Crónicas de un grito XIII

Cuauhtémoc López Sánchez
Cuando Mier y Terán regresó en junio a Tehuacán, encontró a Osorno, que se había separado de Guadalupe Victoria y con más de quinientos efectivos a caballo, solicitaba ser admitido por Mier, que careciendo de este tipo de efectivos armados, lo tuvo que aceptar.
A principio de febrero, Iturbide en compañía de Orrantia y Monsalve, atacaban a los insurgentes en la región de Pénjamo, logrando hacerlos retroceder hacia Comanja, cuando fue llamado a México por el virrey. A Calleja se le estaban multiplicando los problemas, porque había rumores de que sería sustituido y recibía quejas, no solamente de los oficiales, sino del alto clero en contra de sus comandantes. Acusaban a de La Madrid y Samaniego, en Oaxaca, por acaparar mercancías y especular con ellas; contra Armijo, por enriquecerse, quedándose con todo lo de valor que quitaba a los insurgentes y cobrando impuestos en los caminos, desde Puebla hasta Oaxaca, con lo que pudo comprar haciendas y fincas en el sur, así como las propiedades de Calleja cuando éste regresó a España; a Cruz y Arredondo en Nueva Galicia, por cobrar impuestos que no declaraban al virrey y contra Iturbide, a quien debió suspender como jefe del ejército del norte, al ser acusado por abusos, enriquecimiento inexplicable, fusilamiento de familiares y amigos de los insurgentes, incluyendo mujeres embarazadas, aunque no hubieran participado o simpatizado con la lucha, habiendo fusilado a la bella María Tomasa Estévez.
Para perdonar a los acusados, exigía rescates de hasta $ 8000.00 y para ocultar sus abusos, como las cuotas que le pagaban los comerciantes de Guanajuato para no ser molestados, mandaba fusilar a quienes lo denunciaban acusándolos de insurgentes, como el caso del padre Luna.
Los informes a Calleja fueron manipulados por temor de los comisionados, hasta que el padre Labarrieta pudo hacer llegar al virrey una carta describiendo los abusos de Iturbide. Calleja, de quien se sospechaba recibía parte de las ganancias de sus comandantes, citó a Iturbide en México, a donde llegó el 21 de abril de 1816 y para seguirlo protegiendo, lo envió al frente de 500 hombres en auxilio de Manuel de la Concha, en un supuesto ataque de Osorno. Iturbide llegó a Teotihuacán y de ahí, regresó a México y fue nombrado comandante de Guanajuato, cargo que no aceptó y se retiró a su hacienda La Compañía, cerca de Chalco.
El virrey nombró a José Castro para sustituir a Iturbide. Un dato curioso es que la madre de Hidalgo, Ana Ma. Gallaga Villaseñor y la de Iturbide, Josefa de Arámburu Carrillo y Villaseñor eran parientes.
Calleja tenía quince mil efectivos en la zona dominada por Mier y Terán y la mayoría permanecían inactivos, así que decidió perseguir a los insurgentes con el mayor número posible y a fines de julio instruyó a de la Concha para ir contra Mier, a Samaniego, Armijo y Villasana para atacar a Guerrero y a Márquez Donallo, apoyado por Antonio López de Santa Ana para perseguir a Victoria en Veracruz y, ordenó a Castañón que marchara a Valladolid para controlar esa región.
Mier y Terán fracasó en su intento por recuperar Apan, por los enfrentamientos con Concha y tuvo que regresar con Osorno a Tehuacán.
A principios de septiembre llegó la noticia a México de que Juan Ruiz de Apodaca, teniente general de la real armada y gobernador de Cuba, había sido nombrado virrey de Nueva España, sustituyendo a Félix María Calleja del Rey.
Ruiz de Apodaca llegó a Veracruz escoltado por ocho buques y una fuerza a cargo de Ignacio Mora y Javier de Gabriel, y en el tránsito a Puebla fue atacado por Osorno, pero Calleja había enviado a Márquez Donallo a Veracruz sin saber que Ruiz de Apodaca había llegado, porque los insurgentes interceptaban la correspondencia y Márquez llegó circunstancialmente para salvar al nuevo virrey que pudo llegar a Puebla el 12 de septiembre.
Calleja reforzó la vigilancia en los caminos de Puebla a México y el 19 de septiembre llegó Ruiz de Apodaca a la capital, directamente al santuario de Guadalupe, en donde Calleja le entregó el bastón de mando de la Nueva España. Calleja vendió todas sus posesiones y salió rumbo a Veracruz el 16 de octubre, llegando al puerto hasta el 15 de diciembre y ya en Madrid, fue condecorado con el título de conde de Calderón, en memoria de aquella batalla.
