podemos darnos cuenta que los judíos de ese entonces, no trataban el tema de la inmortalidad del alma o de alguna forma de la transmigración de las almas, ya que eran ideas griegas, y por lo tanto indoeuropeas. Según el cristianismo, no hay nada en el hombre, tampoco su alma, que sea inmortal en sí. La iglesia cree en la resurrección del cuerpo y en la vida eterna, pero es precisamente basado en el milagro obrado por Dios, el que nos salva de la muerte y de la perdición. Este hecho como fundamento, no se debe al propio mérito, y tampoco se debe a ninguna cualidad natural o innata. Los primeros cristianos comenzaron a difundir el alegre mensaje de salvación mediante la fe en Jesucristo, sostenida dogmáticamente. El reino de Dios estaba a punto de emerger a través de su obra de salvación. Ahora el mundo entero podía ser conquistado para Cristo. En este marco, los primeros cristianos en el imperio romano, tenían una marcada intencionalidad proselitista, teniendo como blanco principal a los desamparados, las clases más desfavorecidas, y todos aquellos que pudieran tener interés en una vida después de la muerte, una vida mejor que compensara los sufrimientos de éste mundo. Estas ciertas prácticas cristianas, coincidentes con el estoicismo y la austeridad, suponían un desprecio implícito por el culto romano, generando así, sospechas y justificando persecuciones. Estamos hablando de cómo el cristianismoempieza a filtrarse dentro del mundo grecorromano, como algo distinto, como algo coincidente hasta cierto punto, pero muy diferente a la filosofía epicúrea, estoica o neoplatónica.
Y es aquí donde hacemos referencia al personaje clave en el inicio del cristianismo. Saulo de Tarso, también llamado San Pablo o el Apóstol de los Gentiles. Que nace entre el año 5 y 10 d.C. en Tarso, región de Cilicia, de la costa sur del Asia Menor, actual Turquía; y muere en el año 67 en la ciudad de Roma. Pablo de Tarso, apóstol del cristianismo, era hijo de judíos fariseos descendientes de la tribu de Benjamín, de cultura helenística y con ciudadanía romana. En su adolescencia es enviado a Jerusalén, donde estudia con el famoso rabino Gamaliel (Hch 22, 3), gracias al cual, adquiere una sólida formación teológica, filosófica, jurídica, mercantil y lingüística, pues hablaba griego, latín, hebreo y arameo.
El Fariseo Pablo, participó en las primeras persecuciones contra los cristianos. Pero durante un viaje a Damasco, poco después de la crucifixión de Jesús, se convirtió a la nueva fe, que por entonces era considerada una secta herética del judaísmo. Pablo sufre esta inversión ideológica, según su propio relato, “porque fue el mismo Jesús el que se le apareció”. Y aunque en sus epístolas no da detalles sobre este hecho, sí afirma que perseguía a los cristianos y que se le apareció Cristo. “Y después de todos, se me presentó también a mí, el que de ellos nació como un aborto” (Corintios 15; 3-8).
