Los conspiradores de Valladolid

 Los conspiradores de Valladolid

Eduardo Murillo Gil

Cuán bello y admirable sería que todo hijo conozca, tan siquiera a manera de preámbulo, la raízhistórica de su patria, su patria chica y la historia de sus antepasados. Saber de los personajes que ofrendaron la vida y sus fortunas en busca de un mañana más brillante en el porvenir. Muy loable sería que la historia oficial introdujera verídicamente a todas las aulas de los escolapios, sin estereotipos que distorsionen la heroicidad de quienes tienen derecho a una heredad que como hijos de una patria deben conocer.

Y por desconocerla varias veces la hemos repetido y aun lo estamos sufriendo los tataranietos de todos aquellos luchadores y emancipadores que se ofrendaron en holocausto. Aún no salíamos del virreinato y de pronto nos encontramos con los Conspiradores de Valladolid y como siempre un judas aparece y la delación no se hace esperar. De aquí se pasa a la Insurrección, la cual se lleva a cabo a marchas forzadas, pasando abiertamente a ser una lucha Independentista acaudillada y también traicionada.

Hechos innumerables sucedidos y producidos por desacuerdos y desavenencias entre el Arzobispo Virrey don Francisco Javier de Lizana y Beaumont, el cual fue nombrado por la Junta Suprema para sustituir a Garay, ocupando el cargo los primeros días de 1803 de la silla arzobispal de México. El Arzobispo Virrey en ningún sentido podría ser considerado amigo de la Independencia de México, pues él contribuyó a la caída y prisión de Iturrigaray después de haberse manifestado por un momento favorable a la Convocación de un Congreso Nacional; la situación política con los Oidores y demás miembros importantes del partido Español, causaron profundas distancias y a la vez los excesos cometidos por el partido español. Tal proceder hirióen lo más vivo la altivez de los Oidores, así como a los miembros más notables de su propio partido, en una porfiada lucha con el Arzobispo Virrey.

Estos elementos varios de que se formaba la población de la más valiosa e importante de las colonias españolas, son para hallar las causas de antagonismos profundos, de rivalidades y enconos que pusieron en choque abierto, llegada la hora oportuna a esos irreconciliables elementos. Analizar estos elementos con sumo cuidado, así como sus obras por los diferentes actores que sirvieron de marco con los tiempos en que se vivían sus hechos emancipadores, los hombres y las nacientes naciones que se insurreccionaban, luchando, derramando la sangre de sus mejores hombres en busca de la tan ansiada libertad del opresor, como de la tan esperada independencia de pueblos portentosos para llamarse libres entre las naciones de la tierra. La revolución de las colonias inglesas en nuestro continente, la cual terminó con la aparición de un pueblo portentoso y enseguida, la Revolución Francesa que defendía los principios de libertad proclamando así el advenimiento de la justicia y el derecho.

La caída estrepitosa de Carlos IV, cabe mencionar por que es tal vez la misma lucha reinvicadora de los derechos arrebatados al pueblo español, al sentirse entregados a un dominioextraño, como su alzamiento heroico contra la opresión y la violencia. Agregando las noticias de los desastres que sufren en la península los ejércitos españoles, las medidas defensivas para contrarrestar una invasión francesa en la colonia y la desunión que entre tanto se envenenabamás y más entre los más decididos sostenededores de la dominación española y el representantede la regia autoridad, y como éstas y muchas otras hasta la llegada del Virrey don Francisco Javier de Venegas.

Aquí cabe destacar la lenta formación de un partido que al fin y al cabo así lo fue, el cual abrigaba la noble y justa aspiración de realizar la independencia de la patria, mismo que supo conquistar al entonces Virrey Irurrigaray para tratar de alcanzar la conquista de sus grandes ideales. Todo esto provoca que este partido contrario tramara una Conspiración en Valladolid, capital de la provincia de Michoacán, y con motivo de la disolución del acantonamiento de Jalapa, habían vuelto a aquella ciudad dos Regimientos Provinciales, uno de infantería y otro de caballería, formados en el mismo Michoacán.

Era el capitán del primero don José María García Obeso, y éste y algunos de sus compañeros oficiales de ambos regimientos, hablaban con frecuencia de los asuntos políticos, materia preferente de conversación desde hacia años. Llegaba a la sazón a Valladolid el Teniente del Regimiento de la Corona don José Mariano Michelena, natural de la ciudad y que llevaba la misión de enganchar gente para el cuerpo a que pertenecía; y no tardó en unirse estrechamentecon sus compañeros García Obeso y los otros oficiales amigos de éste; pero más impetuoso y resuelto que ellos formó un Plan de Conspiración, tomando parte en ella además de los nombrados ya, el Licenciado don Manuel Ruíz de Chávez, cura de Huango: Fray Vicente de Santa María, religioso Franciscano; el comandante don Mariano Quevedo, el Licenciado don José Nicolás Michelena, hermano del militar del mismo nombre y el Licenciado Soto Saldaña.

La conspiración de Valladolid enmarca un instante que no ha terminado. Aún está presente y aún están presentes los valientes militares que se reunían en la antigua Valladolid. Pero, ¿Cuáles fueron los trabajos que emprendieron y el fin que se proponían alcanzar estos conspiradores? El mismísimo Michelena, alma de la Conjuración, los ha consignado en un relato que escribió algunos años después: “Estas personas, las que se han citado, y yo nos fijamos en la conveniencia de excitar a nuestros relacionados, que eran de confianza, para que nos reuniéramos y acordáramos lo conveniente a nuestro objeto y seguridad, y que se les propusiera uniformar la opinión en estos puntos: 1º. Que sucumbiendo España, podríamos nosotros resistir conservando este país para Fernando VII que si por este motivo quisiesen perseguirnos, debíamos sostenernos, y que para acordar los medios mandasen sus comisionados.