Ruiz de Apodaca le dio continuidad a los planes de Calleja para acabar con la insurgencia, pero a diferencia de aquel, ordenó que no se fusilara a los prisioneros sin concederles la oportunidad de solicitar el indulto, política que empezó a dar resultados.
En octubre, el cerco sobre Mier se estaba cerrando y las fuerzas de Márquez, que regresaba de Veracruz de escoltar a Calleja, llegaron a Córdoba el 1 de noviembre para derrotar a Melchor Múzquiz y recuperar el fuerte Monteblanco, que controlaba el paso hacia Orizaba y condujo a los prisioneros a Puebla, donde entre otros, Múzquiz se acogió al indulto. Márquez continuó sus ataques a Mier y dándole alcance en San Andrés, el 7 de noviembre, lo derrotó haciendo que se retirara con bajas y pérdidas a Chocaman, mientras que Samaniego derrotaba a Guerrero en Los Naranjos y se fortificaba en Izúcar.
A mediados de noviembre, José Manuel de Herrera regresó de Estados Unidos y se dirigió a Tehuacán, pero Mier y Terán sospechaba que intentaría restablecer el Congreso y lo tenía vigilado, así que Herrera le dijo que se embarcaría de regreso a Estados Unidos, pero en lugar de eso, se dirigió a Puebla, donde solicitó el indulto y se unió a las fuerzas realistas, para descubrir las condiciones de hombres y armas que tenía Mier y Terán.
En Veracruz, el comandante Carlos María Llorente, en unión de López de Santa Ana, recorrieron la costa para atacar a Guadalupe Victoria y el 21 de octubre de 1816, derrotaron a Francisco de Paula en Cotaxtla, mientras que José Rincón hacía lo mismo el 23 de noviembre a José María Villapinto, que luchaba bajo las órdenes de Guadalupe Victoria, en Boquilla de Piedras. Antonio López de Santa Ana y su hermano Manuel, fueron ascendidos.
En Michoacán, Castañón partió de Valladolid hacia la zona lacustre para limpiar la zona de insurgentes y el 12 de septiembre, se adueñó de Janitzio, último refugio insurgente en la región, mientras que Ignacio López Rayón dejaba a su hermano Ramón en Cóporo y se dirigía con su hermano Rafael, a Tancítaro para encontrarse con Vargas, quien lo había invitado al fuerte que tenía en Cuiristarán, donde pensaba entregarlo a los realistas Salgado y Quintanar, que ya venían desde Los Reyes.
López Rayón logró escapar rumbo a Apatzingán y seguir a Jaujilla, en tanto que Rafael intentaba distraer a los realistas internándose en la sierra de Tancítaro. Vargas, esperó a Salgado y Quintanar en Cuiristarán y rindió el fuerte, consiguiendo el indulto y ya sirviendo con las fuerzas realistas, en compañía de Negrete, fueron en persecución de Rafael, a quien encontraron en Las Añileras y el 7 de diciembre lo derrotaron, sin poder detenerlo.
La proclama del virrey Ruiz de Apodaca, con fecha 30 de enero de 1817, invitando a los insurgentes a aceptar el indulto que se extendió a los que permanecían ocultos, dio frutos, y los insurgentes empezaron a rendirse.
El fuerte de Cóporo, cercado durante más de siete meses, sin poder abastecerse de alimentos ni armas, debió capitular. Los realistas, al mando de Matías Martín y Aguirre, auxiliado por Barragán y Juan Amador, cerraron las vías de comunicación a Ramón López Rayón y tuvo que entablar pláticas para rendirse. Acordados los términos, el 7 de enero las fuerzas realistas ingresaron al fuerte. Matías Martín recibió el armamento que quedaba y aceptó perdonar la vida y conceder el indulto a los presentes y ausentes de Cóporo, firmando los oficiales, Ramón López Rayón, el Lic. Ignacio Alas y Vicente Retana. Ramón se retiró a Ocurio, pero los insurgentes lo empezaron a atacar, refugiándose en Zitácuaro, donde organizó a los realistas para defenderse.
