Salvador E. Morales Pérez, a propósito del 167 aniversario del natalicio de José Martí

 Salvador E. Morales Pérez, a propósito  del 167 aniversario del natalicio de José Martí

“Para hablar de los hombres grandes

debe hacerse con palabra clara y sencilla,

como clara y sencilla fue la vida de esos hombres”

José Martí.

La mejor lección de humanismo martiano que yo he conocido tiene un nombre: Salvador Edmundo Morales Pérez. No sólo porque su vasta obra sobre el Mártir de Dos Ríos fue copiosa y digna de reconocimiento en todas las latitudes del mundo, sino porque Salvador sí se esforzó por hacer praxis las lecciones martianas en todo momento y en todo lugar. Como Guevara, fue capaz de sentir en carne propia cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo.

 

Salvador Morales fue un excepcional historiador, periodista y profesor cubano nacido en la capital antillana un 9 de diciembre de 1939. La Universidad de La Habana le otorgó el título de Licenciado en Historia en 1968 y el grado de Doctor en Ciencias Históricas en 1999. Fue en la Universidad Michoacana donde desarrolló su más fecunda obra intelectual y académica en la formación de generaciones de historiadores michoacanos que le han dado honra y prez a nuestra máxima Casa de Estudios. Desde 1976 llegó como profesor invitado para fundar la Cátedra José Martí en la entonces Escuela de Historia y, posteriormente y a partir de 1999, se quedó hasta el fin de sus días como Profesor-Investigador de tiempo completo adscrito al Instituto de Investigaciones Históricas de la UMSNH. Instituciones universitarias y editoriales de Cuba, México, Sierra Leona, Alemania, Italia, Hungría, Unión Soviética, España, Venezuela, Argentina, Ecuador, República Dominicana, Puerto Rico, Panamá y Chile, publicaron su vasta obra que ascendió a 36 libros; 30 capítulos de libros; 54 artículos en revistas especializadas y más de trescientos cincuenta artículos de divulgación en revistas y periódicos de diversos países.

Tuve la honrosa oportunidad de escribir la presentación de su libro: José Martí: vida, tiempo, ideas, publicado por la Sociedad Cultural “Miguel Hidalgo” en coordinación con el Instituto de Investigaciones Historicas de la UMSNH y el Centro de Estudios Martianos de La Habana, cuya presentación hicimos en ese espacio del pensamiento martiano en agosto de 2003, en ocasión de celebrarse el Coloquio Internacional José Martí frente a la dominación imperial. Panamericanismo: ALCA, nuevo orden mundial. De igual manera, y por su encomienda dada su imposibilidad de viajar por problemas de salud, funjí como comentarista de su obra: Cuba en Rebeldía: del Moncada a Girón, en la presentación que se hizo en febrero de 2010 en el Archivo General de la Nación en Santo Domingo, R.D.

Extraño las convocatorias que año tras año nos formulaba Salvador Morales para conmemorar en Morelia el Aniversario (7 de agosto) de la caída en combate de Ernesto Che Guevara. Pero creo que es oportunidad para recordar a un intelectual y humanista de prosapia que dio a los estudiantes michoacanos los esfuerzos postreros de su vida. Hace tres años, cuando el Instituto de Investigaciones Históricas de la UMSNH le hizo un merecido homenaje, expresé lo siguiente:

“La generosidad no es ni un costal de piedras ni de doblones de oro con el que se pueda viajar por el mundo repartiendo albricias o regalos. La generosidad es una conducta humana que cuando se ejerce se eleva al nivel de los valores que más distinguen al hombre en todo momento. Trae aparejada la conducta de la filantropía, la del desprendimiento del bien propio en busca del bien común. Mayormente se es generoso cuando se carga con la lápida del extranjerismo en todas las tierras en las que el destino nos ubica. En Salvador Morales, ese extranjerismo fue sello de dignidad propia y de reconocimiento social. Dolor interno, seguramente, fue para él estar lejos de la Patria amada, en todo el sentido martiano de la palabra Patria, de aquella que nos habla que, ‘Patria, es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas. Patria, es humanidad’. Morales Pérez, supo construir Patria aún fuera de la suya misma.

