Crónicas de un grito XIV

 Crónicas de un grito XIV

Empezaba 1817 con esperanzas de reactivación del movimiento insurgente.

El virrey había ordenado atacar la expedición de Mina en el mar para impedir el desembarco, pero cuando sus naves fueron localizadas, estaban abandonadas y tuvo que mandar a Benito Armiñán, reforzado por Malgares, Francisco de las Piedras, de la Garza  y Joaquín Arredondo, para detener a Mina, que primero los evadió porque su primer intento no era combatir, sino contactarse con las fuerzas insurgentes, aunque después de apoderarse de setecientos caballos en la hacienda Cojo, tomó Valle del Maíz; atacó el 15 de junio, con doscientos hombres la hacienda Peotillos, donde se encontraban Armiñan, Ráfols y Piedras, con dos mil efectivos realistas y los derrotó.

Mina no se confió y comprendiendo que con tan pocos efectivos no iba a poder dar otra sorpresa, se trasladó a La Hedionda, donde el cura fingió apoyarlo y lo denunció a la comandancia de San Luis Potosí y Mina, que se enteró, se dirigió a la hacienda Espíritu Santo y luego a Real de Pinos, derrotando a una guarnición de trescientos hombres al mando de López Portillo y sin detenerse, continuó hacia Zacatecas, en donde después de tres días de marcha se encontró con Cristobal Nava, al frente de una columna insurgente que abrió fuego contra ellos. Calmados los ánimos, se identificaron y unieron sus fuerzas para dirigirse al fuerte de El Sombrero, al mando de Pedro Moreno, llegando ahí el 24 de junio, con más de doscientos cincuenta hombres.

Enterado José María Liceaga de la llegada de Mina al fuerte de El Sombrero, salió de su hacienda de La Laja para unírsele. Moreno comunicó a Jaujilla la llegada de Mina y lo invitaron al fuerte michoacano.

Para enfrentar a Mina, el virrey ordenó a Ordoñez y a Castañón que marchara con más de setecientos efectivos contra El Sombrero y al enterarse, Mina, Pedro Moreno y Encarnación Ortiz, decidieron enfrentarlos en San Juan de los Llanos y el 29 de junio derrotaron a los realistas, muriendo en la batalla Ordoñez, Castañón y más de cuatrocientos realistas. Los sobrevivientes fueron invitados a unirse a los rebeldes y a quienes no aceptaron, se les dejó en libertad, con dinero y comida.

El 7 de julio, Mina, Moreno y Ortiz se apoderaron sin resistencia de la hacienda El Jaral, propiedad del rico comandante Moncada, quien se retiró dando instrucciones de que se diera a los insurgentes todo lo que solicitaran, a condición de que no destruyeran la hacienda ni maltrataran a sus habitantes. Después de encontrar el dinero que escondía, tres cañones y víveres, regresaron a El Sombrero al día siguiente, donde una comitiva de Jaujilla lo esperaba para reiterarle la invitación y concederle el grado de teniente general. Por cierto, Encarnación Ortiz estaba casado con Agustina Hidalgo y Costilla Ramos, hija de Miguel Hidalgo y Costilla.

Mientras Mina se dirigía al centro de Nueva España, Arredondo atacó a Soto la Marina el 11 de junio y después de tres días  de asedio, los invitó a rendirse, pero no solamente lo rechazaron, sino que los insurgentes amenazaron hacerlo explotar con ellos adentro, así que el día 15, Arredondo aceptó las condiciones de capitulación y, Sardá salió del fuerte con 37 hombres que habían jurado morir, antes que rendirse.

Los habitantes del fuerte y de la barra fueron indultados, pero a los detenidos en el exterior, se les hizo prisioneros y fueron conducidos a San Juan de Ulúa, entre los que iba fray Servando Teresa de Mier, quien primero fue llevado a la cárcel de la inquisición en México y luego a San Juan de Ulúa.

El virrey decidió enviar contra Mina a Pascual de Liñán, apoyado por todas las fuerzas concentradas en Querétaro y Guanajuato. Liñán llegó a Querétaro el 8 de julio y empezó a organizar las fuerzas de Negrete, Cruz, Orrantia, Bustamante, Ráfols, Ruiz y Villaseñor en Silao y planeó el ataque al fuerte de El Sombrero, con más de mil quinientos efectivos.

Mina quiso sorprender el 27 de julio a la guarnición de León, pero fue derrotado y regresó al fuerte para esperar el ataque de Liñán, que abrió fuego el 1 de agosto y para el 4 de agosto habían sido rechazados. El 8 de agosto Mina intentó romper el sitio con más de doscientos hombres y Negrete se lo impidió, obligándolo a regresar al fuerte. El día 9, salió Mina con Borja, Ortiz y varios más, logrando burlar la vigilancia y llegar al fuerte de Los Remedios. El sitio continuó y el día 15 se dio un ataque donde los realistas fueron rechazados con grandes bajas y molesto, el comandante Liñán ordenó que no se perdonara a ningún integrante del fuerte.

