Diógenes de Sínope (aprox. 412-323 a.C.)

 Diógenes de Sínope   (aprox. 412-323 a.C.)

Pablo Manuel Ramos Vallejo

 

Si no hubiese sido Alejandro, querría haber sido Diógenes

Alejandro Magno

 

Después de Aristóteles, la filosofía occidental cayó en un bache, debido a la crisis moral, a que llevó al mundo de aquél entonces, la dominación romana. La Filosofía, siendo considerada como un “amor a la ciencia” se transformó en una privativa forma de vivir, que convirtió a los filósofos de ese entonces en mendigos, en indigentes, llegando a dedicarse algunos, a la vil vagancia. A la muerte de Aristóteles, surgen varias escuelas denominadassocráticas menores, como lo son: la Cirenaica, la Megárica, la Eleo–erétrica y la Cínica. Esta última fundada por el más viejo discípulo se Sócrates, Antístenes, quien fue un filósofo griego de padres tracios, que desencantado de la filosofía existente y siguiendo su entusiasmo por la meditada disciplina socrática, fundó una escuela menor en el santuario y gimnasio de Cinosargo. Esta escuela es denominada como Escuela Cínica o escuela de los Cínicos, que en griego significa los perros. Destacando en ella su discípulo y exponente más famoso: Diógenes de Sínope.

Diógenes de Sínope, también llamado Diógenes El Cínico o El Perro, fue un filósofo griego que nació aproximadamente en el año 412 a.C. en Sínope, puerto ubicado en la costa sur del Mar Negro. Nada se sabe acerca de su infancia excepto que era hijo de un banquero llamado Hicesias. Y que ambos fueron desterrados de su ciudad natal por haber fabricado moneda falsa. Diógenes, se gloriaba de haber sido cómplice de su padre, y este suceso prefiguró, en cierto modo, su vida filosófica. Al parecer, estos hechos han sido corroborados por arqueólogos, ya que, han sido descubiertas en Sínope, un gran número de monedas falsificadas (acuñadas con un gran formón) que se han datado en la mitad del siglo IV a. C. y otras monedas de la época que llevan el nombre de Hicesias como el oficial que las acuñó (el padre de Diógenes).

Por ese entonces, los griegos eran muy aficionados a las artes adivinatorias y solían acudir a los templos para consultar sobre su futuro. Pero la ambigüedad con que respondían los oráculos podía dar pie a todo tipo de interpretaciones. Según la leyenda, Diógenes fue a consultar el oráculo de Delfos y éste le dijo: «Vuelve a tu casa y da nuevas instituciones a tu tierra». Y Diógenes, de acuerdo con lo que el oráculo le dijo, pensó que no estaría mal empezar por cambiar de moneda. En consecuencia de esta acción, Diógenes de Sínope, fue exiliado de su ciudad natal y trasladado a Atenas, donde se convirtió en un discípulo de Antístenes. A la sombra de su Maestro, Diógenes vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza extrema en una virtud. Se dice que vivía en una tinaja, en lugar de una casa. Sus únicas pertenencias eran: un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco (hasta que un día vio cómo un niño bebía agua con las manos en una fuente: “Este muchacho, dijo, me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas”, y tiró su cuenco). Ocasionalmente estuvo en Corinto donde continúo con la idea cínica de autosuficiencia. Según él, la virtud es el soberano bien. “La ciencia, los honores y las riquezas son falsos bienes que hay que despreciar”. El principio de su filosofía consistía en denunciar por todas partes lo convencional y oponer a ello su naturaleza. El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al máximo sus necesidades.

