Filón de Alejandría ( aprox. 20 a.C. 45/50 d.C.)


Pablo Manuel Ramos Vallejo
(In Memoriam)
“En realidad, entre religión y la verdadera ciencia no existe parentesco,
ni amistad, ni siquiera enemistad: viven en esferas distintas”.
Friedrich Nietzche
Filón de Alejandría, también llamado Filón el Judío, es uno de los filósofos más renombrados del judaísmo helénico. Aunque no se conocen las fechas exactas de su nacimiento ni de su muerte, se dice que nació aproximadamente hacia el año 20 a. C. en el seno de una familia judía acomodada. De su formación, diremos que quedará sellada tanto por el judaísmo propio de la diáspora, que en el caso de Filón, se complementa con una admiración profunda hacia el ideal moral de los esenios; así como por el hecho de haber nacido en el centro de la cultura griega: Alejandría.
Poco se sabe sobre la vida de Filón, en general, la mayoría de los datos biográficos proceden de su propia obra, en especial de su libro autobiográfico Legatio ad Caium (Embajada a Cayo), así como del libro Antigüedades judías, de Flavio Josefo. El único dato de su biografía que puede fecharse con seguridad es su intervención como jefe de la delegación en la embajada que los judíos alejandrinos enviaron al emperador romano Calígula, para solicitar su protección contra los ataques de los griegos, y para rogarle que no reclamara ser honrado como un dios por los judíos. Esto tuvo lugar en el año 40 d.C. Regresando Filón exitosamente a Alejandría a fines del año 41 d.C.
Respecto a su obra diremos que Filón fue un autor muy prolífico. De sus escritos se conservan cerca de cincuenta, algunos sólo en su traducción latina o armenia, y clasificados en tres grupos: 1) tratados sobre la Ley Judía; 2) obras apologéticas, y 3) tratados filosóficos. De estos escritos podemos deducir que a la xenofobia y al orgullo nacional, propios del judaísmo en Palestina, Filón opone un verdadero espíritu universal, pues según decía: “Su lengua era el griego y su ciudad el imperio romano”.
El pensamiento de Filón en forma ecléctica, concierta la filosofía griega y el judaísmo, eintenta armonizar esta conciliación mediante el método alegórico, que toma tanto de la tradición exegética judía como de la filosofía estoica. Así pues, la vida y el pensamiento de Filón se ubican en la encrucijada de tres tradiciones culturales que aparecerán una y otra vez en sus obras: el helenismo, el legalismo romano y la fe judía. Su originalidad radica en reformar la filosofía griega tradicional adaptándola a las exigencias de la Palabra de Dios y en su preocupación por presentar a los griegos la fe judía de tal forma que les resulte aceptable. Su ambición es precisamente unir la religión de Israel, la cultura griega y la ciudadanía romana.
Este interés propio de Filón resultó ser de trascendental importancia en la historia del pensamiento humano, pues equivalía a intentar en favor del judaísmo lo que el cristianismo realizaría cuatro siglos más tarde. Crear y expandir toda una civilización judía, es una empresa cuyo espíritu será asimilado por las escuelas y los pensadores cristianos como Saulo de Tarso, que de una u otra forma bebieron de su pensamiento: apologistas como san Justino, o más directamente, los alejandrinos Clemente y Orígenes y, a través de éstos, los cristianos del siglo IV. Es por esto que, aunque su obra no tuvo gran aceptación ni entre los judíos ni entre los griegos. Sin embargo, fue recibida con entusiasmo por los primeros cristianos, que llegaron a tenerle por uno de los suyos.
Como apuntamos líneas arriba sobre la actitud ecléctica de Filón, es preciso hacer un paréntesis para definir el vocablo. En el estudio de la Filosofía, se entiende por eclecticismo a las posiciones filosóficas que, sin objetar a priori cosa alguna, las analiza y contempla, las compara y relaciona, a fin de buscar las mejores, para destacar finalmente la más calificada como digna de aceptación. No debemos confundir el eclecticismo con el sincretismo. En el eclecticismo se toma lo mejor de diferentes elementos, (por ejemplo, doctrinas, o estilos artísticos, etc.), mientras que en el sincretismo se produce una fusión de dos o más elementos, como por ejemplo, en la fusión de creencias en determinados dioses griegos con las creencias en los dioses egipcios.