Muchos científicos han querido refutar la llamada Visión de Pablo, aduciendo varias explicaciones rayanas en la especulación. Se ha sugerido, que este fenómeno podría tratarse de un ataque epiléptico, pues la epilepsia puede ocasionar ceguera temporal y visiones místicas acompañadas de sentimiento de placer (epilepsia extática). También se ha comparado este relato con una experiencia cercana a la muerte, se ha dicho que podría haber sufrido un delirio como consecuencia de una insolación, o alguna otra causa. En contra de la hipótesis de una experiencia cercana a la muerte, puede decirse que la luz que se ve en este tipo de experiencias no causa ceguera, aunque no puede descartarse que la ceguera de Pablo sea metafórica y no física, en cuyo caso esta teoría sería más plausible. La hipótesis de una epilepsia extática es defendida por neurobiólogos de prestigio, sin embargo, de tratarse de una epilepsia sería atípica, los que sufren este mal relatan que han conectado con Dios si son creyentes (p.ej. Santa Teresa de Jesús), mientras que los budistas hablan de iluminación, es decir, que suele haber cierta predisposición. Casos similares son los que se dice ocurrieron a Mahoma y a Juan Diego, alucinaciones que han cambiado el rumbo de la historia. En el caso de Saulo, sin embargo, resulta extraño que manifieste haber visto a Jesús cuando se dedicaba a perseguir a sus seguidores y bajo esta alucinación, se pase al lado enemigo. En cualquier caso, con independencia de si la visión en el camino a Damasco fue milagrosa o tiene explicación científica, el resultado es que Saulo de Tarso, que se dedicaba a perseguir sobremanera y asolar con celo las comunidades cristianas, según sus propias palabras (Gálatas 1; 13; Filipenses 2; 6), tuvo un testimonio que lo marcó para el resto de sus días; literalmente se pasó al lado enemigo para ser el principal difusor y el más ardiente propagandista del cristianismo; que contribuyó a extender más allá del pueblo judío entre los gentiles, pues viajó como misionero por Grecia, Asia Menor, Siria y Palestina; y escribió misivas (las encíclicas) a diversos pueblos del entorno mediterráneo. Arriesgando su vida, sufriendo encarcelamientos y, finalmente, morir decapitado en Roma. Pablo fue fiel hasta la muerte, según testimonio de muchos cristianos, fidelidad que lo convirtió como el discípulo más importante de Jesús, a pesar de que nunca llegó a conocerlo.
Los escritos de Pablo de Tarso, adaptaron el mensaje de Jesús de Nazaret a la cultura helenística imperante en el mundo mediterráneo, facilitando su extensión fuera del ámbito cultural hebreo en donde había nacido. Al mismo tiempo, esos escritos constituyen una de las primeras interpretaciones del mensaje de Jesús, razón por la que contribuyeron de manera decisiva al desarrollo teológico del cristianismo, ya que se atribuyen a Pablo más de la mitad de los libros del Nuevo Testamento.
Por las muchas cartas que Pablo escribió a las primeras comunidades cristianas conocemos su predicación y sus consejos. Cuando aparece en Atenas, va directamente al Ágora. Se dice que estaba escandalizado de ver la ciudad llena de imágenes paganas. Visitó la sinagoga judía y conversó con algunos filósofos estoicos y epicúreos. Éstos le llevaron al monte Areópago y le dijeron si podrían saber qué doctrina nueva enseñaba. Ya en esta visita de Pablo a Atenas intuimos el fuerte choque entre la filosofía griega y la doctrina cristiana. De pie en el monte del Areópago, es decir, bajo los grandiosos templos de la Acrópolis pronunció el siguiente discurso: “Atenienses, por todo veo que sois muy religiosos. Al recorrer vuestra ciudad y contemplar vuestros santuarios me he encontrado un altar con esta inscripción: < A UN DIOS DESCONOCIDO >. Pues bien, lo que veneráis sin conocer es lo que yo os vengo a anunciar. El Dios que creó el mundo y todo lo que hay en él, el que reina sobre el cielo y la tierra, el que no vive en templos levantados por las manos de los hombres”. Pablo encuentra al fin y al cabo una base en esta cultura. Señala que la búsqueda de Dios es algo inherente al género humano. Esto, desde luego, no representaba nada nuevo para los griegos. Lo nuevo de la predicación de Pablo es que Dios se ha revelado ante la humanidad. No es pues solamente un Dios Filosófico al que los hombres pueden intentar alcanzar con su mente. Tampoco se parece a una imagen de oro o plata o piedra; de