Anaximandro (610 a.C – 545 a.C)


Pablo Manuel Ramos Vallejo
“El hombre es incapaz de ver la nada de donde sale
y del infinito en el que está lanzado”.
Blaise Pascal
Anaximandro fue un Filósofo presocrático griego, que nace en el año 610 a.C. en la ciudad jonia de Mileto, Asia Menor, y muere aproximadamente en 545 a.C. Discípulo y continuador de Tales. Anaximandro se ocupó de cuestiones prácticas relacionadas con la ciencia. Participó activamente en la vida política de su ciudad, y se le atribuye la dirección de una expedición colonizadora a Apolonia. Respecto a su actividad filosófica, su pensamiento llega a la actualidad mediante comentarios doxográficos de otros autores. Es por esto que en lo que se refiere a sus obras, conviene considerar con ciertas reservas los títulos que se le atribuyen. Y es que era costumbre de la época, el asignar títulos adecuados al pensamiento de un autor antiguo, sin aportar testimonios fidedignos sobre su autenticidad. Así, por ejemplo, la denominación sobre la naturaleza (Peri fhyseos) que se atribuye la autoría a Anaximandro, era una titulación clásica que tendía a conferirse a todos aquellos a quienes Aristóteles denominó como phisicoi, es decir, a casi todos los presocráticos. Lo que si parece cierto en el caso de Anaximandro, es que llevó a cabo una exposición compendiada de sus opiniones sobre la naturaleza.
Por lo que se refiere a su actividad científica, a este filósofo se le atribuye la elaboración de mapas geográficos: uno del Mar Negro, probablemente para uso de los navegantes milesios que viajaban por él, y otro mapa terrestre; también se destaca en su labor, la medición de los solsticios y equinoccios por medio de un gnomon (vara vertical cuya sombra señalaba la altura y la dirección del sol, así como las horas); igualmente elaboró algunos trabajos para determinar la distancia y tamaño de las estrellas y la afirmación de que la Tierra es cilíndrica y ocupa el centro del Universo. Respecto al Gnomon, hay que señalar que Anaximandro no fue su inventor, pero sí parece ser que fue quien lo introdujo en Grecia.
Si Tales fue el primer griego que abandonó las formulaciones míticas y, por ello, es considerado como el primer filósofo; Anaximandro fue el primero de quien tenemos testimonios concretos de que hizo un intento comprensivo y detallado por explicar los aspectos del mundo de la experiencia humana.
Anaximandro, al igual que Tales, buscó el elemento primordial y básico a partir del que se ha generado la realidad. Para Anaximandro, la substancia originaria (Arjé) es lo Ápeiron (lo indefinido e infinito). Es importante, ya de entrada, señalar el paso importante que Anaximandro da sobre Tales en relación con el tema del principio o Arjé. Y es que, en el afán racional de la búsqueda de lo permanente (esencia), Anaximandro, sitúa esa esencia no en los elementos (tierra, agua, aire, fuego), que podían ser percibidos por los sentidos, sino detrás de esa capa aparencial, con lo que realmente tiene lugar, por primera vez en la historia del pensamiento, una abstracción clara que va desde lo sensible hasta lo inteligible; lo que no quiere decir que Anaximandro considerara a lo Ápeiron como una realidad espiritual.
Anaximandro quiso exponer que si ese primer elemento era la causa material de todo lo existente, había de ser la causa por lo tanto, de toda materia particular, por lo que, dicho principio no podía identificarse con ninguna materia particular. Siendo su principio, su comienzo, su fuente, había de ser algo necesariamente distinto; pero dado que nosotros sólo conocemos las formas particulares de materia que emanan de ese primer principio, hemos de concluir que el “Arjé” tiene que ser una materia desconocida para nosotros y, en cuanto tal, una materia indeterminada, indefinida, ilimitada, a la que Anaximandro da el nombre de “Ápeiron”.
