Sócrates (470 – 399 a. C.)


Pablo Manuel Ramos Vallejo (In Memoriam)
“Sólo sé, que no sé nada”
Sócrates
Sócrates, filósofo griego, fundador de la filosofía moral, o axiología; es considerado como uno de los más grandes, tanto de la filosofía occidental como universal. Nació en Atenasen el año 470 a. C., donde vivió durante los dos últimos tercios del siglo V a. C., siendo esta, la época más espléndida en la historia de esta ciudad, y de toda la antigua Grecia.
De familia emparentada con Arístides el Justo, fue hijo de Sofronisco, cantero de profesión, y de Fainarate, una comadrona. Hecho este, que ha dado lugar a alguna comparación entre el oficio de su madre y su actividad filosófica, pues mientras su madre ayudaba a dar luz a la vida, él ayudó con su método (Mayéutica) a dar luz a las ideas. La Mayéutica es una técnicaque consiste en interrogar a una persona para hacerla llegar al conocimiento no conceptualizado. Este método se basa en la dialéctica, la cual supone la idea de que la verdad está oculta en la mente de cada ser humano.
Cuando Sócrates nació, su padre recibió del oráculo el consejo de dejar crecer a su hijo a su aire, sin reprimirle sus impulsos, por lo que Sócrates recibió una educación tradicional en literatura, música y gimnasia. Más tarde, se familiarizó con la retórica y la dialéctica de los sofistas, las especulaciones de los filósofos jonios y la cultura general de la Atenas de Pericles.
De joven, Sócrates siguió el trabajo de su padre; realizó un conjunto de estatuas de las tres Gracias, que estuvieron en la entrada de la Acrópolis hasta el siglo II a.C. Posteriormente, durante la guerra del Peloponeso contra Esparta, sirvió como hoplita con gran valor en las batallas de Potidea, Delio y Anfípolis.
Era de pequeña estatura, vientre prominente, ojos saltones y nariz exageradamente respingona. Su figura era motivo de burla. Llevaba siempre la misma capa, y era tremendamente austero en cuanto a comida y bebida.
Desde temprana edad, llamó la atención de los que lo rodeaban, por la agudeza de sus razonamientos y su facilidad de palabra, además de la fina ironía con la que salpicaba sus tertulias con los ciudadanos jóvenes aristocráticos de Atenas.
Más tarde, su inconformismo lo impulsó a oponerse a la ignorancia popular y al conocimiento de los que se decían sabios. Comenzó así su búsqueda, preguntando y conversando con aquellas personas a quienes la gente consideraba sabias, pero se dio cuenta de que en realidad creían saber más, de lo que realmente sabían. Filósofos, poetas y artistas, todos creían tener un gran conocimiento, en cambio Sócrates era consciente, tanto de la ignorancia que le rodeaba, como de la suya propia, y este discernimiento, lo llevó a tratar de hacer pensar a los demás y, hacerles ver el conocimiento real que tenían sobre las cosas.
Fingiendo saber menos, conversaba con la gente y luego les hacía notar sus errores; a esto se le denominó «ironía socrática», la cual queda expresada con su célebre frase «Sólo sé que nada sé».
Sócrates, fue el verdadero iniciador de la filosofía, en cuanto que le dio su objetivo primordial, de ser la ciencia que busca en el interior del ser humano. Según pensaba, el conocimiento y el autodominio, habrían de permitir restaurar la relación entre el ser humano y la naturaleza. Sócrates describió el alma, como aquello en virtud de lo cual se nos califica de sabios o de locos, buenos o malos, una combinación de inteligencia y carácter.
El poder de su oratoria y la facultad de expresarse públicamente, eran su fuerte para conseguir la atención de las personas. Sócrates, creía en la superioridad de la discusión sobre la escritura y, por lo tanto, pasó la mayor parte de su vida de adulto, en los mercados y plazas públicas de Atenas, iniciando diálogos y discusiones con todo aquel que quisiera escucharle, y a quienes solía responder mediante preguntas.
Sócrates, fue obediente con las leyes de Atenas. La base de sus enseñanzas y lo que inculcó, fue la creencia en una comprensión objetiva de los conceptos de justicia, amor y virtud, así como el conocimiento de uno mismo. Creía que todo vicio es el resultado de la ignorancia y que ninguna persona desea el mal; a su vez, la virtud es conocimiento y aquellos que conocen el bien, actuarán de manera justa. Su lógica hizo hincapié en la discusión racional y la búsqueda de definiciones generales.
