Boecio (480 d.C. – 524 d.C.)

 Boecio (480 d.C. – 524 d.C.)

Pablo Manuel Ramos Vallejo

“Si hay un Dios, ¿de dónde proceden los males?

 Y si no existe, ¿de dónde se originan los bienes?.”

Boecio

 

En medio de la cerrazón que sufre el entendimiento a causa del dogmatismo cristiano y el fanatismo patrocinado ya por el Imperio Romano, práctica común en los inicios de la Edad Media; y antes de que definitivamente los obispos apagaran la luz de las ideas, veremos al último exponente de la filosofía, entendida en ese entonces como “pagana” en la persona de: Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio, conocido simplemente como Boecio.

Boecio, filósofo del último periodo romano, además de teólogo, político y poeta, nace en Roma en el año 480 d.C. Siendo su padre el cónsul romano Flavio Manlio Boecio, perteneciente a una de las más nobles e ilustres familias, la “gens Anicia”, cristianizada hacía más de un siglo y de la que se dice, es probable que también descendieron el Papa Gregorio Magno, y dos emperadores.

De sus datos biográficos, se apunta pues, que Boecio perdió a sus padres siendo muy joven, por lo que quedó al cuidado del senador y cónsul romano Aurelio Memnio Símaco, de quien llegó a ser íntimo amigo y con cuya hija, Rusticiana, contrajo matrimonio. Siendo así que, bajo la tutela de Símaco, Boecio estudió primero en Roma, su ciudad natal, luego, durante 18 años, en Atenas y, finalmente, en Alejandría, donde fue discípulo de Ammonio Sakkas. Posteriormente, se dice que vuelve a Roma donde es hecho senador, y en el año 510 d.C. es elegido cónsul. A la postre, en el año 522 d.C. es nombrado Magister officiorum, es decir, ministro principal en la corte de Ravena, junto al rey ostrogodo, por entonces también señor de Roma, Teodorico I. Aquí es bueno hacer un paréntesis y apuntar que cuando Teodorico ocupó Ravena se proclamó rey de Italia en esta misma ciudad adriática, en la cual fijó su corte, y fue reconocido como tal por el emperador bizantino Anastasio, a quien debía una teórica sumisión. Pese a que mantuvo las diferencias entre los ostrogodos, de religión arriana, en cuyas manos dejó el poder militar, y los romanos, católicos, a quienes confió el poder civil dentro de un difícil equilibrio, Teodorico se sintió siempre depositario de las tradiciones e instituciones imperiales, por lo que se rodeó de consejeros latinos, como los pensadores Boecio y Casiodoro, e intentó armonizar las relaciones entre godos y romanos, para lo cual sometió a ambas comunidades a las mismas leyes.

Siendo así y retomando el tema que nos ocupa, una vez que es nombrado Ministro Principal, Boecio llegó a lo que él calificó como el “momento más brillante de su vida”, pues sus dos hijos Flavio Símaco y Flavio Boecio, fueron nombrados cónsules y él pronunció ante ellos un discurso de alabanza a Teodorico. Poco después el rey le nombró “maestro de oficios“, que era uno de los cargos más importantes y de mayor responsabilidad. Pero su caída estaba muy próxima. Se afirma que a consecuencia de la acumulación de tanto poder, Boecio despertó los celos del partido filogótico, por lo que fue acusado durante la persecución contra los cristianos, de practicar la magia y de conspirar a favor del Imperio bizantino por el referendarius Cipriano, miembro de ese partido. Ante esta inculpación, el anciano Teodorico entró en sospechas de que ciertos miembros del Senado Romano estaban conspirando en Constantinopla conjuntamente con el ahora emperador Justino I, para arrojar a los ostrogodos de Italia. Se dice que el ex-cónsul Albino, también fue acusado de participar en la conspiración y Boecio subió a la tribuna a defenderle. No sabemos con certeza si tal conspiración existió o no; en todo caso, parece cierto que Boecio no tomó parte en ella. Sin embargo, fue encarcelado en la prisión de Ticinum en Pavía.

A Boecio se le acusaba no sólo de traición, sino también de sacrilegio, es decir, de haber empleado las matemáticas y la astronomía para fines impíos, como lo aseguraba Cipriano. Los jueces fallaron en su contra y Boecio pronunció un discurso amargamente despectivo contra el Senado, ya que sólo Símaco, su suegro, había salido a defenderle. De cualquier manera, Boecio es destituido, según lo dicho por él mismo, “injustamente por haber intentado proteger al Senado”, sin embargo, una vez en prisión, es torturado y poco tiempo después, decapitado en Ager Calventienus, al norte de Pavía en el año 524 d.C.

