Las crisis de México

 Las crisis de México

Leopoldo González

Hay un país que asoma el vivo rostro de la incertidumbre a días, semanas y meses que nunca imaginó que llegaría a vivir. Ese país es México.

El desasosiego por la aventura incierta que hoy vive el país, comenzó antes de la campaña presidencial de 2018, y a él contribuyeron varios factores: los tres gobiernos anteriores al actual, una sociedad que no acaba de conquistar aún su plena madurez democrática, un hartazgo social al que fácilmente doblan las “prácticas clientelares” y la prédica bobalicona y sacristanesca de un vago de la política nacional.

Pese a incontables advertencias y voces de alerta anunciando el peligro, que muy pocos atendieron, la mayoría seducida por la voz chillona de la plaza y el anuncio de que el presupuesto “sería, por fin, para los pobres” venció el reto de la racionalidad al que está permanentemente sometida cualquier democracia.

Hoy, sin embargo, dos años después del veredicto electoral, cuando López Obrador emprende el viaje para visitar en Washington a su “alma gemela” (“el peje gringo”), con laconsecuencia previsible de empinar aún más a México, los resultados de su gestión no lo avalan, cae su popularidad y el respaldo a su partido, el 63 por ciento de los mexicanos no le cree y reprueba su forma de hacer frente a la pandemia y, por si fuera poco, deja un país hecho trizas por la inseguridad y cuyos niveles de descomposición comienzan a ser alarmantes.

Al margen de que no ha explicado el origen de las empresas y fortuna de sus hijos y, obligadamente, de qué chequera pública vive en Huston su hijo mayor, el México que deja atrás el presidente de la República es el de una pandemia indomable, el de callejones delincuenciales que poco a poco se tornan amplias avenidas de “ampollas” y el de cifras económicas a las que tienen sin cuidado los decretos presidenciales.

Aparte de la crisis creciente del Covid-19, en la que el gobierno ha dado muestras de irresponsabilidad y sobrada ineptitud, México enfrenta otras dos crisis que con el tiempo podrían llegar a ser más letales aún: la de seguridad pública y la económico-financiera.

Quizás una explicación posible de por qué nuestro país ha vivido los peores días, meses y años de violencia delincuencial bajo la actual administración, radica no sólo en las sospechas que pesan sobre los titulares y órganos federales de seguridad, sino en que el combate a los cárteles y bandas del crimen organizado no es eficaz y parejo sino selectivo.

Aunque su desempeño no es el mejor, el titular de la FGR acertó, el pasado 5 de julio, cuando afirmó: “Va el narco por el control político y territorial del país”. Su declaración, además de que equivale a una confesión de parte, ilustra la realidad que el gobierno a que sirve no quiere o es incapaz de ver: alrededor de 100 asesinatos en seis días en Guanajuato y 269 en todo el país el pasado fin de semana.

A la luz de estas y otras realidades, sólo la necedad presidencial o un pacto inconfesable podrían explicar la permanencia de Durazo Montaño al frente de la estrategia federal de seguridad pública.

En economía y finanzas México es uno de los peor evaluados en el mundo, no sólo porque toma decisiones a contrapelo de toda lógica económica y financiera, sino debido a que sus políticas no parecen tener brújula, ni pies ni cabeza.

La inversión extranjera, que es inversión fija bruta, cayó un 29 por ciento entre abril de 2019 y abril de 2020, de acuerdo con datos recientes de Banxico, lo cual prueba el índice de desconfianza que México ha conquistado frente al mundo en tan sólo un año.

Por otra parte, los cierres de miles de empresas y la pérdida de millones de puestos de trabajo en el país, tienen una explicación sustentada en cifras: mientras el mundo, para contener y revertir los estragos económicos de la pandemia, ha destinado al sector privado empresarial un rango de entre 8.3 y 20.4 por ciento de su presupuesto, el gobierno mexicano le ha dado a su sector privado -para los mismos fines- menos del 2 por ciento.

En otras palabras, un buen gobierno no tendría motivos para empezar a hablar de fraude antes de que siquiera comience el proceso electoral de 2021; un mal gobierno, en cambio, que se sabe artífice de su propia derrota en la gestión gubernamental, sabe o intuye que el responsable directo de su derrota electoral puede ser él mismo.

Hay cosas que pueden parecer complejas, pero no lo son tanto. Hay otras que en la estructura de su sencillez llevan el universo y el enigma de su propia complejidad. Veremos si la oposición simplifica o complica sus opciones.

Pisapapeles

Y no es fake news: Twitter desnudó y “desplumó”, hace unos días, la cuenta de AMLO: 54.1 de sus seguidores son falsos.

leglezquin@yahoo.com  

Isauro Gutierrez