Como apreciamos, la respuesta dada por Anaximandro a la cuestión del arjé puede considerar ese paso adelante, que señalamos respecto a Tales. El Arjé es ahora lo ” Ápeiron ” (de “a-“privativa, y “peras”, límite, perímetro), es decir, lo indeterminado, lo ilimitado, que es precisamente el concepto de lo que vamos buscando. Lo que es principio de determinación de toda realidad ha de ser indeterminado, y precisamente “Ápeiron” designa de manera abstracta esta cualidad. Lo Ápeiron es eterno, siempre activo y semoviente. Esta sustancia, que Anaximandro concibe como algo material, es “lo divino” que da origen a todo. Aunque con cierto escepticismo por lo señalado anteriormente, de Anaximandro se conserva este texto, que es el primero de la filosofía y el primer texto en prosa de la Historia: “El principio (Arjé) de todas las cosas es lo indeterminado Ápeiron”. Ahora bien, allí mismo donde hay generación para las cosas, allí se produce también la destrucción, según la necesidad; en efecto, pagan las culpas unas a otras y la reparación de la injusticia, según el orden del tiempo”. ¿A qué se refiere esta “injusticia”? Puede tener dos sentidos. Primero, que toda existencia individual y todo devenir es una especie de usurpación contra el Arjé, en cuanto que nacer, individuarse, es separarse de la unidad primitiva (algo parecido se encuentra en las doctrinas budistas, que ven el mal en la individualidad). Y segundo, que los seres que se separan del Arjé están condenados a oponerse entre sí, a cometer injusticia unos con otros: el calor comete injusticia en verano y el frío en invierno. El devenir está animado por la unilateralidad de cada parte, expresada ante las otras como una oposición. (Esta idea se volverá a ver más tarde en Heráclito). En Anaximandro se encuentra ya una cosmología que describe la formación del cosmos por un proceso de rotación que separa lo caliente de lo frío. El fuego ocupa la periferia del mundo y puede contemplarse por esos orificios que llamamos estrellas. La tierra, fría y húmeda, ocupa el centro.
Así pues, el pensamiento de Anaximandro se centra en que el principio de todas las cosas es Ápeiron (sin límites, sin definición), es decir, lo indefinido, lo indeterminado. Este Ápeiron es inmortal e indestructible, inengendrado e imperecedero, pero que de él se engendran todas las cosas. Todo sale y todo vuelve al Ápeiron según un ciclo necesario. De él se separan las sustancias opuestas entre sí en el mundo y, cuando prevalece la una sobre la otra, se produce una reacción que restablece el equilibrio “según la necesidad, pues se pagan mutua pena y retribución por su injusticia según la disposición del tiempo'”
La información, que se nos ha transmitido, sobre la idea y el significado de lo Ápeiron, procede fundamentalmente de Teofrasto, aunque se encuentra también en Simplicio, Hipólito y Plutarco. Por supuesto debemos tener también muy en cuenta lo que nos dice Aristóteles. Aristóteles estaba convencido que lo Ápeiron era sinónimo de lo espacialmente infinito, pero le atribuye también la cualidad de ser algo indefinido, es decir, algo que no sería agua ni ninguno de los elementos conocidos, sino alguna otra naturaleza infinita de la que procedían todos los cielos.
No podemos saber con seguridad si Anaximandro concebía lo Ápeiron como lo espacialmente infinito, en el sentido de representar una extensión continua y una continua divisibilidad (esta idea parece ser obra de Meliso y Zenón). Más bien parece que lo que Anaximandro quería significar con lo Ápeiron, era algo que no tenia término, algo sin límite y sin definición, en el sentido en que hablaba Jenófanes, al señalar que la tierra se extendía hacia abajo to Ápeiron (indefinidamente), más allá de lo que podría abarcar la imaginación de los hombres. Por lo tanto, parece que Anaximandro supuso que la materia originaria (Ápeiron), por un lado, tenía una extensión espacial indefinida, aunque, tal vez, expresaba su idea diciendo que esta materia también circundaba todas las cosas; y, por otra, esa materia era algo indefinido en el sentido de que no se parecía a ninguna clase de materia del mundo ya formado, como podía ser cualquiera de los elementos (tierra, agua, aire y fuego). En consecuencia, lo Ápeiron podría definirse como: lo indefinido.