En la madrugada del 19 de agosto, los defensores del fuerte encabezados por Pedro Moreno decidieron abandonarlo por una barranca, pero al ser descubiertos fueron atacados y conforme los encontraron fueron liquidados. Liñán entró al fuerte el 20 de agosto, perdonando solamente a mujeres y niños; los demás fueron fusilados. Lograron salvarse 50 insurgentes.

Pedro Moreno, había nacido en las cercanías de Lagos en enero de 1775 y estudió leyes en el Seminario de Guadalajara, dedicándose al comercio y la agricultura. Era dueño de una tienda y dos haciendas, La Suceda y Matanzas de Abajo, y se había unido al movimiento en 1814, al mando de un grupo entrenado y armado por él. Su esposa, Rita Pérez de Moreno en compañía de sus hijos, lo seguían en sus campañas y organizaba a las mujeres para atender a los insurgentes, preparando alimentos, realizando curaciones y recargando las armas. Estaba en el interior del fuerte El Sombrero cuando fue tomado por Liñán. En un enfrentamiento fue capturada una de sus hijas de 2 años y para perdonarla, Cruz, intendente de Guadalajara, le pidió rendirse, a lo que Moreno contestó que todavía le quedaban cuatro hijos más, de los que bien podían apoderarse, antes que rendirse. Logró escapar de El Sombrero y se reunió nuevamente con Mina.

José Antonio Torres, el “padre” Torres, para diferenciarlo de “el amo” Torres, era originario de Michoacán y había estudiado para sacerdote. Siendo vicario en Cuitzeo, se unió a Albino García para adueñarse del bajío y, ya al mando de un contingente, fue derrotado cuatro veces por Iturbide, pero siguió incursionando en Valle de Santiago, Silao y poblaciones circunvecinas hasta construir una fortaleza en el cerro de San Gregorio, al que llamó fuerte de Los Remedios. Reconoció a la Junta de Jaujilla de la que fue vocal y presidente, y al recibir el grado de teniente general, quedó al mando del ejército del sur y se fortificó en ese fuerte, Los Remedios, cerca de Pénjamo. Al ser nombrado Mina con el mismo rango, por órdenes de la Junta de Jaujilla, cedió el mando a Mina y empezaron las dificultades.

Mina reforzó el fuerte de Los Remedios con varias construcciones más e intentó auxiliar a los sitiados en El Sombrero, pero Torres había ordenado a sus soldados no obedecer a Mina, quien se empezó a dar cuenta de que los motivos de lucha no eran los mismos entre los caudillos insurgentes y que la mayoría de los sobrevivientes estaban lejos de comprender el verdadero valor de la libertad y la independencia por la que habían dado la vida Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez, Morelos y muchos héroes anónimos.

Pero Mina estaba comprometido con sus ideales de libertad y justicia y decidió continuar, uniéndose con dos verdaderos patriotas: Pedro Moreno y Encarnación Ortiz, quienes ya estaban con él en Los Remedios, a donde también había llegado Manuel Muñiz. Liñán se preparó para atacar Los Remedios y el ejército realista llegó a sus alrededores el 27 de agosto, hasta reunir más de seis mil hombres y empezó el sitio el 31 de agosto de 1817.

Mina, experimentado estratega, supo que debía cortar los abastos del enemigo para poder vencerlo, y salió del fuerte, llegando a la hacienda Bizcocho, derrotó a su guarnición, fusiló a los sobrevivientes e incendió la hacienda, marchando a San Luis de la Paz, que con Céspedes resistió cuatro días, por la indisciplina de sus soldados. Tomando la hacienda, fusiló al comandante y al administrador de Bizcocho que se había refugiado ahí e invitó a los derrotados a unírsele, muchos de ellos aceptaron. Mina dejó a cargo al coronel González y siguió a San Miguel el Grande a donde llegó el 11 de septiembre, pero al comprobar que no podría derrotarlos se dirigió a Valle de Santiago, donde consiguió víveres y atacó la hacienda La Zanja, pero fue rechazado por Antonio Alvarado y Manuel de la Madrid y se replegó a Silao, donde había citado a los grupos insurgentes de la región para auxiliar a los sitiados de Los Remedios. Solamente acudió Pedro Moreno.

Mina propuso atacar Guanajuato para obligar a Liñán a distraerse y liberar Los Remedios, pero Torres no estaba de acuerdo y había ordenado a sus soldados que solamente obedecieran si Mina decidía atacar a Liñán, que el 16 de septiembre, por medio de Ráfols, atacaba el fuerte, fracasando, pero repitiendo este tipo de ataques continuamente, murió el coronel Ortiz de Zárate.

Liñán se enteró de los planes de Mina y comisionó a Orrantia al frente de mil efectivos para que lo persiguiera y, enterado de que Mina se encontraba en la hacienda La Caja con más de mil hombres, se enfrentaron con pérdidas para ambos, pero sin que la batalla fuera decisiva. Mina se reorganizó en La Zanja y con 20 hombres siguió hacia Jaujilla, a donde llegó el 12 de octubre y convenció a la Junta de atacar Guanajuato para distraer a Liñán y apoyar a los defensores de Los Remedios.

