Pensamiento de Don Melchor Ocampo

 Pensamiento de Don Melchor Ocampo

Miguel Ángel Martínez

Para entender la historia resulta indispensable tomar como premisa que esta ciencia tiene como objeto de estudio  la vida de los hombres en el tiempo. Al hablar de los hombres se alude a la especie, no a los individuos pertenecientes al sexo masculino, es decir, se refiere tanto a los varones como a las mujeres que tuvieron alguna participación relevante en hechos trascendentales; y si se menciona el tiempo es para precisar la necesidad de explicarnos sus acciones en el contexto sociocultural dentro del cual se desarrollaron. Pero, además, se debe tener en consideración las ideas, pues la historia aspira a incluir todas las circunstancias que vivieron seres humanos extintos. Y para no caer en una falta grave al desvincularlos de la actualidad, se requiere conocer no solo el contenido de los libros, las piezas que hay en los museos o los testimonios verbales de quienes los conocieron, sino también las opiniones de quienes viven para valorar su importancia en el sentir de la gente. Don Melchor Ocampo, al igual que toda la Generación de La Reforma, es elogiado por la mayoría de los mexicanos, pero existe una minoría que lo trata con desprecio e incluso llega a vituperar su memoria. Los que se expresan en forma tan torpe solo evidencian su ignorancia y falta de criterio para comprender el valor de un hombre excepcional que antepuso los intereses de la Patria a sus ambiciones personales. De otra manera no es posible tener una imagen objetiva del prócer, cuyo bicentenario natal se cumplirá el próximo día 5 del actual, aun cuando se celebra el día 6, tal vez porque el propio Ocampo festejaba ese día el aniversario de su nacimiento. Si queremos valorarlo en su justa dimensión es imprescindible conocer cuál fue su ideario; motivo por el cual se incluyen en este artículo algunos aspectos de su pensamiento.

“Tres son los fundamentos filosóficos del cristianismo que siempre precederán y acompañarán perpetuamente los adelantos de la especie humana. Fe, esperanza, caridad. Sin la primera no hay resorte interno que mueva al individuo o a las masas; sin la esperanza, el resorte no tendría objeto; sin la última, el resorte y el impulso no serían benéficos. La religión y la política son una mismísima cosa bajo uno de los aspectos de aquélla. La religión se ocupa de las relaciones del hombre con Dios y de las del hombre con los otros hombres.”

“Pero en las relaciones por las cuales el hombre se llama prójimo, en el precepto magno Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, en las relaciones necesarias que dan origen al derecho y al deber, como en las libres que se llaman caridad, amor fraterno, filantropía, en una palabra, sobre las relaciones de justicia y benevolencia, que los hombres deben tener entre sí, la religión y la política no tienen ni pueden tener más que un objeto: procurar que cada hombre sea lo más benéfico posible para los demás.”

“No hagas a otro lo que no quieras que te hagan, base de la moral; Haz a otro lo que desearías te hiciesen, base de la virtud, son fórmulas que a pesar de su vaguedad, conservan el mismo fondo de su esencia en la boca y en el corazón del más mustio y devoto de los místicos y del más despreocupado hombre de mundo, si suponemos a ambos, como hay tantos, sinceros y hombres de bien.”

“La luz se ha esparcido y dominado todos los espíritus, la fe renace y sólo se conservan como enemigos del pueblo y armados contra él, los directamente interesados en los abusos”.

“Hoy no hay Cristo: bastan las doctrinas que él sembró: a nadie pueden atribuirse los nuevos adelantos del espíritu humano. Crecen éstos y se desarrollan a sí mismos, porque son la obra de muchos: son la obra de la democracia, y a nadie será dado imponerles su nombre, aunque formen ya cuerpo de doctrina.”

“¿Qué ha de enseñarnos la tradición antigua que no esté manchado con el servilismo, con el miedo, con la renuncia de la dignidad humana? Recordad, señores, que durante muchos años, siglos enteros, la prudencia de nuestros mayores estaba encerrada en esta villana fórmula: Con el Rey y la Inquisición… ¡Chitón!”