Es bueno señalar que Filón no fue el primero en utilizar como base de su pensamiento el eclecticismo, ya que este método existió desde la antigüedad, tomando auge sobre todo durante el período helenístico a partir del siglo II a. C. y fue visto como una forma de sintetizar los grandes hallazgos intelectuales de la filosofía clásica. Aún así, la intervención ecléctica de Filón marca un hito en la historia del pensamiento. Así vemos que posterior a Filón los pensadores romanos, que nunca desarrollaron un sistema filosófico propio, se inclinaron por este tipo de pensamiento: Cicerón, asimiló teorías del estoicismo, del escepticismo y de los peripatéticos, sin considerar su desunión esencial.
Entre los cristianos, Saulo de Tarso, Clemente de Alejandría y Orígenes, combinaron la metafísica griega y las ideas judeocristianas de las Sagradas Escrituras. Ya a fines de la Edad Media, el maestro de la Devotio Moderna, el monje Dominico Eckhart de Hochheim, formuló un sistema de filosofía cristiana basado en Aristóteles, los comentaristas árabes medievales, el neoplatonismo y la Cábala o mística hebrea. En tiempos modernos el eclecticismo ha sido aceptado en Alemania por Wolff y sus discípulos. En Francia, ha recibido de Víctor Cousin, su forma más característica del siglo diecinueve, misma que incluso en algunas veces, es llamada Escuela Espiritualística.
En artículos anteriores de esta columna Ágora editada por Crisol de Ideas, hemos hecho un breve análisis de diversas doctrinas, entre otras: El Epicureísmo y el Escepticismo, pobres esquiroles de la sólida filosofía aristotélica. Corrientes filosóficas que coincidieron con la triste época de la decadencia griega, al ser dominada esta cultura por el Imperio Romano y su preponderante espíritu militar. Episodio que como consecuencia, zanjó la filosofía e implantó aparentemente como norma de vida, el disfrute de los placeres sin control. El espíritu había sido derrotado por el cuerpo.
Precisamente en este espacio podemos ubicar el surgimiento del eclecticismo que sucede a un período de escepticismo. De manera tal, que en presencia de doctrinas conflictivas con relación a la naturaleza, a la vida y a la idea de Dios, la mente humana se desespera por alcanzar un conocimiento científico y exacto sobre estas importantes materias. El eclecticismo entonces, se propone construir un sistema suficientemente amplio para incluir, o para no excluir, los principios aparentemente suficientes de las diversas escuelas, que dan una base firme para conducir acertadamente la vida. Ahí, justamente radica la importante intervención de Filón de acuerdo al tiempo y a la necesidad que el momento histórico nos marca.
Ahora bien, para ubicarnos en el momento, que podríamos llamar año cero, analicemosfugazmente los antecedentes y así podemos tener un enfoque más preciso de esta fusión del razonamiento filosófico, la religión judía y el derecho romano. Como sabemos, el comienzo de la filosofía como tal, se ubica en Grecia hacia el siglo VI a.C., no obstante, hay testimonios anteriores de un pensamiento filosófico arcaico de la India, Egipto y Mesopotamia. Es por esto, que en los primeros siglos del poderoso imperio romano, la vida espiritual e intelectual de la gente del mediterráneo estuvo sujeta a múltiples corrientes filosóficas y religiosas. Para entonces las supervivencias ideológicas de los grandes filósofos griegos, competían con las de los místicos orientales; y los otrora omnipotentes dioses, eran ridiculizados por los poetas satíricos. Por otro lado, una religión surgida de Persia, con su dios mitra como máximo exponente, luchaba por quedarse con la clientela que la religión egipcia disputaba con una reina en el cielo. Mientras tanto, de los desiertos palestinos llegaban noticias de un Dios viejo como la humanidad a quien los hebreos llamaban Jehová. Me refiero concretamente al Judaísmo.
