J. Isaac Arriaga, nicolaita esclarecido


Miguel Ángel Martínez Ruiz
La biografía de este singular luchador social es la historia de un hombre cuya integridad constituye uno de los más auténticos paradigmas de rectitud ideológica, honestidad a toda prueba y esforzada acción constructiva para todos los mexicanos, particularmente, en estos días de crisis económica, causada por múltiples factores, entre otros, el descaro de la mayoría de los funcionarios públicos y de sus incondicionales -los especuladores de los bienes indispensables para el sustento de la vida humana- que atenta contra la Patria, en una actitud de lesa humanidad.
Pero, afortunadamente, hay hombres que como J. Isaac Arriaga, desde la inmortalidad luminosa, señalan con la fuerza de su ejemplo el rumbo de la dignidad nacional.
Esta breve nota carece de pretensiones biográficas, ya que sólo aspira a destacar algunos aspectos de la vigorosa personalidad de Isaac Arriaga, como un homenaje en el 89º. aniversario de su inicuo sacrificio.
Tan ilustre personaje nació el 10 de junio en la hacienda de Santa Ana Mancera. Cursó su educación primaria en la escuela de Puruándiro, cabecera municipal de su comunidad de origen y, mediante una beca que le fue otorgada como reconocimiento a su gran capacidad intelectual, vino a estudiar al glorioso Colegio de San Nicolás de Hidalgo en el año de 1906.
La escuela filosófica del positivismo y los fulgores de los grandes románticos ejercían una marcada influencia en la juventud de ese tiempo. Sin embargo, esa forma de comprender el mundo y la vida ya no satisfacía los espíritus inquietos de los nicolaitas. Así, en 1909, J. Isaac Arriaga funda la revista “Flor de Loto”, colaboran Cayetano Andrade, Felipe Calderón, Francisco R. Romero, Francisco J. Mújica, José Rubén Romero, etc. Esta publicación no sólo proporciona a la grey estudiantil una tribuna para manifestarse literariamente, sino que les permite externar sus hondas preocupaciones sociales, iniciando valientemente una propaganda organizada contra el porfiriato.
Para darnos una idea del perfil caracterológico de Isaac Arriaga, podemos recordar que, siendo niño había quedado huérfano de padre, que su madre era paralítica y, a pesar de esas adversidades, trabajó para sostener a la familia; recorría a pie el trayecto de Morelia a Puruándiro. En cierta ocasión, murió la madre de un compañero, a consecuencia de una enfermedad altamente contagiosa. Nadie acudió a acompañarlo, sólo Isaac Arriaga.
Cuando el Dr. D. Miguel Silva fue postulado candidato al solio de Ocampo, los nicolaitas no dudaron ni un instante en apoyarlo. Este hecho ocasionó que la Casa de Hidalgo fuera clausurada. Ante esta acción tan arbitraria, los estudiantes fundaron su propio plantel educativo, al cual le dieron el cariñoso nombre de “San Nicolasito”.
El nicolaita Isaac Arriaga era un joven de ideas radicales, de ahí que se incorporara a las fuerzas revolucionarias del coronel Eduardo Gutiérrez y, posteriormente, a las filas del Gral. Gertrudis G. Sánchez, bajo cuyo mando combatió en Ahucitlán, Maravatío, Inguarán, Loma Larga, San Antonio de las Huertas y Huetamo, hasta alcanzar el grado de mayor.
Fue electo diputado federal por el Distrito de Uruapan. Dirigió la campaña política del General Francisco J. Mújica y, cuando se pensaba que Isaac Arriaga ocuparía un puesto muy relevante, el propio Isaac Arriaga pidió se le nombrara Presidente de la Comisión Local Agraria.
El culto polígrafo Raúl Arreola Cortés dice que “Este distinguido nicolaita cayó víctima de un alevoso crimen perpetrado por quienes están obligados más que nadie a respetar y amar a sus semejantes. Cuando trataba de convencer a un grupo de fanáticos que pretendía llevar a cabo una manifestación política…”.
Isaac Arriaga vivía en carne propia la tragedia del proletario. Por eso, trató de evitar el enfrentamiento, mediante una exhortación verbal, pero “sus palabras resbalaron en las canteras y rebotaron en forma de balas que hirieron su gran corazón, abierto al pueblo como en una revelación maravillosa”.