La Inteligencia Emocional

M.S.P. Dr.Arturo Amando Méndez Portilla
Como sabemos la palabra inteligencia proviene del latin, intelligentĭa, que a su vez tiene su origen del vocablo inteligere, término compuesto de intus “entre” y legere “escoger”. Así analizando su significado etimológico, significa “es quien sabe escoger”.
En otras palabras será la que permite elegir las mejores opciones para resolver una cuestión.
Sin embargo existen varias definiciones de inteligencia según se trate:
1) Las psicológicas, mostrando la inteligencia como la capacidad cognitiva, de aprendizaje y relación.
2) Las biológicas, aquellas que consideran la capacidad de adaptación a nuevas situaciones.
3) Las operativas, etc.
Además, se ha agregado más recientemente el concepto de inteligencia artificial mismo que generó hablar de sistemas, y para que se pueda aplicar el adjetivo inteligente a un sistema, éste deberá poseer varias características, tales como la capacidad de razonar, planear, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas y lenguajes, y aprender.
Estos conceptos denotan el carácter complejo de la inteligencia, la cual sólo puede ser descrita parcialmente mediante enumeración de procesos o atributos que, al ser tan variados, hacen inviable una definición única y delimitada.
Gardner es el responsable de la Teoría de las inteligencias múltiples, y propuso varios tipos de inteligencia, igual de importantes:
- INTELIGENCIA LINGÜÍSTICA: Capacidad de usar las palabras de manera adecuada. Característica de los escritores y poetas. Implica la utilización de ambos hemisferios cerebrales.
- INTELIGENCIA LÓGICA-MATEMÁTICA: capacidad que permite resolver problemas de lógica y matemática. Es fundamental en científicos y filósofos. Al utilizar este tipo de inteligencia se hace uso del hemisferio lógico; era la predominante en la antigua concepción unitaria de “inteligencia”.
- INTELIGENCIA MUSICAL: Capacidad relacionada con las artes musicales. Es el talento de los músicos, cantantes y bailarines. Conocida comúnmente como “buen oído”.
- INTELIGENCIA ESPACIAL: La capacidad en aspectos como: color, línea, forma, figura, espacio, y sus relaciones en tres dimensiones. Esta inteligencia incluye campos tan diversos como el diseño, la arquitectura, la ingeniería, la escultura, la cirugía o la marina.
- INTELIGENCIA CORPORAL-CINESTÉSICA: Capacidad de controlar y coordinar los movimientos del cuerpo y expresar sentimientos con él. Es el talento de los actores, mimos, o bailarines. Implica a deportistas o cirujanos.
- INTELIGENCIA INTRAPERSONAL: Está relacionada con las emociones, y permite entenderse a sí mismo. No está asociada a ninguna actividad concreta.
- INTELIGENCIA INTERPERSONAL O SOCIAL: capacidad para entender a las demás personas con empatía; está relacionada con las emociones. Es típica de los buenos vendedores, políticos, profesores o terapeutas. También es denominada Inteligencia emocional.
A posteriori se añadieron:
- INTELIGENCIA NATURALISTA: la utilizamos al observar y estudiar la naturaleza para organizar y clasificar. Los biólogos y naturalistas son quienes más la desarrollan.
- INTELIGENCIA EXISTENCIAL: la capacidad para situarse a sí mismo con respecto al cosmos.
Pero destaca en esta ocasión el abordaje de la inteligencia emocional a la que se considera como un conjunto específico de aptitudes que se encuentra implícita en las capacidades estudiadas por la inteligencia social.
Las emociones aportan importantes implicaciones en las relaciones sociales, sin dejar de contribuir a otros aspectos de la vida.
Cada sujeto tiene la necesidad de establecer prioridades, de mirar positivamente hacia el futuro y reparar los sentimientos negativos antes de que nos hagan caer en la ansiedad y la depresión.
La inteligencia emocional es consecuentemente, un conjunto de talentos o capacidades organizadas en cuatro dominios:
- Capacidad para percibir las emociones de forma precisa (es decir, capacidad de percepción).
- Capacidad de aplicar las emociones para facilitar el pensamiento y el razonamiento.
- Capacidad para comprender las propias emociones y las de los demás (empatía).
- Capacidad para controlar las propias emociones.
Estas habilidades como todas, pueden ser aprendidas con el tiempo y la práctica.
Las últimas investigaciones comprueban la inseparabilidad esencial de la emoción y el razonamiento: sin sentimientos, las decisiones que tomamos pueden no ser las que más nos convienen, aunque hayan sido tomadas con aparente lógica.
Cualquier noción que establezcamos separando el pensamiento y los sentimientos no es necesariamente más adaptativa y puede, en algunos casos, conducir a consecuencias desastrosas.
La inteligencia emocional, según D. Goleman “Es la capacidad para reconocer sentimientos en si mismo y en otros, siendo hábil para manejarlos al trabajar con otros”.
Principios de la Inteligencia Emocional:
- Recepción: Cualquier cosa que incorporemos por cualquiera de nuestros sentidos.
- Retención: Corresponde a la memoria, que incluye la retentiva (o capacidad de almacenar información) y el recuerdo, la capacidad de acceder a esa información almacenada.
- Análisis: Función que incluye el reconocimiento de pautas y el procesamiento de la información.
- Emisión: Cualquier forma de comunicación o acto creativo, incluso del pensamiento.
- Control: Función requerida a la totalidad de las funciones mentales y físicas.
Estos cinco principios se refuerzan entre sí.
Por ejemplo, es más fácil recibir datos si uno esta interesado y motivado, y si el proceso de recepción es compatible con las funciones cerebrales.
Tras haber recibido la información de manera eficiente, es más fácil retenerla y analizarla.
A la inversa, una retención y un análisis eficientes incrementarán nuestra capacidad de recibir información.
De modo similar, el análisis que abarca una disposición compleja de las tareas de procuramiento de información, exige una capacidad para retener (recordar y asociar) aquello que se ha recibido.
Es obvio que la calidad de análisis se verá afectada por nuestra capacidad para recibir y retener la información.
Estas tres funciones convergen en la cuarta, es decir, la emisión o expresión ya sea mediante el mapa mental, el discurso, el gesto u otros recursos, de aquella que se ha recibido, retenido y analizado.
La quinta categoría, la del control, se refiere a la actividad general del cerebro por la cual éste se constituye en “desertor” de todas nuestras funciones mentales y físicas, incluyendo la salud general, actitud y las condiciones ambientales.
Esta categoría es de particular importancia porque una mente y un cuerpo sanos son esenciales para que los otros cuatro funcionen – recibir, retener , analizar y emitir puedan operar en la plenitud de su potencial.