Existencialismo

Pablo Manuel Ramos Vallejo
“ Ninguna nación vive sin algún género de filosofía,
y el carácter de dicha filosofía,
determina su civilización o su ruina “
Decorme
El existencialismo es un movimiento filosófico cuyo postulado fundamental estriba en que son los seres humanos en forma individual, los que crean el significado y la esencia de sus vidas.
La corriente de manera general, destaca el hecho de la libertad y la temporalidad del hombre, de su existencia en el mundo, más que de su aparente esencia profunda. Emergió como movimiento en el siglo XX, en el marco de la literatura y la filosofía; heredando algunos de los argumentos de filósofos anteriores como Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche y Unamuno.
El existencialismo generalmente defiende la no existencia de un poder trascendental que lo determine; esto implica que el individuo es libre y, por ende, totalmente responsable de sus actos. Esto incita en el ser humano, la creación de una ética de la responsabilidad individual, apartada de cualquier sistema de creencias externo a él. La relación hombre-mundo es pues, el único tema de toda filosofía existencialista.
El existencialismo nace como una reacción frente a las tradiciones filosóficas imperantes, tales como el racionalismo o el empirismo, que buscan descubrir un orden legítimo de principios metafísicos, dentro de la estructura del mundo observable, en donde se pueda obtener el significado universal de las cosas.
Walter Kaufmann describió al existencialismo como: “el rechazo a pertenecer a cualquier escuela de pensamiento, el repudiar la adecuación a cualquier cuerpo de creencias, y especialmente de sistemas, y una marcada insatisfacción hacia la filosofía tradicional, que se marca de superficial, académica y alejada de la vida”.
Al existencialismo se le ha atribuido un carácter vivencial, ligado a los dilemas, estragos, contradicciones y estupidez humana. Esta corriente filosófica, discute y propone soluciones a los problemas más propiamente inherentes a la condición humana, como el absurdo de vivir, la significancia e insignificancia del ser, el dilema de la guerra, el eterno tema del tiempo, la libertad ya sea física o metafísica, la relación Dios-hombre, el ateísmo, la naturaleza del hombre, la vida y la muerte. El existencialismo busca revelar lo que rodea al hombre, para que éste obtenga una comprensión propia y pueda dar sentido o encontrar una justificación a su existencia.
El filósofo francés Jean-Paul Sartre, indica que la existencia precede a la esencia, lo que en efecto es un ataque a la creencia religiosa, cuyo pensamiento inició con Aristóteles y culminó en el mismo Sartre, quien indica que los seres humanos primero existimos y luego adquirimos sustancia; es decir, sólo existimos y mientras vivimos, vamos aprendiendo de los demás humanos que han inventado cosas abstractas, desde el Dios eterno, hasta la existencia de una naturaleza humana previa.
El existencialismo encuentra su antecedente más significativo en el filósofo danés Søren Kierkegaard (1813-1855), llamado el “padre del existencialismo”, y fue quien influyó en el filósofo francés Jean Paul Sartre.
Muy a menudo, escuchamos o incluso utilizamos la frase “en esta época falta de valores y de principios morales”. Efectivamente es una realidad y es bien utilizada tal expresión, cuando no encontramos los motivos para justificar la conducta de la depravación y perversidad de la sociedad. La delincuencia crece día a día, donde cabe toda la humanidad desde el chavo banda, hasta el dirigente gubernamental de la más alta investidura o peor aún, algunos altos dignatarios religiosos. La dignidad del hombre se corrompe fácilmente ante los negocios especulativos, donde el hedonismo es un fin, aún a costa de la salud propia. Al reflexionar en esto, nos damos cuenta que estamos inmersos en una sociedad carente del más elemental conocimiento o educación espiritual y filosófica. Y este es precisamente, el resultado de la imagen del hombre, que nos heredó el Existencialismo.
A fines del siglo XIX, la cultura occidental, con la literatura a la cabeza, experimentó una sensación de crisis, acompañada por un cansancio o mejor dicho un hartazgo espiritual y moral. Cundía una actitud de rechazo a toda forma de autoridad, de reblandecimiento de la fe religiosa, de incertidumbre frente a la determinación de los fines e indiferencia ante la corrosión de las costumbres públicas. La brújula ya no apuntaba hacia el norte. Los mismos artistas denominaron esa actitud con el nombre de “decadentismo”.
Dice el filósofo italiano Norberto Bobbio que el decadentismo estuvo en el origen de la escuela existencialista. O, mejor dicho, que el existencialismo fue la consagración teórica de los hábitos y gustos decadentistas.
