Alternativas Socioeconómicas. La planificación y las organizaciones sin fines de lucro

 Alternativas Socioeconómicas. La planificación y las organizaciones sin fines de lucro

Alejandro Martínez Castañeda*

 

Las denominadas organizaciones de la sociedad civil, ONG´s o entidades sin fines de lucro, presentan, por lo general, según algunas investigaciones que se han hecho al respecto, problemas organizativos que dificultan su operación cotidiana y ponen en riesgo el logro de los objetivos que se proponen alcanzar.

Lo anterior se debe en buena medida a que muchas de tales organizaciones carecen de un proceso de planificación. Esto es, por variadas circunstancias no han formalizado ni sistematizado una metodología de planificación de las actividades que llevan a cabo, lo cual trae como consecuencia serios problemas organizativos internos.

No basta con tener buenas intenciones, ni una voluntad manifiesta para alcanzar ciertos propósitos, mismos que, en el caso de dichas asociaciones, generalmente están relacionados con el bienestar de grupos sociales marginados o vulnerables. Es imprescindible utilizar instrumentos de planificación para que tales propósitos tengan una base más sólida.

Muchas organizaciones de este tipo no llevan a cabo un proceso de planificación porque consideran que éste implica una pérdida de tiempo, una actividad propia de las empresas mercantiles o del sector público o, sencillamente, porque es una actividad difícil de llevar a la práctica.

Lo cierto es que, según las evidencias disponibles, cualquier organismo, independientemente de su naturaleza y de los objetivos que persiga, requiere de la planificación como una herramienta indispensable para que su trabajo resulte más eficiente.

La planificación es un proceso continuo y sistemático de evaluar la realidad organizacional y la naturaleza de las actividades, definiendo objetivos a corto y largo plazo, identificando metas y objetivos medibles, desarrollando estrategias para alcanzar los objetivos y asignando recursos para implantar las estrategias. A través de la planificación, la organización determina la dirección hacia dónde se moverá y examina diversos cursos de acción.

Cualquier proceso de planificación tiene un carácter instrumental, esto es, la planificación debe de concebirse como un medio (un conjunto articulado de técnicas, instrumentos y herramientas específicas) para la consecución de un fin, objetivo o propósito,cualquiera que éste sea. Ello obliga a clarificar desde el inicio cuál es el propósito que se pretende lograr.

Asimismo, la planificación debe responder a la idea de sistema, estableciendo relaciones de interdependencia entre los distintos instrumentos, áreas de trabajo de la organización, resultados y objetivos, y contribuyendo a la coherencia de todo el conjunto.

Es, en efecto, un proceso orientado a facilitar la toma de decisiones. En ese sentido, cabe afirmar que la planificación no debe quedarse en un mero ejercicio analítico, intelectual o de diagnóstico de la realidad, sino que debe tener un carácter eminentemente práctico, orientado a la acción y, en última instancia, a la transformación de la realidad en un futuro más o menos inmediato.

Dicho proceso responde al intento de reducir la incertidumbre, tratando de hacer un ejercicio de prospectiva para anticipar los cambios en el que las organizaciones operan y adaptar permanentemente los planes de acción a esos cambios. Cualquier proceso de planificación no debe, sin embargo, caer en lo que se ha llamado la “ilusión de la certeza”. En un mundo en permanente transformación, todas nuestras acciones están invariablemente sujetas a ciertas dosis de imprevisibilidad e incertidumbre. Mediante la planificación tratamos de reducir o acotar la incertidumbre, pero en ningún modo la podemos eliminar por completo.

Por esta razón, el proceso no finaliza con el diseño de un plan concreto, sino que es un proceso dinámico y, por tanto, debe estar sujeto a un continuo reajuste y revisión de lo planificado para adaptarlo constantemente a las circunstancias, así como de evaluación de resultados, con el fin de extraer lecciones de la experiencia (de lo que ha salido bien y de lo que ha salido mal) y generar procesos de aprendizaje en la organización que planifica.

Frente a las concepciones más clásicas, en las que los procesos de planificación tienden a ser por una parte centralizados, jerárquicos y verticales y, por otra, un asunto reservado exclusivamente a “personas expertas” en la materia, las modernas concepciones de la planificación, aún reconociendo la necesidad insoslayable de que ésta sea impulsada y apoyada desde los niveles directivos, destacan la importancia de la participación e implicación de los distintos miembros y niveles de la organización como un requisito esencial para que la implantación de los cambios sea posible y resulte exitosa.

Por último, aunque en el ámbito de la planificación y la gestión se dispone de un conjunto contrastado de técnicas, herramientas e instrumentos de apoyo (de diagnóstico, de priorización, etc.) y un itinerario más o menos estandarizado de los pasos a dar en un proceso de esta naturaleza, la planificación y la gestión no deben concebirse como un conjunto de soluciones universales para todo tipo de situaciones. No a todo el mundo le sienta bien un traje de la misma talla, hechura, color, etc. Al igual que cada persona necesita que la ropa se adapte a sus características físicas y a su personalidad, la planificación y la gestión deben ser “procesos a medida” de las características específicas e idiosincrasia de cada organización.

*Consultor de Empresas Sociales

alex_marcas@yahoo.com.mx

Isauro Gutierrez