La Edad Cronológica y su Relatividad

 La Edad Cronológica y su Relatividad

Alberto Valle Carrillo.

La utilidad de los años que hemos vivido consiste en aprovecharlos en cuanto a asimilar las experiencias y aprendizajes de todo tipo, que nos permitan tener una vida plena, las que nos quedan más racionalmente y las cuales nos permiten no repetir los errores cometidos en ese proceso pasado.

El cambio en nuestra persona no se logra por el solo hecho de ir cumpliendo años, lo que nos cambia, es nuestra postura frente a la vida con la intención de ser cada día mejores, lo que permite estar constantemente aprendiendo si mantenemos esa postura y mentalidad abierta.

En el sentido de la relatividad de la edad ponemos por ejemplo que para un concurso de belleza femenina, una candidata que pase de 25 años es “muy vieja”; para solicitar un empleo, una persona que pasa de 35 años también es considerada vieja, pero para lapresidencia de un país o la gerencia general de una compañía, está edad es muy joven.

Esa variedad en los conceptos empieza desde muy temprana edad, al niño le decimos: ya estás muy viejo para que sigas tomando biberón”, pero también a esa edad le decimos estás muy chico para que salgas a la calle solo, o le decimos, ¿por qué no te vistes solo, si ya estás muy viejo?

Podemos apreciar que la confusión debido a esa relatividad empieza desde muy temprana edad dentro de la familia, y se va complicando conforme somos partícipes de más círculos sociales, la escuela, las amistades, los diversos empleos que desarrollamos, creando un caos de conceptos incluid el la edad.

Toda la vida seguiremos confundidos si no logramos superar estos conceptos que nos imponen los demás, recibidos a su vez por  sus “formadores” o, mejor sea dicho, en este caos educativo, por sus “deformadores.

A eso le agregamos las calificaciones que nosotros mismos nos colocamos, yo ya estoy muy viejo para eso, soy un inútil, ya no tengo fuerzas para aquello, yo ya trabajé lo que iba a trabajar, para qué me esfuerzo si ya me voy a morir, hazlo tu que estás joven porque yo ya no puedo”. A, con esta programación, nos vamos aniquilando desde los 40 años, ayudados por las etiquetas que los familiares, la pareja y los hijos nos van colocando, terminando sentados en un parque convencidos de que somos un estorbo.

Pero por otro lado, vemos a nuestro alrededor a personas viejas, con actitud de progreso, gente que piensan en ellas mismas y en los demás, actitud que les reditúa fuerza y vitalidad, sin importar la edad cronológica que tengan, es por esta situación que en este trabajo se expone la relatividad de la edad cronológica y el significado de la edad mental, que en este trabajo le llamaremos “edad simbólica”.

Las edades simbólicas son elementos importantes para las actitudes que vamos tomando los seres humanos frente a la vida, y con esto podemos identificarnos con personas que coinciden en nuestra visión a nivel universal.

En el ámbito de las enseñanzas simbólicas, la edad, significa, el estado de adelanto demostrado en la carrera filosófica, así como el progreso moral y material que se ha llegado a alcanzar durante los estudios, por cuya razón se hace necesario recurrir a las más profundas reflexiones en la materia, lo que nos obliga a investigar las  verdaderas definiciones, con el fin de conocer de manera clara y firme, cuál es su más justa aplicación dentro del dogma aplicado en la vida, con relación a la ortodoxia y a la filosofía que se profesan en la vida cotidiana.

La palabra edad proviene de las raíces latinas “aetas” o “atem“, con la cuales se indica el período de tiempo que ha vivido una persona, o cualquier otro ser animado desde su nacimiento; se refiere también, a la duración de todas las cosas, desde el principio de su existencia, también con esta palabra se considera a cualquiera de las etapas históricas que corresponde a varios siglos, y de esta forma, se tiene la división de la edad en cuatro períodos.

