Mala fe con el FONCA

 Mala fe con el FONCA

Leopoldo González

El presidente López Obrador, así como ignora otros tantos temas de la vida pública, no sabe lo que es la cultura ni lo que son las artes.

En abril se le ocurrió declarar, por decreto, la extinción de 874 fideicomisos públicos, entre los que figuraba uno destinado al financiamiento del Estado a la cultura, del que el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), fundado el 2 de marzo de 1989, era el principal beneficiario.

La palabra “fideicomiso” proviene de la locución latina “fidei comissun”, es decir, “confiado a la fe”. En el caso del FONCA, por primera vez se asociaron voluntariamente en nuestro país el Estado y los empresarios, para fomentar la creación y la difusión de las obras artísticas y literarias.

Muchos de los fideicomisos que AMLO extinguió de un plumazo, sin reparar en su historia, su razón de ser y su importancia estratégica, servían al desarrollo rural, fomentaban la investigación científica, constituían un fondo de capitalización social y apalancaban estrategias de seguridad pública. Eso, por lo que resta del actual gobierno, ya no existe.

Entre las comunidades que más apoyaron a Andrés López en su campaña figura la artística y cultural, porque creyeron -allá ellos- en “la toma del cielo por asalto”. Hoy ese respaldo es nulo y su apoyo a la 4T está sensiblemente mermado, entre otras cosas, por su desprecio al sector, la reducción del presupuesto de Cultura a su nivel más bajo desde 2011, la cancelación del Programa de Apoyos a Proyectos Culturales de la Cámara de Diputados, la exclusión -en un primer momento- de los proyectos culturales del Programa Profest y otras tantas decisiones de gobierno que demuestran aversión a la vida artística e intelectual. En este sentido, los ilusos e ingenuos también contribuyen involuntariamente al desastre.

Así pues, el presidente que cree que Thalía es una “artista” y no una intérprete pop; el que cree que sabe de periodismo y economía, y que hasta cree saber a veces de ingeniería aeronáutica, no sabe lo que son la cultura y las artes. “Los gobernantes necesitan tener el temperamento liberal que les prohíbe hablar de lo que ignoran”, escribió Christopher Domínguez Michael.

Al margen de contradicciones institucionales, que nunca faltaron, y de hongos venenosos regados y crecidos al amparo de “apoyos sesgados” concedidos como premio a la celebración de la vida becaria, es de temer que la desaparición del FONCAahora absorbido por la Secretaría de Cultura sea la más clara señal de que se urde un empobrecimiento general de la cultura en la 4T, pues el financiamiento público a lacreación literaria y a la promoción cultural no son prioridad en este gobierno.

Los que urden la mediocridad educativa y cultural como destino, es porque se saben eslabón de la misma medianía a la que han convertido en tesis de gobierno. No sólo eso: saben que los pueblos fácilmente manipulables son aquellos a los que un libro en la mano no les provoca curiosidad por conocer sino sueño.

El FONCA tragado por la estructura burocrática de la Secretaría de Cultura pervertirá su espíritu, cambiará sus reglas de operación, suprimirá la autonomía de los jurados, no garantizará apoyos a publicaciones y espacios independientes y, seguramente, desestimará convenios internacionales firmados con anterioridad. Esto significa dos cosas: que la rapiña populista presenta ya el comportamiento depredatorio de una peste, y que la decencia en la cultura será remplazada por el “arte pasquín”, el “diseño gacetillero” y las letras bobaliconas. No faltará, ciertamente, quien estire la mano y represente al tipo que Benito Pérez Galdós abominaba: el escritor mendigo.

Escribió Ernest Hemingüey que, en tiempos de crisis, la primera en padecer es la literatura. México se aproxima a algo peor. Es muy probable que, de ahora en adelante, tal como ocurre con los gobiernos populistas en su obsesión por controlar la generación de cultura, todas las piezas y elementos de infraestructura cultural sean alineados para las loas al autócrata desmañanado. Para ellos es normal: siempre han confundido literatura y propaganda.

Si la cultura es, ante todo, una creación social libre y designa a la producción, difusión y conservación de obras de arte y de literatura, esto ya no será así: el populismo de sello mexicano trae otra agenda y clientelas recicladas. Ni siquiera Elena Poniatowska, que tanto abrevó de las ideas de libertad de Octavio Paz, se atreve a decir su nombre y a deslindarse de la precarización de la cultura que lleva a cabo la 4T. Allá ella.

Hablando de un gobierno al que muchos tenemos por obtuso e incapaz, lo que se ha hecho con el FONCA muestra que quien se sacia con hacer daño y destruir, algo tendrá que contarle un día a la enfermedad y a los fantasmas de su árbol genealógico.

Pisapapeles

En 1974, en Cuadernos Ínfimos, Woody Allen publicó la primera edición de “Cómo acabar de una vez por todas con la cultura”. ¿Será Woody Allen un gurú de la 4T?  

leglezquin@yahoo.com  

Isauro Gutierrez