Israel y sus tribus

 Israel y sus tribus

Cuauhtémoc López Sánchez

 

Una historia famosa, aunque mal interpretada, incluso pésimamente manejada, principalmente por las organizaciones religiosas, es la de las 12 tribus de Israel. Además, historiadores como Pérez-Bustamante o Pirenne, mencionan a las 12 tribus de Israel sin aclarar cuáles y el por qué de sus integrantes y en el capítulo dedicado al pueblo de Israel, prefieren mencionar solamente a los primeros pobladores de las tierras palestinas como los acadios, hicsos, hititas, filisteos y cananeos, hasta la llegada de los hebreos a comienzos del siglo XII cuando se apropiaron de la tierra, dirigidos por caudillos y jueces, hasta la monarquía con Saúl, David y Salomón. Existen también teorías de que los hebreos fueron penetrando paulatinamente la Palestina y en cuarenta años se apropiaron de ella, por lo cual el éxodo en el desierto sería un mito.

Es necesario hacer referencia al número 12, considerado por muchas culturas como una cifra divina y perfecta, razón por la que se adoptó para dividir el tiempo solar en 12 meses, los 12 signos del zodiaco, las 12 tribus, los 12 apóstoles, etc., razón por la que Platón cuando propuso que todo estaba formado por cuatro elementos, utilizó figuras geométricas para cada uno de ellos. Al elemento tierra lo representó con un cubo, al fuego con el tetraedro, al aire con el octaedro, el agua con el icosaedro y al dodecaedro, prisma de doce caras, lo usó para representar al éter, la sustancia entonces considerada la más pura. En esoterismo el 12 representa la unidad en la totalidad. De manera que el número 12 tiene connotaciones que van más allá de lo meramente numérico.

La historia de las 12 tribus de Israel es fascinante. Se remonta a la descendencia de los semitas, con Abram, sin h intermedia y su peregrinación hacia otra tierra cuando Thare, su padre, decide emigrar llevando también a su nieto Lot de Ur de Caldea para ir a Canaán. En Ur muere Harán y se quedó el otro hijo llamado Nachor. Harán era padre de Lot. Thare funda una ciudad a la que llama Harán, en honor a su hijo y muere antes de llegar a Canaán, según el libro de Génesis capítulo11 verso 31.

En el capítulo 12 del Génesis, Jehová o Yahvé le ordenó a Abram que no regresara a Ur, sino que siguiera su viaje hacia Egipto. Al pasar por Canaán, le promete que esa tierra sería para él y su descendencia. Abram ya tenía 75 años y estaba casado con Sarai. En los capítulos 17 y 18 del Génesis, Jehová le confirma la promesa de la tierra para él y sus hijos y le cambia el nombre por el de Abraham, con h intermedia, que significa padre de multitud, modificando también el nombre de su esposa que ahora se llamaría Sara y cuyo significado es princesa. En ese momento, Abraham se atreve a reclamarle a Jehová que cómo sería padre de multitud si ya tenía 99 años y aunque la edad de Sara no se sabe, por los comentarios se deduce que también ya era una anciana y además estéril. En el capítulo 21 del Génesis, se narra el nacimiento del hijo de Abraham y Sara, al que llamó Isaac, que significa risa, porque Sara se rió cuando escuchó que por fin tendría un hijo. Yo todavía me sonrío.

La costumbre entre los pueblos del Medio Oriente, con los padres encargados de buscar esposa para los hijos, se manifiesta cuando Abraham envió a un sirviente a buscar pareja para Isaac y la elegida es Rebeca, hija de Bethuel, hijo de Milca y Nachor, hermano de Abraham, según el capítulo 24 del Génesis. Por lo tanto, Rebeca era sobrina nieta de Abraham. El padre de Rebeca era primo hermano de Isaac, así que Rebeca era sobrina de Isaac, quien tenía cuarenta años cuando se casó con ella. Incluso Abraham y  Sara eran hermanos, según Génesis 20, verso 12, donde dice: “Ella es hija de mi padre, pero no de mi madre”. Como se dice en México, eran “medios hermanos”. Esta costumbre quedaría prohibida en tiempos de Moisés.

