Crónicas de un grito VII


Cuauhtémoc López Sánchez
López Rayón estableció el 19 de agosto,
la Suprema Junta Nacional Americana
y escribió a los líderes de los grupos insurgentes
invitándolos a participar en la unificación del movimiento.
Sin poder tomar Acapulco, Morelos decidió apoderarse de Chilpancingo y a principios de mayo, la avanzada a cargo de los Galeana llegó a Chichihualco, porque sabían que ahí había simpatizantes de la independencia y en efecto, se les unieron los Bravo: Víctor, Máximo, Miguel, Leonardo y su hijo Nicolás. En Chichihualco, Galeana fue atacado por Garrote, que derrotado, se retiró a Tixtla, uniéndose a Nicolás Cosío.
El 24 de mayo, Morelos se adueñó de Chilpancingo, porque el ejército realista se había retirado a Tixtla, mientras que Juan Antonio Fuentes abandonaba su asedio a El Veladero y decidió perseguir a Morelos, uniendo fuerzas con Cosío y Garrote que se encontraban en Tixtla. Fuentes acampó en Chilapa pero el 26 de mayo, Morelos, Hermengildo Galeana, Nicolás Bravo y Vicente Guerrero, atacaron Tixtla y derrotaron a Garrote y Cosío. En Tixtla se les unió Vicente Guerrero que fue asignado a la columna de Hermenegildo Galeana.
Morelos volvió a Chilpancingo y dejó en Tixtla a los Galeana, siendo atacados por Fuentes para recuperar la plaza, pero Morelos regresó y atacó por la retaguardia y derrotaron a los realistas, haciéndose de armas y tomando prisioneros, entre los cuales se encontraba José Gago, quien fue fusilado de inmediato. El ejército insurgente entusiasmado por la victoria, amagó con atacar Chilapa y Fuentes huyó, abandonando el armamento que el virrey le había enviado.
Morelos se apoderó de Chilapa en noviembre y empezó a organizar las provincias conquistadas; ordenó la administración pública, entrenó a su ejército en el uso de armas, artillería y tácticas militares y formó tres divisiones: una al mando de Nicolás Bravo, con el plan de atacar Oaxaca; la encabezada por Hermenegildo Galeana para adueñarse de Taxco y Tepecoacuilco, donde Valerio Trujano, quien ya conocía a Morelos, vendería todas sus propiedades y se les uniría y la última bajo sus órdenes, que atacaría Tlapa, Chiautla e Izúcar. En junio, Morelos envió al capitán Tabares y al norteamericano Faro con Hidalgo, informándole de la situación en el sur. Tabares y Faro se encontraron con López Rayón quien les comunicó la muerte de los caudillos y los ascendió. A Tabares lo nombró brigadier y a Faro coronel, pero cuando se presentaron para comunicarle las noticias, Morelos no reconoció los grados otorgados por López Rayón, lo cual molestó a los dos mensajeros y a Mayo, por lo que intentaron levantar a los insurgentes contra Morelos, empezando por la costa y en El Veladero. Enterado Morelos, se trasladó a El Veladero, comisionó a Tabares y a Faro a Chilapa donde fueron degollados y fusiló a Mayo. Morelos se enteró del fusilamiento de Hidalgo pero no lo comunicó a sus tropas para que no se desmoralizaran.
La muerte de Hidalgo, apresuró los acontecimientos, porque los jefes insurgentes habían determinado seguir hacia el norte y decidieron dejar en Saltillo un contingente al mando de Iriarte o de Abasolo, pero ninguno aceptó y el cargo recayó en Ignacio López Rayón, por lo cual fue ascendido a general.
