La Construcción de la Gran Familia

 La Construcción de la Gran Familia

Eduardo Murillo Gil

El emprender trabajo alguno de esta naturaleza; nada más lejos de mi temor, que siempre me ha inspirado el convencimiento de mi propia insuficiencia, pero puede más el deseo, la curiosidad y al efecto me he dedicado a meditar o reflexionar sobre el presente asunto. La construcción de la Gran Familia.

Justo y necesario es conocer primeramente el concepto Libertad y lo que éste implica. Me determina esta consideración a dividir las partes, dándonos una idea de las facultades del hombre y las reglas más indispensables para su desarrollo. Pienso que para entender el concepto arriba aludido, necesidad inherente, es conocer nuestras facultades y cómo el conocimiento de ellas implica educación, misma que nos induce a la virtud, al honor y a la moral, ellas deben estimularse ya que el hombre es susceptible,y que Dios quiere que se eduquen, estas son verdades fuera de toda duda. Estas facultades son propias de la naturaleza humana, ya educadas nos servirán y nos llevarán siempre a ser mejores ciudadanos.

Y sin duda, nos guiarán para la construcción de la Gran Familia, sin embargo, no basta solamente esto. Otra de las necesidades para el buen logro de la empresa es la labor que realiza el trabajo pues es fecundo y creador. Nada se adquiere sin trabajo, la vida misma nos cuesta. Nacer, crecer y morir son una misma cosa y forman parte de La Gran Familia, de tal manera, esto nos debe recordar que la inteligencia duerme si no se le despierta; El cuerpo se entorpece, si no se le ejercita; el pensamiento no existe, si no se le excita; La voluntad se extravía, si no se le dirige.

Nada hay más hermoso en la construcción de nuestro templo, que el conocimiento de él y sus leyes, y es pues así, como la naturaleza inmanentemente divina nos arropa, desde la misma concepción o quizás aún antes de ella. Refiérome a la naturaleza y sus leyes, de las cuales formamos parte integral y quien las burla o hace mal uso, simplemente perece, se extingue.

Ahora bien, la falta de educación familiar ha conducido y conduce finalmente al caos o a la destrucción del sostén y andamiaje nacional y universal. Los valores se pierden y los viejos usos y costumbres se corrompen a través de la difusión que hacen los diferentes medios de comunicación, los cuales se prestan ortodoxamente o se vendenpara este fin.

La construcción de La Gran Familia nos remite pues al estudio del hombre mismo, ¡nuestro templo! ¡Que no se corrompa! Más para que esto se dé, reitero,necesidad es el pleno conocimiento de lo que implica la verdadera libertad para no confundir lo que el vulgo comúnmente entiende y practica, libertinaje.

Esta construcción requiere trabajo, educación, valor, amor en los más sagradosprincipios universales. Y estos nos dan una gran conciencia y son también un compromiso mayor  y una garantía para quienes ya los tienen, pues de nada servirán si no son transmitidos en la construcción y transformación de las masas, las cuales son las más desprotegidas por su crasa ignorancia, quedando al garete y siendo como siempre usadas y mancilladas por los pillos más redomados del sistema sociopolítico religioso, enclaustrado en nuestra naciente nación mexicana.

Conscientes de los grandes retos, como también de los grandes defectos que nos aquejan como pueblo, hay necesidad inmediata es implementar reglas que, aparejadas a los derechos naturales, colectivos e individuales enmarcados en nuestra ConstituciónPolítica, nos sirvan para que su pensamiento cambie y sea un dique de contención a la prostitución permeante en la sociedad actual.

Para ello, necesario es el trabajo y la dedicación al estudio ético, moral y económico y su implementación a las masas y poder fincar al fin el porvenir de las nuevas generaciones de ciudadanos, los cuales son los que nos deben de importar, pues son ellos el mañana de una nación próspera y feliz.

Nada hay en la naturaleza más digno que el estudio del hombre mismo. Y si examinamos su alma, encontraremos un destello de la divinidad, es pues conveniente, observar el curso de la naturaleza en el desarrollo del hombre y seguir sus leyes. Contrariar este sistema de principios es oponerse al orden establecido por Dios. Para ello es preciso que sea lento, pero continuo, que aumente la actividad y la vida, que se establezca la necesaria armonía entre todas las facultades y que se efectúen, sin violencia alguna, en todas las clases de cambios que estos se dieren. ¡Ya basta de sangre! Doscientos años buscando la independencia y la libertad tan anhelada. Y cien en busca de los mismos Ideales, a través de una Revolución (1917) que tuvo de nueva cuenta un costo sin igual.