Aristóteles, nos transmite también la idea de que Anaximandro concebía lo Ápeiron como una substancia intermediaria. En de generatione et corruptione, Aristóteles, enumera diversas teorías monistas de los fhisicoi y habla, a veces, de una substancia intermedia a los elementos, es decir, de algo que concibe como elemento intermedio entre fuego y aire o entre aire y agua. Aristóteles, desconcertado ante la naturaleza de lo Ápeiron, creyó que si no era un elemento más, tuvo que ser algo intermedio o mezcla de todos ellos. Ahora bien, Anaximandro siempre pensó que lo Ápeiron no era una mezcla sino algo distinto de los elementos y, por tanto, algo que, si pudiéramos verlo, no podríamos definir. En este sentido sería lo indefinido.
Por consiguiente, la tesis de Aristóteles, que identifica lo Ápeiron con una mezcla de elementos, debería ser cuestionada.
Según Anaximandro lo Ápeiron, aparte de ser indefinido, es también omniabarcante, divino e inmortal, es decir, es un principio originario (Arjé) que todo lo abarca y todo lo gobierna. Ahora bien: ¿qué tipo de control ejercía sobre la realidad lo Ápeiron de Anaximandro? ¿Era un control consciente e inteligente o meramente mecánico e inconsciente?
No está nada claro que la idea de un ser consciente y racional, gobernador del cosmos, se encuentre presente en esta época. Muy posiblemente, tal idea no la encontramos dentro de la filosofía, hasta que Platón nos hable de su Demiurgo. Por todo ello, lo más probable es que, según Anaximandro, lo Ápeiron actuara de modo mecánico y no, a través de intenciones conscientes, en relación con los cambios existentes en la naturaleza. De todos modos, si se tiene en cuenta el carácter antropomórfico que Homero y Hesíodo atribuían a los elementos naturales, no puede excluirse totalmente la idea, aunque no exista ningún texto en qué apoyarla, de que lo Ápeiron era una realidad divina personal que controlaba con un dios todo el proceso de la naturaleza.
Según determinados textos, Anaximandro consideraba que todos lo cielos y los mundos, dentro de ellos, procedían de lo indefinido, añadiendo que, puesto que procedían de lo indefinido, a él retornarían siempre necesariamente porque se pagaban mutua pena y retribución por sus injusticias. Por la versión de Plutarco se deduce que, al emplear la expresión todos lo cielos y los mundos dentro de ellos, Anaximandro, parecía estar hablando de mundos innumerables (apiroi kosmoi). Se ha discutido mucho si dichos mundos eran sucesivos en el tiempo (de tal modo que cuando uno llega a su fin será sucedido indefinidamente por otros) o si esos mundos eran coexistentes.
La opinión general es que Anaximandro creyó en una sucesión de mundos innumerables, los cuales serían un producto de lo indefinido y en el que acabarían por convertirse al perecer para iniciar de nuevo un proceso cíclico de nacimiento y destrucción. El problema que presenta esta opinión es que las manifestaciones observadas en la naturaleza no parecen sugerir la idea de mundos sucesivos distintos. Esto es lo que hace suponer a muchos que no existe ninguna razón de peso que nos lleve a suponer que Anaximandro decía que el mundo seria destruido y reemplazado por otro. Tampoco existe ningún tipo de mito o de tradición anterior que afirmara esto, y aunque es cierto que los milesios consideraban el mundo como una especie de organismo viviente, esta vida era sinónimo de la vida inmortal de los dioses que nacen pero viven para siempre y no perecen. Tales ideas estarían influenciadas por teorías atomistas las cuales, es indudable que defendían la existencia de mundos innumerables que nacían y perecían a través de un espacio infinito.
