M I E D O


“Y llamó Jehová Dios al hombre, y le preguntó: -¿Dónde estás? Y él respondió: -Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; por eso me escondí. (Gn, 3,9-10)
“No es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo”. Nelson Mandela
¡Malhaya¡ ¿Quién dijo miedo si para morir nací? T. Ponce Reyes, canción popular
Sólo una crisis, actual o recibida, produce un cambio real. Milton Friedman
Jorge Rocha Trujillo
El miedo es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente o futuro. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano. Como todas las emociones admite graduación, así tenemos algunos términos asociados como: riesgo, peligro, temor, recelo, aprensión, pánico, canguelo, espanto, pavor, terror, horror, fobia, susto, alarma, peligro o pánico. Según el diccionario de la Real Academia Española el miedo es la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. La palabra miedo procede del latín metus, que significa: miedo, temor.
Riesgo, contingencia o posibilidad de que suceda un daño, desgracia o contratiempo; peligro, riesgo o contingencia inminente de que suceda algún mal, son palabras relacionadas con el miedo. Temor es el miedo a algo que se piensa que ya ha sucedido, y aprensión es la aversión a tocar algo. Canguelo, miedo breve, procede del caló y significa originariamente apestar, y se relaciona con el aflojamiento de esfínteres que produce el miedo. La gradación del miedo en la lengua castellana, comienza con el miedo intensísimo; el terror es el sentimiento de miedo en su escala máxima. El pánico es el miedo sin fundamento, colectivo y descontrolado, deriva del nombre del dios Pan, y se refiere al miedo a los ruidos perturbadores de la naturaleza. Existe también un miedo breve y súbito, procedente de una causa pequeña, el susto (procedente del portugués), y también la alarma,que significa, etimológicamente, “a las armas”.
El miedo es una emoción con la que nacemos, pero que se puede ir modulando a través de la educación, el entorno, la cultura, siendo menos ignorantes, etc. En la mitología griega, Deimos era la personificación del terror. Era hijo de Ares, el dios de la guerra y de Afrodita, diosa del amor. Como vemos, el miedo procede de la unión del amor y la guerra. Esto quiere decir, que en la medida en que quiero o amo algo, para no perderlo, ofreceré pelea de ser necesario.
Desde el punto de vista biológico, el miedo es un esquema adaptativo, y constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para el individuo y para su especie. Desde el punto de vista neurológico es una forma común de organización del cerebroprimario de los seres vivos, y esencialmente consiste en la activación de la amígdala, situada en el lóbulo temporal. Desde el punto de vista psicológico, es un estado afectivo, emocional, necesario para la correcta adaptación del organismo al medio, que provoca angustia en la persona.
Desde el punto de vista social y cultural, el miedo puede formar parte del carácter de la persona o de la organización social. Se puede por tanto aprender a temer a objetos o contextos, y también se puede aprender a no temerlos, se relaciona de manera compleja con otros sentimientos: miedo al miedo, miedo al amor, miedo a la muerte, miedo al ridículo, miedo al triunfo, miedo a ser perfectos, miedo a hacer las cosas bien.
El miedo, como un sentimiento colectivo e individual, varía con las épocas y los contextos históricos. Desde los inicios de la sociedad humana, el miedo a los fenómenos naturales desconocidos, a los animales superiores en fuerza, llevaron al ser humano a crear la figura del dios desconocido que lo protegiera. Los temores relacionados con la muerte inminente estaban estrechamente vinculados a los miedos acerca de cualquier tipo de vida después de la muerte eventual, así como relacionados con la inquietud sobre el diagnóstico correcto del deceso.
En la actualidad el principal transmisor del miedo, son los medios de comunicación de masas, pero en todo caso se precisa de la credulidad de la sociedad para que el pánico estalle. Tomando en cuenta el bajo nivel académico del promedio del mexicano, los lastres de la conquista, invasiones extranjeras y los apátridas que todavía sueñan con la posibilidad de un imperio, tendremos una mezcla de manipulabilidad extraordinaria. Sino, recordemos el bombardeo publicitario en el cuestionado proceso electoral de 2006, de quienes creyeron perder su casa, sin tener casa. Otro caso es el pánico colectivo desatado por la retransmisión de la guerra de los mundos por Orson Welles en 1938, cuando una ficción radiada sobre un ataque alienígena a la tierra desató la alarma entre los estadounidenses.
El miedo es un arma de dominación política y de control social. Son diversos los autores que denuncian el uso político del miedo como forma de control de la población, haciéndose hincapié en la creación de falsos escenarios de inseguridad ciudadana. Lo manifiesta Naomy Clain en La Doctrina del Shock. A lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos sociales y culturales fundamentados en el miedo a algo: metus mortis, miedo a la muerte; metus hostium, miedo a los enemigos; miedo al cambio de milenio; miedo al fin del mundo, etc. El miedo es también un arma de guerra, empleada con asiduidad en la guerra moderna gracias al desarrollo dearmas de destrucción masiva.
Las religiones monoteístas evidencian un tipo de miedo religioso, el temor de Dios y cada una, desde el judaísmo hasta el islam, han desarrollado su particular teología al respecto. Es de destacar que ciertas religiones recurren a adoctrinar en el periodo de aprendizaje infantil con amenazas de sufrimiento infinito y eterno si no se cree en sus postulados y si no se cumplen sus normas. El infierno de las llamas eternas para quién se porte mal, para quien vaya en contra de sus dogmas. Estaría bien que los curitas nos muestren una contabilidad de las almas que “han salvado” en aproximadamente dos mil años para ver que tan efectivos son. Digo, no está por demás aplicar con ellos las técnicas modernas de administración de organizaciones y conocer su eficacia al respecto. Niños que han pasado por esas manos divinas, sigan callados no sea que les apliquen la excomunión y, ¡caramba! qué miedo estar excomulgados.