Aunque fue un patriota y un hombre de profundas convicciones religiosas, Sócrates sufrió sin embargo la desconfianza de muchos de sus contemporáneos, a los que les disgustaba su actitud hacia el Estado ateniense y a la religión establecida. Razón por la cual, fue acusado en el año 399 a. C., de despreciar a los dioses y corromper la moral de la juventud, alejándola de los principios de la democracia. En consecuencia, murió a los 70 años de edad, aceptando serenamente una condena e ingiriendo la cicuta que le ofrecieron para morir, todo esto, por no reconocer a los dioses atenienses y por, según ellos, corromper a la juventud. Platón nos relataen la apología que dejó de su maestro, que éste pudo haber eludido la condena, gracias a la influencia política de los amigos que aún conservaba, pero él, fiel a sus convicciones, prefirió acatarla y morir.
Tras la muerte de Sócrates, sus discípulos se dispersaron y originaron diversas escuelas filosóficas, pero fue en la Academia, fundada por su principal discípulo: Platón, en la que se desarrollaron los aspectos científicos y psicológicos de las ideas y estilo socrático, sobre todo, el ideal de precisión y rigor en el hallazgo de la definición y los conceptos.
Sócrates, el filósofo ateniense, no escribió ningún libro, ni tampoco fundó una escuela regular de filosofía. Todo lo que se sabe con certeza sobre sus enseñanzas, se extrae de la obra de Platón, que atribuyó sus propias ideas a su maestro. Platón describió a Sócrates, escondiéndose detrás de una irónica profesión de ignorancia, conocida como ironía socrática, con gran ingenio y agudeza mental. Tenemos también, como testimonio del pensamiento socrático, las menciones de Aristóteles a lo largo de todas sus obras; que no lo conoció directamente, pero tradicionalmente se considera que su recuento es el más objetivo. El análisis rigurosamente serio que hace Aristóteles de la Historia de la Filosofía, le convierte en una forma digna de crédito. Aristóteles fue discípulo inmediato de Platón, por lo que debía conocer y tener noticias fiables, no solo de la biografía de Sócrates, sino de la diferencia del pensamiento de éste, respecto a la filosofía platónica. Según se desprende de los escritos de Aristóteles, dos cosas deben atribuirse a Sócrates: “Los razonamientos inductivos y las definiciones”. Los primeros consisten en partir de las cosas particulares y concretas, mudables y aparentes, hasta llegar a un concepto general universal e inmutable, sobre las mismas que Sócrates denominará: Logos, que es aquello que determina a algo, para ser lo que es, que da razón de ello o es su esencia.
Todo parece indicar que la intencionalidad de Sócrates era práctica: descubrir aquel conocimiento que sirviera para vivir, es decir, determinar los verdaderos valores a realizar. En este sentido, en la llamada “ética socrática intelectualista”: el conocimiento se busca estrictamente como un medio para la acción, para la praxis. De modo que si conociéramos lo “Bueno”, no podríamos dejar de actuar conforme a él; por lo que, la falta de virtud en nuestras acciones, será identificada pues con la ignorancia, y la virtud con el saber.
La sabiduría de Sócrates, no consiste en la simple acumulación de conocimientos, sino en revisar los conocimientos que se tienen y a partir de allí, construir conocimientos más sólidos. Esto le convierte en una de las figuras más extraordinarias y decisivas de toda la historia, ya que representa la reacción contra el relativismo y subjetivismo sofísticos, y es un singular ejemplo de unidad entre teoría y conducta, entre pensamiento y acción. A la vez, que fue capaz de llevar tal unidad al plano del conocimiento, al sostener como ya dijimos, que la virtud es conocimiento y el vicio ignorancia.
Tanto para los estoicos como el filósofo griego Epicteto, para el filósofo romano Séneca el Viejo y para el emperador romano Marco Aurelio, Sócrates representó la personificación y la guía para alcanzar una vida superior.
