Montesquieu


Eduardo Murillo Gil
Al llamado siglo de las luces se le conoce así por ser el siglo en que la humanidad empieza a salir del atraso oscurantista en que se encontraba, en donde el conocimiento y la cultura, con su esplendor inusitado, brillan por la búsqueda que emprenden varios insignes pensadores y filósofos universales como Diderot, D´ Alembert, mismos que, con sus grandes aportes del pensamiento cognoscitivo, crean las normas y las corrientes filosóficas del actual pensamiento moderno.
La ilustración de la cual es objeto el siglo XVIII ilumina hasta nuestros días en el terreno sociopolítico y educativo, destacando a cual más en sus aciertos del conocimiento ascendente en la Europa de aquellos tiempos. Y es así como, en la actualidad, la utilización del uso de la razón, concepto que parte de un cúmulo de disertaciones filosóficas, las cuales los llevan a interesantes vivencias hasta la humanidad actual, el imprimir y dar a conocer la enciclopedia que comprende las grandes leyes de la maquina universal y de la unidad, que rige toda armonía de las esferas de la vuelta al mundo que rodea y del cual destaca y forma parte Montesquieu.
Montesquieu, nuestro conocido personaje, discutido y controvertido filósofo del siglo de las luces, ve luz del día un 18 de enero de 1689, en el departamento de la Guine, en la Francia absolutista de Luis XIV. Charles de Secondant, su nombre, mismo que sería después Barón de la Bréde y Barón de Montesquie, pertenecía a una antigua familia de la nobleza forense; se graduó en leyes y fue nombrado consejero en el Parlamento de Burdeos. Durante este periodo escribió diversos trabajos científicos para la academia de Burdeos.
En sus enunciados filosóficos, Montesquieu nos lega su pensamiento, modo muy particular de juzgar la historia con sus hechos. El carácter sociopolítico que imprime en defensa siempre de los derechos del ciudadano y en contra del entonces absolutismo monárquico de la época. Nos lo manifiesta con su singular modo de razonar los conceptos y muy a su modo dirá: No he sacado mis principios de mis prejuicios, sino de la misma naturaleza de las cosas. Sus sentencias y opiniones como juicios abarcan con mucha preocupación, la acústica, la fisiología, la gravedad newtoniana, las especies animales y vegetales, siendo un amplio colaborador para la creación con los demás renombrados filósofos de la enciclopedia de la época.
Montesquieu se encuentra en su tiempo, en un país dividido por dos bandos separados por el tiempo en un país: antiguo y moderno, los representantes o beneficiarios del viejo poder, del casi eterno poder de la monarquía, y los intelectuales inspirados por el cartesianismo, por la racionalidad y la introspección. En 1721 publicó en Ámsterdam, anónimamente, las Cartas Persas, supuestamente escritas por dos jóvenes persas durante su viaje por Europa, y por sus amigos residentes en Persia que le contestaban, constituyen una aguda y divertida critica de las costumbres e instituciones francesas de la época. Bajo la apariencia de una obra llena de gracia, constituye en realidad el primer asomo del llamado movimiento filosófico, y censura con severidad los abusos de la Iglesia Católica y del Estado e implica una verdadera crítica política del régimen imperante. Las Cartas Persas obtuvieron un extraordinario éxito. En 1722 Montesquieu leyó en el Club del Entresol, en Paris, su dialogo de Sila y Eucrates, en que el dictador romano hace la apología de su conducta. Dio a conocer el Templo de Cnido, poema en prosa, y el viaje a Pufos. En 1728 pasó a residir principalmente en Paris, para documentarse sobre cuestiones relacionadas con su futura gran obra, El Espíritu de la Leyes, a la cual dedicaría veinte años, viajó por diversos países de Europa y permaneció dieciocho meses en Inglaterra. De retorno a Francia, escribió Las Consideraciones sobre las Causas de la Grandeza de los Romanos y su Decadencia (1734). Inspirado en la historia universal de Bossuet, es uno de los primeros ensayos importantes de filosofía de la historia. En estilo grave, sencillo y lúcido, condensa originales y profundas observaciones sobre los factores quedeterminaran el desarrollo de Roma desde sus humildes orígenes hasta su época de esplendor y su posterior declinación.