Hablar del Judaísmo es hablar de la historia del hombre, por lo que en esta síntesisconcretamente nos referiremos a la influencia hebrea que en sentido filosófico encontramos dentro de su propia mitología, misticismo o creencia religiosa.
Antes del Año Cero, muchas comunidades judías residían ya en el territorio griego, siendo consideradas parte de la historia del lugar. Es por eso que, cuando la cultura indoeuropea (griegos y romanos) domina el mundo, se hacen evidentes las diferencias con el judaísmo, pese a ello y de manera sutil se influyen mutuamente, ya que nos damos cuenta, que la filosofía griega, llega a cobrar interés en Alejandría, en cuanto busca una conciliación con la religión, y esta es la causa que la orienta a fusionarse hacia un misticismo judaizante. Aquí surge el protagonista de este artículo el ecléctico Judío de Alejandría, Filón, que intenta una síntesis de judaísmo, estoicismo y platonismo. Filón se destacó en este quehacer, dejando constancia de que algunos estudiosos señalan ya al pensamiento profético, como el inicio de la manifestación judía en esta materia.
Intentar describir la intervención de los judíos en el desarrollo de la filosofía es una tarea mayúscula. Quizá no tanto por su participación en la formación de escuelas filosóficas, lo que al parecer no constituyó un objetivo de su labor, sino por la cantidad de ellos que hicieron de esta disciplina, una preocupación central de sus vidas. Si bien, la mayoría tiene como elemento inspirador o como tema de análisis aspectos de la religión o de la teología, no puede hablarse en términos concisos de la existencia de una Filosofía Judaica. Sin embargo y pese a las controversias, se ha denominado Filosofía Judía a los intentos que los judíos de diferentes épocas hicieron para armonizar los postulados de su fe religiosa con las corrientes filosóficas prevalecientes en el entorno, aunque simultáneamente en no pocos casos, desde el terreno religioso más conservador, surgieron fuertes oposiciones a estas actividades. Los orígenes de esta llamada filosofía Judía, se remonta a la aparición de los primeros Profetas Bíblicos, si bien, los expertos hablan de un pensamiento pre-filosófico reconociendo la posición pionera de los pensadores helenísticos. Esto aparece en un mirar más evolucionado, en el Libro de Job y en el Libro de la Sabiduría de Salomón.
El aporte judío al debate filosófico es un fenómeno que no debe sorprender. Por el contrario, la motivación e incluso exigencia permanente al estudio e interpretación de las sagradas escrituras y a la búsqueda de la sabiduría, es la filosofía tan inherente al ser judío, que tenía necesariamente que traducirse en una producción abundante de teorías, visiones y proposiciones, debidamente sostenidas con argumentos de variada índole, tanto de la fe como de la razón. Un ejemplo inigualable de esta condición es la elaboración del Talmud que, además de constituir un monumento a la dialéctica, condensa el aporte de cientos de jajá Minh que durante tantos siglos vaciaron ahí parte de sus pensamientos. Otros ejemplos de obras igualmente trascendentes y reveladoras de las reflexiones de los sabios Judíos, son La Cábala y los múltiples escritos de los jasídicos, que representan grandes expresiones del misticismo hebreo.