Ahora, en nuestros días, la figura de Sócrates se nos presenta, sin duda, como la más conocida en el ámbito filosófico. Sócrates, junto con Platón y Aristóteles, conforman una triada – casi diríamos pensando en un halo místico que la tradición impone sobre ciertas figuras, que constituyen una trinidad – cuya importancia filosófica está ya consagrada. Ellos son quienes representan la cúspide del pensamiento antiguo, son quienes llevan una disciplina recién inventada, a alturas metafísicas y epistemológicas increíbles. Sócrates es quien inaugura la trilogía porque, en forma más general es el primero en ocuparse en filosofía, en verdadera filosofía, es el primero en hacer filosofía total, completa, universal.
Como lo hemos visto en anteriores artículos de esta columna Ágora, editada por Crisol de Ideas. La filosofía nace con Tales de Mileto en el siglo VII a.C. y, durante doscientos años, grandes figuras llenan el horizonte filosófico de Grecia. Heráclito y Parménides se dedican con pasión de neófitos y experiencia de genios, a la reflexión sobre el universo sostenido por el ser. En estos doscientos años de filosofía, los pensadores se avocan al estudio de la naturaleza,incluido el hombre. Terminan pues, estos doscientos años de filosofía cosmológica y llega el siglo V a. C. El gran siglo de oro, el siglo de Pericles. Grecia ha ganado las guerras médicas, el hombre griego se siente triunfador, hay democracia, hay comercio, prosperidad, lujo, tiempo libre y una nueva ocupación: la política. Todos estos cambios sociales e históricos producen un cambio humano: se modifican las expectativas de las personas y eso significa que cambian sus anhelos y sus ideales. El ideal de hombre, el modelo humano que sirve siempre de fanal a la sociedad, cambia. El hombre bueno y virtuoso, (kalós kai, agathós) se transforma en el ciudadano (polités). Lo importante ya no es el equilibrio de la mente y el cuerpo, el cultivo de la persona integral, el hombre; ahora lo que importa es el éxito social, el triunfo político, la capacidad para argumentar y convencer, en suma: la participación civil. Y así va a ser entendida la felicidad (eudaimonía). Ser feliz es vivir plenamente la vida humana, es decir, la vida ciudadana. La ciudad es el único lugar en donde el hombre puede desarrollarse íntegramente como tal. De este modo, la política es una ocupación humana, y como es el hombre el que la crea y ejerce, surge la preocupación por estudiar el sujeto y hontanar de esta actividad: el hombre, el humano, dando paso así, al nacimiento de la ética.
Este cambio del centro de gravedad de la especulación filosófica, predispone a la sociedad entera a adecuarse a él. Esta ingente antropologización de la cultura hace nacer a los paladines que guiarán el proceso. Y en este escenario antropologizado, surge la figura de Sócrates que, como hijo de su tiempo, se va a preocupar del hombre y de su problemática, y va a realizar –y este es su incuestionable mérito– una humanización de la filosofía.
La aparición o surgimiento de Sócrates en este plano, se debe a dos razones fundamentales: la primera es histórica y la segunda es metafísica: La primera razón, la histórica,nos presenta a Sócrates como la figura que se opone a la sofística. Por este lado va casi todo lo que se sabe de él, todo lo que lo ha hecho famoso y que ha dado pie para la formación de ese halo mítico, que personajes de la talla de Sócrates llegan a tener. Sócrates representa la pureza del lenguaje como herramienta que permite obtener la verdad y sólo la verdad –recordemos el método socrático de la mayéutica, es decir, del arte consistente en dar a luz– gracias a una especie de parto intelectual en que la verdad surge del interior del espíritu humano.
Representa también la objetividad de la moral y la ley, siendo él mismo la encarnación del buen ciudadano que vive gustoso en su ciudad, que lucha valientemente en sus filas, que casi nunca sale de ella y que antes de ser desterrado y perder su ciudadanía o huir pasando por encima de la constitución y las leyes, prefiere morir. Este gran filósofo representa también, frente a los sofistas la importancia del hombre, como sujeto personal y social. El famoso imperativo socrático: “conócete a ti mismo” no significa sino la afirmación de la persona y del ciudadano a través del conocimiento.
