México Bicentenario

 México Bicentenario

Teodoro Barajas

 

La tradición mexicana se finca en el fatalismo del quinto sol y termina en los disensos de una clase política que extravía el rumbo y privilegia la contradicción. Humberto Roque Villanueva nos invita a reflexionar mediante una navegación en nuestra historia en la que acudimos al pasado histórico que troqueló al México de hoy y nos damos cuenta de nuestra voluminosa memoria que habla de las edades de nuestra nación.

Digo que en el origen los signos del fatalismo plasmaron la fusión de afanes, los aztecas sucumben ante los invasores que habían quedado maravillados de haber llegado a la región mas transparente. La estirpe mexica observó una fría verdad, inapelable, parida por las profecías, la historia dio un vuelco y con letras escarlatas se escribió el presente que ahora es pretérito. Tal fue nuestro génesis.

Grandes cataclismos han transcurrido en nuestro país, movimientos de reivindicación, luchas por la libertad, condición humana que se inscribe en el largo obituario de los panteones patrios.

La amalgama de razas y culturas, como lo apunta Roque Villanueva, es fundamental para ubicar elementos estratégicos en la formación de la nacionalidad mexicana. José vasconcelos habla de la Raza Cósmica, la unión de unos y otros hizo germinar nuevos elementos que dibujaron nuestra identidad, la cual ahora es amenazada por una brutal globalización que se ha significado por promover y auspiciar la desigualdad. No creo en los discursos maniqueos que fuerzan el surgimiento de los buenos y malos porque finalmente lo que se impone, diría el maestro Jorge Luís Borges en la historia universal de la infamia, es la naturaleza humana.

Roque Villanueva nos invita a dejar falsas disyuntivas, aunque un problema de ayer y hoy sigue siendo la desigualdad.

En el capitulo II, Roque Villanueva establece las diferencias, o una parte de ellas, entre la presencia hispana e inglesa. Destacan las concepciones religiosas, ya que por una parte tiene hegemonía la iglesia católica y en la otra las iglesias reformistas o protestantes. El autor nos remite a un estudio sociológico que realizara en su momento Max Weber: la ética protestante y el espíritu del capitalismo. Mientras que para la iglesia católica sus fundamentos se sustentan en las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, para la confesión calvinista todo se reduce a la prosperidad. En México se levantan cientos de templos, en el país ubicado al norte se construyeron universidades. Aunque al final esas, como bien lo apunta Roque Villanueva son verdades a la mitad y por lo tanto discutibles y no dogmáticas.

En la conformación de México como país tuvieron una honda influencia las creencias religiosas, la iglesia católica fue un factor unitivo, por ello en vísperas de conmemorar el bicentenario del inicio de la lucha por la independencia en el imaginario colectivo brota el estandarte guadalupano que arengó Miguel Hidalgo, cura de Dolores. El ideólogo de la lucha insurgente quien plasma en forma magistral los sentimientos de la nación, el más grande hijo de Morelia, también fue cura de pueblo. Aun cuando los jacobinos ejerzan una amnesia selectiva.

El autor de México Bicentenario nos invita a hurgar en la memoria histórica para situarnos en la utopía llevada a praxis por Vasco de Quiroga, quien se significó en una fuente histórica de la seguridad social.

La espada y la cruz, binario que expresa los dramas y aspiraciones de algunos, culpas y absoluciones vertidas en hechos consumados.

Posteriormente se tejen las primeras conspiraciones, los precursores del movimiento insurgente, en el capitulo que versa sobre los antecedentes ideológicos y morales de 1808, el autor nos remite a lo expresado por el licenciado Primo de Verdad, quien postula: “la autoridad le viene al rey, de dios, pero no de modo mediato sino a través del pueblo”.

Así comenzaron a tejer la emancipación de lo que fue la Nueva España y ahora México, al iniciar la madrugada del 16 de septiembre de 1810 se rompen los esquemas y amanece la lucha que se extiende por los cuatro puntos cardinales, lo cual se significa como una gran semilla que arroja los frutos fundacionales del estado mexicano.

Miguel Hidalgo fue el carisma que convocó masas, impulso que sirvió como un arco que dispara la flecha y pega en el blanco. El Generalísimo José Maria Morelos fue el alma ideológica del movimiento de independencia, articulador de leyes y motivos, fuente del derecho constitucional de México, el Siervo de la Nación que obsequia a la posteridad los sentimientos que interpretó de un pueblo en busca de libertad y prerrogativas, el sueño del deber ser.

En Morelos se consagra el estratega militar, el ideólogo y como el ser que “vislumbró una patria de leyes y de igualdad”, como bien lo asegura Roque Villanueva. Hidalgo y Morelos, la flama y el fuste.

Son muchos los hechos y la lista de efemérides es voluminosa, sin ese caudal histórico no podríamos explicar lo que ahora somos. En tiempos antiguos se luchó contra la injusticia, esa confrontación es vigente porque las venas de México están abiertas ante la grave desigualdad que no se cura con recetas demagógicas o simulaciones que hagan destellar juegos de palabras rubricadas con la justicia social como enunciado.

Aunque muchos no quieran, tenemos una memoria histórica aderezada con sacrificios, con elocuentes gestos heroicos, martirios y desengaños, el principal problema del mexicano, bien lo dijo José Emilio Pacheco es la Asunción de la Responsabilidad y esto significa que debemos construir ciudadanía porque la lista de pendientes se prolonga cada vez mas.

La distribución del ingreso y el incremento de la pobreza son un par de jinetes apocalípticos motivados por la insuficiencia de administraciones ceñidas a un dogmatismo que no admite razones, porque se estampan contra la sinrazón derivada de la insensibilidad.

Humberto Roque Villanueva nos obsequia sus reflexiones en México Bicentenario, texto que nos refresca la memoria, el origen de lo que somos y robustece la percepción de nuestra identidad y pertenencia.

 

 

 

 

 

Isauro Gutierrez