Carísimo lector, no siempre es malo el miedo. Todos sentimos miedo en nuestra vida. Gracias a él hemos llegado a sobrevivir como especie. De no ser así habríamos muerto bajo las patas de un mamut hace miles de años o en cualquier pleito de cantina; más moderno, en un incidente vial. Éste es el miedo que llamamos equilibrante, porque está asociado a la prudencia, nos permite reconocer aquellas situaciones que pondrían en peligro nuestra propia integridad y la de los que nos rodean. Es el miedo a decir todo lo que pensamos del gobernante en turno, por escrito o en su cara; evita que digamos a un superior lo que realmente pensamos de él, en la actualidad todavía existe más de un 50% de empresas que gestionan basándose en el miedo. Cuando el miedo equilibrante se alarga en el tiempo, cuando no logramos dejar a un lado nuestros miedos, entonces se convierte en un miedo tóxico, que puede dañar nuestra salud y bienestar.
Cuando nos encontramos ante una situación de miedo, nuestro cuerpo sufre una serie de cambios: el corazón palpita con más velocidad para enviar sangre a las extremidades y al cerebro, las pupilas se dilatan, y se producen tres hormonas: la adrenalina, la noradrenalina y los corticoides, también llamados hormonas del miedo. Los corticoides impiden que se produzca la conexión entre nuestras neuronas, la sinapsis, que como sabemos es la base de la creatividad.
Por tanto, es biológicamente imposible que una persona sea capaz de desarrollar todo su potencial cuando vive en una situación constante de miedo. Se paraliza. El miedo al rechazo, miedo al fracaso, miedo a la pérdida de poder, miedo a no poder pagar las deudas y miedo al cambio. El miedo al cambio es el padre de los demás miedos porque detrás de él se desarrolla cualquiera de los otros cuatro. Una fusión, una reestructuración, etc, suponen que sintamos miedo a no ser acogidos por el grupo, a fracasar en los objetivos marcados, a perder nuestro puesto en la jerarquía o a perder el trabajo.
Existen varios pasos para conseguir que el miedo no nos paralice:
1. Aceptar que tenemos miedo. Sabemos que todos lo padecemos y no es un síntoma de debilidad reconocerlo. Hay que transformarlo en energía positiva.
2. Identificar cuál es nuestro miedo. A veces no es fácil reconocerlo. En ese caso lo mejor es centrarnos en la otra cara de la moneda: ¿cuál es nuestra motivación?: ¿Estar integrados a un grupo? ¿Ganar mucho dinero? ¿Alcanzar determinados objetivos? ¿Conservar los bienes materiales? En función de lo que nos motive, tendremos miedo a perderlo. Si nos encanta formar parte de un grupo homogéneo de personas, probablemente nuestro mayor miedo será al rechazo.Donde el desempleo aflora, el miedo a perder el trabajo mata las virtudes del amigo más leal.
3. Mirar al miedo a la cara y hacer lo correcto. Nuestro peor enemigo siempre es nuestra propia cabeza. Nosotros somos capaces de imaginar cosas mucho peores que la realidad. Por eso son tan peligrosos los miedos ambiguos. Cuando el gobierno federal (o lo que sea) nos dice: “Epidemia de influenza porcina, te puedes morir“, probablemente pensemos en unas consecuencias mucho más dramáticas que las que luego realmente sucederán, sobre todo cuando el manejo razonable del riesgo sanitario carece de toda lógica y razón.
En definitiva, para superar los miedos lo mejor es centrarnos en nuestra motivación trascendente, aquella que nos empuja a seguir adelante aceptando los riesgos.
Dejemos de vivir siempre asustados, bajo una ineludible sombra de temores físicos, morales y emocionales. Sobreponernos a ese miedo que nos acompaña desde la infancia y determina toda nuestra existencia. Miedos de distintos grados y formas que tienen que ver con lo social, lo económico, lo afectivo. Miedo al terrorismo, a la delincuencia; miedos relacionados con la sanidad, la soledad, la pobreza, la alimentación, los traslados. El miedo es algo consustancial a la vida misma, por las promesas de futuro, por los anhelos de eternidad.
Tememos a lo desconocido y nos empeñamos absurdamente en buscar una seguridad absoluta. Aspiración que sólo genera ansiedad e incertidumbre. Y si bien es cierto que un poco de miedo es necesario para sobrevivir, el miedo esclaviza, nos hace renunciar a la libertad, por eso es una forma de control. Todo poder político lo sabe bien, provoca nuestros temores y explota que nos sintamos amenazados.
Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales, los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda; primero yo, luego yo y después yo; el prójimo es siempre un peligro que acecha. Ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la influenza porcina, perdón humana.
Dos cosas más. La primera, que el miedo sólo se combate desde dentro, aunque solemos combatirlo desde fuera; y, la segunda, la certeza de que a lo que más miedo le tengo, es al miedo de vivir con miedo.
Mis amigos, se fue la fiebre, pero quedaron los cerdos, junto a una deuda pública duplicada, un país en recesión, con todos los indicadores económicos adversos. Y por si hiciera falta, un decreto que permite a “médicos” sacarte de tu domicilio a deshoras, sólo porque eres “sospechoso” de influenza humana.
Referencias:
Diccionario de los Sentimientos. López Penas, Marisa.
Doctrina del Shock. Naomy clain
http://jordiboldo.blogspot.com/2009/04/el-miedo.html
http://www.jornada.unam.mx/2009/05/09/index.php?section=sociedad&article=040n1soc