El Trabajo

 El Trabajo

 

Ernesto Contreras Correa

 

Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes, pero no existe ninguna máquina que pueda hacer un trabajo extraordinario.

Elbert Hubbard.

 

Todo cambio, todo inicio de un nuevo ciclo, trae consigo ciertas inquietudes, producto de una sensación de inseguridad respecto al futuro, ahora que nos encontramos en los inicios del siglo XXI y experimentamos innovaciones tecnológicas impresionantes y a un ritmo vertiginoso, nace en la generalidad una nueva inquietud respecto del devenir humano, sus instituciones sociales, y en general, todo lo que le concierne y es propio, siendo el trabajo, la propiedad y la sobrevivencia, preocupaciones primordiales del hombre de hoy.

A partir de fines del siglo XVIII, la Revolución Industrial bajo situaciones parecidas habría producido un efecto similar. Hasta hoy el sistema capitalista, en cuanto imperante mundial cimentó sus bases en el concepto de productividad, o sea, la utilización eficiente de los recursos con el fin de obtener bienes y servicios en cantidades superiores a las que se consume para producirlos. Con el avance tecnológico esa productividad se ha multiplicado en forma espectacular, desplazándose las fronteras de producción hasta límites que todavía no hemos encontrado, pero a su vez se ha disparado el consumo de dichos productos y servicios, lo cual ha ocasionado la correspondiente explotación, no sólo de los recursos naturales, sino además de las personas, con las consecuentes injusticias y distingos.

De manera igualmente vertiginosa se comienzan a experimentar nuevos fenómenos de trabajo, ya que la tecnología tiende a desplazar a los humanos, lo que conlleva la necesidad de convertirse en otra cosa desde el punto de vista laboral.

El sistema educativo, tanto formal como informal, no se actualizó lo suficientemente rápido para acompañar el cambio tecnológico, por tanto aquél que no se adecuó a esos cambios, sufre como consecuencia, desventajas e injusticias. La falta de trabajo tal y como se conoció en el siglo XX, en el futuro deberá definirse claramente en qué consistirán las nuevas formas de trabajo y cómo serán las nuevas organizaciones socioeconómicas en pos de que no mengüe las estructuras sociales.

Hoy frente al problemático tema de la desocupación nos remitimos a culpar al gobierno de todo, o al interior, o a los extranjeros que trabajan por muy poco dinero y sin ningún tipo de cobertura y a la globalización. Sin interpretar, quizás, el nuevo orden mundial que está siendo diseñado y que está pasando frente a nuestras narices y no somos capaces de detenernos a observar qué está ocurriendo, dado la cantidad de tareas que tenemos qué atender, hijos, hogar, trabajo, etc.

La gran cantidad de desempleados es arrojada a la marginación, como producto de esto, los índices de delincuencia están en aumento, por lo tanto, es necesaria la actuación educativa con mayor ímpetu, en franca lucha contra cierta injusticia social y las políticas económicas que siguen ejerciendo cohesión al pueblo.

La relación entre sectores sociales y productivos, la organización social, indudablemente van a cambiar. Hoy los gobiernos tienen dos posibilidades frente a la gran cantidad de desempleados en el sector de mercado: financiar políticas de protección y crear un número mayor de prisiones para encarcelar a un creciente número de criminales, que nacerán producto de la falta de empleo o bien financiar con presupuestos, formas alternativas en el sector del voluntariado, así como innovar las formas de readaptación social.

En la actualidad, con una economía formal cada vez más apartada de la vida social de la nación y con el gobierno abandonando su tradicional papel de proveedor de último recurso, sólo queda conseguir un esfuerzo concertado encabezado por aquellos que merezcan dirigirlo y quienes deberán tener muy claros los conceptos como justicia social, rectitud, verdad, etc., además de una capacidad de convocatoria capaz de amalgamar los diferentes intereses y condiciones prevalecientes.

Sin duda alguna, los países que apuesten a la educación como prioridad, serán los que configuren el orden mundial del siglo XXI. Y si no atendemos los signos que se nos presentan, nos tendremos que ir acostumbrando a una desocupación crónica que no se resolverá fácilmente, ya que estamos en los inicios de una revolución industrial y con ello vienen periodos de injusticia social.

La falta de empleo no es sólo una cuestión social, sino que tiene gran significación en lo económico y fundamentalmente en lo político.

Por tanto, es imperante encontrar y realizar las estrategias educativas que nos permitan dirigir las atenciones hacia la unión, el orden y la educación, para estar en condiciones de erradicar la apatía, la desunión y el ocio.

Isauro Gutierrez