El escándalo político

 El escándalo político

CIUDAD DE MÉXICO, 17AGOSTO2017.- Emilio Lozoya, ex director de PEMEX, en compañía de sus abogados Javier Coello Trejo y Javier Coello Zuarth, ofreció una conferencia para hablar sobre los señalamientos de que recibió sobornos de la empresa brasileña Odebrecht. FOTO: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO.COM

Leopoldo González

Ante la falta de eficacia para gobernar, y la ausencia de rumbo y de logros de la 4T, Emilio Lozoya es ya la pieza de artillería política preferida del obradorato y el furgón de combate de Morena rumbo a 2021.

Acaso por primera vez en su vida, pues recordemos que es hijo de un “papá fifí”, Lozoya llega por propios méritos al estrellato de los medios y a ser la posible encarnación nacional de “la oveja negra”, habida cuenta de que -según se presume- en el pasado inmediato la hizo de truhan y villano sin el menor escrúpulo, que al fin y al cabo los escrúpulos están de más en la política mexicana.

Alguien pensó que Lozoya, en lugar de dejarse atrapar por la Interpol y entregarse como cordero a un proceso de extradición, debió esconderse debajo de las piedras y pelear con uñas y dientes para evitar ser el conejillo de indias de un obradorato al que, si algo le fascina, es crucificar conejillos de indias en la intemperie del kiosco mediático, para que todos sepan de qué se trata la 4T.

Se sabe que, ya desde antes de que iniciaran la pandemia y el pandemónium, Lozoya negoció con el gobierno mexicano un paquete de “favores” o “garantías” extrajudiciales, acogiéndose al beneficio legal del “criterio de conveniencia”, para que se dejara en paz a su árbol genealógico y a las ramas del árbol. En este sentido, con la argucia oportuna de “salvar el propio pellejo”, Lozoya procedió como dicen los cánones: de que lloren en la casa vecina a que lloren en la mía, mejor en la vecina.

Además, Lozoya negoció por la fractura y desbandada que hay en el grupo de poder al que sirvió. Ahí, cada uno tendrá la sola asistencia del litigante y su sombra, y nada más. Y el salpicadero no será para menos.

El ´caso´ de telenovela política que representa Lozoya, servirá de muy diversas formas al obradorato y a su feligresía: primero, como efecto distractor para ocultar la inmensa corrupción burocrática y la inocultable corrosión ideológica que manchan el sucio rostro de la 4T; segundo, para dejar bien establecida la treta mediática de que corruptos e impuros los hay en todas partes, menos en Morena; tercero, para hacer de Lozoya la tanqueta discursiva y el principal activo electoral del petromorenismo mexicano.

Después de que ni a Ackerman -víscera pronta de la 4T- ni a AMLO les prosperó la argucia autoritaria de imponer cuatro consejeros en el INE, los jugos y los fangos verbales de Lozoya serán la vitamina discursiva que ocupaba el inquilino de Palacio para salir jubiloso al encuentro del 2021.

El morbo nacional es -en casos como este- un presurizador de la adrenalina colectiva: un monumento al ocio, al chismorreo de sobremesa y a la curiosidad patria: con viva excitación se sigue al personaje escuálido y de temblor esofágico llamado Lozoya, no por ser Lozoya, sino por ser -“los hoyos” financieros y los nombres que pudiera revelar- el mejor modo de hacer que el escándalo político le retribuya al poder las simpatías que está perdiendo.

Los presuntos delitos con Odebretch y las acusaciones de soborno en que habría incurrido Lozoya, quizás prescribieron y no podrá hacerse nada por declararlo culpable.

Las demás acusaciones que pesan sobre Lozoya, entre ellas haber hecho operaciones con recursos de procedencia ilícita, la de delincuencia organizada y la de cohecho, en realidad están prendidas con alfileres y puede ocurrir que no tenga la FGR un caso sólido contra el indiciado.

Lo que llama la atención y preocupa, a grandes sectores del país, es que mientras los temas de seguridad, economía, estabilidad social y gobernabilidad política se deterioran y descomponen, creando la sensación de un México en el desamparo o a la deriva, el gobierno hace del caso Lozoya una cortina de humo y la burda trama de un libreto teatral.

Al mismo tiempo, preocupa que el timonel de la República descuide sus funciones constitucionales y mantenga una actitud irresponsable frente al México real, mientras, por otra parte, comienza a mover los hilos del poder rumbo al proceso electoral de 2021.

No es esto lo que nuestro país merece. Si la realidad se le descompone aún más al presidente -como parece ser el caso- la responsabilidad será en primer lugar suya. No habrá manera de sacarle la vuelta al tribunal de la historia.

Pisapapeles

Así como el hilo que separa a la realidad de la ficción es delgado, es también delgado el hilo que suele separar el sueño de la pesadilla.

leglezquin@yahoo.com

Isauro Gutierrez