EL bien común

 EL bien común

J. Guadalupe Rangel Aguilar

Sin tocar los temas aún no resueltos: de si existe el “bien común”. Y en el caso de que sí exista, en qué consiste éste.

Voy a referirme a esta frase, solamente por los resultados desastrosos y de injusticia que su uso ha propiciado a lo largo de toda la sociedad humana; al mismo tiempo y para mejor comprensión empezaré con un pequeñísimo bosquejo de sus antecedentes:

EL inventor de la frase “BIEN COMÚN” fue TOMÁS DE AQUINO, conocido como Santo Tomás de Aquino. El Artículo 2 de su obra “SUMA TEOLÓGICA”, Tomás de Aquino, quien vivió del año de 1225 al año 1274 en plena época de esclavitud y ya iniciada una nueva forma de explotación de la sociedad humana, llamada feudalismo, o servidumbre. En el número 1- 11º. Letra Q. 90 en la parte de “Respuesta”, entre otras cosas, dice: “ el primer principio en el orden operativo al que se refiere la razón práctica, es el fin último, y como el fin último de la vida humana es la felicidad o bienaventuranza, como ya dijimos, es necesario que la ley mire principalmente a ese orden de cosas relacionadas con la bienaventuranza” luego sigue: “llamamos cosas legales justas a aquellas que causan y conservan la felicidad y cuando la felicidad se refiere dentro de la vida común de la ciudad”, y para remachar agrega: “en cualquier género de cosas, lo que es por antonomasia, es principio de todo lo demás, y todo lo demás se denomina por orden a ello, como el fuego, que es el sumo calor, en los cuerpos mixtos, los cuales en tanto se denominan cálidos en cuanto participan del fuego.

De donde se sigue que, constituyéndose la ley ante todo por el orden del bien común, cualquier otro precepto sobre un objeto particular no tiene razón de ley sino en cuanto se ordena el bien común”. Y en el número 3 de “Resoluciones” concluye: Así como en el orden especulativo nada se da por firmemente probado a no ser por una reducción a los principios indemostrables, así en el orden práctico nada establece la razón sino por orden al último fin, que es el bien común.

Pero todo lo que de este modo establece la razón práctica, tiene carácter práctico” distribución, los progresos de la industria y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores de esa índole, sí quedan, los cuales, cuanto con mayor afán son impulsados, tanto mejor y felizmente permitirán vivir a los ciudadanos”. Y más adelante al referirse a los beneficios que los obreros recibirán, dice: “… cuanto mayor fuere la abundancia de medios procedentes de esta general providencia, tanto menor será la necesidad de probar caminos nuevos para el bienestar de los obreros.” Esta encíclica “RERUM NOVARUM”, adopta la doctrina del señor Tomás de Aquino.

Y es con el criterio tan indefinido y acomodaticio, con el que los ministros de la religión cristiana, tanto la Apostólica Romana, como los de la ortodoxa, han podido con su conducta pendular, oscilar desde un punto a otro en el devenir de la civilización humana; para siempre, y en forma general, contemporizar con los más poderosos; así estuvieron con los dueños de los esclavos, en seguida con los señores Feudales, posteriormente con la burguesía y actualmente están con los que tienen poder político y económico. Y de qué medio se ha valido, pues columpiándose con el instrumento “BIEN COMÚN” que es su péndulo político. Así pudieron estar hasta con el fascismo Alemán, en la Segunda Guerra Mundial.

“RERUM NOVARUM” en el numeral 25 comenta que no todos pueden aportar igual para el bien común, porque “es necesario en absoluto, que haya quienes se dediquen a las funciones de gobierno, quienes legislen, quienes juzguen y militares.

Aportaciones de tales hombres que nadie dejará de ver que son principales y que ellos deben ser considerados como superiores en toda sociedad por el hecho de que contribuyen al bien común, más de cerca y con más altas razones.

Los que ejercen algún oficio, por el contrario, no aprovechan a la sociedad en el mismo grado y con las mismas funciones que aquéllos, mas también ellos concurren al bien común de modo notable, aunque menos directamente”.

Luego continúa afirmando que para que se actualice la virtud, es necesaria la obtención de los bienes del cuerpo y externos, cuyo uso es de los proletarios, y que para la obtención de estos bienes es “eficaz” y necesario el trabajo del proletario, ya ejerza sus habilidades y destreza cultivando el campo, ya en los talleres e industrias.

Con estos argumentos vuelven a colocarse al lado de los hombres considerados como SUPERIORES. Y en un plano, como de rebote, que “éste debe recibir algo de lo que aporta al bien común, como “la casa, el vestido y poder llevar la vida con mayor facilidad”.

Hay cientos de actos de aplicación del bien común; pero me voy a referir a uno de tantos que nos ocurrió durante  la invasión española: cuando se organizaron las encomiendas que fueron actos de esclavización, “Multiplicáronse los escritos de teólogos y juristas como el padre Acosta, Juan Matienzo, Bartolomé de Albornoz, Antonio de León, Fray Alonso de Castro y otros que apoyándose en los textos bíblicos, o de San Gregorio, San Agustín, Santo Tomás y otros padres y doctores de la iglesia católica, que las encomiendas eran justas conforme al derecho y no chocaban con el espíritu del Cristianismo”

Isauro Gutierrez