Los cien años de traición


Eduardo Murillo Gil
Hechos ocurridos en México en los albores del siglo XX (1910), despertar deben el interés no sólo de historiadores biógrafos y otros, sino el deseo y laboriosidad de investigación del pueblo, su gente y, sobre todo, su juventud, la cual tiene pleno derecho a conocer la verdad. La verdad no maquillada por el servilismo que a ultranza le sirve al poderoso, al famoso y al encumbrado. Conocer y comprender la magnitud histórica y los alcances de los personajes en cuestión, es adentrarse a la realidad histórica tal y como la vivieron todos aquellos que ofrendaron su vida por los Ideales más altos. Los otros, por intereses mezquinos y bastardos, los cuales les llevaron siempre a la traición. En fin, actores todos de un periodo de sucesos los cuales debieron ser la transición democrática, que dejara al México bárbaro en la búsqueda civilizada y emancipadora de las libertades y los derechos enmarcados en la Carta Magna, o Constitución de 1917.
Derechos inalienables de paz y trabajo remunerativo del obrero y del reparto agrario enmarcado en el Plan de Ayala, por el General Emiliano Zapata, jefe de los ejércitos del sur, avalado éste por el Plan de San Luis y la sucesión presidencial con el Sufragio Efectivo, No Reelección, del Mártir de la Democracia don Francisco I. Madero. Tocar el inicio de la Revolución en sus primeros cien años; no será para festinar como lo acostumbra el sistema, su costo fue muy alto y la sangría no tiene parangón alguno, para alabar al sistema sociopolítico, que desde ese entonces está en el poder, menos. recordarles a todos ellos, ¡si! A los descendientes irredentos que se adueñaron por la fuerza de las armas del pueblo que por ignorancia no los conoce y a los otros que por comodidad lo olvidan, invitarlos a conocer para crear una conciencia ciudadana que tanta falta hace para tener el sagrado derecho y deber de saber en su momento, por quién ir a votar.
Las traiciones que desde ese entonces se instauran en el sistema de gobierno, apoderándose del estado mexicano, se suceden unas a otras y como siempre, son los malos mexicanos, los traidores, los más bandidos, los más asesinos, los vende patrias, las más de las veces, los corruptos son los principales ejes de las transiciones, cambios, golpes o cuartelazos, y hoy la burla del voto ciudadano. Esta es la democracia a la que juega siempre el gobierno “legalmente constituido” en México. Y es así, como vemos desfilar el venir del cuatrienio y del sexenio político militar. La traición tocando a la puerta y hay de aquél osado que se destape o manifieste, buscando el mando, la silla presidencial, sin la anuencia del presidente o del partido en el poder.
Don Francisco Indalecio Madero, el mártir de la democracia, el único presidente legalmente electo, llega puntual a ocupar la presidencia de la República. Sus errores, fueron muchos y graves errores, como lo fueron el haber dejado de lado las jefaturas que le apoyaron y entraron con él a la capital. Desoír al general Emiliano Zapata, creador del Plan de Ayala, todo un proyecto para la distribución de la tierra. Por el norte al general Francisco Villa, creador de la División del Norte, hombre que con todos sus defectos por los cuales sus detractores han tratado de denostarlo; siempre fue él un idealista, un hombre leal a las instituciones, pues él mismo era toda una institución. Francisco Villa fue el ideólogo de la Revolución, impulsor de la reforma agraria y defensor del antirreeleccionismo, un estadista de talla. Francisco Martin Moreno. “Las Grandes Traiciones de México”. ALFAGUARA. Asesinado Francisco I. Madero, José María Pino Suarez, las traiciones por el poder se suceden. Victoriano Huerta, (el chacal) traiciona a Madero con la complacencia y participación del embajador norteamericano, HenryLane Wilson, quien desde esa sede diplomática, en antecedentes puso y propuso al presidente Taft y a su secretario de Estado Knox, derrocar al régimen de Madero y apoderarse de nueva cuenta de una parte del territorio mexicano. Taft, ni tardo ni perezoso dispuso se hicieran ambas cosas, más Knox, se opuso a la idea de ocupar el territorio mexicano, pero sí subvertir el gobierno de Madero.
