Educación y desarrollo económico

 Educación y desarrollo económico

Miguel Ángel Martínez Ruiz

¿Puede la educación generar el desarrollo económico de un país? ¿Existe una relación de causa-efecto entre la educación y el desarrollo? ¿Es válida la aseveración de que, después de recibir educación formal, cambian las condiciones de vida de la población? Estas y algunas interrogantes más han dado origen a la polémica entre dos posiciones: Una considera a la educación como promotora del desarrollo y la otra sostiene que la educación es resultado del desarrollo.

Es muy frecuente escuchar en el discurso oficial la primera tesis, la cual concede a la educación una capacidad casi absoluta para transformar las condiciones económicas de la sociedad. A este respecto, es muy importante detenerse a reflexionar sobre la dimensión que alcanza el fenómeno educativo como factor del desarrollo socioeconómico.

En primer término, resulta oportuno definir el concepto de desarrollo, porque existen diferentes teorías (clásicas, de la modernización, de la dependencia, de los sistemas mundiales, de la globalización, principalmente), cada una de las cuales tiene su propia idea del desarrollo y, sobre todo, las estrategias para lograrlo en los países llamadas subdesarrollados, en vías de desarrollo, emergentes, del tercer mundo, pobres, del cono sur o  atrasados, conforme a sus tendencias ideológicas y, desde luego, al momento histórico de su concepción.

Es pertinente también precisar el concepto de crecimiento para no incidir en errores de interpretación.

El crecimiento económico consiste en el incremento porcentual del producto interno bruto (PIB) de una economía en un país y un periodo determinados. En cambio, el desarrollo tiene otras implicaciones, algunas de ellas inmateriales como la libertad de pensamiento, de reunión, religiosa, política, intelectual, cultural, de acceso a la información, opinión pública, etc., (Derechos humanos), además del acceso a mejores bienes y servicios para toda la población y no únicamente para una minoría. Se considera desarrollada una nación cuando existe equidad en lo que se refiere a la satisfacción de las necesidades de los individuos, tales como alimentación, vestido, vivienda, salud, educación, empleo, esperanza de vida, descanso, recreación, seguridad social y pública, etc. Estas definiciones quedan comprendidas dentro del concepto de Desarrollo Humano.

Tanto el crecimiento como el desarrollo económicos están directamente relacionados con la producción, cuyos factores principales son: tierra, trabajo y capital, según la escuela clásica de la economía. Obviamente, en el concepto tierra se incluyen variables como extensión, fertilidad del suelo, riquezas del subsuelo, topografía, clima, recursos acuíferos, flora, fauna, etc., el capital no se circunscribe ahora solamente a la idea de capital físico (bienes de capital) y financiero, sino que también se incluye “el capital humano”. Este último concepto se encuentra íntimamente vinculado al trabajo, cuyo rendimiento lo determinan múltiples variables, tales como las instituciones sociales (la familia, la iglesia, la escuela, el estado, los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales, etc.), la organización empresarial y la ciencia y la tecnología.

Desde la segunda mitad del siglo xx, los factores científico y tecnológico adquirieron una relevancia sin precedente en la historia humana, puesto que su impacto en la sociedad ha sido de tal magnitud que no se la concibe sin los grandes adelantos aplicados a las comunicaciones, la salud, el trasporte, la alimentación, etc. Todo esto incide en una mejor calidad de vida.

Dentro de este contexto, el factor educativo desempeña un papel esencial, pues vivimos una etapa histórica que se caracteriza por las grandes innovaciones científicas y tecnológicas, un incremento muy significativo en la demanda de información y nuevos conocimientos, desarrollo de la investigación en todos los campos del saber, (especialmente la investigación aplicada), la internacionalización del conocimiento, diversificación de los procesos productivos y globalización de la economía.

Así lo han reconocido los jefes de gobierno en la primera Cumbre de Guadalajara (1991), quienes calificaron de legítimas las aspiraciones de los pueblos a lograr un desarrollo económico, social, tecnológico y cultural; para lo cual, justipreciaron de vital importancia el impulso a la educación y la cultura como medios que les permitan enfrentar los grandes retos de la época actual e insistieron en la necesidad de fortalecer la propia identidad y la inserción internacional competitiva.

Se debe incluir como parte de las políticas públicas, la visión de desarrollo sostenible, perdurable o sustentable que fue formalizado en el Informe Brundland (1987), y que tiene como postulado básico: “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades”, cuya preocupación se centra en la protección del medio ambiente para evitar un “ecocidio”, el cual traería problemas de efectos  impredecibles, como podría ser la extinción de la especie humana.

En este escenario, la educación está llamada a desempeñar un papel fundamental, ya que la formación de profesionistas y técnicos es el factor más importante para intensificar el desarrollo sostenible en los países emergentes o en vías de desarrollo.

Sin embargo, como señala Carlos Muñoz Izquierdo, “aun cuando la educación es indispensable para impulsar el desarrollo económico y social, ella no garantiza –por sí misma- que los sujetos que la adquieren –ni los países que la promueven- reciban los beneficios sociales y económicos que esperan” (2004,).

Esta afirmación pone de relieve una abierta oposición a la teoría del capital humano (Investment in human capital) de Theodore W. Schultz (1959), que formula, entre otras propuestas, las siguientes:

  1. a) La superioridad productiva en el desarrollo económico de los países técnicamente avanzados, se explica por el nivel de conocimientos y de habilidades de los trabajadores, es decir por el constante crecimiento de capital humano por trabajador. En palabras de Jonson: “el desarrollo económico depende esencialmente de la creación de una fuerza de trabajo equipada con la competencia técnica necesaria exigida por la producción industrial moderna”.
  2. b) Entre el equipo y la tecnología moderna, el capital social aportado y una fuerza de trabajo competente, se establece una relación de complementariedad integradora que conduce a considerar como socios iguales en una empresa, al capital y al trabajo.
  3. c) La educación no solamente es una inversión, sino también un objeto de consumo, en la medida en que es un “bien público” que satisface un “deseo social” y cuyos beneficios son en gran parte personales y divisibles.

La tesis de esta teoría se resume en la frase: “a mayor inversión en educación, mayor productividad”. Este primer intento por concebir la educación como el núcleo de toda la dinámica económica, quedó anulado al descubrirse la existencia de un conjunto de aspectos no cuantificables que fueron abarcados en la denominación de “factor residual”.

De este breve análisis, se deduce que la educación es indispensable para que los egresados se vean favorecidos a la hora de encontrar empleo y obtener ingresos superiores, pero esto sólo se logrará en función de un mercado de trabajo más amplio, sistemas productivos más avanzados y, primordialmente, la vinculación entre la escuela y las necesidades laborales de la planta productiva.

 

Isauro Gutierrez