esa clase de dioses había de sobra arriba en la Acrópolis y abajo en la gran plaza. Decía: “Es un Dios personal que interviene en la historia y que muere crucificado para redención de la humanidad”. Tiempo después, judíos procedentes de Antioquia lo acusan de violar la Ley e intentan matarlo en una reyerta. El tribuno romano impide que lo maten y lo encarcela. Es enviado a la provincia de Judea, donde el procurador Antonino Félix lo retiene durante dos años (del 58 al 60) a la espera de conseguir un rescate por su libertad. Porcio Festo sucede a Antonino Félix como procurador de Judea. Pabloapela a su derecho, como ciudadano romano, a ser juzgado en Roma. Tras un accidentado viaje, llega a Roma en la primavera del año 61. Es liberado en el 63. Su carta a Filemón se supone escrita en este periodo de cautividad. Al parecer, después visitó las comunidades de Oriente. Volvió a ser apresado en Roma durante las persecuciones de Nerón. Fue sentenciado a muerte, por lo que fue decapitado hacia el año 67. Es bueno hacer notar que por tener la ciudadanía romana, gozó del privilegio de la decapitación, ya que el suplicio de la cruz estaba destinado para quien no era romano. Según la tradición, la cabeza rodó por el suelo y golpeó tres veces, y de allí donde chocó, surgió una vía de agua. Su cuerpo decapitado fue enterrado en la Vía Ostiense de Roma. Sustentando este hecho, ahora en nuestros días, el 11 de diciembre del año 2006 el Vaticano anunció el descubrimiento del sarcófago de San Pablo, tras cuatro años de excavaciones arqueológicas bajo el altar mayor de la basílica que lleva su nombre.
Sobreviven a Pablo trece cartas o epístolas, llamadas comúnmente “las Epístolas Paulinas”. Legado de suma importancia dada la magnitud de la Iglesia Católica que finca su origen en estos documentos. Así mismo, podemos agregar que uno de los mayores aportes de Pablo de Tarso, esque aún sin habérselo propuesto, la concepción del cristianismo que se le dio ulteriormente comouna nueva Iglesia. Pablo establece en el Concilio de Jerusalén que los seguidores de Jesús no están bajo las leyes religiosas judías y transforma la iglesia en algo universal, que debe ser anunciada a todo hombre que pueble la tierra independientemente de su origen. Esto le lleva a tener no pocos problemas, ya que se consideraba que el predicar a los gentiles y llevarlos a las sinagogas iba contra los deseos de Dios. A lo que Pablo sostenía, que también Jesús, le puso la tarea de predicar por todo el mundo y así, fundó comunidades cristianas por toda Europa y medio oriente.
Ubicándonos en el tiempo, dentro de la investigación que nos ocupa sobre la historia de la filosofía, nos queda muy claro que, esta amalgama de ideas y creencias, misma que podemos ubicarfilosóficamente entre el eclecticismo y el sincretismo, conforma las bases de la nueva religión, fundamentada en las creencias hebreas y la filosofía griega. Por lo que resulta una desafección, la forma en que posteriormente la Iglesia Católica renuncia a sus raíces y finca una rivalidad con la filosofía, contención inexistente en sus inicios. Como sabemos, los padres de esta nueva iglesia se interesaron por la filosofía, concretamente por los postulados del estoicismo, en efecto, Séneca era leído entre los cristianos gozando de cierto prestigio. Por lo que, nos atrevemos a pensar que esta diferencia reside en el dogmatismo afianzado en la fe sobrepuesto posteriormente. Incluso nos damos cuenta que el concepto de “cristianismo” (como sustantivo) es ajeno a Pablo. Es una construcción muy posterior. En el primer siglo de nuestra era, el judaísmo veía en su interior divisiones acusadas, sin perder la identidad general. Saduceos, fariseos, baptistas, esenios, terapeutas, zelotes, protognósticos, cosmopolitas como Filón de Alejandría y los nazareos, es decir, los seguidores de un crucificado, una minúscula secta más dentro de la gran familia judaica. Pablofue el responsable de abrir el pensamiento de Jesús al mundo no judío, y romper con las ataduras a una Ley nacionalista ya caduca y reemplazarla por el concepto de la gratuidad y universalidad de la salvación. Cuando Jerusalén fue arrasada por los romanos, en 70 y 132 d.C, sólo dos grupos de los muchos se salvaron: los fariseos, replegándose sobre sí mismos y poniendo las bases del judaísmo actual; y los nazareos, ahora sí cristianos, abiertos al exterior gracias a la prédica de Pablo.