Obrando así, evitaremos el ocaso que se sucedió con las brillantes antorchas de las civilizaciones pasadas, las cuales se apagaron en el cataclismo de la edad: Moisés, Orfeo, Hiram, Salomón, Pitágoras, Confucio, Sócrates y Jesús. ¿Por qué ninguno de ellos pudo salvar del oscurantismo al universo entero? Porque no tenían a la asociación humana por un  basto taller de trabajo y producción, ya que sólo han de gobernar las leyes del Interés bien entendido de los contribuyentes, sus verdaderos dueños para quien debe de legislarse, y no por una comunidad particular que nunca se ha regido por principios abstractos del deber y del derecho, como una Gran Familia, y así hoy todos ellos (gobernantes y clero) se han entregado a su utopía, al mandato de sus Ideólogos modernos.

El oscurantismo siempre ha sido el culpable y no porque se estén buscando pretextos o fabricando culpables para atacarlos. Ellos, siempre ellos, han sabido manipular oportunamente, fabrican, compran conciencias, crean sofismas, instrumentando dogmas y prometen cielos y goces infinitos. Ellos a la vez, son una fábrica de santos y vírgenes a los que les atribuyen milagros, vendiendo escapularios, medallas milagrosas. Promesas, entre otras cosas, de alcanzar un paraíso a cambio de la asnal resignación en el presente mundo. Ellos, sí ellos, han y vienen disfrutando desde hace más de dos milenios de las mentadas primicias paradisiacas a costas de su servil rebaño, y en contubernio con  los gobernantes en turno en los países donde han sentado sus reales papales.

Los altos dignatarios de una religión que proclama la humildad, el vasallaje y la mansedumbre, se enriquecen explotando el fanatismo, hurgando en la conciencias, exprimiendo la miseria de las masas para que sus prelados satisfagan su glotonería con los manjares mas ricos, cubriendo sus cuerpos mofletudos y grasientos con las telas más exquisitas y las joyas más deslumbrantes.

Por otro lado, tenemos al poder civil que, en contubernio con las castas adineradas o de los ricos, quienes son los que gobiernan en alianzas con el extranjero;montan autoridades que hoy como ayer están a sus ordenes, enajenando, vendiendo, rentando, concesionando, imponiendo, gravando, creando impuesto sobre impuesto, creando reformas, más reformas, sobre reformas a lo que pueda quedar de articulación a la Constitución de la República. Eso sí, matando de hambre al obrero con sueldos de limosnero, y del campesino ya ni qué hablar, la tierra hoy es de quien la compra, creando de nueva cuenta el latifundio.

Y aunque sea reiterativo, crean el hambre y la miseria, por consecuencia, la delincuencia, la cual es un buen negocio más para ellos y la carencia del verdadero empleo, pues los existentes son mano de obra barata y están en poder de la mayoría de las empresas transnacionales. ¿Cuál empleo ha creado el actual Gobierno? Si no cuenta con infraestructura, para absorber o dar cabida a tantos profesionistas o técnicos, que año con año salen de las diferentes universidades.

¿Y el campesino por qué emigra? Obvio lo es y todos lo conocemos, nunca han existido garantías para el campo, los recursos tan cacareados quedan en poder de las aves de rapiña, las cuales hacen su agosto en el momento que accesan al puesto en cada sexenio. ¿Y de la Educación? Bueno, sus lideres nacionales, estatales y demás dirigentes ¡bien, gracias! Hay nos la llevamos, además de que la educación cuesta, bueno las masas seguirán los postulados de ignorancia, de pobreza y flojera marcados por sus educadores, no hay por qué preocuparse.

Ambas partes lo tienen todo, olvidando los hechos en que han estado incurriendo sexenio tras sexenio. ¿Y la Gran Familia Mexicana qué? No se han puesto a pensar en los riesgos de una gran convulsión social y sus causas, las cuales se centran principalmente en la pobreza que ellos mismos han propiciado. La imposición de mega proyectos con impactos destructivos para los indígenas. La disputa se centra hoy en los hidrocarburos, el agua, la energía eléctrica, los bosques, es decir, el traslado de derechos de los pueblos indígenas hacía las empresas privadas a través de reformas constitucionales a priori.

Mientras el interés material, el ético y el moral no marchen de concierto, la virtud y la justicia, así como la equidad son mero prototipo de teatro como hoy se conjugan en nuestra nación mexicana y, en cambio, distraen con sus jergas de circo maroma y teatro, el ocio de los ciudadanos en un vello ideal.

Para que se de la Gran Familia Mexicana, necesitamos que olviden los paradigmas inculcados a chaleco, en el discurrir de los años y sí instruirle dando una verdadera educación, científica, laica, por la cual conozcan lo que es virtud, honor, lealtad y honradez. Se necesita con urgencia y la necesitan nuestros conciudadanos, hermanos nuestros para conocer y practicar su libertad a la que tienen pleno derecho.  

¿Cómo enseñarles sobre las grandes facultades de que hemos sido dotados? Necesidad es que todos conozcamos la verdadera educación, nos demos cuenta de lo que implica la virtud, el honor y la moral, pero sobre todo hacer siempre buen uso de la razón, entendiendo la libertad humana como el sometimiento del hombre a los dictados de la razón y no de la pasión.

Isauro Gutierrez