Nadie está protegido en el mundo


Héctor Guzmán Nava
La precariedad de la existencia humana, sabemos que no es una novedad. Es aterrador saberlo, como especie que cuenta con la capacidad de pensar y articular como criatura diferente a otras especies (millones), un lenguaje que se dirige a no significar lo mismo para todos nosotros.
Este hecho es el constructor, descontructor de la paz y del sentimiento de protección, pues la muerte universal, inevitable, la espera cualquier especie, pero el hombre consiente de esto debe aprender a “vivir hacia la muerte”.
El hombre en su transitoriedad sufre y le da por inventar trascendencia y eternidad, pero sus inventos no tienen piedad, no son nada sobreprotectores, sólo permanecerá un instante, volátil y efímero de vida, por ello (se) apura con soberbia y arrogancia a crear una obra que permanezca entre los otros hombres para que lo citen, mencionen o recuerden una vez que ha aceptado su mortalidad.
Zygmunt Bauman en su obra (f.c.e) “En busca de la política”, dice que “las creencias no necesitan ser coherentes para ser creibles”, pues siempre tendemos a creer que es poco lo que podemos cambiar, individualmente o en grupo o todos juntos, sobre los asuntos del mundo.
Nuestra posición en el mundo, debe entenderse, existe en la acción definitoria con una actitud realista y racional; sabiendo lo que hay que saber en nuestra clase y tipo de sociedad, haciendo lo individual una causa colectiva, más aún, en este momento cuando vemos cómo la sociabilidad flota a la deriva, sin asideros, sin piso dónde aposentarse.
Los políticos mexicanos, en los últimos días, nos han mostrado que “el cinismo es su esencia, no ocultan en sus actuaciones patéticas lo que desean, lo que reprimen, el relajo mental que los domina, la ausencia de lógica, su imposibilidad ética y la escasez severa de ideas”, diría Alán Arias Marín en su articulo “Freud y los políticos mexicanos” (Milenio, opinión 14/03/2010), para decir que los prejuicios referidos y la estulticia moral e intelectual que tenemos al lado tendrán consecuencias devastadoras para la civilidad y la decencia nacional.
¿En qué hombres e instituciones se encuentra la patria bicentenaria y centenaria conmemorándose? ¿Qué conmemorarse?
Nos estaríamos refiriendo por supuesto a estos seres políticos que debieran ser el espejo de México, los cuales reflejan una semejante decadencia donde el tema ya no es resolver los eternos, por ello interminables, problemas de nuestra nación: Fallan las políticas contra la pobreza, los aumentos de energía, Carlos Slim ejemplo para niños ambiciosos, deslesnables alianzas partidistas, violencia criminal sin freno, desocupación laboral por la permanente y ascendente crisis global, codicia de la banca comercial, antisindicalismo gubernamental etc., no nos queda más que padecer meses, quizás años, de cruel violencia y todas las estúpidas contradicciones de los políticos y la difícil recuperación de la vida económica.
¡Me humillo! El contraste que existimos, que vemos, es brutal. La esperanza mutilándose a cada momento, la realidad dibujada preciosistamente por el mundo de los medios y la retórica siempre oportuna del arlequín designado en turno, la esquizofrenia política descarnada.
Todas las aspiraciones de una vida digna para el mexicano nos viene desde lo antiguo, siempre creemos falsariamente que el sistema político se está perfeccionando, la izquierda mexicana y latinoamérica en su oportunismo burguesante truena las paradigmas de la dignificación humana, mientras que una derecha va planteando nuevas formas de organizaciónaún en la vulnerabilidad de la economía mexicana, pues controla desde tiempo atrás de todas maneras el poder; en México la burguesía no creó al estado nacional, sino el Estado creó a su burguesía.
El Estado, desde que lo conozco, ha avanzado captando e incorporando diferentes movimientos disidentes e incluso de la oposición; por ello vemos reproducirse a diario a la sociedad Mexicana en contradicciones cada vez más agudas, cada vez más difíciles de resolver, ya sería citar de nuevo a la burguesía tironeada entre el imperialismo y las masas marginadas de México que hacen de ella presentarse, hasta el momento, sin ningún proyecto detonante de las frustraciones acumuladas por los siglos.
En sus alrededores y entornos naturales, la sociedad política está en pie de guerra, sólo refleja abuso y escarnio, producto de tramas e intrigas; México parece haberse convertido, hoy, en un escenario de ciberficción digna de un galardón.