En Puebla, el asedio a Mier y Terán, cobró fuerza cuando el virrey ordenó marchar desde Oaxaca, a Obeso; a Hevia y Morán atacar por Tepeji; a Samaniego y De la Madrid por Huajuapan. El coronel Rafael Bracho, iría por Puebla hacia Tehuacán. Mier y Terán planeó enfrentarlos por separado y en Ixcacuixtla, el 1 de enero venció al conde del Álamo y continuó hacia Atexcal para auxiliar a su hermano Juan, sitiado por Hevia en Tepeji y el 5 de enero, Juan Mier pudo romper el cerco. Manuel maniobró para repeler el ataque de Bracho por Tecamachalco, mientras que Obeso acosaba Teotitlán y Mier debió ir en auxilio de esa guarnición, que había salido para apoyarlo en Tecamachalco. Ambas columnas marcharon para Ayotla para recuperar Teotitlán. El 10 de enero tuvieron el primer encuentro, retrocediendo Obeso a Teotitlán y Mier a Ayotla; el 11, Obeso atacó Ayotla y fue rechazado; el 12 Mier fue derrotado por Obeso, obligándolo a retirarse herido hacia Huajuapan. Entre tanto, Bracho avanzó desde Tlacotepec y se dispuso atacar Tehuacán, desprotegido por Mier, que se apresuró para salir de Ayotla hacia Tehuacán el día 19, pero no alcanzó a llegar a Cerro Colorado y se pertrechó en el convento de San Francisco. Bracho lo rodeó y Mier comprendió que con los hombres que le quedaban y sin municiones, no iba a resistir, además, al interior de la fortificación, al enterarse de la situación de Mier y Terán, se sublevaron y empezaron a abandonarla.
Mier y Terán convino en rendirse a condición del perdón para sus soldados, incluidos los que se encontraban en Tehuacán y pasaporte y gastos para él y Matías Cavadas para salir de México. El día 21 fue entregado el fuerte de Cerro Colorado, donde se firmó la rendición y todo fue cumplido, menos la petición de pasaporte y dinero para Mier y Terán por falta de fondos, quedando prisionero en San Juan de Ulúa, pero indultado mediante el acuerdo de escribir a los jefes insurgentes para que capitularan, se quedó en Puebla. El 4 de febrero, Osorno solicitó el indulto que se le concedió el día 11 y se entregó en San Andrés a Ráfols, quedando pacificada la región de Puebla.
Los insurgentes dispersos de Mier y Terán y de Osorno, se unieron a Guadalupe Victoria en Veracruz y a Vicente Guerrero en la costa, entretanto, López Rayón se fortalecía en Jaujilla, pero luchando cada uno por su cuenta y cuando el movimiento languidecía, un patriota español, Navarra, vino a la Nueva España para inquietar a la Metrópoli y su colonia.
Francisco Xavier Mina Larrea nació en 1789. Estudiaba abogacía cuando España fue invadida por Francia e interrumpió sus estudios para unirse a la resistencia, obteniendo triunfos en Navarra, Aragón y La Rioja, sobresaliendo como estratega. Herido y hecho prisionero en 1810, fue llevado a los calabozos de Vincennes, donde permaneció más de tres años y fue liberado cuando los ejércitos ruso-prusianos entraron en París, el 1 de abril de 1813. De regreso a España, rechazó un puesto militar y se opuso a Fernando VII, e intentando sublevar al ejército y restablecer la Constitución de Cádiz, fue hecho prisionero y llevado a Burdeos, donde se le iba a ejecutar. Libre por un acuerdo de amnistía, se refugió en Londres, donde entró en contacto con grupos liberales, entre los que se encontraba fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, y formaron un grupo con italianos, ingleses y españoles, con la intención de apoyar la independencia de la Nueva España.
El 15 de mayo de 1816 salieron de Liverpool y llegaron a Norfolk, Virginia, en Estados Unidos, donde desertaron cuatro españoles que acudieron al ministro de España, denunciando los planes de Mina. Después de reclutar más de doscientos simpatizantes, se embarcaron desde Baltimore rumbo a Boquilla de Piedras, pero una tormenta los desvió a Puerto Príncipe, en donde se les unieron soldados franceses desertores y americanos que habían luchado con Bolívar.
Recuperados, regresaron a Galveston, donde se volvió a preparar para salir a México. Mandó una avanzada para contactar a Guadalupe Victoria en Boquilla de Piedras, pero Victoria la había desalojado y se encontraba en Nautla, y cuando esa avanzada llegó, Nautla también estaba en poder de los realistas y se frustraron los planes de desembarcar en aquel lugar, teniendo que regresar a Galveston, donde se le unió fray Servando y se trasladaron a Nueva Orleans, donde recibieron aportaciones para adquirir dos barcos más y uniéndoseles Cornelio Ortiz de Zárate, regresaron el 16 de marzo de 1817 a Galveston, para de ahí salir con siete embarcaciones hacia las costas de la Nueva España, bajo el nombre de “División Auxiliar de la República Mexicana”, desembarcando en Soto la Marina el 15 de abril de 1817. En las márgenes del río construyó una fortificación y dejando al mando del fuerte al padre Mier y a Sardá, se internó en tierras de Nuevo Santander.