Reflexiones sobre el amor


Miguel Ángel Martínez Ruiz
Se dice que la vida humana tiene tres dimensiones: espacial, temporal y espiritual. La primera, como es obvio, se refiere al lugar en donde nacemos y se desarrolla nuestra existencia; la segunda alude a la hora, la fecha de nuestro ingreso al mundo y a los años que vivimos; la tercera guarda una relación directa con la conciencia, la educación, la autorrealización, etc. Dentro de este contexto, el ser humano aprende a amar, pero ¿qué connotación tiene esta palabra? El gran escritor mexicano Juan Rulfo afirmaba que solamente hay dos temas sobre los cuales se puede escribir: el amor y la muerte, exactamente los dos fenómenos a los que les preeminencia el gran psicólogo y psiquiatra Sigmund Freud como constantes que denomina pulsiones: Eros y Tanathos, a través de toda la vida. Son dos instintos esenciales: el de conservación de la existencia, el cual se traduce en una lucha permanente en contra de la muerte, también conocido como de supervivencia (lucha y huida), además del de nutrición que consiste en satisfacer el hambre y la sed, y el de reproducción de la especie. Algunos psicólogos también incluyen el instinto religioso que corresponde a la necesidad de creer y encontrar un sentido a nuestro tránsito por la realidad física y humana. La satisfacción de estos instintos se encuentra muy vinculada al placer. El instinto gregario lleva al individuo a relacionarse con sus semejantes por la necesidad de compañía, de prestigio, de poder, de aceptación, de propiedad, etc. Hay psicólogos y antropólogos que reconocen otras necesidades, casi instintivas, como el deseo de saber, la curiosidad, las inclinaciones artísticas, las tendencias filosóficas, etc. El llanto también se cuenta como un instinto, así como la repulsión. Se habla de otros instintos que son refutables, entre otros, el instinto materno, el cual muchas veces no existe, pues algunas madres y padres abandonan a sus hijos, aunque lo mismo se puede decir del instinto de supervivencia, cuando en la realidad muchas personas deciden interrumpir sus vidas mediante el suicidio. Además muchas otras disfrutan exponiéndose a peligros innecesarios, como el caso de quienes gozan al practicar deportes de alto riesgo.
Dentro de toda esta gama de instintos y actitudes a veces contradictorias por ir en contra de la naturaleza, el ser humano participa al igual que los animales de la mayoría de estos instintos, pero con la diferencia de que nuestra especie sigue patrones más sofisticados en la satisfacción de necesidades básicas: se procuran alimentos y bebidas más placenteras, prendas de vestir costosas, casas muy elegantes, reuniones con líderes o personajes célebres, etc.
Al enfrentar el amor se tiene un gusto, cada día más elaborado, pues hombres y mujeres tienen diversas preferencias sexuales, lo cual ya no es motivo de escándalo como lo fue en otras épocas.
Aun cuando el amor tiene como rasgo distintivo la benevolencia, asociada a los sentimientos y afectos positivos, hay diferentes clases de amor: A) El amor de los padres hacia los hijos, B) El amor a los padres, C) El amor entre los novios, D) El de los cónyuges, F) El de los amigos, entre otros. Se tiene también el amor a objetos inanimados, por ejemplo el amor al dinero, a la buena vida, a los objetos de arte, a los libros, etc. Existen objetos ideales a los cuales se les ama, por ejemplo, el amor a la patria, a la justicia, al trabajo, al juego, a la diversión, a los partidos políticos, y casi en último término el amor al prójimo y el amor a Dios.
En nuestra sociedad hedonista, se ama más al dinero que a nadie, pues este es el medio para procurarse una serie de satisfacciones en óptimas condiciones. Así, pues, el amor principal es el amor a sí mismo, la egolatría, el egoísmo y la ausencia casi total de solidaridad humana.