Sobre la muerte de Diógenes circularon muchas versiones. Según una de ellas, murió de un cólico provocado por la ingestión de un pulpo vivo; según otra, fue como consecuencia de una caída, tras haberle mordido un tendón uno de los perros entre los que trataba de repartir un pulpo; y según otra más, murió por su propia voluntad, reteniendo la respiración, aunque esto sería algo metafórico, pues es imposible morir por dejar de respirar voluntariamente. También circula una leyenda según la cual sus últimas palabras fueron: “Cuando me muera echadme a los perros. Ya estoy acostumbrado.” Diógenes murió en el año 323 a.C. no legó a la posteridad ningún escrito; la fuente más completa de la que se dispone acerca de su vida, es la extensa sección que su tocayo Diógenes Laercio le dedicó en su “Vidas, Opiniones y Sentencias de los Filósofos más Ilustres”. Aquí el historiador nos comenta que los Cínicos, reinterpretaron la Doctrina Socrática, considerando que la civilización y su forma de vida era un mal y que siguiendo una vida simple y acorde con la naturaleza, la felicidad venía dada. El hombre llevaba en sí mismo ya los elementos para ser feliz y conquistar su autonomía, y esto era de hecho el verdadero bien. De ahí, el desprecio a las riquezas y a cualquier forma de preocupación material. El hombre con menos necesidades era el más libre y el más feliz, ya que la doctrina cínica se basaba en la renunciación a todo, para alcanzar la felicidad: renuncia a los placeres, a las necesidades, al consumismo, a los honores, a la riqueza, al gobierno, a las leyes. Por esto, se comprende que la doctrina Cínica, es más bien la renuncia a toda teoría, al desdén por la verdad. Donde el bien del hombre consiste simplemente en vivir en sociedad consigo mismo: el trabajo, el ejercicio, el comportamiento ascético, diríase como ermitaño, es lo único deseable. La felicidad, según los cínicos, está en la supresión de las necesidades y entre éstas, la supresión también de los placeres materiales. Los Cínicos consideran que el bien supremo del hombre es la felicidad, pero no la felicidad por los sentidos, sino por el conocimiento: “La virtud es el único bien, y el hombre virtuoso es aquél que ha alcanzado la felicidad a través del conocimiento. El hombre virtuoso es el que consigue dominar sus pasiones y emociones, abandonando así el mundo externo y encontrándose a sí mismo.

Con Diógenes y Antístenes como principales exponentes, esta escuela formuló una protesta contra la ciudad-estado y las clasificaciones sociales en que se basaba. Su evasión consistió en renunciar a todo lo que por lo común, denominan los hombres los bienes de la vida; en la nivelación de todas las distinciones sociales y en el abandono de las ventajas y aún a veces del decoro de las convenciones sociales. En apariencia, sus miembros se reclutaron entre las filas de los extranjeros y desterrados, esto es, entre quienes se encontraban ya fuera de la ciudadanía del estado. La base filosófica de su enseñanza era la doctrina de que el sabio debe bastarse enteramente a sí mismo. Para los cínicos, esto significaba que sólo es necesario para una vida buena lo que está dentro de sus facultades, su propio pensamiento y carácter. Entre las cosas indiferentes incluye el cínico, la propiedad y el matrimonio, la familia y la ciudadanía, el saber y la buena reputación, y en una palabra todos los acuerdos de la vida civilizada y todo lo que en ella se considera como digno de respeto. Ricos y pobres, griegos y bárbaros, ciudadanos y extranjeros, libres y esclavos, nobles y villanos, son todos iguales, ya que todos ellos se reducen a un nivel común de indiferencia. Sin embargo, la igualdad concebida por los cínicos, era la igualdad del nihilismo. La escuela no llegó nunca a constituir el medio apropiado para el desarrollo de una doctrina social filantrópica ni de mejora, sino que se inclinó siempre a formas ascéticas y puritanas. La miseria y la esclavitud no tenían ninguna importancia; el hombre libre no era mejor que el esclavo, ya que ninguno tenía ningún valor en sí mismo. Por tal motivo los cínicos no admitían que la esclavitud fuese un mal, ni la libertad un bien. Para Los Cínicos, el único verdadero estado es aquel en el que el requisito para la ciudadanía es la sabiduría, y tal estado no tiene lugar ni ley. Todos los sabios de todas partes del mundo forman una sola comunidad, la ciudad del mundo y el sabio es, como dijo Diógenes, “cosmopolita”, ciudadano del mundo.