Así se denominó la Edad de Oro, que podemos definir como la que floreció durante los felices tiempos del reinado de Saturno, cuando imperaba la inocencia y que la tierra producía prolíficamente todos cuantos productos podría apetecer el hombre para lograr su subsistencia, y para abastecer todas sus necesidades; consecuentemente a esta época se le representó bajo el símbolo de una mujer Joven colocada de pie a la sombra de un olivo, en cuya copa se anidaba un enjambre de abejas; este conjunto era emblemático de la paz y de la abundancia.

Se le llamó Edad de la Plata, al período en que Saturno permaneció en Italia, después de haber sido arrojado del cielo, y en cuya época fue cuando se condenó a la humanidad a vivir de su propio esfuerzo y de su trabajo físico, razón por la cual se hubo que recurrir al estudio de la agricultura, de las industrias y de las ciencias y las artes, por lo que, a este lapso de tiempo, se le representó por medio de una alegoría que ostenta a una bella mujer, con sus sienes coronadas de perlas y apoyada sobre un arado, que es el símbolo del trabajo del campo y de la laboriosidad del hombre.

En la Edad del Bronce, Saturno abandonó a Italia, y fue la época en que se perdió la inocencia primitiva, para imperar la malicia que produjo al pudor, por cuyo motivo, también se manifestó el fenómeno en que la tierra dejó de producir espontáneamente sus frutos y las mieses que ofrecía al hombre, quien se vio obligado a procurárselas por medio del sacrificio físico y del sudor de su frente, como elemento para fertilizar las tierras y de esa manera obtener los abastecimientos para satisfacer sus necesidades; por lo tanto, a esta Edad se le representó, bajo la figura de una hermosa joven de apuesta posición social, y ricamente ataviada, con un casco ceñido a la cabeza y un escudo en la mano, lo que vino a simbolizar, a las amarguras, a las privaciones, y a los obstáculos a la luz, contra la ignorancia y de la verdad en contra de la mentira, y en consecuencia, se le materializó por el símbolo que representaba a un hombre de aspecto tímido con un ojo vendado, y siendo conducido en su camino por el silbido de una serpiente que se arrastra por el suelo, en dirección a un abismo.

A la Edad del Hierro; se le divide a su vez en tres edades, la antigua, que corresponde al período primitivo más remoto, hasta la caída del Imperio Romano de Occidente, por el siglo quinto antes de Jesucristo; la Edad Media, como el período que comprende, desde la caída del Imperio Romano Central, hasta la toma de Constantinopla por los turcos en el siglo quince, y la Edad Contemporánea, que cuenta desde la toma de Constantinopla por los Turcos, hasta los actuales tiempos es la que comprende el período en que, rotos los diques de la inocencia, imperando el egoísmo, y desbordadas las pasiones humanas, dieron como resultado final, la práctica de todos los vicios que tienden a minar la salud pública hasta agotar las energías del hombre, con lo que se consiguió su completa decadencia. Durante este tiempo, se hizo necesario acudir al imperio de la fuerza bruta, para poder dirigir y gobernar a los pueblos, como único método que proporcionó a los factores más adecuados, para contener la avalancha arrolladora de calamidades que asoló al mundo; a esta etapa de infortunios, se le representa bajo la figura imponente de una mujer de apariencia feroz, como el símbolo de la maldad, del egoísmo y de la avaricia, pues se encontraba armada de pies a cabeza, protegida por un escudo, en cuyo centro se veía representado el engaño, por medio de una cara de hombre con cuerpo de víbora, siendo emblemática de la envidia, de la traición y del odio.

Como conclusión de este trabajo, sabemos de personas que en poco tiempo logran evidenciar más edad que otros, ya que su dedicación y entrega al estudio místico, de la filosofía, así como en el progreso moral y material demuestran que han superado la edad cronológicamente vivida, que es la edad a la que la sociedad nos somete. Es un momento temporal en el que se demuestra que el camino a la sabiduría y al perfeccionamiento moral está lleno de asperezas, ya que el hombre se deja dominar por la ambición, la codicia, la avaricia y solamente podemos llegar a esa perfección una vez que se hayan vencido las bajas pasiones y se consoliden el ámbito de querer alcanzar la virtud.

Isauro Gutierrez