Los gringos intervencionistas como siempre, han sabido explotar los errores, la avaricia y corrupción permeante en los naturales, los criollos, los mestizos, atendiendo la tentación antidemocrática del “mexicano”. Eso sí los estadounidenses, supieron superar los contratiempos. Su guerra de Secesión les dio la idea más clara y precisa del don más preciado que el hombre siempre defenderá, su libertad. Y para no variar Woodrow Wilson, desde la Casa Blanca concede apoyo y reconocimiento a don Venustiano Carranza, el cual convocó a la Revolución para desterrar al usurpador Victoriano Huerta. Una vez muerto en el exilio por cirrosis Victoriano Huerta, don Venustiano Carranza asume la presidencia y se le ve en el Castillo de Chapultepec rodeado de empresarios, generales y agentes de inversiones extranjeros.
Con el reconocimiento de los gringos, don Venustiano Carranza, el jefe constitucionalista de 1917, ocupa la silla presidencial, traicionando a don Emiliano Zapata, creador del Plan de Ayala; Álvaro Obregón, traiciona la Revolución y su principal postulado “Sufragio Efectivo, No reelección”, además traiciona a Venustiano Carranza, al General Francisco Villa, a don Adolfo de la Huerta y a don Francisco Serrano, hasta que Álvaro Obregón cae muerto, baleado y traicionado, entre otros asesinos, por don Plutarco Elías Calles, su paisano y amigo.
Traidores. Eran unos traidores al movimiento armado y cuando Venustiano Carranza asesinó a Zapata y Obregón y Calles, por su parte ordenaron el asesinato del General Francisco Villa, más traidores fueron a los elevadísimos intereses de la patria. El pleito a muerte entre Villa y Carranza, sólo terminó cuando Obregón se ocupó exitosamente de hacer asesinar a don Venustiano Carranza, muy a su estilo. La presidencia provisional fue ocupada por don Adolfo de la Huerta, quien convoca a la sucesión presidencial. Es ahí donde Francisco Villa hace declaraciones al periodiodista Regino Pagés Llergo, y a otros reporteros, donde se declara partidario absoluto de la candidatura presidencial de don Adolfo de la Huerta, Obregón y Calles ultiman los detalles en el interior del Castillo de Chapultepec, nadie dudó que el asesinato del general Villa había sido ordenado por Plutarco Elías Calles de acuerdo con Álvaro Obregón. (Francisco Martin Moreno. Las Grandes Traiciones de México. Pag. 48.) De ahí el criterio que han manejado los ingleses y los propios gringos al respecto, y lo dicen a voz en cuello: México es una nación de traidores. La respuesta inmediata cabe: ¡Ellos, los gringos y los ingleses, son países de filibusteros y de gandayas sin vergüenza alguna!
Y para que la cuña apriete debe ser del mismo palo! El clero católico dependiente de Roma, ha celebrado siempre alianzas con los tiranos para que los banqueros y empresarios y gobierno, no solamente sometan a la Nación sino que desde el púlpito se prestan para que la exploten. Ellos desde la independencia han propiciado la traición y a la fecha siguen sus postulados y apoyos incondicionales al mejor postor. Todo lo anterior tiene su explicación. La Carta Magna, la Constitución de 1917, siempre ha sido combatida por el clero católico, él ha celebrado alianzas discretas como inconfesables, combatiendo irredentamente con las mismas armas para matar constitucionalistas, tal y como lo han venido haciendo desde sus alianzas de la Profesa con Matías Monteagudo, Arzobispo de México, Agustín de Iturbide, Santa Anna, Zuloaga, Miramón, Porfirio Díaz y Victoriano Huerta.
En este escenario de acuerdos y conclusiones históricas, los continuadores o dueños del estado mexicano, los partidos en el poder convertidos en empresarios, quienes con el presidente elegido por ellos, son magníficos discípulos del Callismo “institucional”. Ellos disfrazan y reforman la Constitución a su arbitrio, perpetuándose sexenio tras sexenio en lo federal o estatal, brincando como chapulines, hoy diputados, mañana senadores, luego gobernadores, secretarios de gobernación, secretarios de Hacienda, ministros de la Suprema Corte de Justicia de la nación, etc., etc... Pero siempre perpetuando, conservando o arrendando al mejor postor o partido político el poder. Sutiles maneras ortodoxas de justificar para no ser juzgados de traidores por el Sufragio Efectivo, No Reelección. Estos hechos, constituyen una felonía con que el PRI, y su hijo putativo PRD se eternizan cometiendo y ejecutando una serie histórica de fraudes electorales, impidiendo la mencionada alternancia en el poder, este partido de la regresión como sus satélites, es responsable de todo lo bueno, si, pero también de todo lo malo que le ha acontecido a la nación mexicana, durante los setenta años de mandato, de auténtica dictadura, que entre otros resultados igualmente lamentables y patéticos, arrojan un saldo de cincuenta millones de mexicanos sepultados en la miseria.
