Un mundo sin rumbo

 Un mundo sin rumbo

José Miguel Medina Olvera

 

 

Uno de los análisis más interesantes que hace Ignacio Ramonet en su libro “Un mundo sin rumbo” es sobre las mutaciones que se están produciendo en el poder sin darle la debida importancia. Estamos ante un cambio sin precedentes, es decir, el poder del estado se desplaza hacia las organizaciones empresariales, haciendo que, por primera vez en la historia, las empresas tengan mas peso que las autoridades elegidas por el voto ciudadano.

En los últimos tiempos el poder de los estados se está socavando, sin revoluciones ni levantamientos armados, a favor de las empresas capitalistas; éstas que en algunos casos, al principio necesitaron el apoyo del estado para establecerse, ahora tratan de doblegar su soberanía y disminuir sus competencias, haciendo que hasta en campos tan específicos del estado como el de la seguridad, proliferen ahora las policías y los mercenarios privados; proceso este que, si bien se apoya en la ideología liberal del “Estado Mínimo” atenta contra los postulados de la ideología liberal, al dejar a los individuos indefensos ante las organizaciones empresariales; estas localizan hoy poderes que están por encima de las naciones y gobiernan sin necesidad de someterse al sufragio.

La tierra, dice Ramonet, como en el siglo XV, está ahora disponible para una nueva era de conquistas. En la época del Renacimiento, los estados eran los principales actores de la expansión colonizadora; hoy son las empresas. Para esto hubo que esperar la “Revolución del Transporte” y después la “Revolución de las Telecomunicaciones”; los mercados se extendieron por encima de los estados gracias al avance de las telecomunicaciones y la informática para lograr la globalización de los mercados, e incluso convertir la información misma en una mercancía que escapa al control de los estados.

La globalización de los mercados y de la información ha dado origen a un “Nuevo Totalitarismo” que convierte el antiguo vehículo de libertad que fue la información, en instrumento de tiranía por la contaminación informativa y la redundancia de mensajes, que se traducen en opresión para los ciudadanos que empiezan a dudar de la veracidad de las informaciones divulgadas por los medios.

“El estado ha dejado de ser totalitario, pero la economía tiende más a serlo”; las empresas transnacionales no sólo gozan de libertad y escapan al control, sino que llegan a subordinar a los propios políticos. En aras de la globalización de los mercados y de los equilibrios económicos, se están generando desequilibrios sociales y ecológicos sin precedentes.

Atrás de la imagen de una modernidad posindustrial, se oculta una política contraria a las conquistas sociales y democráticas; se ve una concentración excesiva de la riqueza y un aumento de la polarización social como nunca antes; las principales doscientas empresas controlan un cuarto de la actividad económica mundial, utilizando solamente el 0.75 por ciento de la mano de obra; a escala planetaria, existen solamente 400 millonarios, 500 millones de personas tienen una existencia mas o menos cómoda, pero la gran mayoría, los cinco mil millones y medio restantes pueden considerarse entre la pobreza y la pobreza extrema.

Por otra parte, en la desregulación de los mercados, las actividades especulativas y financieras cobran una importancia inusual escapando al control de los estados, por ejemplo: el volumen de las reservas de divisas en poder de las administraciones en el mundo, apenas corresponde al que se intercambia diariamente en el mercado de divisas; las transacciones financieras, muchísimo mas importantes que las derivadas del comercio de mercancías, son la clave de los equilibrios económicos que reparten la capacidad de compra sobre el mundo, pero también ocasionan riesgos y bancarrotas arrastrando a países enteros, como ocurrió en 1994 con el “Efecto Tequila” en México.

Esta situación favorece el “ascenso de lo irracional”, la evaluación fiscal, el despertar de enfrentamientos “tribales” futuras rebeliones y confilctos, a la vez que se lanzan “Al Asalto del Planeta”, ocasionando el deterioro del medio ambiente y de las condiciones de vida.

Lewis Mumford denominó a esta fase, “tiranápolis”, la cual se caracteriza entre otras cosas por: “La extensión del parasitismo en el campo económico y social, la conversión de la política en una competencia entre grupos para explotar el tesoro municipal y del estado, el desarrollo de procedimientos de rapiña como sustitutos del comercio ordinario, la intensificación de los ciclos de depresión comercial como consecuencia de exceso de auge en negocios especulativos, los fracasos políticos y económicos de los gobernantes para mantener la rectitud administrativa, los deportes cada vez más violentos para las masas y el dominio de gentes respetables que se conducen como criminales y de criminales que, pese a sus actividades conservan la apariencia de respetabilidad”.

Ignacio Ramonet, confía en que, tras los años de “euforia financiera de descaro y engaño, los ciudadanos vuelvan a sentir el deseo de retorno hacia actividades virtuosas: la honestidad, el trabajo bien hecho y acciones orientadas a proteger la naturaleza y a salvar al hombre”. Para ello se necesita conquistar nuevos derechos para la especie humana y para la naturaleza, así como repensar una Organización de Naciones Unidas más pendiente del sufrimiento humano y menos pendiente de Estados Unidos.

 

Bibliografía:

 

Pensamiento critico contra pensamiento único. Colección dirigida por José Manuel Sánchez Ron. Editorial Debate, S.A.

Isauro Gutierrez