Pitágoras (Aprox. 582 a.C. – 507 a.C.)

Pablo Manuel Ramos Vallejo
“Nada perece en el universo; todo cuanto acontece en él,
no pasa de meras transformaciones”
Pitágoras de Samos
El segundo estadio importante en la historia de la filosofía presocrática lo constituyen dos grandes escuelas itálicas: la pitagórica y la eleática. El carácter y el tema central de su pensamiento, difiere de los milesios. Mientras que una innata curiosidad intelectual y un descontento con las viejas tradiciones mitológicas impulsaron a los milesios a intentar aducir una explicación racional del cosmos; el impulso subyacente en el pitagorismo parece haber sido religioso o emocional. Por ello, Aristóteles en la Metafísica afirma que éstos emplean principios y elementos más extraños que los físicos pues los tomaron de los seres no sensibles. Además en el terreno propiamente cosmológico, los Pitagóricos se interesan más por la forma o estructura del mundo que por su principio material. Ello no quiere decir, sin embargo, que no exista en ellos una teoría cosmogónica de la formación del cosmos. Estamos en una época en dónde la creencia de que el ser era sensible, era casi un axioma, y portanto, la distinción entre lo corpóreo y lo incorpóreo, no era aún asumible.
Mientras que en Jonia tenían lugar los desarrollos filosóficos ya descritos en esta columna (Crisol de Ideas 34,35,36), en el sur de Italia iba cobrando vigor un movimiento independiente, iniciado por Pitágoras.
Pitágoras, hijo de un mercader fenicio, nació en la isla de Samos, en el año 582 a.C. aproximadamente. Aunque poco se sabe de su niñez, se asegura que era ciertamente instruido, que aprendió a tocar la lira, a escribir poesía y a recitar a Homero. Estudió con Perecidas, Anaximandro y se dice que también con Tales de Mileto, quien le aconsejó ampliar sus estudios y conocimiento en Egipto, a donde se embarcó haciendo escala en Haifa.
Después de 22 años, volvió a Grecia y de allí partió a Fenicia, donde fue introducido por primera vez a la mística; estudia en Sidón, Tiro y Babilonia, donde permanece 13 años y es cuando vuelve nuevamente a su ciudad natal, para establecer su primera escuela llamada Pitagórica. Esta escuela, era una hermandad similar a un monasterio, donde se ejercía el vegetarianismo y el celibato, compartiendo los bienes y estudiando los principios matemáticos y esotéricos, donde las doctrinas, eran regidas por reglas muy estrictas de conducta y además, se practicaban los cultos secretos llamados “Los Misterios Órficos”.
Al cabo de un tiempo, impedido por la dictadura de Polícrates, tuvo que mudarse a la cuidad de Crotona, en el sur de Italia, donde fundó su segunda escuela. Aquí, el movimiento pitagórico progresó, se propagó e influyó en todos los campos de la sociedad de aquella época. Pero aquellos informes morales, religiosos e incluso políticos, despertaron oposición en ciertos núcleos de la oligarquía de Crotona, teniendo como resultado una franca enemistad y terminando en el aniquilamiento de la comunidad Pitagórica en esa ciudad, con la muerte de algunos y la huida de otros de sus miembros. Tras ser expulsados por los pobladores de Crotona, los Pitagóricos se exiliaron en Tarento donde se fundó la tercera escuela.
De los testimonios existentes no se puede dudar que Pitágoras fundó en Crotonauna especie de hermandad o asociación religiosa muy posiblemente modelada (aunque no pueda demostrarse claramente) sobre el culto órfico. De todas formas es muy difícil saber con certeza en que consistían las actividades de tal asociación religiosa ya que debía existir una regla de secreto entre los miembros de la comunidad que, según parece, castigaba severamente a todo aquel que divulgara las normas y actividades de la secta. Todo esto hace imposible saber con certeza cual era el verdadero pensamiento de Pitágoras, aunque, dada la autoridad del maestro, tendían a atribuirle siempre a él todas las invenciones y descubrimientos, sobre todo, de tipo matemático.
En el campo filosófico, Pitágoras protesta contra la imagen de los dioses trazada por la Mitología. Es el comienzo de una época nueva en la religión griega. Enseña la existencia de un único Dios que mantiene el mundo unido en la justicia. Este Dios, no piensa de manera humana, ni tiene forma material. Su cuerpo es una esfera y la divinidad se manifiesta en el movimiento circular del fuego de los astros. Pitágoras esel primero en sostener la forma esférica de la tierra y postular que, ésta, el sol y el resto de los planetas conocidos, no se encontraban en el centro del universo, sino que giraban en torno a una fuerza simbolizada por el número uno, donde el alma tiene su verdadera morada.
