Pues bueno, ya pasamos esta

 Pues bueno, ya pasamos esta

Gabriel Hernández Soria

No todo es  blanco ni todo es negro. El acuerdo migratorio y comercial convenido con Estados Unidos tiene puntos positivos y algunos negativos que,  a riesgo de ser considerado “Grinch”, me impiden lanzar a rebato los badajos broncíneos. El acuerdo es bueno en cuanto logra evitar una guerra (comercial) y, bajo presión, obtiene para Estados Unidos una represa a la ola migratoria centroamericana. El mayor avance obtenido es la aceptación americana de que el problema debe atacarse con políticas de desarrollo en Centroamérica y no sólo cerrando fronteras. Ya ha habido intentos de fortalecer la economía de las naciones centroamericanas. Lo diferente es que ahora lo propone y alienta un país centroamericano; México.

Como en tantas cosas, nuestro país no puede ser descrito en forma simple. Es el caso de su pertenencia tanto a Norteamérica como a Centroamérica. Dicho en términos antiguos, México es un país de Mayas y de Apaches. La identidad con Centroamérica es tan fuerte que, incluso un inculto como Trump la percibe al llamar a Centroamérica los “países mexicanos”. Lo correcto sería decir a Honduras, Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Guatemala, Belice, Panamá y México “países centroamericanos”. Tres de estos países son, a su vez, parte de otros conjuntos pues Belice es un invento Británico, Panamá un invento gringo y México, como decíamos, tiene la mayoría de su superficie en la América Septentrional. Con la excepción de Panamá, con su propio polo de desarrollo y de Belice, con su muy reducida población, los países centroamericanos tenían una tendencia a la emigración hacia Estados Unidos  que, a su vez, rebasa y hace menor la ancestral migración temporal que los Guatemaltecos realizan a nuestro país como braceros durante las temporadas de trabajos agrícolas en plantaciones comerciales como el café y plátano. Iban y venían sin mayor problema. Casi de anécdota eran los cruces en balsitas de personas por el Río Suchiate, eran una gotita imperceptible para quienes vivimos en la parte central de México. Tan similares somos a ellos que no vemos que mucha de la artesanía que se vende en tianguis o por ambulantes es guatemalteca y no, como suponemos, chiapaneca u oaxaqueña. Algunas amigas mías, bonitas de por sí, lucen todavía más hermosas con huipiles y vestidos bordados por manos de esos indígenas mayas. La mayoría de los migrantes pasaba discretamente hasta Estados Unidos. La gota humana se convirtió en torrente de multitud por la desesperación de muchos y en ese río revuelto pasaron a pescar algunos desalmados que, del dolor del viaje desarraigante, expoliaban (expolian) dinero y carne humana en cantidades cada vez más crecientes. Tal es la desesperanza en algunos países de Centroamérica que prefieren arriesgar su vida y la de sus hijos atravesando México por un camino plagado con los peores mexicanos, que quedarse a morir en sus tierras. El río humano de ellos se sumó al de los mexicanos y asustó a los americanos pues estaba llegando más de los que ellos necesitan para hacer funcionar su economía.

Sobre esa realidad migratoria se montó un empresario, un “tycoon”. El petate del muerto de la inmigración ilegal fue usado reiteradamente en su campaña para acceder a la presidencia de los Estados Unidos de América. Este magnate nunca había ejercido la política. A diferencia de los mandatarios anteriores que, para acceder a la presidencia, solían haber sido gobernadores, senadores  o representantes, el Ciudadano Trump no ha sido ni siquiera concejal en su ciudad. Su vida la hizo en los negocios y su éxito, particularmente, en la negociación para obtener ganancia. Particularmente ilustrativo es su programa “The Aprentice” sobre cómo, para él, es bueno exigir resultados de sus subordinados orillándolos a cometer faltas a la moral y la lealtad con sus compañeros con tal de quedar bien con su jefe quien, si el aprendiz falla, tiene el gusto de despedirlos bruscamente con una frase que es el leitmotiv de la estructura promocional del programa: “You are fired!” , ¡Estás quemado! , es decir, despedido., como un cartucho al que se usa y ya no sirve. Imagino que Ebrard, Lázaro y el compa ese que sí les aceptó los cacahuates debieron verlo antes de ir a negociar y sugiero que, antes de opinar sobre este tema mis amigos politólogos serios y politólogos amateures por pejefobia vean al menos uno de sus capítulos para entender la estructura mental de Trump. En el solio de Lincoln, Washington y Roosevelt no está sentado un estadista, está un chief executive officer. Lo malo, lo terrible es que quien ejerce ese cargo recibe las llaves, otrora reservadas a Mikel, que abren el fuego de los cielos sobre los hombres.

Por eso, se avizora que este problema no va a parar aquí, que según la manera de pensar y de las reglas de conducta que promociona y vende Trump en sus libros y en sus programas, volverán las presiones para obtener más concesiones. La prudencia de López Obrador para enfrentar a ese gordito bullinguero fue, sí, un triunfo. Sin embargo, hay que prepararnos para el próximo embate. Los periodos presidenciales allá son de cuatro años y en sus acciones y dichos se percibe la construcción del nuevo discurso del miedo con el que, como candidato, va a ofrecer a sus votantes para lograr la reelección.

Dentro de las concepciones ontológicas que plantea el Presidente López Obrador en la Cuarta Transformación es que somos un gran país.  La solución de fondo es fortalecer nuestro mercado interno y apoyar, en la medida de lo posible en lo económico al desarrollo de los pueblos con los que compartimos identidad cultural. No descartemos la posibilidad de llegar hasta la guerra arancelaria para enfrentar las amenazas desde la posición de fuerza que nos da el ser compradores y no sólo vendedores.

Felicitemos, pues al Presidente y a sus negociadores, pongamos en su justa medida sus logros y sepamos que, como en las telenovelas…”esta historia continuará”.

Isauro Gutierrez