El Celibato Eclesiástico


Ángel Alvarado Raya
” El sexo forma parte de la naturaleza.
Y yo me llevo de maravilla con la naturaleza“.
Marilyn Monroe
Celibato (en latín caelebs, caelibis) se refiere al estado de aquellos que no se casan o que no tienen una pareja sexual. Un soltero puede ser llamado célibe, sin embargo, el concepto adquirió un sentido de opción de vida. Por lo general se entiende como célibe a aquel que no quiere casarse y prefiere la soltería de manera permanente por alguna razón. De esto se desprende que la opción por el celibato puede ser religiosa como se presenta entre los sacerdotes católicos, los monjes budistas y otras religiones; filosófica como la opción de Platón por el estado celibatal; social como se presenta en muchas personas que optan por dicho estado como opción personal.
En el mundo occidental, el concepto de celibato ha sido fuertemente influenciado por la iglesia católica, al punto que muchos lo identifican como un asunto exclusivo del catolicismo. Por su parte, Oriente conoce este estado por la Iglesia Ortodoxa, el Budismo y el Hinduismo. Las opciones célibes de pensadores, escritores, artistas o líderes, son menos conocidas que la de los religiosos, pero no por ello menos significativas.
Un estudio detallado por Desmond Morris ( libro el mono desnudo) y una revisión exhaustiva de los dogmas de muchas religiones basadas en la tradición Judea-Cristiana demuestra que el celibato (el estado de no estar casado) y la castidad (la evitación de toda actividad sexual fuera del matrimonio), a pesar de ser vistos como piedra filosofal de muchas de estas doctrinas, si se contrastan contra el método científico, no son estados relacionados con labiología, con la psicología, ni con la supervivencia de la especie a la que pertenece el ser humano.
Reflexionando acerca de la abstinencia sexual, demandada de sus sacerdotes y monjas, por las iglesias que así lo exigen (especialmente la iglesia católica apostólica romana); el psiquiatra y ex-sacerdote A. W. Richard Sipe reflexiona que el celibato y la abstinencia (especialmente esta última) no son estados naturales para el ser humano.
Desmond Morris, antropólogo celebrado por la publicación de su libro “El Mono Desnudo”, nos indica claramente que el instinto sexual es tan poderoso, por ser una urgencia impostergable, y por formar parte intrínseca del repertorio de comportamientos que son esenciales para la supervivencia de todas las especies. Concluyendo, en su tesis, nos menciona que la abstinencia sexual, solamente la practica el ser humano (como forma de actividad religiosa) pero es totalmente innecesaria y esencialmente imposible de sostener.
El Psicólogo David Filkenhor nos recuerda que cuando seres humanos se agrupan en comunidades o congregaciones donde se practican las represiones sexuales, este estado es conducente a la experimentación sexual entre ellos mismos, en todas sus manifestaciones normales y desviadas.
Filkenhor concluye que los casos de homosexualidad y pedofilia, comunes entre el clero católico, son derivado directo de esas demandas innaturales que tienen que acatar.
Para el Psiquiatra John Money, experto reconocido por sus contribuciones al campo de la violencia sexual, atestigua al hecho de que cuando seres humanos (especialmente, hombres) se aíslan en grupos por largos períodos de tiempo; primero descargan sus energías sexuales reprimidas vía el autoerotismo y luego por medio de la actividad homosexual, fenómeno común en las cárceles, los monasterios, las escuelas tipo internado y los conventos.
Jay Feierman, experto que dedica sus servicios al tratamiento de sacerdotes y monjas, considera que muchas de las inclinaciones anormales de sus pacientes son resultado directo de las enseñanzas que recibieran a una edad temprana. “Cuando le enseñan al niño que el sexo es algo reprochable y sucio, y cuando el niño es forzado a combatir sus instintos y deseos, sobre los que carece control, en la soledad de la alcoba el resultado es (a menudo) deprimente.”Feierman lo resume de esta manera: “Que muchas mujeres nunca puedan tener la experiencia normal y saludable del orgasmo, que hombres estén confusos acerca de su masculinidad y sufran de impotencia genital; y que el sexo normal se considere algo reservado para los degenerados, puede ser consecuencia de esas enseñanzas viciadas.”
