El Insurrecto Hidalgo


Eduardo Murillo Gil
Escribir sobre la personalidad del insurrecto Hidalgo es y debe ser una responsabilidad de ética para tocar la persona ya tantas veces repetida por escritores, historiadores, biógrafos,comentaristas, gentes todas ellas eruditas en la materia de historia patria. De tal manera, la equidad debe de prevalecer sin apasionamientos que conlleven a la veracidad más estricta sobre el personaje al respecto.
Es así como el tiempo se ha encargado de agigantar la egregia figura del Insurrecto Hidalgo y,cuanto más pasa, más crece y se manifiesta la grandeza inmortal del hombre. Su labor redentora aún no se ha cumplido, no ha terminado su lucha Justiciera emancipadora. El Insurrecto Hidalgo no ha muerto, sigue vigente su Proclama para el Septentrión nombrado así al naciente país México por el Barón de Humboldt y por el cual Manuel Abad y Queipo le anatemizó en Valladolid un 8 de octubre de 1810.
El está vigente; abierta y franca fue su lucha emancipadora y su Proclama. Su sangre y la sangre de los naturales clama justicia y redención al eterno para un pueblo más oprimido aún,pisoteado en sus más sagrados derechos, por gobiernos espurios que se han ocultado con la faz de democracia y mentido siempre en contubernio con el extranjero, el cual siempre ha hollado nuestro suelo patrio, manejando a su antojo los destinos de una nación que nada les ha costado.
El Insurrecto y sus secuaces, mal llamados así por el Virreinato, por un gobierno impuesto por los españoles peninsulares, criollos, aventureros y sajones, los cuales jamás en su soberbia como Abad y Queipo, jamás imaginaron, y eso que se decían “eruditos”, la implicación y contenido del concepto emancipador y, si lo sabían, negaron conocerlo en su miopía. ¡Y vaya que ellos mismos en la Península Ibérica, Napoleón Bonaparte II les pisoteó su egolatría! Al tomar como prisionero haciendo escarnio de su Rey Fernando VII, el cual siempre quisieron imponer desde ultramar y aquí mismo los peninsulares para que nos gobernase.
El insurrecto Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, José María Morelos, Mariano Matamoros, Leandro y Miguel Bravo, Hermenegildo Galeana, José Mariano Jiménez, Francisco Javier Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales”. ¡No son personajes que solamente el tiempo borre! Verdaderos Insurgentes y conquistadores de pueblos, ellos lo son. Quienes por su entrega, valor y sacrificio son llamados por los buenos mexicanos Héroes en grado sumo y Padre de la Patria a don Miguel Hidalgo y Costilla Gallaga.
Participaron por trescientos años los españoles de las riquezas innumerables de la hoy nación mexicana. Más el pensamiento emancipador de Hidalgo cual gigante a conquistar la Independencia tarde que temprano, pero, la reacción no conoce hasta hoy, o si no lo conoce, como si no lo conociera; no lo entiende o no lo quiere entender. Bueno es recordarles un documento que es todo un edicto dado en Valladolid el 8 de octubre de 1810, donde reitero, anatemiza al cura hidalgo, el Obispo Manuel Abad y Queipo, según de los hombres más ilustrados del realismo.
Este hombre dijo, que en cuanto el cura Hidalgo y sus secuaces intentan persuadir y persuaden a los indios que son los dueños y señores de la tierra, de la cual los despojaron los españoles por “conquista”, y que por el mismo medio ellos la restituirán a los mismos.
Aquí reside todo el programa de la revolución de 1810, que tuvo la honra, la gloria, el Gran Hidalgo, de concebir con intuición maravillosa! ¡Con cuánta visión anticipada plasmaba don Miguel Hidalgo, todo un programa agrario. Sobre el particular nos dice don Jesús Romero Flores, debate dado en la Cámara de Diputados del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, en sesión del día 22 de septiembre de 1921, lo siguiente: “estudio histórico hecho por la Comisión donde se destaca: la otra finalidad de la revolución de Independencia fue la de devolver sus tierras a los indios.” Y prosigue en sus cometarios don Jesús Romero Flores, “nuestros historiadores son tan malos, de tal manera que desconocen las raíces del movimiento, que no hay un solo historiador mexicano que dé carácter agrarista a la revolución de Independencia.
¿Y vaya si no prodiga admiración don Miguel Hidalgo y Costilla Gallaga? El insurrecto Hidalgo, plasma una obra muy profunda y un compromiso de honradez acrisolada que los gobiernos pasados y los actuales no han querido seguir el ejemplo dado por el padre de la Patria. Y de su “Proclama” expedida en Guadalajara a los americanos. Esto no lo pueden ignorar ninguno que sepa historia. El cual dice: “para la felicidad del reino es necesario quitar el mando y poder de las manos de los europeos.”
Esto no lo han seguido los gobiernos que se han precedido desde ese entonces a la Bendita Proclama, que hiciera el insurrecto Hidalgo, hace 200 años y que como cuña a la conciencia, si es que la han tenido, de los gobernantes, y esto quema cual ardiente plomo, por su servilismo al extranjero, disfrazándolo siempre artilugiosamente de tratados, vendiendo así nuestro suelo patrio o lo que queda de él.
El insurrecto Hidalgo, siempre tuvo un plan fijo y un programa definido de acción. No solo tenía una acción social y emancipadora, el insurrecto Hidalgo, no solo tenía una acción política y democrática como lo podemos comprobar, sino que llevaba en su mente una amplísima acción social.
¡Grandioso plan de regeneración económica para el indio, videncia que hay que observar y analizar con sumo cuidado. Así se anticipó el ingenioso insurrecto anticipándose gloriosamente a su época, la grandeza de Hidalgo se agiganta tanto cuanto se empequeñece la intelectualidad de los científicos de los regímenes que se han precedido a la fecha. El insurrecto Hidalgo no ha muerto, vigente está en el alma y el corazón del buen ciudadano que se precie de ser Mexicano!
¡ Que viva don Miguel Hidalgo y Costilla Gallaga! Padre de la Patria mexicana.