En este contexto, cuando Aristóteles afirma que si lo que está fuera de los cielos es infinito, entonces los cuerpos deberían ser infinitos y si éstos lo son, entonces los mundos también serían infinitos, está pensando, no en Anaximandro, sino en los atomistas. Pues bien, es muy posible que a partir de esta interpretación, otros autores -como Teofrastro- dedujeran que como Anaximandro habría sido el primero en postular la existencia de una realidad infinita, debió postular también -siguiendo el razonamiento de Aristóteles- la existencia de mundos infinitos que se comportarían como los de los atomistas, es decir, que nacerían y perecerían continuamente. Además, nos encontramos con que las fuentes doxográficas sugieren también todo esto. Por ejemplo, Aecio, en algunos de sus textos, atribuye la creencia de mundos innumerables a los atomistas; mientras que en otros se los atribuye a Anaximandro, Anaxímenes y al mismo Jenófanes. Lo mismo sucede con Simplicio. En el contexto de toda esta confusión, es curioso notar cómo San Agustín confunde a Anaximandro con los atomistas.
Según Anaximandro, lo indefinido estaba caracterizado por un movimiento eterno que era el causante de mundos innumerables. En este sentido, los cambios presentes en el universo estaban vinculados a una realidad eterna (divina) aunque no hay pruebas de que Anaximandro identificara a lo Ápeiron con un ser consciente. Ahora bien, lo Ápeiron, era para Anaximandro una realidad eterna, divina, inmortal e incesante, que tenía el poder de mover lo que quería y a donde quería. Pero, además de lo Ápeiron, existen alusiones a lo que parece que Anaximandro denominaba como vórtice. En este sentido, a partir de los textos de Aristóteles, parece posible deducir que en la cosmogonía de Anaximandro lo primero que se separó de lo indefinido fue un vórtice o remolino. Esto permitiría explicar mejor cómo era posible que de lo que es indefinido puedan surgir elementos diferenciados, definidos y opuestos. Pues bien, para explicar tal separación, Aristóteles señala que los opuestos se separarían desde dentro (ekkprineszai) mientras que, según Simplicio, se separarían desde el exterior.
La cosmología de Anaximandro está dominada por la idea de la pluralidad de mundos existentes, generados a partir de un movimiento eterno mediante el que son separadas unas cosas de las otras, en un juego de oposición de contrarios tan común en la época y que volveremos a encontrar en otros filósofos; en ese movimiento cósmico el predominio de un elemento significaría una injusticia que tiene que ser necesariamente reparada, como el predominio del verano va seguido del invierno, y viceversa.
Concretando, la concepción cosmológica o la estructura del mundo de Anaximandro se podría resumir del modo siguiente:
La tierra tiene forma cilíndrica y los hombres viven sobre su superficie superior. Su anchura es tres veces mayor que su espesor. La explicación (aunque equivocada) de porqué la tierra es estable y se encuentra en reposo, significa un avance radical sobre Tales de Mileto y el pensamiento mítico anterior. Mientras que para Tales la tierra flotaba sobre el agua y para el pensamiento mítico hundía sus raíces en el inframundo, para Anaximandro, la tierra estaría en reposo por encontrarse en el centro absoluto del universo, lo que permitiría que pudiera flotar (en reposo) en el espacio sin necesidad de ningún apoyo (de ahí el avance) en qué sustentarse.
En relación con los cuerpos celestes, Anaximandro, pensaba que el sol y la luna eran circulares y que estaban formados por anillos sólidos separados. Dichos anillos se componían de fuego rodeado de aire y de la única apertura de cada uno de ellos emergía fuego. Los eclipses y las fases de la luna se debían al cierre total o parcial de la apertura, no aduciendo razón alguna para explicar tal cierre. La abertura del sol era del mismo tamaño que la superficie de la tierra; sin embargo, el diámetro de su círculo era veintisiete veces mayor, y el de la luna, diez y nueve veces mayor al diámetro de la tierra. También son curiosas sus ideas sobre los fenómenos meteorológicos.
