Lázaro Cárdenas, luchador de estatura universal

 Lázaro Cárdenas, luchador de estatura universal

Miguel Angel Martínez Ruiz

Transcurrían los últimos días del mes de febrero de 1961, un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Urbana Federal de Morelia acudimos a la dirección del plantel educativo, con el propósito de manifestarle al C. Director, Profr. Serafín Contreras Manzo, nuestro ferviente deseo de asistir a la Conferencia Latinoamericana por la Emancipación Económica, la Soberanía Nacional y la Paz, cuya inauguración tendría lugar el 5 de marzo del citado año en la ciudad de México. 

El director nos proporcionó la ayuda indispensable para lograr nuestro propósito, y un viernes por la tarde estábamos abordando un autobús de los llamados “rojos” que tenían su terminal en el edificio que sirvió de convento, anexo al templo del Carmen, actualmente Casa de la Cultura. Recuerdo que íbamos Napoleón González Vargas, José Luis Robledo Ávalos y quien esto escribe, como representantes de los estudiantes normalistas, acompañados por el entonces joven profesor Manuel Salvador Saavedra Regalado. Nos hospedamos en un modesto hotel, ubicado en las calles de Allende y Donceles, muy cerca de la Cámara de Diputados.

A la mañana siguiente, nos dirigimos en un taxi al Colegio de Ingenieros, cuyo primer piso estaba acondicionado especialmente para la inauguración de la conferencia. Muy connotadas personalidades de la vida política y cultural se encontraban presentes. Allí se habían dado cita Vicente Lombardo Toledano, Renato Leduc, José Santos Valdés, Valentín Campa, Fausto Trejo, Heberto Castillo, Eli de Gortari, Fernando Benítez y muchos otros que escapan a mi memoria. 

Al señor general Cárdenas había tenido la oportunidad de conocerlo en Morelia y saludarlo en Uruapan y La Piedad, Michoacán, pero esta era la primera ocasión que lo escucharía pronunciar un discurso de gran contenido político. Enemigos del acontecimiento, escondidos tras el anonimato habían arrojado ampolletas de ácido sulfhídrico que al pisarlas producían un olor muy desagradable además de algunos gases. Esta circunstancia caldeaba los ánimos de los presentes y se dejaban oír consignas como “¡Huele, huele a imperialismo!” “¡Búsquenlos!” “¡Purga de reaccionarios!” “¡Agárrenlos!”. 

Al llegar el general Cárdenas, acompañado por un numeroso grupo de políticos e intelectuales, entre los que destacaban Alberto T. Casella de Argentina, Domingo Vellasco de Brasil, John D. Bernald de Irlanda, Linus Paolin, Premio Nobel de los Estados Unidos, y muchos más que resultaría prolijo mencionar. Con una ovación muy nutrida fueron recibidos tan ilustres personajes que pasaron a ocupar el presidium; por supuesto que había representantes de casi todos los países latinoamericanos, algunos europeos y asiáticos.

En su pieza oratoria, el general Cárdenas puso especial énfasis en la lucha por la paz, reprobando a los traficantes de las guerras. Dijo entonces: “Por otra parte, la lucha por la paz se encuentra vinculada con los movimientos que se realizan en todos y cada uno de los países de Latinoamérica, para hacer desaparecer las desigualdades económicas, sociales, raciales y políticas, que desde siglos vienen caracterizando la vida de nuestros pueblos”. Más adelante agregó: “En toda Latinoamérica se mantienen formas anacrónicas en su estructura económica, principalmente las que se relacionan con la tenencia y la explotación de la tierra, prevaleciendo en muchos países el latifundismo. El latifundio condiciona la agricultura de monocultivo, que obliga a mantener la producción de materias primas que se exportan y elaboran en otros países, aun con detrimento de las necesidades esenciales del consumo de la población”. También expresó su criterio sobre el respeto que merecen los pueblos a defender su integridad, aludiendo a la Revolución Cubana y condenando “cualquier ingerencia que atente contra la voluntad de los estados”.

Los acuerdos de la Conferencia Latinoamericana lo sintetiza Cárdenas en una carta que dirigió al presidente de Brasil, Joao Goulart: Primero, desarrollo nacional independiente. Recuperación de los recursos naturales en manos extranjeras para su aprovechamiento y explotación nacional; Reforma Agraria Profunda; nacionalización de las industrias básicas y de las riquezas del subsuelo; protección y estímulo a la industria y comercio nacionales; pago justo por las materias primas exportables y precios equitativos para las manufacturas de importación: financiamiento, créditos, inversiones y ayuda técnica a extranjeros recíprocamente provechosos, sin menoscabo de la soberanía y la independencia económica nacionales; intercambio comercial y cultural con todos los países del mundo”. 

Segundo, política internacional. Autodeterminación y no intervención; igualdad jurídica de los estados; condena de toda forma de colonialismo y de discriminación racial; solidaridad en la lucha por la liberación nacional de los pueblos latinoamericanos y apoyo a los pueblos afroasiáticos que persiguen el mismo fin; intensificación de las relaciones de intercambio entre los países de América Latina; respeto a la soberanía, la independencia y la integridad territorial de Cuba y libertad para Puerto Rico; denuncia de los tratados internacionales lesivos para la soberanía nacional; supresión de las bases militares extranjeras; paz mundial, prohibición de todas las pruebas de armas nucleares y destrucción de las existentes; desarme general y completo, coexistiencia pacífica basada en el respeto a la independencia de los pueblos”.

Un grupo de mexicanos notables se dio a la tarea de formular las conclusiones de la conferencia, a fin de formar el Movimiento de Liberación Nacional: Alonso Aguilar, Narciso Bassols Batalla, Clementina Batalla de Bassols, Cuauhtémoc Cárdenas, Enrique Cabrera, Fernando Carmona, Jorge Carrión, Carlos Fuentes, Víctor Flores Olea, Enrique González Pedrero, Ignacio García Téllez, Francisco López Cámara, Manuel Mesa, Guillermo Montaño y Jorge L. Tamayo, “elaboraron documentos que permitieron desarrollar, con ayuda de decenas de mexicanos más, el programa del Movimiento de Liberación Nacional en las reuniones que culminaron el 5 de agosto de 1961, con la participación destacada de los generales Lázaro Cárdenas y Heriberto Jara.

Cuando un grupo de apátridas cubanos, auspiciados por el imperialismo, intentaron invadir Cuba y que fueron repelidos por las fuerzas revolucionarias en Playa Girón y Bahía de Cochinos. A raíz de esto, “el 17 de abril de l961, Lázaro Cárdenas subió al toldo de un automóvil colocado en el centro del Zócalo y habló a los miles de manifestantes que se habían reunido para protestar por la invasión, y ofrecer su apoyo a la Cuba de Fidel Castro. Se le había impedido a Cárdenas volar a Cuba y luchar físicamente contra la invasión. Ahora, durante 30 minutos, se le impidió también hablar: la ovación más larga que he escuchado recibió a este hombre”.

Esta era la estatura revolucionaria del gran luchador social que siempre fue hasta su muerte (19 de octubre de 1970) el general Lázaro Cárdenas, quien nunca escatimó esfuerzo ni voluntad creadora para enfrentarse a los enemigos de México, dentro y fuera de nuestras fronteras. Alcanzó fama universal, porque su lucha no era únicamente la del pueblo mexicano, sino la de todos los hombres expoliados en cualquier latitud del planeta.

Isauro Gutierrez