Entre los filósofos griegos, el primero que se ocupó de este tema fue Sócrates, cuyo pensamiento solo nos ha llegado a través de los escritos de sus discípulos Platón, Jenofonte y Aristófanes. El primero de ellos describe las conversaciones del gran filósofo ateniense con algunos personajes que tuvieron el privilegio de platicar con él: Critón, Eutifrón, Fedro, Fedón, Cratilo, Teeteto, Menón, Eutidemo, Gorgias, y Timeo, principalmente, cuyas aportaciones fueron de enorme utilidad para rescatar la sabiduría del eminente maestro. En esas recreaciones, Sócrates reflexiona sobre diversos tópicos, siendo el amor uno de ellos mediante sus famosos Diálogos. Por el tema de este artículo, son de particular importancia aquellos en los que se aborda lo relacionado con el amor. Un primer intento por definir el concepto de amor se encuentra en el capítulo de Lisis o De la Amistad. Conforme a este texto, en términos generales, el amor es “desear que la persona amada sea lo más feliz posible.” Sin embargo, no es sino hasta el discurso siguiente cuando reflexiona con Fedro y dice que “…este es deseo, pero incluso aquellos que no tienen Eros -según el sentido atribuido antes por Lisis- anhelan lo bello. ¿Sobre la base de qué podremos diferenciarlos? Sobre la base de dos principios rectores que Platón afirma que existen en nosotros. El primero es un deseo innato de placer y el segundo una capacidad de juicio desarrollada tendiente a lo óptimo. Sucede que a veces tales principios coinciden y otras veces discrepan, en una lucha permanente por la supremacía.” […] “Se trata de un Eros que tiene por objetivo el placer antes que el bien, el cual no sólo es malo para el alma del amado sino también para su cuerpo en la medida en que el amante, poseído por el Eros egoísta, hace de su amado una persona físicamente débil al obligarlo a vivir encerrado en casa, privándolo con ello de dar salud a su cuerpo. Todo esto hace que sea inmensamente más sensato que el amado favorezca al no poseído por el Eros, de lo contrario se expone a un afecto que es como el del lobo por la oveja. Tal es la acusación de Sócrates contra el Eros.” En el libro El Banquete (Symposio) o Del Amor, se trata el amor platónico. Allí Fedro afirma que el amor es el dios más antiguo y el que lo sitúa al lado de la divinidad; Pansanias asevera que existen dos clases de amor de Venus: la Venus del cielo, muy digna, y la Venus popular, la cual enciende las más bajas pasiones; Erixímaco acepta el uranismo u homosexualidad; Agatón concibe el amor como algo que proporciona paz a los hombres y a la naturaleza. En cambio, Sócrates expone la teoría que no es otra, sino la que sustenta Platón, definida como una expresión cuyo significado comúnmente alude al afecto físico no correspondido, el cual solamente se queda como un ideal. Es la motivación (o empuje) que lleva al conocimiento de una idea y a la contemplación de la misma, y que varía desde la apariencia de la belleza hasta el conocimiento puro y desinteresado de su esencia. Es una forma de amor y amistad en que no hay un elemento sexual (una vez alcanzado el encuentro sexual deja de ser amor platónico) o este se da de forma mental, imaginativa o ideal, y no de forma física.
En el siglo II a. C., el poeta latino Publio Ovidio escribió la obra Arte de amar (Ars amatoria) que consta de tres volúmenes en verso, con un propósito didáctico, pues en él se dan una serie de consejos sobre las relaciones amorosas, cómo cortejar a las mujeres y conquistarlas, la manera de conservar su amor o recuperarlo y cómo evitar que nos lo roben… Más o menos de esa misma época data el libro Diálogos acerca de la amistad (De Amicitia), escrito por el orador y filósofo latino Marco Tulio Cicerón, obra en la que define la amistad con las frases siguientes: “No es otra cosa la amistad que un sumo consentimiento en las cosas divinas y humanas con amor y con benevolencia: don tan grande que no sé si han concedido los dioses (excepto la sabiduría) otro mayor a los mortales. Prefieren unos las riquezas, otros la buena salud, otros el poder, otros las dignidades y muchos los deleites: esto último propio de las bestias, y otro caduco y perecedero, dependiente no de nuestro arbitrio, de la inconstante fortuna. Y así discurren noblemente los que constituyen el sumo bien en la virtud: esta misma es la que engendra y mantiene las amistades, de modo que sin ella no puede haberlas en manera alguna.” Los valores de esta relación entre los seres humanos y dice, entre otros muchos aforismos o frases: “Cuánta sea la fuerza de la amistad: no puede hallarse sino entre los buenos: quienes merecen este título”.
