La Filosofía Presocrática

 La Filosofía Presocrática

Pablo Manuel Ramos Vallejo

“El ser es increado, indestructible, completo, inmóvil y sin fin”.

Parménides de Elea

 

La filosofía presocrática comprende a un conjunto heterogéneo de filósofos y escuelas filosóficas griegas anteriores a Sócrates, que abarca desde el año 624 a.C. hasta el siglo V a.C; No obstante, esta cronología es bastante artificial, ya que muchos de estos hombres fueron contemporáneos e incluso sobrevivieron a Sócrates. Estos pensadores griegos,  no se denominaban a sí mismos filósofos (a excepción de Pitágoras) más bien, eran considerados magos, sabios, médicos o físicos. Podemos afirmar que con ellos se inaugura la filosofía como paradigma racional autónomo y original, es decir, ocupan ese punto de bifurcación, en el que se abrió paso un nuevo camino, el logos, la razón, que terminó desalojando al mito.

Si bien existen notorias diferencias entre los muchos filósofos y escuelas presocráticas, puede decirse, en términos generales, que los presocráticos coincidieron en el intento de ofrecer una explicación racional del Universo, en lugar de hacerlo mediante mitos, a la manera de los poetas Homero y Hesíodo. Tales explicaciones se limitaban frecuentemente, a la postulación de un primer principio, arjé o elemento de todas las cosas existentes. Pero cabe dejar en claro que este principio no era entendido como originario de todas las cosas, ya que los griegos no tenían una idea de creación del universo a partir de la nada, sino que era concebido como un elemento común presente en la naturaleza, a partir del cual, luego se conformaría el resto.

Ahora bien, sus ideas diferían bastante sobre cuáles eran dichos principios y de qué naturaleza. Para algunos, el principio podía ser cualquiera de los llamados “cuatro elementos” (tierra, agua, aire y fuego). Esto se ve principalmente en los primeros filósofos, quienes dieron el primer paso para superar la explicación mítica, retomando los elementos que antes eran encarnados por los dioses, y ahora, serían metafísicos. Por otra parte, podemos apreciar que para otro, se trataba de los cuatro elementos considerados conjuntamente, añadiendo otros dos principios: el amor y la lucha. Contrastando con estos, para otros presocráticos, en cambio, existía un único principio que podía ser una sustancia infinita o indeterminada, o bien el pensamiento e incluso el ser.

Aristóteles fue el primero en referirse a los presocráticos como filósofos “físicos” y les atribuyó esta búsqueda del arjé como rasgo distintivo. Con todo, algunos comentaristas contemporáneos consideran que el criterio aristotélico es erróneo. En efecto: si bien es cierto que algunos filósofos presocráticos sostienen que el Universo está formado por un principio natural como el aire, no es menos cierto que, en el caso de otros filósofos, para quienes el agua o el fuego, respectivamente, constituyen el principio generador de todo lo que existe, los elementos serían meros “precursores” del cosmos, o bien complejas metáforas que en realidad no supondrían la existencia de un elemento concreto como principio fundante. Por lo tanto, los presocráticos basaron sus teorías en la especulación sobre el principio material de la naturaleza.

Sobre la pregunta por el principio de todas las cosas, por el arjé de la physis, en la construcción de la teoría que caracteriza a los filósofos presocráticos, nos damos cuenta que respondieron a ella de muy diversas maneras.

Una primera respuesta la encontramos en Tales de Mileto (624 a.C.-546 a. C.), para el cual el principio o arjé era el agua, principio que se formula fuera de todo contenido religioso. Si Tales es el primer filósofo, la filosofía surge como una explicación genealógica de lo real, de la physis, como generalización de la ley universal de todo acontecer.

El segundo presocrático del que tenemos noticia fue Anaximandro (610 a.C.545 a.C.), Que nos dice que la naturaleza se concibe como retribución, como justicia (diké) cuya ley es la necesidad. El apeiron es la génesis y principio de los seres. Lo interesante del pensamiento de Anaximandro es la negación de toda evidencia empírica. El apeiron es un principio abstracto, hipotético, que contradice toda experiencia sensible.

Para Anaxímenes de Mileto (582 a.C.-524 a.C.), la arjé o principio creador de todas las cosas es el aire, que por condensación y enrarecimiento, en ciclos infinitamente repetidos, origina todos los seres y sus diferencias cualitativas. Aire es también el alma (psiché), soplo o aliento divino similar al aire que nos rodea.