Pero la crítica hacia las actitudes de la iglesia católica que exigen el celibato y la castidad no son nuevas: En el siglo XVI el fundador de la reformación protestante, Martín Lutero se oponía al celibato clerical por el “daño” que causaba. Lutero escribió de los líderes de la iglesia católica: “Ellos están completamente equivocados y carecen de justificación prohibiendo el matrimonio, abrumando a los sacerdotes con una carga imposible de llevar. Pero, para lograr sus fines ellos (los superiores jerárquicos) actúan como sinvergüenzas impíos, provocando tanto, todo tipo de actos terribles e indignos de mencionarse, como un sinfín de pecados contra la castidad, en los que los sacerdotes viven hasta hoy…”
Según el “Oxtord Dictionary ot Popes; H.C. Lea History of Sacerdotal” numerosos papas tuvieron hijos.
San Pedro, Apóstol.
San Félix III 483-492 (2 hijos)
San Hormidas 514-523 (1 hijo)
San Silverio (Antonia) 536-537
Adriano II 867-872 (1 hija)
Clemente IV 1265-1268 (2 hijas)
Félix V 1439 1449 (1 hijo)
Papas que fueron hijos de otros papas u otros miembros de clero | ||
Nombre del Papa | Papado | Hijo de |
San Damasco I | 366-348 | San Lorenzo, sacerdote |
San Inocencio I | 401-417 | Anastasio I |
Bonifacio | 418-422 | Hijo de un sacerdote |
San Félix | 483-492 | Hijo de un sacerdote |
Anastasio II | 496-498 | Hijo de un sacerdote |
San Agapito I | 535-536 | Gordiano, papa |
San Silverio | 536-537 | San Hormidas, papa |
Marino | 882-884 | Hijo de un sacerdote |
Bonifacio VI | 896-896 | Adrián, obispo |
Juan XI | 931-935 | Papa Sergio III |
Juan XV | 989-996 | León, sacerdote |
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Papas que tuvieron hijos ilegítimos después de 1139 | ||
Nombre del Papa | Papado | Hijo de |
Inocencio VIII | 1484-1492 | varios hijos |
Alejandro VI | 1492-1503 | varios hijos |
Julio | 1503-1513 | 3 hijas |
Pablo III | 1534-1549 | 3 hijos, 1 hija |
Pío IV | 1559-1565 | 3 hijos |
Gregorio XIII | 1572-1585 | 1 hijo |
La cifra de sacerdotes que se han alejado del ministerio, podría ser cercana a 50 por ciento en muchos países, ya sea que la transgresión haya ocurrido alguna vez o sea constante.
La jerarquía vaticana se ha negado a dar marcha atrás en un asunto, que, aseguran sus críticos, “no deriva de un dogma de fe”, sino es una norma adoptada principalmente por motivos económicos, para que los bienes de la iglesia no se esfumen en herencias para hijos de clérigos, ya que algunos religiosos legaban a sus familiares propiedades de la institución.
Otra razón que se esgrime para la instauración de esa norma es que los sacerdotes no se distraigan en asuntos familiares y se dediquen por completo a su ministerio.
También está el hecho de que al sexo y al placer se les vincula con el pecado; vivir en castidad se aquilata como virtud y quienes la practican estarían en un plano superior a los demás, que “sí sucumben ante las tentaciones de la carne”.
Según un texto del sacerdote José de Jesús Aguilar, subdirector de radio y televisión de la arquidiócesis de México, “Pablo, en su primera carta a Timoteo, pide que los obispos y sus auxiliares estén casados”, debido a que “si no saben gobernar su propia casa, ¿cómo podrán cuidar la iglesia de Dios?” (Capítulo tres, versículos uno al 12).
En el concilio de Elvira se determinó liberar de su cumplimiento a los sacerdotes que ya estaban casados, pero volverlo obligatorio para los nuevos.
Este precepto fue aceptado por la iglesia católica latina, pero no por la de rito oriental, la cual hasta ahora no exige el celibato a sus ministros.
Posteriormente, en 1022, el papa Benedicto VIII insistió en la prohibición del matrimonio de los sacerdotes, basándose en la cita de Mateo 19:12: “hay otros que decidieron no casarse a causa del reino de los cielos”.
La norma se hizo patente en el concilio de Letrán (1123), pero no fue seguida de manera estricta porque muchos sacerdotes la consideraban una ley humana, no impuesta por Cristo, por lo que siguieron teniendo relaciones de pareja de manera abierta.
En el concilio de Trento (1545-1563) se estableció el celibato sacerdotal de manera definitiva, en respuesta a la reforma protestante, que promovía y permitía casarse a los ministros religiosos.