“Matan por robar a un hombre en un camino, y aunque no lo decimos, obramos, como si pensásemos: No importa„ al cabo era hombre honrado, al cabo era hombre pacífico y laborioso, al cabo sus hijos tienen buenas costumbres. Pero si el juez condena a muerte su asesino, porque aprehendido se le probó alevosía, premeditación, ventaja, reincidencia por haber muerto ya a otros, todos nos alborotamos: los señores abogados aconsejan y formalizan el indulto, los neofilántropos hablan de la supresión de la pena de muerte, sin considerar que es parte de todo un sistema penal y que sola no pueda andar, como no anda una rueda sin eje: las personas influyentes se atropellan por interés del condenado, las cámaras y los gobiernos discuten, y si se niega el indulto nos dan ataques nerviosos a la sola consideración del patíbulo. ¿Y el occiso?…”

“Nos han educado en la adoración del yo y nos han hecho creer que el yo es el todo y que el prójimo es el simple medio de alcanzar tal o cual satisfacción, tal o cual ventaja. Aún no aplica la humanidad para el uso de cada individuo, pero si siguiese el camino de los místicos: sálveme yo y el mundo quémese, llegaría a practicar el desahogo que la saciedad de todos los placeres y el desprecio a todas las personas, dio a Luis XV en la cínica, misantrópica y execrable exclamación de ¡Tras de mí el diluvio!”

“La tendencia de tales doctrinas ha hecho que en México quiera resolverse este insoluble problema; hacer que la administración pública ande con la misma regularidad que los astros, a condición de que yo (dice cada ciudadano o habitante) no contribuya en nada, ni con mi fortuna, ni con mi persona. Aún es peor: ha producido, que en el concepto de muchísimos el no interesarse en las cosas de la patria, y esto aun cuando vivan del tesoro público, se tenga por una especie de virtud … ¿Virtud el egoísmo? …Y hay gentes tan faltas de todo decoro, que se jactan de no pensar más que en ese yo, presentado así en su más asquerosa desnudez.”

“Estamos mal educados, señores. Por yo no sé qué interpretación de un pasaje bíblico tenemos por maldito el trabajo. ¡El trabajo, la fuente de la independencia personal, de la acumulación de la riqueza, de la prosperidad y poderío de las naciones! El trabajo, arbitrio único para dominar la naturaleza por medio del arte y de continuar y mejorar la creación. […]¡El trabajo, el medio principal, para no enumerar ya sus otras excelencias, de conservar nuestro organismo y la salud! ¡El trabajo maldecido! ¿Qué tiene entonces de extraño que haya tantos que procuren exceptuarse del anatema? ¿Qué tiene de singular que muchos juzguen al trabajo vil y deshonroso? Clases enteras de la sociedad han encontrado el medio de eludir el anatema, eximiéndose del trabajo; y lo que es peor, han tenido maña de sacar doble sudor del rostro de los que en algo útil nos ocupamos, para que así baste el producto a mantenernos y a mantenerlos.”

“Pero el mal está principalmente en que no queremos trabajar. ¡Haced, señores, una lista de los primeros cien individuos que os ocurran!, preguntaos en seguida ¿cuántos de ellos trabajan, cuántas horas cada uno; qué especie de bien hacen a la sociedad? y os admiraréis del resultado. ¡Cuántos que no trabajan! ¡Cuántos cuyos trabajos son inútiles! ¡Cuántos cuyo trabajo es perjudicial!”

“Mientras, el número y calidad de los deudores se aumenta; los plazos se cumplen; los intereses se acumulan; el descrédito se afirma y perfecciona, faltándose a todas las obligaciones. Resulta, de aquí, injusticia para todos. El bueno y el mal servidor quedan confundidos en los mismos miserables prorrateos. Todos pendientes de la satisfacción de derechos, bien o mal adquiridos, pero que les hacen creerse dispensados de toda industria honesta, industria además que en el sentido de muchos deshonraría la dignidad de tal empleo militar o civil que obtuvieron.”

“Todas las industrias casi perseguidas a fuerza de ser gravadas; y nuestros nietos y bisnietos vendidos o empeñados por yo no sé cuántas generaciones para el pago de deudas que no han traído al país más que oprobio y baldón, miseria y ruina: Y cuando llegue a faltar del todo aun lo más indispensable para que ande la máquina administrativa ¿será posible conservar la nacionalidad? Enmendarnos o perecer civilmente.”

“Es, pues, indispensable, si es que queremos conservar la patria, que entremos con paso firme en el camino de la justicia; que respetemos toda convicción sincera, pero que le impidamos alistar fuerzas y querer imponerse con las armas; que distingamos el llamado delito político de todos los crímenes que han sido siempre reprobados por toda la humanidad, como la traición, como el perjurio, como el abuso de confianza, el robo, el asesinato; que protejamos todos los intereses legítimos, pero nada más que los legítimos.”