La nota sobre la vida y obra de Montesquieu, quien fallece en 1755, esa vida es prodigiosa en hechos y en obras. El Barón de Montesquieu es un miembro de la Academia Francesa, de la Real Academia de Ciencias de Prusia, de La Royal Society de Londres; pero también fue presidente del Parlamento de Burdeos.
La continua obra de Montesquieu, desde la metáfora de sus Cartas Persas a su Espíritu de Leyes, de 1721 a 1748, está abanderada por un ideal compartido por la asombrosamente compacta generación de la ilustración. Por esa multitud de personas que se tocan en personalidades y que sonlas que van a posibilitar el salto hacia la modernidad, hacia el gran cambio que empieza con la fuerza de la razón y termina, al encontrarse encajonado, ante la razón de la fuerza, en armas contra el poder omnímodo. El Espíritu de la Leyes fue publicado en 1748, consta de 31 libros. Su intención es expresar a cada nación las razones de su legislación; mostrarle las concordancias necesarias entre leyes y la naturaleza del gobierno; y por último, las diferentes relaciones que tienen las leyes entre sí.
Charles de Secondat no puede llegar a ver a sus asambleístas, a los reclamadores de los tres poderes, reunidos en representación del pueblo, pero su potente clamor por la libertad es la razón que los ha llamado a reunirse, a exigir, que no suplicar, que el poder se reparta, que los poderes se controlen y equilibren. El equilibrio de fuerzas, la atracción y repulsión, todo dentro del marco de una constitución, no van a ser ideas exclusivas para Francia, todo esto se extiende por las colonias de toda América, impregnando el continente europeo, aunque el combate no es fácil ni lo puede considerar acabado, todavía hoy, a casi tres siglos de distancia, solo una parte mínima de la humanidad ha conseguido que se acepte la doctrina del reparto, de la armonía de fuerzas en beneficio del ciudadano y en contra del monopolio de quienes ostenta el poder.
Montesquieu tuvo el merito de introducir en el estudio de los hechos sociales los procedimientos de la ciencia. De una multitud de hechos particulares, se propuso destacar las leyes generales, cuya inmutabilidad postula, bajo las variables apariencias. Sus frases concisas, su estilo despojado, vigoroso y sugestivo, son instrumentos adecuados a la expresión de sus ideas, que desarrolla con realismo y libertad de espíritu, libre de preocupaciones doctrinarias o de sistemas. Su posición frente a los problemas históricos de la época es la lucha de un liberal que considera necesario llevar a cabo amplias reformas y aspira a que Francia se transforme en una monarquía constitucional, a semejanza de Inglaterra. En su obra han sido admirablemente definidos algunos de los principios de gobierno generalmente aceptados en la actualidad, como la conveniencia de la división e independencia de los poderes.
Los cuales sin preparación en el manejo ético y democrático y sin dirección política, se pierden, mareándose y haciendo mal uso del poder arrebatado por las armas. Los cuartelazos, la burla del voto ciudadano, olvidando la constitucionalidad dando marco a que las instituciones queden en el estado espurio, pisoteando todo derecho individual lo cual conlleva lenta y paulatinamente a la insurrección civil de nueva cuenta.
Con Montesquieu, nace primero en Francia, luego en todo occidente, una forma completa y diferente de considerar a la sociedad y al estado. Con Montesquieu, la ilustración recibe su mejor guía, aparece la visión distinta de la observación de la naturaleza, del renacimiento de la sensibilidad humana para captar el viejo mensaje y para decidirse a investigarlo todo, desde la realidad interior hasta el entorno exterior, permanentemente y constante, hasta aparecer como natural también la idea de reclamar y conseguir un nuevo reparto del poder entre gobernados y gobernante. Estos últimos, no tienen representación no le queda a él o los gobernantes lo han perdido todo, unos sólo se sostienen haciendo uso del único recurso que les queda, la represión y el uso o mal uso del ejercito y policías para lo cual no fueron constituidos.