De acuerdo con personas que han abandonado el ministerio, en la iglesia católica se toleran muchas actitudes homosexuales de sus integrantes varones, pero no se acepta de ninguna manera la relación con una mujer. Desde la formación religiosa de los futuros sacerdotes, algunos educadores imponen en los seminarios diversas “prohibiciones para evitar el contacto femenino, particularmente en vacaciones”. Esto es, para que procuren alejarse del eventual “peligro”, y así se les recomienda que no asistan a fiestas o a otras reuniones donde haya mujeres.
Pese a esas restricciones, muchos individuos, incluso algunos que ya llevan tiempo en el ministerio, llegan a la dolorosa conclusión de que en sus “pensamientos hay una mujer”.
Sobre esa situación, Lauro Macías Raygoza, vicepresidente de la Federación Latinoamérica para la Renovación de los Ministerios (antes Federación Latinoamericana de Sacerdotes Católicos Casados), sostuvo que el celibato no sólo implica abstenerse de las relaciones sexuales:
“También están prohibidos los pensamientos relacionados con el sexo, fantasear, ver imágenes, no se diga pornográficas, sino simplemente sensuales, y mucho menos la masturbación, por ser intrínsecamente mala y pecado mortal.”
En suma, se debe “suprimir todo lo relacionado con el sexo, la sexualidad o la genitalidad”.
Para el profesor Josué Tinoco Amador –de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa, experto en temas religiosos, la castidad ni siquiera debería ser opcional, sino eliminada.
“El celibato impide el crecimiento del ser humano y de la religión. Es inoperante. Hace que cada vez menos jóvenes se decidan por estar en el servicio religioso. Espanta vocaciones y conviene muy poco. Deben quitarlo, así se tendría una religión más humana. “No debería existir ni como opción: debe simplemente desaparecer, porque no ha funcionado y ha causado más daño que beneficio. Impide un desarrollo completo a quienes optan por estar en liderazgo religioso y pone la sexualidad como aspecto negativo.”
En resumen:
El celibato eclesiástico, en el fondo no es sino una proyección de la radical oposición que plantean casi todas las religiones entre lo terreno y lo extraterreno, lo humano y lo divino, lo profano y lo sagrado. El sexo, como fuente de vida, pertenece al dominio terreno y está, por lo mismo, proscrito, por lo menos doctrinalmente, del dominio religioso.
Pero aún, es peor, el desvarío religioso que ve en la naturaleza, y en la mujer, la fuente del tropiezo, el origen del mal y la causa de la caída, y que a consecuencia de esto, la mujer siga estigmatizada por la iglesia como agente de pecado, obsérvese que según el mito bíblico fue Eva la causa de la caída de Adán, lejos de afrontar el la responsabilidad del pecado, culpó a su compañera, y así sigue hasta nuestros días, de todo lo malo que le ocurre al hombre por lo general culpa a la mujer.
El sexo es el contrapeso de lo santo, de lo religioso, de lo evangélico, el sexo está en el mundo y pertenece al mundo. Nunca será sucio lo que crea un ser tan perfecto, como el hombre.
No es extraño, por eso, que sean los jesuitas, los que muestren más interés en la abolición del celibato eclesiástico, y este es uno de los tantos puntos que separan a la tradición “ Ignacia ” de la “ Iglesia de Pedro ” que asentada en un supuesto origen sobrenatural, no puede siquiera ser consecuente, abolir el celibato de quienes dan testimonio, por lo menos en doctrina, de tal origen debiera, eso si, limitarse sólo a los que ejercen el ministerio o culto religioso propiamente tal.
No se puede confiar en que se eduque a nuestra niñez o juventud, a quien está privado de una función biológica fundamental. La castidad forzada provoca quiérase o no, graves trastornos que van desde lo psicológico hasta lo biológico y provoca un resentimiento contra los que llevan una vida sexual normal.
La influencia del sexo en la psicología del individuo es cosa que ya nadie ignora, los fracasos matrimoniales y las múltiples frustraciones e inhibiciones, e incluso perversiones sexuales, se debe a la deformación, que de lo sexual hace la religión católica.
Después de terminar el presente artículo, estoy convencido que quien no percibe los olores, no puede opinar sobre lo que es fragancia, y quien no tiene el maravilloso don de ver, no puede opinar sobre los colores.
Bibliografía:
http://www.futurechurch.org/languages/spanish/historia.htm
http://html.rincondelvago.com/el-mono-desnudo_desmond-morris.html
www.sexologia.com/articulos/poder/sexualidadypoderproblemacelibato” http://www.sexologia.com/index.asp?pagina=http:/ /
www.sexologia.com/articulos/poder/sexualidadypoderproblemacelibato.http