“Es ejecutivo, preeminente, que demos a nuestros hijos una buena educación civil, honrosas y productoras ocupaciones; que consideremos los destinos públicos como cargos de conciencia y de temporal desempeño y no como sinecuras y patrimonios explotables; que por estrictas economías y justas distribuciones gastemos menos de lo que ganamos para ir cubriendo nuestras deudas. Aún es tiempo, pero es acaso la última de las oportunidades de que México se salve.”

“¡Oh México! ¡Oh infeliz y por lo mismo para mí venerada patria mía! Oh digna cuna de los Guatimoczin (Cuauhtémoc) y Jicoténcal (Xicoténcatl), de los Hidalgos, Rayones y Morelos, de los Guerreros y Victoria, dignos modelos de fe y esperanza en tus destinos, de amor y abnegación por tus hijos! ¡Tú, dueño de todos los climas y por lo mismo de todos los productos posibles! ¡Tú, la más rica en metales de todas las tierras del globo! ¡Todo te lo dio Dios y casi todo hemos sabido desaprovecharlo!”

“¡Tienes la tradición de los pueblos más cultos de este Continente sembrado de las colosales ruinas de su tesón! ¡Tienes la aptitud para las artes y el trabajo de sus razas indígenas! ¡Tienes el desprendimiento y la imaginación de la raza latina que se cruzó con ella, sólo te falta la laboriosidad y energía de la raza sajona! Morigérate y tus apenas entrevistas riquezas, tu posición geográfica entre la civilización cristiana y las civilizaciones del Asia, harán de ti, no la señora del mundo, que el mundo ya no sufre señores, sino el emporio del comercio, de la riqueza y bienandanza.

Al dirigirse a las mujeres dijo: “Señoras: Vosotras que son el sostén de nuestra infancia, la adoración y encanto de nuestra juventud, el consejo y compañía de nuestra edad madura, el consuelo y alivio de nuestra vejez y en todas épocas de nuestra vida, la belleza, la ternura y el descanso de ella, de vosotras depende el bienestar futuro de México, del mundo, de la humanidad. Sois el arca que encierra las generaciones futuras. ¡Educadlas en el amor de una libertad que las vuelva justas y benéficas; y os habréis acercado, más que vuestra mitad grosera, el hombre, a ser la imagen y semejanza de Dios!”

El pensamiento de don Melchor Ocampo corresponde al de un filósofo en la búsqueda de la verdad mediante el estudio acucioso del mundo, la vida y el universo.

“La presidencia no debe considerarse como una recompensa de estos o aquellos servicios, sino como magistratura que requiere inteligencia y moralidad.”

“Sin negar que en las dos administraciones que han seguido a nuestra guerra con el Norte se han cometido muy graves faltas, sostendré siempre que no son las vías de hecho las que mejorarán nuestra situación, y que una vez vueltos a la fatal senda de los motines y el argumento de las bayonetas, México caerá en la servidumbre extranjera a fuerza de debilitarse y corromperse.”

“Las personas sinceras y serias de todas las religiones pretenden que la suya es la buena, puesto que en ella han visto vivir y morir honrada y piadosamente a los más respetables de sus mayores. ¿Son, pues, buenas todas las religiones? Rigurosamente sí, por lo menos, en lo que concierne a la vida social, puesto que todas han conseguido más o menos, hacer hombres de bien en todos los tiempos y en todos los países.”

“Es, sin embargo, el amor a todos los hombres uno de los dos únicos fundamentos de todas las religiones, y tal amor acaba   donde comienza o la persecución o el desprecio, o la simple distinción entre aprobos (sic) y réprobos. Este amor a todos, según el expreso mandato de Jesucristo, debe extenderse hasta los enemigos. Y nótese que al inculcar Jesucristo esta máxima a sus discípulos, fue cuando únicamente se jactó de enseñarles un precepto nuevo: “Amad a vuestros enemigos”.”

“Los hombres, bajo la consideración sola de su conducta, no pueden clasificarse sino en las cuatro categorías que resulta de la división y subdivisión siguiente: O creen o no creen y en ambos casos obran o no, conforme a la moral. Parece así, que no puede haber sino las bases siguientes: 1ª. Lo hombres que creen y obran conforme a la moral, 2ª. Los hombres que creen y obran conforme a su pasión, 3ª. Los hombres que no creen y obran a su antojo, y 4ª. Los hombres que no creen y obran conforme a la moral.”

“¿Queréis ser independientes? Trabajad, luchad, economizad. ¿Queréis que México lo siga siendo ¡Uníos!

Pero, sobre todo tiene una gran actualidad la frase: “ES HABLÁNDONOS Y NO MATÁNDONOS COMO HABREMOS DE ENTENDERNOS.”

 

Isauro Gutierrez