Mina regresó a La Caja el 24 de octubre y se le unió Encarnación Ortiz reuniendo más de mil efectivos y marcharon a Guanajuato, entraron en la madrugada del día 25, pero descubiertos y sin conocer la ciudad, a los primeros disparos, el pánico hizo presa de los insurgentes que huyeron. Mina logró llegar al rancho El Venadito, en La Tlachiquera, donde se reorganizó y molesto por la actitud de sus comandantes que había impedido adueñarse de Guanajuato, los comisionó para que atacaran los caminos por donde se abastecía Liñán y quedándose con una escolta de cuarenta hombres, entre los que estaba Liceaga, se pertrechó en la mina La Luz, hasta donde llegó Pedro Moreno para apoyarlo.

Mina fue delatado y, en la madrugada del 27 de octubre, Orrantia lo atacó, muriendo Pedro Moreno; Liceaga alcanzó a escapar, Mina fue hecho prisionero y conducido a Silao, donde se le encadenó, mientras la cabeza de Moreno, colocada en una lanza, también fue llevada a Silao. Orrantia condujo a Mina ante Liñán quien escribió al virrey preguntando sobre la suerte de Mina, pero Ruiz de Apodaca fue inflexible y ordenó fusilarlo.

Liñán no obtuvo de Mina información sobre la situación de los insurgentes y el 11 de noviembre de 1817 se cumplió la orden, llevando a Mina a lo más alto del cerro del Bellaco, para que desde el fuerte de Los Remedios, los sitiados observaran la ejecución. Mina tenía apenas 29 años, pero había demostrado al mundo, que cuando se lucha por la libertad, ni las fronteras y menos las edades importaban.

El sitio al fuerte continuó y el 16 de noviembre, Liñán cometió el mismo error de los atacantes de Cóporo y fue rechazado, perdiendo casi cuatrocientos soldados y molesto, solicitó refuerzos al virrey quien se los envió. En diciembre 28, los sitiados intentaron romper el cerco y fueron contenidos. Después de 120 días de asedio, el hambre, la sed y la falta de armamento, obligaron a los insurgentes a intentar abandonar el fuerte y el día 1 de enero de 1818, encabezados por Novoa y a la retaguardia el padre Torres, se inició la evacuación, pero descubiertos, empezó el ataque a la columna.

Todos los alcanzados, eran fusilados inmediatamente, como Novoa y Muñiz, o atravesados con las bayonetas, como Cruz Arroyo, o degollados, como los sobrevivientes que estaban en el fuerte y, a las mujeres, después de raparlas, se les dejó en libertad. Solamente escaparon el padre Torres y pocos hombres. El fuerte fue destruido, Liñán condecorado con la cruz de Isabel la Católica; Bustamante ascendido a coronel; Miguel Béistegui a teniente coronel; a Orrantia se le concedió la Cruz de San Fernando y el dragón Cervantes; otros lograron diferentes tipos de ascensos y premios. Ruiz de Apodaca estaba pacificando la Nueva España y con la muerte de Mina, centró su atención en Veracruz y Michoacán.

El movimiento de independencia iba en pleno declive, porque la junta que se había formado con Torres, Yarza, Amador e Izazaga, llegaba a Jaujilla a principios de 1816 y López Rayón, que estaba en contra de ellos, desocupó el fuerte, dirigiéndose al sur, perseguido por Manuel Muñiz y Nicolás Bravo, que en octubre de 1817 lograron aprehender a Ignacio y a su hermano José María, trasladándolos a Patambo.

Se había unido a las fuerzas de Bravo, Juan Pablo Anaya, quien había disuelto la junta de Taretan y después de dejar a López Rayón, se dirigieron a Cóporo y lo empezaron a reconstruir, en tanto que Benedicto López atacaba a los realistas para distraerlos. Ramón López Rayón vivía en Zitácuaro y había organizado un grupo de realistas para defender a esa población y uniéndose a Márquez Donallo, sitiaron Cóporo y Benedicto López, en su intento por auxiliarlos, fue hecho prisionero por Mariano Vargas, insurgente que habiéndose indultado, lo perseguía.

Los sitiados en Cóporo, desesperados, empezaron a desertar, a solicitar el indulto y a intentar acciones suicidas, como la realizada ante el ataque del 1 de diciembre de 1817, cuando los ocupantes del fuerte lograron salir, pero Ramón López Rayón y Barradas, al dar alcance a los fugados, hicieron prisioneros a cerca de trescientos y mataron a quienes presentaban resistencia. El fuerte fue recuperado y por órdenes del virrey, los prisioneros quedaron libres y Benedicto López fue fusilado. Nicolás Bravo, herido, logró escapar y llegar al rancho El Atascadero y luego a Huetamo. Ramón López Rayón fue ascendido a teniente coronel.

Isauro Gutierrez