La razón histórica de la aparición de Sócrates como figura antepuesta a los sofistas, nos lleva a destacar su sabiduría. Esta supuesta sabiduría lo lleva a recorrer las calles y las plazas para probar que él, Sócrates, es sabio porque está consciente de su ignorancia y los demás no son sabios porque creen que lo son. De este modo, entonces, el ideal del filósofo encarnado por Sócrates, frente al ideal del sabio representado por los sofistas, es simplemente la oposición entre la reflexión y la erudición. Filosofía, es la búsqueda del saber que se sabe que no se posee, es la quietud en el saber, que en algún grado se posee o se cree que se posee.
La segunda razón del surgimiento de Sócrates es, como ya apuntamos: metafísica. Este filósofo realiza un giro intelectual consistente en cambiar la óptica del estudio filosófico. No se trata solamente de un cambio temático. No basta decir que la cosmología se transforma en ética. Lo que ocurre es algo más radical y sutil. Durante doscientos años, los filósofos filosofaron, denodadamente, con ahínco, acerca de la naturaleza y el hombre. Ahora, gracias a la revolución socrática, la filosofía será una reflexión sobre la naturaleza en el hombre o a través del hombre.
En otras palabras, al descubrir la razón, Sócrates humaniza la filosofía para establecer un nuevo objeto de estudio, a saber, el mundo como algo representado, pensando, conceptualizando, valorado y concebido por el hombre. Estudiar la razón significa conocer los objetos que están en ella al modo de ella, es decir, en forma racional, a la humana. Sócrates, de este modo, va a estudiar conceptos, su vida serán los conceptos. Sócrates, fue el primero que se ocupó en definir y por ello adoptará un método consistente en la exploración y elucidación de los conceptos que las personas tienen sin saberlo. La filosofía será, entonces, estudio del mundo de la abstracción, del universo en cuanto pensado. Es el hombre el que capta el mundo y allí es donde el mundo debe ser estudiado.
No estamos diciendo que la filosofía así entendida sea subjetiva o personal, menos todavía estamos propugnando un idealismo epistemológico, sino que estamos afirmando que sólo se tiene acceso al mundo a través del hombre. Esto es filosofía, y por eso decimos que Sócrates es el primero en hacer verdadera filosofía. Para filosofar, nuestro filósofo no va a la naturaleza, no se dirige al universo, sino que se encamina hacia el hombre y su interioridad para hallar, allí, los conceptos y las ideas a través de los cuales es posible conocer el mundo.
La razón sin experiencia o, dicho de otro modo, la razón libre de elementos obtenidos del mundo experimentado, es vacía, sólo posee categorías vacías a priori, modos de conocer, formas de preparar la realidad para poder aprehenderla. La realidad existe solamente en la vida de alguien. La vida personal es como una especie de escenario en donde el mundo se presenta. Nadie nunca ha podido salirse de su vida para hacer algo. Y al decir vida personal, hablamos de un hombre que vive, de un sujeto viviente que, gracias a su ser como viviente, abre un espacio para el conocimiento del mundo.
Para concluir diremos que: Sócrates es importante, genial, porque descubre una necesidad o requisito ineludible para hacer filosofía, para comprender el universo en su totalidad. Y este requisito es el hombre. Sólo puede hacerse filosofía “a la humana”, a través de la razón, de la vida, o del conocimiento humano. Gracias al original aporte socrático se han relacionado hombre y mundo en una unidad en la cual uno es el medio para el conocimiento del otro.
La filosofía griega, tan joven e inexperta, alcanza de este modo su completación metodológica y su madurez metafísica. Ya podemos hablar de filosofía sin restricciones. Ya podemos entender que esta disciplina cuenta con todo lo necesario para avanzar, como lo ha hecho durante veintisiete siglos, señera y brillante, guiando los espíritus de grandes hombres quienes, como Sócrates, dieron rienda suelta a su curiosidad natural para acercarse al mundo a través del hombre y bucear allí en aguas profundas, sin luz y sin suelo que pisar, sólo afirmados en la grandeza de su intención e iluminados por la estrella de su intelecto.
La importancia de Sócrates ha sido tan inmensa que, después de su muerte, se convirtió en un símbolo de honestidad filosófica y ética, en un samurai del pensamiento, de cuya figura han querido apropiarse desde cristianos y confucionistas, hasta renacentistas, socialistas e ilustrados franceses.
Es Cuanto…