Rebeca era estéril, pero Yahvé le anunció que tendría mellizos y en el capítulo 25 del Génesis se narra el nacimiento de Esaú y Jacob. Ellos protagonizarían la famosa historia de la venta de la primogenitura por un potaje de lentejas, por lo que Jacob recibió los mayores beneficios de las riquezas que dejó Isaac al morir, según el capítulo 27 del Génesis.

Cuando Jacob estuvo en edad de casarse, su padre Isaac le recomendó que buscara esposa de entre las hijas de Labán, que era hermano de Rebeca y por lo tanto tío de Jacob, según el capítulo 28 verso 1 del Génesis. En el capítulo 29 versos 16 al 20, Jacob se enamoró de su prima Rachel y se comprometió a trabajar por ella siete años, pero la noche de bodas, Labán engaña a Jacob haciéndolo que se acueste con su otra prima, Lea, la hija mayor de Labán. Sin embargo, Jacob amaba a Rachel y trabajó otros siete años por ella, como leemos en el capítulo 29 de Génesis, versos 23 al 28. En el capítulo 30 del mismo libro, desde el verso 1 hasta el 24 se detallan los nacimientos de once hijos y una mujer, Dina, de la unión de Jacob con Lea, Rachel y dos sirvientas. Sí, dos sirvientas, porque otra costumbre del Medio Oriente era obsequiar sirvientas a las hijas, así que Labán regaló a Lea, la sirvienta Zilpa y a Rachel otra llamada Bilha. Las dos sirvientas jugarían un papel importante en la conformación de las tribus de Israel. En Génesis 28, de los versos 32 en adelante se narra que la primera en tener hijos fue Lea, quien dio a luz a Rubén, Simeón, Leví y Judá. Como Rachel no podía tener hijos, permitió a Jacob tener relaciones con Bilha, su criada, y considerar como suyos a los hijos procreados con ella y así nacieron Dan y Nephtalí. Pero Lea deja de tener hijos y como la competencia ya se había declarado con las sirvientas, permitió que Jacob tuviera hijos con Zilpa, su sirvienta y nacen Gad y Aser. Lea se vuelve a embarazar y nacen Issachar, Zabulón y Dina. Rachel por fin se embaraza y nace su primer hijo al que llamó José. En el capítulo 32 del Génesis, en los versos 17 y 18 se narra el nacimiento de Benjamín segundo hijo de Jacob y Rachel, quien muere al dar a luz al 12º hijo varón de Jacob. Hago un  recuento del capítulo 35 del Génesis:

Hijos varones de Lea: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Issachar y Zabulón.

Hijos de Zilpa, sirvienta de Lea: Gad y Aser.

Hijos de Rachel: José y Benjamín.

Hijos de Bilha, sirvienta de Rachel: Dan y Nephtalí.

12 hijos varones mas una mujer, Dina.

Después del nacimiento de Benjamín, en el capítulo 32, versos 24 al 28 se narra que Jacob lucha con un ángel  para que lo bendiga y le dice que su nombre ya no será Jacob, cuyo significado es “suplantador”, según Génesis 27, verso 36, y lo llamó Israel, que significa Príncipe de Dios, lo que se confirma en el capítulo 35, verso 10, hecho que ocurre aproximadamente 1700 años a. de C.

Para la cultura occidental resultan incomprensibles las costumbres del Medio Oriente de contraer matrimonio entre familiares como medios hermanos, primos o tíos y sobrinos y resulta complicado aceptar que dos hermanas se casen con el mismo varón, pero todavía es más difícil comprender que las esposas acepten que su cónyuge tenga hijos con las sirvientas y además que los acepten como hijos, pero ese es el origen de las tribus de Israel. Las leyes propuestas por Moisés, prohibirían estos enlaces.

Para que la situación sea todavía más compleja, los hijos de Bilha y los de Zilpa, además de Judá intentaron matar a José y Rubén lo impidió convenciéndolos de que mejor lo arrojaran a una cisterna, con la intención de salvarlo más tarde, pero Judá aconsejó venderlo a unos mercaderes que se dirigían a Egipto obteniendo por él 20 siclos de plata. Posteriormente José sería vendido a un capitán de la guardia del Faraón. Esto lo encontramos escrito en los capítulos 37 y 39 del Génesis. En Egipto, José tuvo dos hijos, según Génesis 41, versos 51 y 52, a los cuales llamó Manasés y Ephraím.