Ni iglesia ni soberano, ni estado se pueden quedar anclados como lo que se sucede de nueva cuenta en nuestra patria. No pueden quedar en la eterna aceptación indiscutida, ni los derechos de los hombres deben permanecer sin reclamar, ni pueden ser sus anhelos archivados como estereotipos de la ilusión. La sangre derramada, clama al eterno, los derechos de los hombres deben ser restituidos. El reclamo de la sociedad es retornar al orden social, a la equidad, a la justicia y castigados sus infractores y pronto muy pronto esto será una realidad sin importar el costo. La democracia será una realidad pues es urgente y necesaria, el fraude electoral con sus rapiñas dejara de serlo y los gobiernos espurios ya no existirán, el trabajo y la armonía, la paz ciudadana será el pan nuestro de cada día.
Así, Montesquieu derriba los ídolos y consigue hacer ver a los demás que sólo son ídolos, aunque estén férreamente defendidos por las instituciones, por los pocos que realmente detentan el poder en su beneficio. Montesquieu en su reflexión histórica sobre Roma “Considerations sur les Causes de la Grandeur et la Decadence des Romains”, Consideraciones sobre la Grandeza y Decadencia de los Romanos, en donde destaca que todo poder quiere ser grande a costa de la miseria de los súbditos y de los débiles vecinos. Esto que Montesquieu hace, sobre la necesidad del equilibrio de fuerzas, de la vigilancia de los fuertes entre sí y para conseguir la paz y la armonía para el pueblo soberano, separación de poderes y orden entre ellos.
Montesquieu, filosofo de la política y pensador del humanismo, lega un conjunto de leyes y principios que imprimen una trascendencia universal. La consecuencia avasalladora en el nuevo mundo no se hace esperar y de manera ascendentemente en nuestros caudillos independentistas, hace nacer un despertar por las libertades del hombre, dando con ello los primeros ensayos constitucionales los cuales buscan la tan ansiada y acariciada “Libertad, independencia, justicia social y democracia”.
Las tendencias monárquicas en nuestro México pierden vigor ante un debate ideológico, dando lugar a la Constitución de 1824. La Constitución de 1857 cedió su vigencia a la dictadura y,por consecuencia, las armas hablan de nuevo. Resultado: La Constitución promulgada el 5 de febrero de 1917. Ella es la primera en regir la vida independiente de México. Aquí se supone que se recogió lo mejor de la tradición nacional, con nuevas ideas sociales de redención de un pueblo avasallado y oprimido en toda su historia como lo está ahora.
La vida independiente del México moderno se ha visto lesionada, gravemente pisoteada por las reformas constitucionales que han hecho y votado, sancionadas y aprobadas por las diferentes legislaturas, que sexenio tras sexenio han realizado en contubernio con el ejecutivo en turno, masacrando a ese conjunto de normas y principios que componen nuestra Carta Magna.
Las Leyes y fundamentos de toda norma jurídica que la ética y el buen juicio en el mejor de los usos y costumbres que la razón nos dicta, han sido mal usadas por el Congreso de la Unión o sus legislaturas en turno. Traición de lesa gravedad a la patria. Y aclarando: El ejecutivo y las cámaras como lo son la de diputados y senadores son figuras distintas, de carácter equipolente eso sí, pero autónomas en sus respectivas funciones, pero al servicio del amo en turno.
Cabe aquí la pregunta: ¿Hacia dónde han conducido a la nación los congresistas de la unión y el ejecutivo o primer mandatario desde el año de 1822 a 2010? ¿De qué festejos independentistas hablaran a la actual nación mexicana? ¿Cuál será su base y sustento? O trataran de ocultar la verdad para que no la conozcan las actuales generaciones.
Bibliografía: Enciclopedia Quillet