Pitágoras creía firmemente que había habitado en otros cuerpos humanos de épocas anteriores. Afirmaba que las almas eran inmortales y transmigraban, y que conseguían su pureza a través del conocimiento y una serie de prohibiciones. La vida que sigue a la presente no es un pálido reflejo, sino la verdadera y más intensa. La existencia terrena del hombre es sólo una de sus vidas posibles. El alma es la más alta esencia, prisionera en el cuerpo.
Al admitir que Pitágoras aceptó la doctrina de la metempsicosis, el renacimiento religioso había devuelto a la vida la vieja idea del poder del alma y de que su vigor perdura tras la muerte, en contra de la concepción homérica de las sombras de los difuntos como incapaces de articular palabra. Aquí se presenta Pitágoras con algo inaudito. Lo que permanece fuera del cuerpo no es un resto miserable, sino lo verdaderamente vivo. La vida que sigue a la presente no es un pálido reflejo, sino la verdadera y más intensa vida. La existencia terrena del hombre es sólo una de sus vidas posibles y una de las más pequeñas. El alma es lo más alto, prisionero en el cuerpo. La forma más alta y propia del alma, parecen haber sido los astros, y donde llega la influencia pitagórica hallamos también la doctrina del parentesco del alma con la sustancia de los astros. El alma es eterna por ser semejante a los astros, y tiene en ellos su verdadera morada. Por esto sostiene que el alma va tomando los más distintos cuerpos de todas las cosas que hay en el cosmos. Pero el alma tiene en su mano el decidir la clase de cuerpo en el que va a introducirse, y que puede ser el cuerpo de una bestia o de un dios. Por lo tanto, las almas podían reencarnarse en forma de seres vivos distintos del hombre, lo que a su vez, sugiere el parentesco de todos los seres vivos. La versión de Empédocles incluía algunas plantas entre los seres vivos, y, por esta razón se pedía la abstención de las hojas de laurel y de las habas.
La metamorfosis del alma se realiza por necesidad, pero es también un camino de la libre decisión del hombre. Al puro se le da una encarnación en lo puro, y al impuro en lo impuro. Es tarea del hombre comportarse de tal modo que, al abandonar la vida terrena, pueda esperar, volver a nacer en una forma más elevada. De este modo el concepto de pureza es una pieza maestra de la vida pitagórica. De él brotan no sólo preceptos prácticos de vida, sino también, en un posterior desarrollo, dos ciencias que han conservado todavía en el bajo helenismo elementos de su origen: la medicina y la música. La práctica del silencio, la influencia de la música y el estudio de las matemáticas se consideran valiosas ayudas para la formación del alma. Sin embargo, varias de estas prácticas tuvieron un carácter meramente externo.
Pocos rasgos hay, que distingan al Pitagorismo como una simple religión mistérica, ya que los Pitagóricos figuraban, en el siglo V, entre los principales investigadores científicos. Pitágoras se interesó tanto por la ciencia como por el destino del alma. La religión y la ciencia no eran para él dos compartimentos separados sin contacto alguno, sino más bien constituían los dos factores indisociables de un único estilo de vida. Las nociones fundamentales que mantuvieron unidas las dos ramas que más tarde se separaron, parecen haber sido las de contemplación, el descubrimiento de un orden en la disposición del universo, y purificación. Mediante la contemplación del principio de orden manifestado en el universo, especialmente en los movimientos regulares de los cuerpos celestes, y asemejándose asimismo a ese orden, se fue purificando progresivamente el hombre hasta terminar por liberarse del ciclo del nacimiento y adquirir la inmortalidad.
La voluntad unitaria de la Doctrina Pitagórica, quedaba plasmada en la relación que establecía entre el orden cósmico y el moral. Por eso, para los Pitagóricos, el hombre era también un verdadero microcosmos, en el que el alma aparecía como la armonía del cuerpo.
Tras la muerte de Pitágoras su escuela se dividió, como ya lo apuntamos, en dos sectas, una, la de los llamados “acusmáticos” que mantuvo el aspecto místico de sus doctrinas, mientras que la otra, la de los “matemáticos” se ciñó al campo científico.