Por su parte, Heráclito de Éfeso (544 a.C.-480 a.C.) que fue el último de los presocráticos que vivió en Jonia. Familiarizado con los cultos mistéricos (Deméter), su escritura es premeditadamente enigmática, de igual manera que el logos mántico lo es. Afirmó que el origen de todas las cosas es la guerra, la lucha y oposición de contrarios de la que surge la armonía, según una inexorable ley que remite a una unidad oculta: el logos, el fuego eterno que «se enciende y se apaga según medida». Todas las cosas están sujetas a un devenir perpetuo donde todo fluye y nada permanece, y donde el nacer o perecer de un ser, implica necesariamente el nacer o perecer de su contrario. La naturaleza es conflicto, lucha de presencias y ocultamientos.

A la figura de Heráclito se le suele contraponer la de Parménides de Elea (finales del siglo VI a.C.), el cual niega todo devenir como pura apariencia de ser. El mundo fenoménico, del cambio, es un engaño de los sentidos, mera apariencia. Todo pensar se encuentra siempre en la encrucijada de dos caminos. El conocimiento del ser se opone a la doxa, opinión, las cosas sensibles que son pura apariencia de ser.

Pitágoras de Samos (580 a.C.-500 a.C.), consideró que el alma era inmortal, «del linaje de los dioses», cuya unión con el cuerpo significaba un hundimiento, una «prueba» que ésta debía sufrir, antes de su definitiva liberación de los ciclos de las reencarnaciones. Muy importante fue su doctrina del número, según la cual, éste es concebido como la arjé o principio de todo lo presente y de todo lo pensable. Pero el numero ha de entenderse cualitativamente y como determinación ontológica, no cuantitativamente.

Entre los últimos presocráticos debemos mencionar a Jenófanes de Colofón (570 a.C.-470 a.C.), que defendió la tesis de un sólo Dios. «el mayor entre los dioses y los hombres, en nada semejante a los mortales, ni en la figura ni en el pensamiento».

También habría que mencionar a Empédocles de Agrigento (490 a.C.-430 a.C.), mago, profeta y adivino que estableció la teoría de los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y agua) como principios genéticos y rectores del cosmos, elementos que se combinan como resultado de un equilibrio entre el amor (atracción) y el odio (repulsión).

De suma importancia son también Demócrito de Abdera (460 a.C.-370 a.C.) y Leúcipo (460 a.C.-370 a.C.), que desarrollaron la teoría del atomismo, según el cual el mundo está compuesto (arjé) exclusivamente de átomos en movimiento en un espacio vacío, explicación que ha venido a denominarse mecanicismo y que será desarrollada en siglos posteriores por pensadores como Descartes o Hobbes. Estos átomos son eternos, distinguiéndose únicamente por su distinta figura, posición y orden. De los movimientos azarosos de los átomos en el espacio vacío, surgen «vórtices» o torbellinos que originan infinitos mundos, uno de los cuales habitamos nosotros.

Así pues, deducimos que de estas ideas presocráticas, podemos destacar tres aspectos; en primer lugar que es entre los presocráticos, donde se produce el paso del mito al logos, aunque tal interpretación, sin embargo, como ya lo mencionamos, no está exenta de prejuicios y malentendidos, provenientes de una cierta manera de observar este fenómeno; manera heredada de la tradición positivista, que entendió la historia humana como un proceso lineal y ascendente de progreso en cuyo despliegue, el advenimiento y desarrollo de la razón positiva, científica y neutral, implicaba un menoscabo; paulatino retroceso del pensamiento mítico y religioso.

En segundo lugar, que sus ideas han sido precursoras de muchas teorías científicas de la modernidad. Y en tercer lugar, nos propone un concepto al que se denomina principio de ignorancia o duda, el cual destaca la imposibilidad del hombre de conocer la verdad del mundo, al menos con la simple experiencia de los sentidos. A partir de este principio, cuya existencia se demuestra acudiendo a las fuentes de los escritos presocráticos, se concluye en que, al tomar conciencia éstos de que la realidad es muy compleja, dan impulso a la búsqueda del conocimiento mediante la razón, dando así origen a la ciencia.

Por lo que para concluir, es bueno recordar a Parménides, que decía en su poema de la vía de la verdad:

“Los mortales que nada saben, andan errantes, con dos cabezas, pues la incapacidad que anida en sus pechos dirige su mente extraviada. Se ven arrastrados, sordos y ciegos, estupefactos, como horda sin criterio, a quienes les da lo mismo el ser que el no ser”.

Es Cuanto…

Isauro Gutierrez

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