Desgraciadamente, las innumerables persecuciones que sufrieron los judíos en el transcurso de su historia conllevó, muchas veces a la destrucción de sus escritos; por lo que nunca sabremos cuanto a perdido la humanidad en esta materia. En cualquier caso, ahondar en el contenido de la obra desarrollada por los filósofos judíos es cuestión que escapa a los tiempos y espacios disponibles y sobre todo a mi escasa capacidad y conocimiento personal. Por lo expuesto, me he limitado desde líneas arriba a tratar de establecer la presencia de uno de ellos en el pensamiento filosófico de esa época que ubicamos como año cero. Filón de Alejandría. Filón, se distingue por su intento de conciliar la Torá con el pensamiento filosófico griego, especialmente el platónico. Es pionero en el intento de conciliar la esfera del conocimiento con la de las creencias. Sostiene que el mundo ha sido formado por dos factores: Dios, un ente completamente espiritual, que es causa y origen de todo y una materia primordial creada por Él. Dios se comunica con sus criaturas por intermedio de fuerzas que emanan de Él (logos). Formado dentro de los esquemas de la filosofía griega helenística, la posición ecléctica de Filón, parece inclinarse a un estoicismo abierto a las influencias platónicas. Este carácter platónico de su pensamiento, unido a su formación hebrea, le permitirá partir de ciertos supuestos distintos al de los estoicos, que darán a su doctrina sobre el logos un matiz especial. Ahora bien, a diferencia de los estoicos, el logos en Filón será entendido dentro de un marco espiritual, como razón inmaterial más que como razón material cósmica. Por otro lado, el logos se comprenderá ahora como una realidad distinta e inferior que “participa” de la razón divina. Situación ajena a un estoico, pero no a un platónico desde el momento mismo en que éstos piensan, desde Platón, en una realidad superior, única e incomprensible. Por último, Dios se da a conocer a sí mismo por una suerte de acción interior en el alma a través del logos spermatikós. Esta suerte de iluminación espiritual le permitirá referirse a los spermata en un sentido inmaterial y no material como en los estoicos.
Con Filón culmina lo que puede llamarse la Filosofía Judeo-Helenística, que se inicia hacia el siglo II a.C. entre los judíos greco parlantes de la diáspora, principalmente en el Egipto de los Ptolomeos. Cabe señalar que a este grupo pertenecían los que tradujeron la Biblia al griego en la versión conocida como “Septuaginta”. Por casi nueve siglos, desde Filón hasta Saadia, no hay actividad filosófica expresa de judíos, salvo los aportes al Talmud. En la Edad Media, hacia el siglo IX, resurge la manifestación de pensadores judíos paralelamente con el renacimiento de la Filosofía Griega bajo los califatos abbásidas, donde se traducen al árabe las grandes obras de la Grecia Antigua. Esta tendencia es conocida como la versión judaica de la tradición Kalam .
La ecléctica es compleja, como con cualquier fusión de religión y filosofía, la plantación filosófica es difícil, porque los filósofos clásicos, comienzan sin condiciones previas para las conclusiones que ellos deben alcanzar en su investigación; mientras que los creyentes clásicos religiosos, tienen un conjunto de principios religiosos, que ellos sostienen que uno debe creer. Esto es el razonamiento base de la Filosofía, frente al dogmatismo religioso. Debido a estos objetivos divergentes, algunos mantienen que uno no puede simultáneamente ser un filósofo y un adherente verdadero de una religión revelada. En este punto de vista, todos los atentos a la síntesis al fin fallan. Otros opinan que una síntesis entre los dos es posible, y nos dicen que un modo de encontrar esta síntesis es la de usar argumentos filosóficos para demostrar cuales principios predeterminados religiosos de alguien son verdaderos. Esto es una técnica común encontrada en las escrituras de muchas tradiciones religiosas, pero no es generalmente aceptado como la filosofía verdadera por los filósofos. Otro modo de encontrar una síntesis es la de abstenerse de sostener como verdadero cualquier principio religioso en absoluto, a no ser que uno separadamente llegue a aquellas conclusiones en un análisis filosófico. Sin embargo, este acercamiento no es generalmente aceptado como ser fiel a la religión, por los adherentes de esa religión. Otro camino hacia la síntesis debe aplicar la filosofía analítica a la propia religión de alguien, para reforzar la base de aquella fe. En este caso último, una persona religiosa consecuentemente también sería un filósofo.
De cualquier manera, la enorme importancia que destaco en este artículo, es despertar la inquietud del lector, en estudiar, conocer e investigar a fondo la filosofía, el misticismo y el eclecticismo que se desarrolla en esa época y su principal precursor Filón de Alejandría al marcarun hito que divide la historia en una nueva era.
Porque en medio de todo este caos de ideas y religiones, alrededor de ese año cero de la era vulgar, es que surge un Judío revolucionario y anarquista, que se dice ser el Mesías, el hijo de Dios...
Es Cuanto.