Aristóteles nos dice que los Pitagóricos se dedicaron a las matemáticas, que fueron los primeros que hicieron progresar este estudio y, habiéndose formado en él pensaron que sus principios eran los de todas las cosas. Tenían el entusiasmo propio de los primeros estudiosos de una ciencia en pleno progreso, y les cultivó la importancia del número en el cosmos: todas las cosas son numerables, y muchas las podemos expresar numéricamente. Así la relación entre dos cosas relacionadas se puede expresar por una proporción numérica; el orden existente en una cantidad de sujetos ordenados se puede expresar mediante números, y así sucesivamente. Pero lo que parece que les impresionó más que nada, fue el descubrir que los intervalos musicales que hay entre las notas de la lira pueden expresarse numéricamente. Cabe decir que la altura de un sonido depende del número, en cuanto que depende de las longitudes de las cuerdas, y es posible representar los intervalos de la escala con razones numéricas. Pues bien, lo mismo que la armonía musical depende de un número, se puede pensar que la armonía del universo depende también del número. Los cosmólogos milesios hablan de un conflicto universal de los elementos contrapuestos, y los Pitagóricos gracias a sus investigaciones en el campo de la música, tal vez pensasen solucionar el “conflicto” recurriendo al concepto de número. Según Aristóteles, “como vieron que los atributos y las relaciones de las escalas musicales se podían expresar con números, desde entonces todas las demás cosas les parecieron modeladas en toda su naturaleza según los números, y juzgaron que los números eran lo primero en el conjunto de la naturaleza y que el cielo entero era una escala musical y un número”.
Así tenemos que en el campo de la música, el Maestro de Samos y sus discípulos descubrieron, por intermedio de la observación y el análisis, que la altura del sonido depende del largo de la cuerda en vibración. Un sencillo experimento les reveló de pronto que los intervalos de los sonidos, se hallaban referidos a relaciones numéricas, claras y precisas. Cuán lógico era entonces considerar como el núcleo central y la esencia de las cosas al número; expresión de la ley advertida que rige el Cosmos, cuya belleza y orden se mantienen por una relación numérica.
Si Anaximandro había hecho derivar todo de lo Ilimitado o Indeterminado,Pitágoras combinó esta noción con la de límite, que da forma a lo ilimitado. Ejemplificante esto con la música (y también con la salud, en la que el límite es la templanza, cuyo resultado es una sana armonía): la proporción y la armonía de los sones musicales son expresables aritméticamente. Transfiriendo estas observaciones al mundo en general, los Pitagóricos hablaron de la armonía cósmica. Y, no contentos con recalcar la importancia de los números en el universo, fueron más lejos y declararon que las cosas son números.
Evidentemente, tal doctrina no es de fácil comprensión. Se hace duro decir que todas las cosas son números. ¿Qué entendían por ello los Pitagóricos? En primer lugar, ¿qué entendían por números o qué es lo que pensaban acerca de los números?Aristóteles nos informa que “los Pitagóricos sostenían que los elementos del número son lo par y lo impar, y que, de estos elementos, el primero es ilimitado y el segundo limitado; la unidad, el uno procede de ambos (pues es a la vez par e impar), y el número procede del uno; y el cielo todo, es números”. Los Pitagóricos consideraron así, los números espacialmente. La unidad es el punto, el dos es la línea, el tres la superficie, el cuatro el volumen. Decir que todas las cosas son números significaría que “todos los cuerpos constan de puntos o unidades en el espacio, los cuales, cuando se los toma en conjunto, constituyen un número. La tetraktys, figura que tenían por sagrada, indica que los Pitagóricos consideraban así los números. Esta figura demuestra que el10 resulta de la suma de 1+2+3+4, o sea, que es la suma de los cuatro primero números enteros. El uno o la Mónada primordial que contiene el Todo, más el 2 que representa la línea y el resultado de la división del 1, más el 3 que representa la superficie y/o el triángulo, más el 4 que representa la justicia y el cuadrado. En otras palabras: La Mónada Primordial, que es el Todo; El Binario Creador, que surge de una “necesidad cósmica”; La ley Ternaria de la Perfección, que nace de la conjunción de las dos anteriores; y El Cuaternario que delimita las funciones de la Energía y la Materia; siendo El Pentágono, el centro neurálgico del Universo que se simboliza en el Hombre.
Esta tetraktys que es el número perfecto y la clave de la doctrina. Es posible que jugase también un papel importante en los distintos grados de la metamorfosis del alma.Por ella hacían el juramento transmitido como pitagórico, hecho en nombre de Pitágoras mismo.