Ignacio López López, había nacido en Tlalpujahua en 1773. Sus padres fueron Rafaela López y Andrés López, comerciante y minero, así que su posición económica era desahogada. Había estudiado derecho en el Colegio de San Nicolás en Valladolid y continuado sus estudios en el Colegio de San Ildefonso en México, graduándose como abogado, pero a la muerte de su padre, regresó a Tlalpujahua para dedicarse a la minería. En 1810 se enteró del levantamiento de Dolores cuando una avanzada insurgente llegó a Maravatío al mando de Antonio Fernández y causó estragos entre la población y sus alrededores. Sin embargo, López Rayón envió con Fernández una carta a Hidalgo proponiéndole la creación de una junta que representara a Fernando VII y al parecer narrándole las acciones desordenadas de Fernández, porque Hidalgo le ordenó a Fernández ponerse al mando de López Rayón. El 24 de octubre, López Rayón había publicado una carta donde defendía la causa insurgente y calificaba al movimiento como justo, santo y religioso, por ello, el virrey mandó detenerlo. López Rayón logró escapar y con la gente que seguía a Fernández, ahora bajo su mando, se unió a Hidalgo y participó en la batalla del Cerro de Las Cruces. Desmoralizado por la decisión de no tomar la capital, regresó a Maravatío con la intención de levantar en armas el oriente michoacano, pero sin mucho apoyo, decidió unirse a Hidalgo, al que alcanzó en Valladolid, para continuar hacia Guadalajara, donde fue nombrado Secretario de Estado y del Despacho. Con esa calidad, organizó el gobierno provisional y encomendó a Francisco Severo Maldonado la publicación del primer periódico insurgente, “El Despertador Americano”. Después de la derrota en el Puente de Calderón, marchó primero a Aguascalientes, donde recuperó el dinero de los insurgentes que estaba en poder de Iriarte y en Zacatecas, se volvió a unir a Hidalgo, con la novedad de que don Miguel ya no era el jefe del movimiento.
López Rayón estaba en Saltillo cuando se enteró que los caudillos habían sido detenidos e invitó a Iriarte para rescatarlos, ignorando que su contingente era mayor que el de los realistas, pero Iriarte se negó y decidió retirarse a Zacatecas, pero antes de abandonar Saltillo, fusiló a Iriarte, por considerarlo traidor. José Antonio Torres acudió en auxilio de López Rayón para tomar Zacatecas y ya dueños de la ciudad, López Rayón y José Ma. Liceaga publicaron el 22 de abril, un manifiesto y enviaron una carta a Calleja, donde por primera vez se declaraban los objetivos de la lucha de independencia. En Zacatecas, López Rayón acuñó moneda, fundió cañones, reorganizó al ejército y marchó con Torres hacia La Piedad, dejando en Zacatecas a Víctor Rosales, quien rápidamente se rindió a Calleja.
López Rayón y Torres decidieron adueñarse de Valladolid, pero fueron derrotados por Emparán y acordaron separarse. José Antonio Torres regresó a Tepic y siguió a San Blas y López Rayón se dirigió a Zitácuaro, defendida por Benedicto López que mantenía la lucha contra los realistas. En unión de sus hermanos y Benedicto López, derrotaron el 22 de junio de 1811 a Miguel Emparán, quien se retiró herido a Toluca.
En Zitácuaro, se le unió Andrés Quintana Roo quien se encargó de editar “El Ilustrador Americano” para difundir las ideas de independencia y defenderse de los ataques que hacía el virrey en su gaceta. López Rayón estableció el 19 de agosto, la Suprema Junta Nacional Americana y escribió a los líderes de los grupos insurgentes invitándolos a participar en la unificación del movimiento. Villagrán en Nueva Galicia y Albino García en el Bajío lo rechazaron, pero Morelos que había recibido un bosquejo de Constitución en donde se sugería a Fernando VII como gobernante de la Nueva España, aceptó y envió a Zitácuaro como representante ante la Junta Suprema a José Sixto Verduzco, cura de Tuzantla, con varias sugerencias de corrección a la Constitución que López Rayón proponía. El 21 de agosto de 1811 fue levantada el acta de instalación de la Suprema Junta Nacional Americana, quedando como presidente Ignacio López Rayón y como vocales, José Ma. Liceaga y Sixto Verduzco. La tercera vocalía sería ocupada por Morelos y estuvieron presentes Andrés Quintana Roo, José María Cos, Vicente de Santa María, Carlos María de Bustamante, entre los trece jefes que asistieron a la reunión. Bustamante, quien en 1808 fuera editor del Diario de México, dirigido por Jacobo Villaurrutia, había fundado el primer diario rebelde con el título de El juguetito. Se unió a Hidalgo en 1810, pero admirando a Morelos, se le unió en 1812, aunque no compartía las ideas de formar un gobierno que excluyera a la realeza y defendía el fuero eclesiástico y la intolerancia religiosa.
