La oposición que necesitamos

 La oposición que necesitamos

Leopoldo González

Los partidos de oposición al gobierno de la 4T tienen ´casi´ todo a su favor para vencer el obradorismo de Morena en la elección de 2021.

El problema de la oposición para alzarse con el triunfo el próximo año, a nivel país y a escala regional, está en esa pequeña palabra que lo dice todo, pues en el ´casi´ están los inconvenientes, la irrealidad, el estado de shock que no ha superado, la incapacidad para reinventarse, la falta de visión y lucidez para comprender el delicado momento que vive México.

Hoy, no le basta a la oposición con serlo para hacerse seguir por millones de electores desencantados, irritados y encabritados, y triunfar automáticamente en las urnas. Se ocupa que comience a ser -y ayer fue tarde- una oposición astuta, creativa e inteligente.

Ser oposición y capitalizar el discurso de que la mejor alternativa para resolver los problemas del país está fuera del gobierno, no es ya garantía segura de que la sociedad irá corriendo en busca de sus verdaderos salvadores.

Es cierto que Morena encabeza hoy, para quien quiera verlo con los ojos de la razón y con sobrada evidencia, el peor gobierno en la historia de la República. Es un fiasco con el que poca “gente de razón” quiere ya identificarse y al que muchos de sus viejos aliados le sacan la vuelta.

Es cierto también que López Obrador y su partido han acumulado, en muy poco tiempo, un desgaste, una desconfianza y una incredulidad brutales a nivel social (63 por ciento no le cree, según el GCE) pues el deterioro y la descomposición generalizada del país -en casi todos los aspectos- parecen ser el sello de la casa.

El gobierno de la 4T no tiene -de hecho- razón, carece de visión y perspectiva, no sabe cómo gobernar y lleva al país a un desfiladero. Todo esto -se supone- bastaría para que la elección de 2021 estuviese decidida a favor de la oposición. Sin embargo, a cambio de lo que no tiene se dispone a usar lo que sí tiene: el poderoso lubricante del dinero -ya no tan público, ahora “privatizado”- para aceitar a los millones de células y redes clientelares del hambre.

Ante este panorama, que podría servir como acicate para reanimar a su militancia y encabezar a las clases medias, la oposición parece pasmada, o algo peor: desdibujada.

Creer que el cúmulo de torpezas cometidas por AMLO y el Gabinete de Adulación Pública serán suficientes para asegurar un eventual triunfo de la oposición en 2021, es un error monumental que, ya desde hoy, podría conducirla a varias derrotas electorales consecutivas.

La oposición, a veces da la impresión de que confunde el triángulo isósceles con el obtuso, o de que intenta medir una masa de agua en metros cuadrados, sin asumir que entre un destello de genialidad y una jugada ridícula no hay mucha distancia.

Si la política es la ciencia y el arte de lo posible, no debe olvidarse que las tareas en apariencia imposibles son las que rubrican las grandes hazañas, y que grandes hazañas reclama este momento de la historia para que nuestra generación no se consuma en los fuegos del escepticismo, la angustia y la desesperación.

Una oposición pragmática (fría en la toma de decisiones), astuta (maliciosa, sagaz y audaz a la hora de definir sus opciones) e inteligente (reposada, clara y perspicaz en sus formulaciones conceptuales), es lo que necesitan Michoacán y el país para hacer frente al discurso de púas verdaderas del populismo obradorista, y vencerlo.

Una oposición dividida y fragmentada, en la que cada partido trace su propia ruta crítica, no es la mejor alternativa para detener la destrucción de México. Se ocupa un bloque opositor capaz de mezclar con sabiduría y talento tanta tradición como sea necesaria y tanta innovación y reinvención como sea indispensable, porque sólo la frescura y la novedad son susceptibles de infundir esperanza en un pueblo que ha conocido todas las formas de la esclerosis ideológica.

Finalmente, una oposición moralmente presentable y distinguible frente a lo que representa la 4T, que sea no sólo ilustrada y reflexiva sino capaz de conectar -por el lenguaje y los planteamientos- con un electorado que ya probó de todo y busca algo distinto.

En las elecciones de 2021, en las que casi la mitad de la representación política del país estará en juego, los electores pedirán a la oposición de hoy más de lo que ha estado dispuesta a darnos: rostros nuevos, perfiles que convenzan, personajes vinculados al pueblo y una esperanza del tipo de aquella a la que se aferra el desahuciado como última tabla de salvación.

Veremos si un BOA, un experimento aliancista de gran impacto social o un frente amplio son capaces de mirar más allá de sus intereses.

Pisapapeles

Habitualmente, a quien asume el rol de oposición en México se le pide poco, y eso es lo que da: poco. Ese condicionamiento empezó a cambiar en la elección de 2018. Lo que ahora ocupa el país es una oposición poco ordinaria para tiempos extraordinarios.

leglezquin@yahoo.com

Isauro Gutierrez