El Cinismo es pues, un movimiento incomprendido, en el cual los integrantes no tienen los mismos comportamientos, pensamiento y actitudes. Es una filosofía que pretende alcanzar la felicidad mediante la sabiduría, la liberación del espíritu y el logro de la virtud, rasgos importantes que lo diferencian de otros movimientos de la filosofía. El Cinismo, diremos que es también una filosofía ligada a la escasez. Los Cínicos para no perder, ellos pierden de antemano. Ellos opinan que tenemos que prescindir de bienes lujosos o externos para no sentir apego por ellos. Son ajenos pues a los placeres, en vez de ser sus señores. Los Cínicos tomaron como modelo a la naturaleza y a los animales, pues invitaban al alboroto del canibalismo, el incesto y el repudio de toda sepultura. Estos individuos que aspiraban a identificarse con la figura del perro, por la sencillez y desfachatez de la vida canina. Usaban barba, llevaban alforja y cayado y practicaban juegos de palabras a manera de metodología; a aquellos que proponían ideas y teorías incomprensibles, ellos ponían el gesto, el humor y la ironía.

Teofrasto, retrata a un cínico de la siguiente manera: “es un hombre que maldice y tiene una reputación deplorable. Es sucio, bebe y nunca está en ayunas. Cuando puede hacerlo, estafa y golpea a quienes descubren el engaño antes de que puedan denunciarlo.
Ninguna actividad le repugna: será patrón de una taberna y, si es necesario, encargado de un burdel, pregonero e incluso, si se quiere, recaudador de impuestos. Ladrón, habituado a las comisarías y a los guardias civiles, a menudo se lo encuentran locuaz, en la plaza pública, a menos que se convierta en abogado de todas las causas, aunque sean las más indefendibles. Prestamista con fianza, tiene además la soberbia de un famoso y no cuesta mucho imaginarlo. Para completar el cuadro, no olvidemos que el cínico deja sin sentir vergüenza
, aunque su madre se muera de hambre”.

La historia pone a Diógenes de Sínope, como el prototipo perfecto del cínico, en el cual se mezclan la impudicia, el desprecio a las convenciones y un cierto egoísmo; con el temple moral intachable, la parquedad y la constancia. Diógenes de Sínope combatía la falsa vanidad, el fasto de Platón y su teoría de las ideas, a la cual oponía lo individual y lo concreto. Menospreciaba las ciencias que, como la geometría o la música, no conducen a la verdadera felicidad, a la autosuficiencia, al vivir de acuerdo con la naturaleza, propio del verdadero sabio, sin la complicada convención social. Diógenes caminaba descalzo durante todas las estaciones del año, dormía en los pórticos de los templos, envuelto en su única capa y tenía como habitación como ya decíamos, un tonel, además tenía la obscena costumbre de masturbarse en público. Cierto día se estaba masturbando en el Ágora, quiénes le reprendieron por ello, obtuvieron por única respuesta del filósofo una queja tan amarga como escueta: “¡Ojalá, frotándome el vientre, el hambre se extinguiera de una manera tan dócil!”. Diógenes, profesaba un desprecio tan grande por la humanidad, que en una ocasión apareció en pleno día por las calles de Atenas, con una lámpara en la mano diciendo: “Busco un hombre”. Diógenes iba apartando a los hombres que se cruzaban en su camino diciendo que solo tropezaba con escombros, pretendía encontrar al menos un hombre honesto sobre la faz de la tierra. En una ocasión, cierto hombre adinerado le convidó a un banquete en su lujosa mansión, haciendo especial hincapié en el hecho de que allí estaba prohibido escupir. Diógenes hizo unas cuantas gárgaras para aclararse la garganta y le escupió directamente a la cara, alegando que no había encontrado otro lugar más sucio donde desahogarse. Cuando Platón le dio la definición de Sócrates del hombre como “bípedo implume”, Diógenes desplumó un pollo y lo soltó en la Academia de Platón diciendo “¡Te he traído un hombre!”. Asistiendo a una lección de Zenón de Elea, que negaba el movimiento, Diógenes se levantó y se puso a caminar. Si es verdad que los atenienses se burlaban de él, también es verdad que le temían y respetaban. Diógenes de Sínopeera un verdadero cínico; otras de sus anécdotas que podemos citar son:

Cuando le preguntaron qué vino le gustaba más, respondió:”El ajeno”
Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron que era lo que sabía hacer, y el contestó:“mandar, comprueba si alguien quiere comprar un amo”.
Cuando Alejandro Magno le dijo“pídeme lo que quieras” el respondió “sólo te pido que te muevas a un lado, que me estás tapando el sol”
Cuando en un banquete, algunas personas para reírse de él le pusieron unos huesos como si fuese un perro, él acto seguido, se meó encima efectivamente como un perro.

El Cinismo como tal, ha trascendido a lo largo de la historia, en el siglo XVII y XVIII escritores como Shakespeare, Swift y Voltaire, siguiendo las tradiciones de Geoffrey Chaucer y François Rabelais, utilizan la ironía, el sarcasmo y la sátira para ridiculizar la conducta humana y reactivar el cinismo. En el aspecto literario, figuras del siglo XIX y XX como Oscar Wilde, Mark Twain y Dorothy Parker, utilizaron el cinismo como forma de comunicar sus opiniones bajo algunas manifestaciones de la naturaleza humana. En 1930, Bertrand Russell en el ensayo sobre El cinismo Juvenil pudo describir la medida en que el cinismo había penetrado en las conciencias occidentales en masa, y puso nota especial en las áreas parcialmente influenciadas por éste: la religión, el patriotismo, el progreso, la belleza y la verdad.

En nuestros días el uso moderno sugiere la definición de cinismo como la de una disposición a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones y acciones, así como una tendencia a expresar esta actitud mediante la burla y el sarcasmo. Existe, sin embargo, otra forma de entender el cinismo, o, si se quiere, otra forma de ser cínico, que lejos de resultar viciosa o negativa en sí misma, constituye, en cambio, una excelente catarsis o terapia tanto moral como social, una suerte de aguijoneo mental que nos despierta y nos pone en guardia frente a la hipocresía que se esconde por igual en la falsa moralina y en aquellas convenciones sociales que no son sino un mero aparentar, un simple barniz con el que se intenta ocultar lo inconfesable; un cinismo, en suma, que constituye un maravilloso antídoto contra el fraude moral o social. Esta modalidad, cuyo sentido también recoge nuestra lengua, es aquélla en la que, cínico es sinónimo de sarcástico, satírico o sardónico. Desde esta perspectiva, el cinismoes una actitud que se compone, a partes iguales, de escepticismo y de ironía, y a la que caracteriza, acaso más que cualquier otra cosa, la sospecha de que, con frecuencia, la rectitud y la sinceridad de las que hacemos gala, no son más que una cortina de humo tras la que camuflamos las verdaderas intenciones que nos mueven. Visto así, el cinismo es manifestación de desencanto y descreimiento. Pero es, igualmente, sarcasmo, esto es, denuncia; mas denuncia sardónica y satírica de aquello que es objeto de sospecha. Y para ello el cínico hace uso de la ironía, pero acaso más habitualmente de la obscenidad, esto es, de mostrarse a sí mismo a los ojos de todos revestido de aquello que denuncia, admitiendo, pues, en sí o atribuyéndoselo, al menos, acaso a efectos retóricos y dialécticos, lo que nadie admite por considerarlo indeseable o inconveniente, aun poseyéndolo en una dosis igual o superior, a la de aquél que se ofrece como espejo, en el qué invitar a reconocerse. Se da, pues, en el cinismo, un descreimiento en aquellos valores que supuestamente se asumen como tales, bien sea porque en realidad no se hace, sino que son mera fachada tras la que esconderse, para alcanzar los verdaderos propósitos que nos guían, bien sea porque tales valores no son tal, sino simples conciertos ridículos y risibles.

Como conclusión, no nos queda más que opinar que la cínica es una moral grosera, difícil, masoquista, vigilante y temerosa; además de previsora y carente por completo de sensualidad.

Es Cuanto.

Isauro Gutierrez