Su decisión de mexicanizarse nos abrió la posibilidad de atisbar en los estudios de la historia, de la política, de la ciencia social, de la psicología, de la literatura, del periodismo y de la poesía a todos aquellos mexicanos que encontramos en él una insondable veta de conocimiento en las ciencias y artes que le fueron dado conocer. Por él, llegué a Martí, al conocimiento teórico y sistemático de la obra martiana. Debo referir que Martí fue desde mis cuatro años de edad el más querido referente de mi proceso educativo primario. A través de La Edad de Oro, pude construir el pensamiento mágico  de las formas interpretativas de la vida que el héroe antillano dedicara a los niños de América, en aquella revista mensual que viera la luz de julio a octubre de 1889 durante su larga estancia en Nueva York en el proceso de preparar la revolución liberadora de su amada Cuba. Como Martí, Salvador Morales no se olvidó de la esperanza del mundo y, con un esfuerzo a veces sobre humano, fuimos testigos de su tesón, predilección y cariño en la formación de los estudiantes mexicanos. La Universidad Michoacana fue su bastión de lucha, su crisol de ideas y su espacio íntimo para la creación serena en bien de Cuba, de México y de la Fraternidad Universal.

‘Martí cabalga de nuevo por Michoacán’. Así tituló Salvador Morales la presentación que hizo de mi libro José Martí: una vida por la libertad, la igualdad y la fraternidad. El rigor en la investigación que Salvador me impuso, hizo que el citado libro viera la luz cinco años después de lo que yo me había propuesto. Debo confesar que no eran limitaciones del orden económico lo que detenía la publicación, sino la profunda y sesuda revisión de los textos que Salvador hacía y que me remitían de nuevo al proceso de investigación, lo cual acepté por el convencimiento propio de que algo podíamos aportar en la difusión del pensamiento martiano dedicado a los jóvenes de México y de América. Inmerecidamente, de esa obra, Salvador Morales escribió lo siguiente:

‘El autor, es de esos hombres que han caído bajo el hechizo de la palabra martiana porque se identifica plenamente con el fondo de sus significados. Un hombre dolido por la época. Y ha creído oportuno compartir su identificación martiana para llenar parte de esos vacíos que padecen las gentes sin esperanzas y sin horizonte. Comprendió que para los días que vivimos es un hecho de enorme trascendencia humana, ideológica y moral empaparnos de la trayectoria heroica de esta vida consagrada a la política: a la alta política, a la de los nobles objetivos humanistas del mejoramiento social sin exclusiones’ 

Junto a Morales Pérez impulsamos otros proyectos. En Julio de 2011 publicamos el libro Cuba en rebeldía: del Moncada a Girón. Excepcional obra testimonial de quien, desde dentro, vivió los momentos más álgidos y heroicos del proceso revolucionario cubano. El día 7 de agosto del 2012 en el que celebramos el Aniversario Luctuoso de Ernesto Che Guevara, en las instalaciones del Centro Cultural Universitario, conversé por última vez con Salvador, invitándome para ser comentarista de su más reciente obra. Estuve esperando la fecha de la ocasión, pues tenía pendientes algunas estadías fuera del país. El sábado posterior al 10 de diciembre me llamaron telefónicamente para informarme que Salvador Morales Pérez había fallecido”. Así concluí mi mensaje.

Hoy, un aula del Instituto de Investigaciones Históricas lleva su nombre. Cuánto más certeras las palabras de José Martí para recordar al doctor Morales: “La tumba es vía, no término”; y a nosotros que nos quede la certeza de que: “la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”

Es cuanto.

Isauro Gutierrez