Respecto al famoso Teorema de Pitágoras, es bueno comentar que un conocimiento práctico del mismo aparece ya en los cálculos sumerios. Pero fueron los Pitagóricos los que rebasaron los simples cálculos aritméticos y geométricos y supieron integrarlos en un sistema deductivo. Pitágoras dice: “En un triángulo rectángulo, el cuadrado construido sobre la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados construidos sobre los catetos”. Estas palabras reflejan la esencia de la geometría, el orden y, por que no, la belleza. Pitágoras tenía grabado en su mente el axioma de la antigua sabiduría, que decía: “Dios Geometriza”, y bajo este fundamento, construyó su filosofía, pues, si la Creación se presenta en perfectas líneas geométricas, dentro de ellas debe ocultarse el misterio del Cosmos y de la propia Vida.
El esfuerzo para elevarse a la generalidad de un teorema matemático, a partir de su cumplimiento en casos particulares, ejemplifica el método Pitagórico, para la purificación y perfección del alma; que enseñaba a conocer el mundo como armonía en virtud de ésta; el universo era un cosmos, es decir, un conjunto ordenado en el que los cuerpos celestes guardaban una disposición armónica, que hacía que sus distancias estuvieran entre sí, en proporciones similares a las correspondientes a los intervalos de la octava musical. En un sentido sensible, la armonía era musical, pero su naturaleza inteligible era de tipo numérico, y si todo era armonía, el número resultaba ser la clave de todas las cosas.
Por su parte, el Pitagórico Eurito, solía representar los números con piedrecillas, y por este procedimiento, obtenemos los números “cuadrados” y los números “rectangulares”. En efecto, si partiendo de la unidad vamos añadiendo sucesivamente los números impares conforme al gnomon, obtenemos los números cuadrados; mientras que si partimos de dos y le vamos añadiendo los números pares, obtenemos los números rectángulos.
Esta costumbre de representar los números o relacionarlos con la geometría ayuda a comprender por qué los Pitagóricos consideraban las cosas como números y no sólo como numerables: transferían sus concepciones matemáticas al orden de la realidad material. Por la yuxtaposición de puntos se engendra la línea, la superficie es engendrada por la yuxtaposición de varias líneas y el cuerpo por la combinación de superficies. Puntos, líneas y superficies son las unidades reales que componen todos los cuerpos de la naturaleza, y en este sentido todos los cuerpos deben ser considerados como números. Cada cuerpo material es una expresión del número cuatro, puesto que resulta como un cuarto término de tres clases de elementos constitutivos (puntos, líneas y superficies).
Para los Pitagóricos, el cosmos limitado o mundo, está rodeado por el inmenso o ilimitado cosmos (el aire), y aquél lo “inhala”. Es decir, el mundo aspira el aire de la masa sin límites que lo envuelve, considerando al aire como lo ilimitado. Los objetos del cosmos limitado, no son, pues pura limitación, sino que tienen mezcla de lo ilimitado. Los Pitagóricos al considerar geométricamente los números, los concebían también como productos de lo limitado y lo ilimitado (por estar compuestos de lo par y lo impar). Identificándose el par con lo ilimitado y lo impar con lo limitado. Una explicación complementaria puede verse en el hecho de que los gnómones impares conservan su forma cuadrada fija (limitada), mientras que los pares presentan una forma rectangular siempre cambiante (ilimitada).
Para culminar, podemos destacar en esta simple investigación, que fueron los Pitagóricos los primeros en sostener la forma esférica de la tierra y postular que ésta, el sol y el resto de los planetas conocidos, no se encontraban en el centro del universo,sino que giraban en torno al fuego central o “corazón del Cosmos”, fuerza simbolizada por el número uno. Así mismo, debemos a los Pitagóricos el perfeccionamiento del álgebra y de la aritmética, la clasificación de los poliedros regulares, el teorema de Pitágoras y su corolario, la inconmensurabilidad de la diagonal y del lado de un cuadrado, la doctrina de “Armonía de las esferas”. Igualmente trataron de definir los números perfectos, aquellos que son iguales a la suma de sus divisores, pero sobre todo,idearon una teoría del universo.
Pitágoras pasa a la historia, entre otras cosas por ser el introductor del peso y la medida, elaborador de la teoría musical; el primero en hablar de “filósofos”, en postular el vacío, en canalizar el fervor religioso en fervor intelectual, en usar la definición y en considerar que el universo, es una obra sólo descifrable a través de las matemáticas.
Es Cuanto…