Al respecto nos dice Francisco Martin Moreno: Las traiciones modernas cometidas por el PRI, justifican un volumen de felonías. Si todos los altos funcionarios que cometieron peculado y desfalcaron con sus presidentes en turno las arcas nacionales y ordenaron la desaparición física de los inconformes, de los “molestos”, de los opositores, de los periodistas, estuvieran en la cárcel, y son los que deberían estarlo y deshabilitados para ocupar puestos públicos, no habría quién cerrara la puerta. Y hablando de traiciones, ¿qué tal recordarles a Luis Donaldo Colosio Murrieta?…
La nación mexicana es un preso de su historia, el presidente y la partidocracia actual ha limitado por servilismo y corrupción su acción social. Los grupos parlamentarios no por virtuosos están ahí, aceptan siempre costos políticos unilaterales y sus decisiones ramplonas no son para dar decisiones económicas que rompan la crisis o inercias que ellos mismos han provocado. Los consensos políticos deben basar su acción social en un aporte cuya expresión económica de infraestructura de abundancia como respuesta plural para la construcción y fundamento de las diferentes estructuras sociales de la nación.
El poder absoluto que ambas cámaras ostentan y manejan, son los estilos que tradicionalmente el presidencialismo construye o dicho de otra manera, lo que el Ejecutivo ordena y envía para su aprobación. ¿Cuál modernidad social? La de ellos siempre ha estado presente y todos cada sexenio están contentos y satisfechos. Para todos ellos no existe crisis hambruna, desempleo, inseguridad, o carencia alguna. Todo lo tienen, básteles estirar nuevamente la constitución o reformarla para justificar el endeudamiento o venta de los bienes nacionales. Para muestras y coincidencias: La desincorporación de la Isla de La Palma 444 hectáreas, según decreto donde el Congreso del Estado autoriza al Gobernador del Estado de Michoacán. ¡Coincidencias! Nuevamente los gringos se quedan con territorio michoacano o mexicano, ¡otro tratado Santanista! Por otro lado, observemos las reformas de política laboral y social para la nación, son movimientos negativos, mal analizados y mal planteados, pues se antoja ser verdaderos distractores ya que los grupos parlamentarios no destraban las complejidades que les permita recoger los costos políticos acostumbrados. Los partidos políticos, los arreglos tras bambalinas con el Ejecutivo, son los verdaderos complejos que no permiten la apertura y agilidad para la conversión de los derechos sociales ya ganados.
Los partidos políticos en debate siempre han estado, las reformas también han sido y han venido y ¿dónde han quedado esos consensos sociales? Así en estas condiciones como las de ayer, toda iniciativa para la modernización democrática del estado, no tiene cabida, ni siquiera como recurso, pues algo se ha perdido desde hace muchos sexenios. La rectoría del estado y la gobernabilidad de sus ejes como la credibilidad de ellos mismos.
En este escenario de acuerdo a conclusiones, reformas han venido y se siguen sucediendo en los debates parlamentarios sin generar los argumentos convenientes y convincentes que los lleven al acuerdo que ponga en movimiento las reformas tanto mencionadas, las cuales deben ser la conclusión de debates y soluciones para la gobernabilidad parlamentaria. Decisiones parlamentarias de cambio que como ejes frenen el omnímodo poder del ejecutivo y la soberbia con que ambas partes se manejan y la soberanía del pueblo se vea realmente representada. Solamente el recuerdo del centenario de 1917 sirva de acicate para que se levante y de frente, con esperanza cierta, se espere un mañana más brillante en el porvenir.
Corolario: ¿Qué vale finalmente la Constitución? ¿Qué es lo que hay que festejar de la Revolución de 1917? …. ¡Tú lo decides Mexicano!…