Al concluir la Segunda Guerra Mundial, se agudizó profundamente la sensación de crisis. Y es entonces cuando surgen las preguntas filosóficas, ¿la vida vale la pena ser vivida? y, si era así, ¿qué razones tenemos para vivir?, ¿por qué o para qué vivimos?, estas preguntas nunca antes habían reclamado una solución tan urgente. Lo que sacude nuestra atención es que los existencialistas desde Soren Kierkegaard hasta Carl Jaspers, Albert Camus y Jean Paul Sartre, en vez de urdir un sistema de pensamiento que confrontara o de perdida mitigara la crisis, se dedicaron brillantemente a exacerbarla. Eligieron la desesperación y no la esperanza; no la armonía, sino el quiebre entre ser y existir; no el gozo ante la contemplación de esa maravilla, que para los renacentistas fue el hombre, sino la angustia.
El Existencialismo nos dice: somos en la medida en que actuamos; es decir, las normas, los valores, son una creación individual. Lo único que no se nos ha concedido de antemano es la libertad. Estamos condenados a ser libres y debemos elegir a pesar de la vanidad de nuestros actos. Porque “nada tiene sentido”, dirigimos la voluntad hacia nosotros mismos y nos topamos con el vacío. ¿Hace falta insistir? Somos, escribió Sartre, una “pasión inútil”. Después de 600 años de fatigas, si tomamos el humanismo del siglo XV como punto de partida, nos habíamos reducido a eso.
El Existencialismo, fue la última carcajada estruendosa del pensamiento occidental. Sobre sus restos se erigieron el movimiento Hippie y las protestas estudiantiles de la década de los años sesenta, las mejores letras de Bob Dylan y la liberación sexual.
Para culminar, quiero comentar que es muy fácil quejarnos de las desastrosas y vacías condiciones éticas que rigen hoy en día a la sociedad, sin detenernos a reflexionar que en realidad hubo una fuerte influencia de esta corriente filosófica, al desgastarse el concepto de una vida espiritual eterna, debido a la extrema angustia y sufrimiento físico de las personas; pero antes de quejarnos, es imperante razonar que esos jóvenes Hippies, o bien, aquellos jóvenes de los años sesenta con ideas revolucionarias y que, como excusa a su rebeldía, tomaron en mayor parte como ideología, la actitud de diversos caudillos forjados en el sistema socialista; son actualmente, algunos abnegados burócratas, son algunos aún explotados obreros, son los exitosos empresarios, son los grandes líderes sindicales, son los corruptos políticos y gobernantes, son los altos jerarcas de la iglesia, somos todos los contemporáneos de esa época, que en mayor o en menor medida, formamos esta generación decadente, perversa e inmoral.
Mientras tanto, el mundo sigue su incesante evolución donde ya se vislumbra nuestro legado, de acuerdo a la ideología en que se han desarrollado nuestros sucesores; ya va asomando su tendencia social la línea que precede la siguiente generación, que es un total vacío de ética, de moral y de espiritualidad; catalogando a los grandes pensadores como despistados y anacrónicos; la línea que ya asoma sus garras, es el neoliberalismo, la partidocracia, la perversidad sexual, la corrupción, la drogadicción y el narcotráfico, los hackers, las grandes mafias, sin descartar el funesto y cínico fanatismo religioso de la mano con el terrorismo.
Es muy tarde para tratar de pretextar nuestro desenvolvimiento social, podremos excusar ser víctimas del existencialismo. En lo personal, considero que no fue esa corriente filosófica la que nos llevó hasta aquí, sino el abuso del poder, las imposiciones dogmáticas y el desgaste y corrupción de las decrépitas religiones, aunado a nuestra irreflexión y al desconocimiento o ignorancia, para tratar con la seriedad absoluta que requieren los temas filosóficos.
Aún que los Filósofos ante la sociedad, tratan de retomar el equilibrio físico-espiritual mediante nuevas corrientes filosóficas como el New Age. El mundo sigue evolucionando bajo los escombros de la corriente existencialista; “me importo yo”, a costa de lo que sea, bajo el lema “los fines justifican los medios”. Sin la más mínima noción ética y sin cumplir el compromiso que finca el Existencialismo, de crear cada quien en lo individual sus propios principios morales, violando arteramente las leyes naturales y los derechos universales; prevalece en nuestra sociedad una ideología límpidamente materialista en que: la competencia, el placer, el poder y el dinero “lo es todo”, reduciendo al hombre a un simple ser inanimado.
Fuentes de Consulta :
Filosofía Contemporánea. Sartre
http://www. Filosofiacontemporanea/Sartre/Sartre-Existencialismo.htm
101 Preguntas para ser culto. Roberto Pliego. Random House Mondadori SA de CV
Wikipedia® http://es.wikipedia.org/Existencialismo
Belaval, Yvon (dir.) (1981), La filosofía del siglo XX. v. 10, México: Siglo XXI.
Murdoch, Iris (1957), Sartre, Buenos Aires: Sur.
Ortega y Gasset, José (1958), ¿Qué es Filosofía?, Madrid: Revista de Occidente.
Prini, Pietro (1992), Historia del existencialismo: de Kierkegaard a hoy, Barcelona: Editorial Herder.
Thody, Philip (1966), Jean-Paul Sartre, Barcelona: Seix Barral.
http://www.geocities.com/sartre.htm
http://www.cibernous.com/autores/existencialismo.html