Severino Boecio, además de caracterizarse por practicar un gran eclecticismo, es considerado como el representante del neoplatonismo. De su obra intelectual, diremos que antes de cumplir treinta años era ya famoso por su erudición, además cabe destacar que, como producto de su afición por el estudio profundo y razonado de la filosofía clásica, su legado intelectual es bastante generoso, pues emprendió la traducción al latín de todas las obras de Platón y Aristóteles. Desgraciadamente, no consiguió terminar esta tarea. Su proyecto inicial era traducir las obras de éstos clásicos, demostrando a su vez que ambos coincidían en lo esencial. Sin embargo, sólo conocemos su traducción de las Categorías y del Peri hermeneias de Aristóteles y de la Isagoge de Porfirio. A Boecio, pertenecen también varios escritos de Lógica, Música, Aritmética y Teología.

Respecto a la música, Boecio compuso un tratado, con una teoría detalladamente elaborada de la música griega, que influye a gran parte del pensamiento medieval, intitulado: «de institutione música», donde divide a la música en tres géneros distintos:

 

  1. La música mundana: (Lo que Pitágoras llamaba la armonía de las esferas), es la música que no podemos percibir porque somos imperfectos. La música mundana es la verdadera, y las demás solo son reflejo de ella.
  2. La música humana: Es la unión armoniosa del alma con el cuerpo. Se comprende a través de acto de la introspección, todo aquel que se sumerge en sí mismo la entiende, ya que es una armonía psicofísica.
  3. La música instrumental: El hecho de producir manualmente, a través de los instrumentos. No tiene valor alguno, es solo soplar un tubo o rasguear una cuerda.

 

Boecio plantea nuevamente en este tratado, la idea expuesta tanto por Platón, como por Aristóteles: La superioridad de lo teórico sobre lo práctico, es decir, del trabajo intelectual sobre el manual.

Animado por éste tratado armonioso, Casiodoro observa que gracias a las traducciones de Boecio, los italianos conocieron no sólo a Platón y Aristóteles, sino también al músico Pitágoras, igualmente al astrónomo Tolomeo y al físico Arquímedes con su mecánica. Observa también que mediante su obra: De arithmetica, Boecio trató de los «Fundamentos de la aritmética» de Nicómaco, además de traducir al geómetra Euclides. Y no conforme con esto, en el campo de la teología, se conservan varios tratados suyos, destacando entre ellos la Santísima Trinidad, y su obra de cinco libros titulada Opuscula theologiae.

Esta observación nos da una idea de la multiplicidad de los talentos e intereses de Boecio, cuyo afán de conocimiento, lo hace preservar en el estudio, todo con la intención de transmitir a las nuevas generaciones, a los nuevos tiempos, la gran cultura grecorromana. Y es precisamente por este motivo, que Boecio ha sido calificado como el último representante de la cultura romana antigua y el primero de los intelectuales medievales, pues se afirma también, que Boecio fue, en base a sus traducciones, comentarios y escritos, “el profesor de Lógica de la Edad Media hasta el momento en que, en el siglo XIII, fue traducido al latín y comentado directamente, el Organon completo de Aristóteles”. Puede afirmarse también que Boecio fue el medio por el que llegaron a Occidente, antes del siglo XIII, una serie de conceptos de la lógica y la metafísica aristotélicas. Esto no debe llevarnos a ver en él a un “aristotélico puro”. Por el contrario, la influencia platónica y estoica en su pensamiento es evidente. Incluso su obra principal, De Consolatione Philosophiae, tiene grandes similitudes con el Timeo de Platón. Además recoge y transmite conceptos estoicos, como los de “Naturaleza”, “ley natural” y “realidad” entendida como corporalidad; y temas platónicos, como los del destino y la providencia divina. En ésta, su obra principal De Consolatione Philosophiae, realiza la distinción, que luego sería tema central para la escolástica, entre id quod est (todo el ente) y quo est o esse (aquello que hace que el ente sea).

De Consolatione Philosophiae, magistral obra matizada de estoicismo, es considerada como la construcción madura del pensamiento de Boecio, es la síntesis de su filosofía, testamento político, moral y espiritual; en el que, practicando el sincretismo y el eclecticismo, Boecio armoniza magistralmente a Platón y Aristóteles; de igual manera concuerda al neoplatonismo, la tradición latina y al cristianismo. Obra cumbre, donde el filósofo materializa las ideas a la vez que eleva el razonamiento a lo sublime. Se trata de un diálogo interrumpido por varios poemas, entre el autor y la filosofía. Filosofía, personaje alegórico femenino se le aparece a Boecio para aclararle el problema del destino, de por qué los malvados logran recompensa y los justos no. Filosofía, consuela a Boecio al mostrarle la vanidad de los efímeros éxitos terrenales y el valor eterno de las ideas: “la desgracia no afecta a quienes saben apreciar la divina sabiduría, el gobierno del universo es justo y equitativo a pesar de las apariencias”. Filosofía intenta suavizar su aflicción demostrándole que la verdadera felicidad consiste en el desprecio de los bienes de este mundo y en la posesión de un bien imperecedero, que coincide con la Providencia universal que gobierna todas las cosas. El tema en sí, se relaciona directamente con la caída en desgracia del propio Boecio, por lo que se cree que esta obra la escribió estando en prisión. Al dialogar, el propio Boecio con la filosofía personificada en una mujer, se queja de las injusticias de esta vida, poniendo su pensamiento en Dios y en la filosofía. Abordando temas tales como el bien y el mal, el destino, el sentido del conocimiento que Dios tiene de nuestros actos y la libertad humana.

