México ante Dios, un libro que todo mexicanos debe leer

 México ante Dios, un libro que todo mexicanos debe leer

Vicente García Rocha.

Nos proponemos presentar síntesis comentadas de la novela histórica de Francisco Martín Moreno, México ante Dios.—[ México: Alfaguara, 2006. 624p.] Su contenido está estructurado en apartados; el prólogo; el cuerpo principal con cuatro capítulos cuyos títulos son: 1. El Imperio de las Almas, 2. Los Soldados de la fe, 3. Los Bandidos de la Cruz y 4. Las Campanas llaman a Muertos; contiene también extensos apartados de Notas [citas]Documentales y la Bibliografía consultada. Hoy hacemos la primera entrega de la síntesis del prólogo que da cuenta en general del contenido de la obra, después haremos sendas entregas de cada uno de los cuatro capítulos.

En el prólogo, el autor comienza diciendo lo que la obra no es, de la siguiente manera;

“…no aborda, de ninguna manera, temas religiosos, ni cuestiona la fe de los creyentes, ni intenta ser un tratado de teología, ni analiza cuestiones espirituales. Nada más alejado de ello, ni de los dogmas católicos, la liturgia y las Sagradas Escrituras, la Santísima Trinidad y la Purísima Concepción…

El protagonista central es el clero católico mexicano del siglo XIX, el que detentaba más del cincuenta por ciento de la propiedad inmueble del país, lo que se llamó  bienes de manos muertas, porque no producía, puesto que sus dueños no tenían necesidad de trabajarla, no circulaba para que beneficiara a una sociedad empobrecida e ignorante como la mexicana del siglo XIX. Sí nosrecuerda, la obra, que la iglesia católica contaba con cárceles clandestinas, como las administradas por la Santa Inquisición, con policía secreta, ejércitos privados, fueros constitucionales para que los sacerdotes pudieran escapar de la jurisdicción civil.

La obra también señala que el Clero católico también controlaba los Juzgados de Testamentos, Capellanías y Obras Pías, auténticas financieras camufladas para colocar empréstitos usureros tanto públicos como privados, a falta de un sistema bancario; igualmente la autoridad espiritual también cobraba impuestos como el diezmo y las primicias, aun a aquellas personas que escasamente eran dueñas de su hambre y de su esperanza, o que extorsionaba con cargos desproporcionados a los creyentes al imponer las tarifas por servicios religiosos como la extremaunción y el matrimonio, y además por toda clase de bendiciones y administración de Sacramentos.

De igual forma, se refiere al clero que financiaba ejércitos, derrocaba gobiernos constitucionales, planeaba en las sacristías sangrientos golpes de Estado, revueltas, levantamientos, asonadas y cuartelazos en contra de gobiernos liberales. Se condena al clero que convirtió a los púlpitos en tribunas políticas para controlar el funcionamiento de los poderes públicos, controlaba también las relaciones sociales y familiares, al clero que acaparaba la riqueza en detrimento de la prosperidad social, al que utilizaba el confesionario para cuidar sus intereses políticos y económicos, al clero que concentraba la educación a ciertosprivilegiados y que mantenía en el analfabetismo al 90 porciento de los mexicanos.

Al clero que organizaba fiestas religiosas obligatorias, más de la tercera parte de los días del año para aumentar las recaudaciones eclesiásticas y limosnas.

Se critica en el libro, por su autor, a la iglesia que se opuso tajantemente al ingreso de extranjeros no católicos al país, acción cuyas consecuencias no hemos acabado de pagar; lo anterior contribuyó decisivamente para que los estados mexicanos, por origen histórico, como Texas, Arizona, Nuevo México, California, y Colorado permanecieran despoblados y abandonados por los gobiernos centralistas y que después de todos modos, se poblaran con extranjeros protestantes, estimulados por la ambición expansionista de la pujante potencia militar y económica yanqui. El clero protestante es nacionalista, el clero católico es apátrida, sólo obedece al Vaticano; Las biblias protestantes, se deben leer por todo el mundo, para ello hay qué saber leer; en cambio, en la iglesia católica, sólo sus ministros tienen la capacidad de interpretar las sagradas escrituras, por lo que está prohibido leer e interpretar, por el feligrés, la biblia, luego, saber leer y escribir no es necesario al mexicano, (Alto Clero católico mexicano Dixit) trauma que aún ahora en el siglo XXI, no hemos superado.