En las letras españolas, destaca El Libro de buen amor (1330 y 1343), conocido también como Libro de los cantares. Constituye una obra del Mester de Clerecía del siglo XIV. Esta composición está integrada por 1728 estrofas, cuyo hilo conductor es el relato de la autobiografía ficticia de su autor (Juan Ruiz, Arcipreste de Hita). Ha sido considerada una de las creaciones literarias muy importantes, no solo de España, sino de toda la Edad Media. “El libro contiene una colección heterogénea de diversos materiales unidos en torno a una pretendida narración de asuntos amorosos del propio autor, quien es representado en una parte del libro por el episódico personaje de don Melón de la Huerta. En él aparecen representadas a través de sus amantes todas las capas de la sociedad bajomedieval española.”
En la obra cumbre de la literatura hispánica, El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra crea un personaje que es capaz de realizar cualquier hazaña, aunque signifiquen los más grandes sacrificios, y emprender todo lo que sea necesario para complacer a su amada Dulcinea del Toboso, de cuya hermosura quedó prendado desde la primera ocasión que la vio. Se trata del amor ideal, el anhelo, la emoción, el cariño sublime, excelso, elevado al más alto rango de los más puros sentimientos humanos.
A esa misma época pertenece William Shakespeare, cuya obra Romeo y Julieta alcanza la gloria del amor cuando los amantes de Verona enfrentan todas las adversidades del mundo que lleva a los personajes a sucumbir en su pasión inmensa, sin límites de ninguna índole, ellos se aman por encima de todo y llegan a la muerte antes de renunciar al gran amor de sus vidas. Es la tragedia lo que le da una dimensión excepcional, porque si hubiesen logrado huir, casarse y tener hijos, alejados de la sociedad en que vivían, no pasarían de ser una pareja común y corriente. El genio de su creador reside en expresar esa actitud valerosa para defender su amor intenso, profundo, indeclinable.
Una historia análoga se da en la obra Abelardo y Eloísa, escrita por Pierre Abélard (Pedro Abelardo), en la que se narra el gran amor que surge cuando él, siendo un distinguido preceptor francés, se encuentra con su discípula Eloísa, y ambos caen en las redes de la pasión, tanto que no les importaron los convencionalismos de la oscurantista Edad Media, entregándose al disfrute del contacto carnal. Como resultado, ella queda embarazada y sus familiares la envían a un lugar alejado. Finalmente, consienten que ambos contraigan matrimonio, pero ella decide no vivir a su lado, se enclaustra en un convento, aunque lo sigue amando. Él es víctima de la emasculación como venganza de los familiares ofendidos. Él muere adorando a Eloísa y ella, al fallecer, pide que sus restos mortales sean depositados en la misma tumba que su amado Abelardo.
Ya en el siglo XVIII, Jacques Henri-Bernardin de Saint-Pierre escribió la novela intitulada Pablo y Virginia, en la cual se cuestiona el modelo de sociedad, donde se requiere un cambio de las relaciones de poder. Los personajes de Pablo y Virginia son dos niños que se enamoran, viven felices y acordes con la naturaleza en una isla. Ella es requerida por un importante hombre de negocios que radica en Europa, lo cual trunca sus planes, pero ella no se siente feliz y regresa. Sin embargo, el barco en el que viaja al retornar se hunde, ella puede luchar por su vida para continuar la anterior, pero prefiere morir. Ese amor interrumpido por circunstancias de una realidad cruel vino a ser uno de los primeros pasos hacia el romanticismo.
Al margen de la literatura, muchos autores han tratado de definir los conceptos de amor y amistad. La mayoría coinciden en que es muy difícil dar una definición más o menos completa, sin embargo, han procurado establecer las características de este fenómeno: emotivo, profundo, no se limita a los seres humanos, atracción afectiva, apasionado, devoto, hasta cierto punto irracional, desmedido, existen diferentes manifestaciones del amor: con elementos eróticos y sin ellos, y señalan en el amor hacia Dios o a la naturaleza, a la santidad, a la belleza, a la bondad, a los padres, hermanos y familiares, al prójimo, etc.
También incluyen como ingredientes del amor otras ideas que pueden caer dentro de una percepción meramente subjetiva: bello, adoración, sufrimiento, vivir, creer, sentir, admirar, alegría, ternura, aceptar, reconocer errores, perdonar, etc.
La poeta mexicana Josefa Murillo escribió una estrofa que dice: DEFINICIÓN. Amor, dijo la rosa, es un perfume/ Amor es un murmurio, dijo el agua/Amor es un suspiro, dijo el céfiro/Amor, dijo la luz, es una llama/ ¡Oh! ¡Cuánto habéis mentido!/ Amor ¡es una lágrima!