Superando la herencia platónica, aristotélica y estoica, y siguiendo en ello a Agustín de Hipona, Boecio entiende que Dios es un ser personal. Y afirma que Dios es el mismo ser (ipsum esse) y que todo lo demás es fundado y recibe el ser de Él. Dios es forma absoluta, forma sin materia. Aquí cabe aclarar que estas palabras no deben llevarnos a pensar que se encuentra ya en él, la distinción tomista entre esencia y existencia (esse). Para Boecio el esse o la forma, es la esencia universal. La forma boeciana es al mismo tiempo esencia y existencia, aunque necesitada de un sujeto, la materia, para realizar (en concreto) su ser, para ser este ser.

Cabalmente, Boecio decía que la felicidad no se encontraba ni en la gloria, ni en la riqueza; ni en el poder, ni en el placer; sino en la búsqueda de la verdad de Dios. Siendo así, bajo esta perspectiva de razonamiento, que las obras de Boecio ejercieron gran influencia en la Edad Media, sobre todo en el desarrollo de la lógica. Puntualmente diremos que  De Consolatione Philosophiae llegó a ser una de las obras más populares, no sólo entre los filósofos y teólogos. Sino que Incluso, siglos después, fue uno de los libros que el rey Alfredo el Grande, tradujo al inglés.

Ahora bien, pese a que tanto la metodología como la terminología que utiliza Boecio en esta De Consolatione Philosophiae son meramente filosóficas, pues trata exclusivamente numerosos problemas de metafísica y ética. Y estando muy claro que Boecio, en ningún momento plantea la cuestión en términos de fe cristiana. Sin embargo, éste su último trabajo De Consolatione Philosophiae, se considera de una gran importancia para la ulterior teología del Cristianismo medieval.

No en vano a Boecio se le ha llamado “el último de los filósofos romanos y el primero de los teólogos escolásticos”. Ya que, sus traducciones fueron durante mucho tiempo la base del estudio de la filosofía griega en occidente. Y de forma controversial, los razonamientos filosóficos ahí contenidos, se los adjudica la doctrina cristiana basándose en el apotegma agustiniano de que la fe y la razón no se oponen, sino se apoyan. En este caso, no estamos en contra de este plagio, porque la filosofía no está en contra de la razón, sino al contrario, la filosofía se basa en ella, demostrando así, su solidez metafísica. Lo que sí, no es de aceptar, es que se quieran dogmatizar esos principios y que Boecio habiendo sido condenado a muerte por herejía, tres siglos después, la ciudad de Pavía a partir del 25 de diciembre del año 1883, en que el Papa León XIII aprobó su culto, le reconozca y lo celebre en la liturgia como mártir en la fe.

Esta situación se clarifica tiempo después, debido a que Boecio en su obra De Consolatione Philosophiae, no cita en ningún momento a Jesucristo ni las Sagradas Escrituras, ni explícitamente la fe cristiana, algunos historiadores en los siglos XVIII y XIX pusieron en duda el cristianismo de Boecio y la autenticidad de sus obras teológicas. Sin embargo, demostrada ésta, la cuestión está definitivamente resuelta.

En conclusión, nuestra investigación sobre Boecio y su aporte a la filosofía, arroja que nuestro filósofo, formalmente es catalogado como un representante del neoplatonismo; pues en realidad, su filosofía se caracteriza por un gran eclecticismo, por una inclinación hacia las ciencias exactas y, en moral, por pertenecer al estoicismo. Ubicándolo además en una difícil época donde se asomaba ya, el inicio del oscurantismo dictatorial. Deducimos que Boecio no aporta nuevos razonamientos o conceptos a la filosofía, sino que como neoplatónico y simpatizante del estoicismo,  se encarga de conservar y dar continuidad mediante la praxis, al pensamiento griego clásico. Es por esto que gracias a la influencia de Boecio, la Edad Media le debe en gran medida a éste filósofo, la conservación y transmisión del saber antiguo.

Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio, filósofo del último periodo romano, fue ejecutado en el año 524 como hereje y conspirador.

Boecio, verdadero mártir del pensamiento, dejó a la posteridad, además de su De Consolatione Philosophiae, importantísimos compendios de la geometría de Euclides, de la aritmética de Nicómano, de la mecánica de Arquímides, de la astronomía de Tolomeo y sobre todo de la lógica de Aristóteles. Obras que al paso del tiempo fueron prohibidas por paganas.

Es Cuanto…

Isauro Gutierrez