La participación de la Mujer en la Revolución


José García León
Yo soy rielera y tengo mi Juan,
él es mi vida yo soy su querer;
cuándo me dicen que ya se va el tren,
adiós mi rielera ya se va tu Juan
A principios del siglo XX se vivieron diferentes circunstancias que dieron origen a la Revolución Mexicana, misma que ha sido estudiada desde diferentes ópticas. Hoy es mi interés revisar la participación de las mujeres en esta gesta heroica.
En 1910, los mexicanos vivían en una sociedad profundamente desigual; la riqueza se concentraba en una minoría privilegiada formada por extranjeros, banqueros, hacendados, mercaderes, fabricantes, funcionarios; mientras que la mayoría —indígenas, campesinos, obreros y artesanos— percibía salarios miserables.
En las clases altas de México estaban las esposas de los grandes hacendados, madres e hijas de los banqueros, de los mercaderes de almacén, de los fabricantes y de los funcionarios mayores, quienes constituían el grupo privilegiado de la sociedad.
En México, se ha creado un ideal de cómo deben ser, actuar, pensar y sentir el hombre y la mujer según la sociedad; es decir, los roles de género. Se espera que las niñas sean amables, serviciales, débiles, pasivas, sumisas, dependientes emocionales, cariñosas, obedientes, sensibles, atentas y sacrificadas por sus maridos, hijos y hermanos; asimismo, que sus metas se dirijan a convertirse en esposas, madres y amas de casa.
La mujer en la revolución rompió con estas percepciones y de pronto el vendaval de los tiempos la llevó como fiel compañera de su “Juan” a penetrar en ese mundo mítico,indescifrable y poco valorado. Las mujeres identificadas como “Adelitas” en el período de la Revolución Mexicana, eran parte fundamental de ese movimiento social y tenían funciones de enfermeras, despachadoras de trenes, correos, espías, enlaces, prostitutas, abastecedoras de armas, telegrafistas y combatientes.
Popular entre la tropa era Adelita,
la mujer que el sargento idolatraba
que además de ser valiente era bonita,
que hasta el mismo coronel la respetaba
Es indiscutible que la mujer con su participación, en cualquiera de los dos bandos en contienda, fue piedra angular para el sostenimiento del movimiento revolucionario. Así, los desplazamientos de los ejércitos se hacían como movimientos naturales, sin más preocupación que la de conservar la vida, porque los objetivos inicialmente planteados se fueron diluyendo en la medida en que aparecieron jefes y tropas por doquier.
Es preocupante que hoy en día, los herederos del pasado cuestionen la existencia de los grandes íconos femeninos que sostuvieron la revolución. Hay escritores que sostienen que “Juana Gallo” no existió como la figura heroica que narran los corridos, que la “Adelita” no fue esa mujer valiente, sino una sumisa y sin ideales. Entonces ¿qué hace falta para rescatar la figura de la mujer en la revolución? Desde un modesto trabajo, como éste, hasta una investigación y difusión de resultados servirán para aclarar lo que algunos pretenden borrar con el olvido.
La mujer en la revolución mexicana encarna la participación decida de quienes vivieron de cerca las hostilidades, los maltratos, los abusos, y son ellas las que colaboraron para heredar la patria que hoy tenemos. Todas las mujeres fueron Juana Gallo, Valentina, La Rielera, Jesusita,Marieta, todas encarnaron a la Adelita, todas lucharon y ofrecieron su vida o buena parte de ella para ver el triunfo de la revolución.
Adelita fue una legendaria mujer que participó en la revolución mexicana. La Adelita verdaderamente existió. Hay quien sostiene que su nombre real era Altagracia Martínez, perteneciente a la clase alta en la Ciudad de México, simpatizante de la revolución se une a la misma, siendo bautizada con el nombre de “Adelita” por el General Francisco “Pancho Villa” y el General Rodolfo Fierro.
Idealizada en la mayoría de las películas mexicanas ésta, es hoy en día, inspiración de nuestras niñas, que en las escuelas se transforman en Adelitas para recordar el inicio de la gesta revolucionaria de 1910.
¿Cuántas de ellas habrán muerto o quedado lisiadas? Mujeres que pasaron a la historiamostrando la dureza de sus rostros, producto de vivir en medio de la crueldad de la guerra, por estar con el compañero, elegido con libertad.
En lo alto de una abrupta serranía
acampado se encontraba un regimiento
y una moza que valiente lo seguía,
locamente enamorada del sargento.
Ha sido la mujer la base de la insurgencia, ha sido la mujer el eje del movimiento revolucionario, es entonces, el germen fecundo que participó en la lucha del primer cuarto del siglo XX, con la mirada puesta en un México más libre y más justo. ¡Claro: sin desconocer la inercia que arrastró a muchos mexicanos! Así, Mariano Azuela describe en su novela “Los de Abajo”, a la esposa de Demetrio, Camila, y la Pintada, estas dos últimas, como producto genuino de la fuerza arrolladora del movimiento y sus consecuencias. La Pintada es una prostituta urbana arrastrada al medio rural, característico de la revolución; Camila, en cambio, es sentimental y va por el amor a Luís, en tanto que la esposa de Demetrio Macías corresponde a la reflexión y la crítica cuando pregunta: “…Por qué pelean ya, Demetrio…?” Clarificando lo estéril de la revolución y la inconciencia de la misma, al recibir por respuesta después de arrojar una piedra al fondo del cañón “…mira esa piedra cómo ya no se para…” demostrando con estoque a los hombres de la revolución nada les importa saber a donde van y de donde vienen; lo necesario es caminar, caminar siempre, no estacionarse jamás; ser dueños del valle, de las planicies, de la sierra y de todo lo que la vista abarca.
Por último, un hecho dejado de lado por la historia oficial, el que en 1911, en medio del polvo, los ferrocarriles y las balas, poco más de mil mujeres, lideradas por la organizaciónAmigas del Pueblo, que apoyaba a Madero, firmaron un documento dirigido al presidente interino Francisco León de la Barra para pedir el derecho al voto.
La exigencia no se planteó de manera frívola, se sustentó con el argumento de que la Constitución de 1857-vigente en ese momento-, no prohibía explícitamente ese derecho, por lo que les era permitido ejercerlo. Esta lucha continuó hasta la administración del presidente Adolfo Ruiz Cortínez, en los 50’s cuando se logró el reconocimiento como ciudadana y tuvo el voto.
Antes hubo muchos intentos, logros y fracasos: en 1924 en el Estado de San Luis Potosí se aprobó el voto de las mujeres; en las elecciones municipales de 1925, en el Estado de Chiapas se concedió a la mujer de los 18 años de edad en adelante los mismos derechos políticos del hombre. Entre 1923 y 1925 en Yucatán y Tabasco se concede la igualdad jurídica a la mujer para votar y ser votada en puestos de representación popular, esto permitió el inicio de las primeras diputadas locales como Fidelia Brindis, Elvia Carrillo Puerto y Hermila Galindo, en 1924 Rosa Torres se erige como la primera Presidenta Municipal de Mérida
Así pues, concluyo con la aseveración de que fue la mujer una pieza fundamental en la gesta revolucionaria, de la cual estamos por cumplir el centenario y con el presente escrito un homenaje por la valentía, el aporte y el juicio que siempre manifestaron.
Y después que terminó la cruel batalla
y la tropa regresó a su campamento,
por la vez de una mujer que sollozaba
la plegaria se oyó en el campamento.