Siguiendo con la investigación ya decíamos en artículos anteriores que, un judío copto, llamado Filón de Alejandría, trató de conciliar a las Sagradas Escrituras con Platón, Filón intentó enclavar al Platonismo la idea de Dios. Pablo de Tarso lo logró, y esto lo convierte en el ideólogo del cristianismo. Pablo no creó ninguna filosofía, pero le añadió a las Sagradas Escrituras de los Hebreos, muchísimos elementos de la filosofía griega, con lo que de paso, salvó al naciente cristianismo de desaparecer confundido entre tantas otras sectas judías. La diferencia existente entre la idea de Filón y la de Pablo se centra en que Pablo añade a Jesús como el mesías de los judíos. No debemos olvidar que tras la muerte de Jesús se registra el acontecimiento central del cristianismo: La Resurrección. Este suceso marca la frontera definitiva entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. A partir de este momento, el debate se desarrolla en un ámbito totalmente distinto. Como ya lo he expresado en artículos anteriores de esta columna Ágora, editada por Crisol de Ideas, la inmensa mayoría de los investigadores consideran indudable que la figura de Jesús forma parte de la historia. Otra cosa bien distinta es que Jesús sea Hijo de Dios. Esta afirmación sólo puede hacerse desde la fe. Por lo que el cristianismo con Pablo de Tarso, se apresura a matizar la fe, ya que debe tener razones para no convertirse en un acto puramente irracional. Esto a su vez, podría dar respuesta a nuestro cuestionamiento sobre la aversión del cristianismo dogmático con la filosofía. Es desde sus inicios que la iglesia no acepta el sincretismo de donde emana. Pues como podemos apreciar, con Pablo el cristianismo se consolida como enemigo mortal de la “sabiduría del mundo”, es decir, de la ciencia, tal como puede constatarse sin dificultad en la primera Epístola a los Corintios. “Porque dice la Escritura: Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes (…). Mientras los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles (…)Y mi palabra y mi predicación no se apoyaban en persuasivos discursos de sabiduría, sino en la demostración del Espíritu y de su poder, para que vuestra fe se fundase, no en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (I Co 1, 19-28; 2, 4-5). De esto rescatamos que la fe es el veto a la ciencia. El Dios que descalifica la “sabiduría del mundo”, tornando vana la labor entera del mundo antiguo, resulta de la decisión de Pablo de llamar Dios a su propia voluntad.
Para concluir, podemos decir que la figura de Saulo de Tarso, más conocida como San Pablo, es una de las pocas imprescindibles en la historia de la humanidad. Se confíe o se abomine del cristianismo, lo cierto es que la praxis de Pablo, su retórica sanguínea, su exaltación, su revolución tras la propia revolución del Jesús histórico, no solo salvó al minúsculo grupo de seguidores de éste de ser reabsorbido en un judaísmo exclusivista, sino que lo abrió a una perspectiva universal. Pablo se formó en el judaísmo rabínico y conoció imperfectamente, la cultura helenística que aglutinó centralizando la idea mesiánica. En un momento crucial de su vida, se produce el famoso Llamado, en el Camino de Damasco. Nunca sabremos quizás qué sucedió en realidad, salvo que el destino de la humanidad después no sería el mismo. Nos ha quedado el relato idealizado y clásico de Lucas en el libro de los Hechos; pero cuando el propio Pablo lo relata en su carta a los Gálatas, lo resuelve en dos palabras que, a fuerza de carecer de todo rasgo sobrenatural, parece aumentar aún más el carácter de inefable.
Pablo de Tarso, creyó y dudó; no fue un filósofo, ni siquiera un teólogo, ni un gran escritor si a estilo se refiere, pero su pasión, su fe radical y su subversión de los valores establecidos muchas veces lo elevan a la altura de la poesía. Es Cuanto…