Cuando el pueblo, ahora llamado de Israel salió de Egipto y regresó a Canaán, en Números, capítulo 13, versos 5 al 16, se mencionan a los espías que envió Moisés a reconocer la tierra para invadirla y entre ellos estaba la tribu de Ephraím. Aquí ya se empieza a considerar como tribu de Israel a Ephraím, aunque sea hijo de José. Incluso en el verso 12, se menciona que de la tribu de José, de la tribu de Manasés iría como espía, Gaddi. Tampoco Manasés era hijo de Israel, sino su nieto.

Al arribar a Canaán y conquistarla, es repartida por suertes o sorteo, como se explica en Números, capítulo 26 y a todos les correspondieron tierras, incluyendo  Manasés y Ephraím, pero no José, ni a los levitas, elegidos para el sacerdocio, según Números 18:20 y 21 quienes solamente tuvieron derecho a los diezmos, las primicias y a determinada cantidad de ciudades dentro de cada tribu, como se explica en los libro de Números, capítulo 35 y en el de Josué, capítulos 13 al 21.

A la tribu de Dan, se le repartieron tierras según el capítulo 26 de Génesis, versos 42 y 43 y en Josué, capítulo 19, verso 47, se dice que le faltó término, esto es, que la tierra que les correspondió no les alcanzó para el total de la gente que conformaban la tribu y tuvieron que conquistar otras ciudades a filo de espada.

Uno dato curioso, es que dos tribus y media no habitaron o poseyeron tierras en la llamada Canaán. En los capítulos 32 y 33 del libro de Números, Rubén, Gad y media tribu de Manasés solicitaron no cruzar el Jordán y que se les permitiera vivir en la parte oriental del río y ello explica por qué en los mapas de los anexos de La Biblia, solamente se encuentren nueve tribus y media en el lugar llamado Palestina, así que en la antigua Canaán figuran 8 tribus, además de Ephraím y media tribu de Manasés para completar nueve tribus y media.

Regresemos al libro de Génesis porque es importante mencionar que en el capítulo 17, cuando el Dios de Israel les cambia nombres a Sara y a Abraham, hace un pacto, prometiéndole para él y su descendencia la tierra de Canaán y para sellarlo, se instituye la circuncisión. Ese mismo día fueron circuncidados todos los descendientes varones, siervos y comprados que formaban parte de aquel conglomerado que caminaba con Abraham, para confirmar el acuerdo, promesa reafirmada a Jacob en Génesis capítulo 28, versos 14 y 15. La circuncisión sigue siendo parte importante hasta el día de hoy, en la cultura del pueblo judío.

Sigamos con los datos extraños y curiosos.

En Deuteronomio, capítulo 33, Moisés antes de morir, bendice a las 12 tribus de Israel pero no menciona a Simeón y sí a Ephraím y a Manasés. Sorprende que solamente haya bendecido a 11 y pocos comentaristas bíblicos lo mencionen. Por si fuera poco, en el libro de Crónicas los primeros ocho capítulos narran la genealogía de aquella humanidad desde Adán y cuando la línea llega a las tribus de Israel, no aparecen los descendientes de Aser ni de Zabulón, pero sí los de Manasés y Ephraím que tomaron dos partes en el reparto por mandato ratificado en el libro de Ezequiel 47:13.

Estas narraciones bíblicas sobre bendiciones y reparto de tierras a las tribus de Israel, tierras donde ya vivían otras gentes, organizadas, con reyes,  gobernantes y jerarquías sacerdotales, pueblos que habían construido ciudades, pueblos organizados y definidos por agricultores, ganaderos, constructores, orfebres, etc., parecen pintorescas y anecdóticas y se pasa por alto que son el ejemplo de una política de apropiación violenta de la tierra con ideas expansionistas y de extermino dictadas por mandato divino. Este es un antecedente que se debe tomar en cuenta cuando se trata de comprender la problemática belicosa y conflictiva de esa región llamada Medio Oriente.

Isauro Gutierrez