La filantropía como principio

 La filantropía como principio

Eduardo Murillo Gil

De su raíz, la filantropía f. los diccionarios la interpretan como la persona que la posee y tiene amor al género humano, entendiendo a todo aquel ser humano que siente amar a sus semejantes por los cuales lucha, se entrega con valor a las labores más arduas, laboriosas, responsables, llegando al sacrificio en aras del ideal tantas veces anhelado.

Este espíritu filantrópico se manifiesta en las almas generosas que todo lo dan, que todo lo entregan, sin reserva alguna, sin distingos de credo, raza, prestigio, fama, poder o dinero, contribuyendo siempre a la búsqueda de un  mundo menos hostil, más generoso, siempre mejor. Hechos que se consuman por una libre voluntad ajena siempre a todo interés mezquino y, sobre todo, a las absurdeces moralistas de grupos sociales que pululan enalteciendo su imagen.

Al respecto, se comenta “que tu mano derecha no se entere de lo que hace tu mano izquierda. He ahí la verdadera realidad de la caridad filantrópica practicante, la cual se distingue por amar entrañablemente a la familia, a la comunidad o su entorno, a la patria chica donde se nació, a la nación entera y a la humanidad considerada como un todo.

Y sin distingo alguno, la filantropía se lleva del corazón a los hechos, sin esperar o recibir alabo, halago, lisonja, puesto que esto ya sería recompensa alguna. Así, la filantropía se manifiesta en sus diferentes formas altruistas y, sin confusión alguna, pues no tiene parangón a regla alguna, de lo contrario, sería solamente una simple presunción.

La filantropía como obra humana es toda una creación de valores; no es un deber de serporque esto nace espontáneamente, como el amor mismo de aquel que preside sobre todos nosotros. Hechos y cosas que postulan la realización de ayuda necesaria, precisando a dónde se le necesite, exaltando en las formas los postulados de igualdad, de justicia y amor en la búsqueda siempre del bien común del genero y toda su creación, de la cual el hombre forma parte integral, sin importar los costos que ha ello conlleve.

La obra grandiosa, como lo es la filantropía, contraria a todas las tendencias que dominan todo tipo de inclinaciones, la obra grandiosa de la mortificación interior y exterior que realizan en el hombre este tipo de virtudes, obra que desconcierta y aterroriza a los mundanos, porque no conocen el secreto del amor desinteresado. No cabe, sin embargo, comparación entre el amor humano y lo que exige el divino amor; tampoco cabe comparación entre estos dos amores.

La filantropía para realizarse, conlleva siempre el amor divino, manifestado a través del amor humano, el cual encierra todos los matices y excluye toda envidia, todo celo, contrario y perverso que pueda limitarle su entereza, para convertirse en alimento viviente para todo ser humano. Es toda una comunión de seres humanos; donde el más perfecto altruismo se convierte por su justeza y sus desinteresados matices, en la filantropía perfecta.

Cabe mencionar también la implicación que tiene la amistad que, como tal, es universal y también conlleva referencialmente la amistad a la práctica del amor. El amor y la amistad, son fecundos por sus contenidos filantrópicos, los cuales al transmutar elevan a todo ser cambiando los pensamientos por sentimientos tendenciales a la filantropía más pura y casta.

Al igual que la dulzura, tanto o más se necesita su aplicación, la cual no es una debilidad, más bien es un aspecto de la fuerza. En este caso como en otros, es aplicable necesariamente la hermenéutica como regla que permite interpretar científicamente ciertos aspectos como lo es el presente concepto filantropía, y así la debilidad y la fuerza, permiten sacar bellas conclusiones.

Y puesto que los débiles obran con estrépito y violencia, los fuertes, con maravillosa suavidad, así es tan fuerte, como suave es el amor filantrópico, infinitamente fuerte y prodigiosamente suave es su acción, llenando de alegría suavemente su obra, sin que haya inconsistencias, ni desalientos y, si los llega a haber, prontamente se convierten en alegrías providenciales, pues han logrado el secreto de la suavidad y del amor.

La confianza y la humildad, de la mano van, perfeccionan el corazón, haciendo posible el olvido de nuestras miserias, convirtiéndose por sus obras y, sobre todo por sus hechos, en actos de verdadera filantropía.

Isauro Gutierrez