En consecuencia, mandamos a diversos puntos al Licenciado don José María Izazaga, a don Francisco Chávez, a don Rafael Solchaga y a mi dependiente don Lorenzo Carrillo. Yo fui a Pátzcuaro y luego a Querétaro para hablar con Allende, mi antiguo amigo, al que cité para aquel punto; como resultado de estas diligencias vinieron don Luis Correa, comisionado por Zitacuaro, y don José María Abarca, capitán de las milicias de Uruapan, por Pátzcuaro, y aunque Abasolo fue comisionado por San Miguel, no vino, pero escribió que él y Allende estaban corrientes en todo, que vendrían después uno de ellos y que estaban ya seguros del buen éxito en su territorio.

Continuamos nuestras reuniones y trabajos hasta mediados de diciembre, en que vinieron nuestros comisionados Correa y Abarca con más circunspección de la que podía esperarse de nuestra inexperiencia, pero no tanta que los españoles no se apercibieran de ello. Y continuando Michelena su relato comenta al respecto: Un Criollo, que aunque nos trataba continuamente entonces, con justicia nos era sospechoso, y después sirvió decisivamente a la Independencia, nos hizo gran daño, y el padre Santa María, que era muy exaltado, picándolo los europeos se explicó fuertemente sobre la independencia: de todo lo cual, por las sospechas que había contra nosotros y por lo que decía nuestro citado paisano, se dio parte al gobierno, el que mandó a reducir a prisión a Santa María y que se formase averiguación contra nosotros”.

Este criollo fue don Agustín de Iturbide, teniente entonces del regimiento provincial de Valladolid, quien recibió del Virrey una carta particular dándole las gracias por la parte activa que tomó en la represión de los conjurados de aquella ciudad. Don Carlos Bustamante asienta en su cuadro histórico, que Iturbide fue el denunciante de la conspiración; Lucas Alamán le defiende largamente de esa imputación, y Michelena, como se ve, no afirma el cargo de Bustamante y se reduce a decir que Iturbide hizo gran daño a la conjuración.

La conspiración con tiempo fue preparada, finamente estudiada y promocionada, entre los mandos militares más selectos, contando además con los personajes más preclaros del Virreinato de la Nueva España. Los cuales en su momento fehacientes pruebas dieron de su valor. Salvo los serviles infiltrados que como siempre ha habido y los hay al servicio del convencionalismo personal, buscando la recompensa o el favor del poderoso para ganar escaño alguno; caso, hecho conocido dado en su oportunidad por don José Mariano Michelena, alma de la Conjuración.

La Conspiración no fue hecha por improvisados o resentidos aventureros, oportunistas como lo venimos observando en nuestra historia. La Conspiración es abortada por delatores como don Agustín de Iturbide. Aquí don Lucas Alamán apunta diciendo que quien dio aviso de la Conspiración al Intendente fue el cura del Sagrario de Valladolid don Francisco de la Concha, y que éste lo comunicó en conciencia al cura de Celaya, que sabía por don Luis Correa, uno de los asistentes a las juntas.

La revolución que debía estallar en Valladolid el 21 de diciembre, empezando por sorprender al asesor don José Alonso de Terán, que ejercía en aquellos momentos las funciones de Intendente, y al comandante de las armas, Lejarza. El primero de estos funcionarios, ya fuera por las causas que consignó Michelena en su relato, ya por alguna denuncia que le hiciese alguno de los mismos conjurados, mandó reducir a prisión, en la mañana del 21 de diciembre, al padre Santa María, quien fue conducido al convento del Carmen.

Los demás conspiradores, al saber este suceso, se reunieron para acordar algunas medidas, siendo las principales procurar establecer comunicaciones con el preso o intentar liberarle en el caso de que lo hicieran salir para México, avisar lo ocurrido a los gobernadores de los pueblos y reunir todos los destacamentos de que creían disponer. Entretanto, Correa, uno de los conjurados, se presentaba a Terán y delataba a todos sus correligionarios, de los cuales unos fueron llamados a la casa de Lejarza y reducidos a prisión y otros aprehendidos en sus habitaciones respectivas. El Licenciado soto Saldaña, que en los primeros momentos intentó, sin éxito alguno, un levantamiento popular, y otros dos conspiradores, pudieron librarse de la prisión, apelando a la fuga y ocultándose enseguida.

De las relaciones de aquel entonces, dice Michelena, casi todos murieron en la empresa; sólo vimos la Independencia don Antonio Cumplido, don Antonio Castro, don José María Izazaga, don José María Abarca, don Lorenzo Castillo, yo y no se si algún otro. Han muerto después Abarca y Castillo. Tal fue la Conspiración de Valladolid que, si bien no tuvo resultados inmediatos, preparó la que debía estallar en el curso del siguiente año y aleccionó a varios de los que en esta última tuvieron activo y muy importante participio.

Valladolid hoy Morelia, ciudad capital de una de las provincias mas ricas de la Nueva España, valladar de hombres Ilustres y de gentes dispuestas a arrostrar los peligros que implican la valentía, el honor, la justicia y que con su sangre sellan su eterno amor por la libertad. Valladolid hoy Morelia, en eterna memoria por uno de sus hijos más preclaros, el insigne y Epónimo don José María Morelos y Pavón. Tus descendientes te honran y recuerdan a sus valientes hijos, que por su heroicidad legan un cúmulo de ideales, de valores libertarios y que con justicia claman al eterno, enmarcando en el juicio de una guerra, misma que fue justa, necesaria y sobre todo benéfica para la nación entera.

BIBLIOGRAFIA:

México a Través de los Siglos.

Isauro Gutierrez