Ruego me permitan hacer una breve digresión para referirme a un hechosorprendente para nosotros, que conocimos hace unos meses, al participar como jurado en un examen de grado de la maestría en Pedagogía en el IMCED. Fray Alonso de la Veracruz, fundó en Tiripetío, en 1535 el Colegio de Altos Estudios, para formar sacerdotes evangelizadores del pueblo purépecha, pues a resultas de que como las clases todas se impartían en latín, los indígenas estudiantes, resultaron con amplias aptitudes y capacidades para aprender y dominar al latín y otros idiomas, de tal manera que muchos estudiantes indígenas, hicieron varias traducciones no sólo al español, sino al purépecha, hecho que no tardó en saberse en la corte de la metrópoli hispana y, desde luego, se envió al Licenciado Vasco de Quiroga a detener y eliminar tal situación peligrosa, ¿Cómo se permitiría que aborígenes que incluso muchos europeos dudaban si eran humanos, leyerane interpretaran las biblias escritas en latín o en  hebreo, o bien del griego o delarameo?, ello sólo estaba permitido al clero católico europeo.

Cómo aceptar que la sociedad sea educada y dirigida por un clero corrupto, traidor, voraz, inescrupuloso, prejuicioso, enemigo de la evolución y del progreso, cerrado a las corrientes ideológicas. Cómo aceptar a maestros retrógrados, retardatarios, limitados porque enseñan tan sólo una parte del mundo y de la historia, por cuidar sus intereses políticos y materiales o por temor a un castigo por divulgar conceptos que pueden atentar contra la unidad de la iglesia.

La iglesia jamás hizo esfuerzo alguno porque la democracia arribara al país; en cambio si apoyó a los tiranos en los que veía a sus aliados naturales para garantizar sus poderes y privilegios. Propone como ejemplo analizar la suerte de Hidalgo o de Morelos, cuando propusieron con sus particulares matices, la independencia de México, acabaron sus días fusilados y el primero descuartizado, después el alto clero aparece apoyando a dictadores como Iturbide, a Santana, aParedes y Arrillaga, a Zuloaga, a Miramón, a Porfirio Díaz y sus 30 años en el poder, a Victoriano Huerta incluso, no negó su apoyo tampoco a la dictadura perfecta priísta de 70 años y que ahora heredó y superó el panismo, puesto que llevan nueve años devastando al país, impunes, ante la molicie de la clase política y al enajenamiento mediático casi generalizado del pueblo mexicano.

El clero estuvo en contra de los derechos universales del hombre, estuvo en contra de la razón y la inteligencia al prohibir la importación e impresión de libros relativos a la Reforma, a la Ilustración, al Enciclopedismo e impedir la lectura de Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Diderot, y cita a Octavio Paz, quién dijo  ‘somos hijos de la contra-Reforma’.

Muchos nombres de eclesiásticos torcieron el rumbo de nuestra historia, sin embargo, permanecen sospechosamente en el anonimato: Hay que sacarlos a luz, inclúyanse  en los libros de historia, analicemos sus actos y acciones en la cátedra, en la prensa, en todos los medios de comunicación a nuestro alcance, propone el autor.

Y continua diciendo, hablaremos y analizaremos por ejemplo a Matías Monteagudo, uno de los verdaderos padres de la independencia; a Luis de Clementi, nuncio papal; a los arzobispos Lázaro de la Garza y Ballesteros y Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos; de Francisco Javier Miranda, cura del Sagrario de Puebla; de Antonio Reyero y Lugo, gobernador de la Mitra; de Clemente de Jesús Munguía, Obispo de Michoacán; de Francisco Ortega y García, cura de Zacapoaxtla. Martín Moreno se pregunta “¿Por qué se sabe tan poco de ellos, si fueron tan importantes en la conformación del trágico destino nacional?”

En el penúltimo párrafo de su prólogo, el autor hace la siguiente invitación:

Espero la crítica de los historiadores clericales y oficiales, tan mercenarios como camuflados y que han enajenado su inteligencia y sus conocimientos a cambio de unos pesos, para ponerlos al servicio del Estado o de la Iglesia…Bienvenida la crítica, aun la fanática. Hagamos un debate sobre la base del respeto, si es posible. Es hora

En esta primera entrega, sólo quisimos dar una idea general del contenido del libro que tratamos de describir, sintetizar lo que nos parece más importante y agregar uno que otro comentario. La obra, está ampliamente documentada, que trasciende con mucho, en nuestra opinión a la novela histórica, más bien parece una muy bien documentada tesis doctoral sobre la actuación del Alto clero católico en los siglos XIX y XX mexicanos, pues contiene 256 fuentes documentales, citadas y registradas, la gran mayoría de ellas, son fuentes primarias y muchas inéditas. Vale la pena leerla.

Isauro Gutierrez