Perros Mexicanos


José Carlos Avilés Becerril
El pueblo azteca agoraba ya en su tiempo al perro a través de su dios XOLOTL.
Nos dice Jacques Soustelle que Xolotl era un ser ambiguo, a la vez hombre y perro, el que desafía a las tinieblas del infierno para arrebatar de la nada los huesos de los muertos y formar con ellos hombres nuevos. Así, nos encontramos con múltiples ritos y mitos en torno al perro, antes de la llegada de los españoles.
En el libro “México a través de los siglos” encontramos al respecto de los dos existentes, esto es xoloitzcuintli, que mas adelante describiremos leyendo a Francisco Javier Clavijero, y al muy mexicano perrito chihuahueño llamado entonces TECHICHI.
De acuerdo con el relato, cuando una persona era alcanzada por un rayo, si moríadejarían el cadáver en el mismo sitio por tres días, lo enterraban cerca de un árbol, con sus armas y trajes más ricos, y con él sus perritos, poniéndole en el sepulcro agua y alimento.
Había un ritual para que el muerto llegara a la segunda mansión llamada Mictlan o río llamado Apanohuaya. Necesitaba para atravesarlo del auxilio de un perrillo de pelo bermejo al que ponían al pescuezo un hilo flojo de algodón, Contaban que cuando el difunto llegaba a la orilla del Apanohuaya, si el perro lo conocía por su amo, lo pasaba a cuestas nadando, creían que por eso la naturaleza criaba para este efecto a dicho perrillo: EL TECHICHI.
En México, había pues, solo el perro ITZCUINTLI Y EL TECHICHI, es el que hoy llamamos chihuahueño.
Francisco Javier Clavijero, desde su exilio en Bolonia, Italia, escribe respecto a los animales cuadrúpedos existentes antes de la conquista. Había algunos salvajes o silvestres como el coyote “cóyotl”, el “tlalcóyotl” o tlacoyote. Pero a los que nos estamos refiriendo son los domésticos, el ya mencionado TECHICHI y el xoloitzcuintli, que era mayor incluso que el coyote, con grandes colmillos, orejas paradas, cuellos gruesos y su cola larga. Pero lo más particular de este cuadrúpedo – nos dice clavijero – era el no tener pelo en todo su cuerpo, a excepción de algunas cerdas gruesas y retorcidas sobre el hocico; no cubría su cuerpo más de una piel desnuda y blanda de color ceniciento con algunas manchas leonadas y otras negras.
Eran estos unos perritos muy apreciados por los aztecas, pues cuidaban a los niños dándoles calor cuando enfermaban (los niños).