Morelos había tomado Tlapa sin resistencia y en noviembre atacó Chautla, defendida por Mateo Musitu, quien contaba con cuatro cañones, a uno de los cuales le hizo poner el nombre de “Mata-Morelos”. Morelos, se enteró que la guarnición pretendía unírsele y solamente atacó con su escolta y ochocientos flecheros, venciendo a Musitu y adueñándose de los cuatro cañones y armamento. A pesar de que se ofrecieron $ 50 000.00 pesos por el perdón de Musitu, éste fue fusilado. Todos los efectivos realistas pasaron a las filas insurgentes y el capellán realista, Dr. José Manuel de Herrera, a quien descubrieron oculto en la parroquia, después de conversar con Morelos, también se unió a la causa insurgente.
El 18 de diciembre de 1811, Mariano Matamoros, cura de Jantetelco, se unió a los ejércitos del sur y ese mismo mes, el virrey Venegas decidió que su mejor hombre dejara el norte para atacar en el sur a Morelos y a López Rayón y Calleja se trasladó con cinco mil hombres, veinte cañones y mil indígenas zapadores a Zitácuaro a donde llegó a fines de diciembre y se preparó para tomarlo. El 2 de enero de 1812 inició el ataque y después de tres horas, los más de doscientos hombres que defendían la plaza empezaron a abandonarla. Calleja, una vez más, derrotó a los insurgentes, tomó Zitácuaro, que fue saqueado e incendiado y decidió acampar en Maravatío.
El final de 1811 acababa mal para los insurgentes, pero 1812 no pintaba diferente. El realista Porlier inició los ataques hacia Michoacán el 30 de diciembre de 1811, empezando por tomar Tenango, al día siguiente Tenancingo que fue recuperado por Morelos el 23 de enero y Tenango el 24, respaldado por Galeana y haciendo que Porlier se retirara a Toluca, aunque Nicolás Bravo fracasaba en la toma de Oaxaca al ser derrotado por Páris en Tecanextla el 29 de enero.
Morelos se enteró de la derrota de López Rayón en Zitácuaro y decidió ir a Cuautla, a donde llegó el 9 de febrero, en tanto que López Rayón se rehacía en Sultepec, controlado por Tomás Ortiz, sobrino de Hidalgo. En Sultepec, se le unió el doctor José Ma. Cos, de quien desconfiaban, considerándolo espía de Venegas.
A mediados de enero, arribaron a Veracruz las primeras tropas españolas. El día 14 llegó el batallón “Asturias”, el día 16 arribó el regimiento “Loberas” al mando del mayor José Enríquez y con este apoyo, el virrey presionó a Calleja para acabar con Morelos. En febrero, Calleja molesto, renunció al mando del ejército realista y el virrey aceptó, nombrando a Santiago Irisarri en su lugar, pero una comisión de oficiales se presentó ante el virrey para comunicarle que solamente servirían bajo las órdenes de Calleja. El virrey se vio obligado a restituir a Calleja en el mando y lo llamó a México para premiarlo junto con sus oficiales, concediendo ascensos y estímulos y para proponerle que atacara simultáneamente a los insurgentes en Izúcar y Cuautla, dotándolo de dos mil hombres y ocho cañones. Calleja aceptó y empezó a organizar el ataque a Morelos, que se encontraba en Cuautla.