Aristóteles nos transmite la idea de que Anaximandro (lo mismo que los atomistas) pensaba que tanto el mar como la tierra se estaban secando y que el mundo iba a perecer. Lo que sucede es que esta afirmación de que el mar se iba a secar para siempre, entra de lleno en contradicción con un principio esencial del pensamiento de Anaximandro, es decir, aquel que establecía que todas las cosas iban a ser castigadas por su injusticia. No hay que olvidar que en este caso, la tierra, al rebasar sus límites, acabaría por secar al mar y ello sucedería sin pagar retribución alguna, algo que no sucedía, por ejemplo, con las estaciones en las que, aunque, durante un tiempo, predomina el calor, después de un tiempo prefijado por necesidad, lo hará el frío, y viceversa. Además, aunque sólo se menciona al mar, es razonable concluir que la desecación del mar implicaría la desaparición de la lluvia y ello conduciría, más tarde o más temprano, a la desecación de toda la tierra, y, consiguientemente a su desaparición. Muchos afirman que la desecación de la tierra sería el preludio de su reabsorción en lo indefinido en la cosmogonía cíclica de Anaximandro. Esto, sin embargo, no parece muy lógico ya que si la sequedad destruyera la tierra, este hecho cualificaría a lo indefinido como seco e ígneo contradiciendo su propia naturaleza.
La concepción de Anaximandro podría tener sentido si se sostiene que la disminución del mar es solamente una parte de un proceso cíclico en donde, después de que el mar se seca, comenzaría un gran invierno de tal modo que, en extremos de la tierra,comenzarían un nuevo proceso de humidificación que conduciría, en un primer momento, a la aparición del cieno. Es curioso ver que Jenófanes postula ciclos de desecación de la tierra y su retorno a la humedad, a partir, del cieno. Al parecer, Jenófanes quedó impresionado por la existencia de fósiles de vegetales y de animales incrustados en rocas lejanas al mar. De aquí dedujo que la tierra habría sido alguna vez barro, pero no argumentó que el mar se fuera a secar más aún, sino que todo retornaría al limo; los hombres desaparecerían, pero el ciclo continuaría: se secaría la tierra firme y los hombres volverían a ser producidos de nuevo.
Anaximandro representa el primer intento por explicar de un modo racional el origen del la vida y del hombre. Según los textos, los primeros seres vivos nacieron del limo y estaban cubiertos de escamas espinosas (como los erizos del mar). Por efecto de la sequedad se romperían las cortezas dando lugar a la aparición de las primeras criaturas vivas. Estos primeros seres vivos serían anteriores a los peces en donde habrían sido criados los primeros hombres. Una vez salidos del cascarón, los hombres comenzaron a vivir (en principio aisladamente) en tierra firme. Es posible que Anaximandro tuviera conocimiento de las dificultades de adaptación al medio ambiente, lo que le llevaría a suponer que el hombre no podría haber surgido a la vida sin algún tipo de cuidado especial (en este caso seria en el interior de los peces). Esto le llevó a conjeturar que el hombre se crió en una especie de pez. Concretando: Los primeros animales surgieron del agua o del limo calentado por el sol; del agua pasaron a la tierra. Los hombres descienden de los peces, idea que es una anticipación de la teoría moderna de la evolución.
Para culminar vemos, en definitiva, que Anaximandro afirma como primera causa de la realidad una causa material: lo indefinido, lo indeterminado, lo infinito, a partir de la que evoluciona todo lo real. En la medida en que se niega a identificar esta primera causa con un elemento material particular, su pensamiento supondrá un avance con respecto a Tales, en cuanto significa un considerable esfuerzo de abstracción y coherencia racional.
Es Cuanto…
