Constructor de universos


Cuauhtémoc López Sánchez.
“Ícaro”
Cuentan que hace mucho tiempo, hubo un niño que se propuso demostrar que para construir el Universo, se habían utilizado escuadras, regla y compás. En la escuela compartió su inquietud con los compañeros y su maestro, pero lo que sucedió después, solamente lo platicó con el abuelo. La conversación giró en torno a las ideas sobre la formación del Universo, con explicaciones fluyendo con dificultades por lo poco que sabían del tema. El abuelo explicó que mucha gente pensaba que todo lo que existía en el Universo era un milagro, mientras otros aseguraban que se había originado de la unión de polvo estelar y algunos más que pensaban que todo había empezado con una gran explosión. A la pregunta de cómo saber si había sido un accidente, una casualidad o un milagro, el anciano respondió que no creía en accidentes ni casualidades y que los milagros eran sorprendentes y grandiosos. Al niño le pareció que grandioso significaba algo muy grande y que quien hacía los milagros bien pudo hacer el Universo. El abuelo añadió que los milagros los hacemos nosotros con nuestro deseo y la confianza de que podemos cambiar las cosas, pero que muchas personas creían que los milagros los hacían gente santa, aunque también había estudiosos que no creían en los milagros y aseguraban que todo tenía explicación científica. Pero aquel niño con sus preguntas seguía tejiendo una red con la cual atrapar respuestas de por qué las galaxias, después de tantos tiempo de haberse formado, no habían chocado. Todavía el abuelo agregó que más adelante en la escuela le explicarían muchas cosas y entretanto lanzó una piedra mientras explicaba que todos los cuerpos eran atraídos hacia la Tierra por la fuerza de gravedad y que esa ley se aplicaba a todos los cuerpos del Universo, concluyendo que las galaxias no chocaban porque se encontraban separados por grandes distancias. De cualquier forma, el abuelo se acomodó en su viejo sillón dispuesto a escuchar lo que el nieto deseaba compartir.
– En la escuela insistí en que el Universo se había hecho con un juego de geometría y me propuse demostrarlo.
El profesor dijo:
– Bueno, realiza tu investigación y nos das a conocer los resultados. ¿Estás de acuerdo?
– Sí. Yo creo que es muy fácil tomar medidas del Universo en las ilustraciones.
– ¿Cuándo crees tener los resultados?
– La próxima semana. Tenemos una enciclopedia con ilustraciones y de ahí puedo tomar las medidas.
Empecé a medir y dibujar estrellas y planetas de la enciclopedia con tanto entusiasmo, que ni me enteré que había anochecido. Me quedé dormido sobre libros y cartulinas pero flotaba en el espacio, con el juego de geometría en las manos. Escuché una voz que me llamaba sin entender si aquella voz estaba afuera o dentro de mí, aunque su sonido me estremecía, haciendo vibrar mi cuerpo de una manera extraña, atravesándome y dijo:
– ¿Qué quieres, pequeño?
– Quiero demostrar que el Universo fue hecho utilizando un juego de geometría.
El sonido de un oleaje se levantó de la nada. Fue como un zumbido que me hizo recordar las risas de la abuela. Voces que comentaban sorprendidos y benevolentes la osadía de un niño que se esforzaba por descubrir cómo se había formado el Universo.
– Esos útiles de geometría no te van a servir. Te vamos a proporcionar un reloj para que nos auxilies en la distribución que haremos con una parte del Universo. ¿Estás de acuerdo?
– Sí, pero… ¿qué hago con la regla, el compás y las escuadras?
– Por ahora guárdalos. Te iremos explicando el significado de esos instrumentos que fueron entregados al hombre para que aprendiera a regirse por ellos. El reloj es su complemento para que la humanidad comprenda que cuenta con determinado tiempo para buscar y alcanzar sus ideales mediante el estudio y el trabajo.
Colocamos un sol en el centro de un Sistema. A 45 minutos de él, un primer planeta, color rojo y a 1 hora 48 minutos el segundo, pero girando al contrario del primero.
– La regla debes usarla para evitar confusiones en tus acciones, estableciendo con ella, límites rectos, normas justas que deben ser la base del Derecho Universal.
El tercer planeta, de color azul, lo ubicamos a 2 horas, 29 minutos del Sol; el cuarto a 3 horas y 49 minutos; el quinto planeta a 13 horas y 2 minutos del Sol.
– Con las escuadras, obtendrás trazados de sin igual belleza, porque ellas representan la fuerza de la rectitud en las acciones. Cuando las escuadras se apoyan en una línea original trazada por la regla, dan lugar a concepciones que fundamentan aspectos importantes en la vida de la humanidad que deberán proyectarla hacia el éxito material.
El sexto planeta fue colocado a 23 horas con 55 minutos, con unos anillos de polvo y vapor. El séptimo, también girando como el segundo, al contrario de la mayoría, quedó a 48 horas, 10 minutos. El planeta número ocho, lo colocamos a 65 horas y el último de ese Sistema, a 89 horas, 10 minutos de su Sol.
– El compás señala los límites de la dignidad y la solemnidad y no se debe permitir que sean rebasados. Grandes civilizaciones han alcanzado esplendor, gloria, poder y riquezas, pero cayeron en desgracia por no respetar las fronteras que el compás les marcó. El compás representa el dominio que deben tener la razón y la virtud sobre las pasiones y los vicios. Esto es, que la inteligencia debe dominar a la materia y a la fuerza.
El turno correspondió a Alfa de Centauro que se colocó a 4 años, 3 meses y Cisne a 11 años. Vega a 27 años, luego Las Pléyades a 400 años y Rigel a 880 años.
– Los símbolos los utilizamos para enviar por el tiempo y el espacio, mensajes de sabiduría y conocimientos útiles para la humanidad, aunque no siempre son bien empleados. Muchos se empeñan en manipular los conocimientos para explotar a los demás, sin darse cuenta que esa manipulación será la trampa en la que caerán ellos mismos. Uno de tus compromisos por haber intervenido en la construcción del Universo, será el de difundir la verdadera interpretación de los símbolos sagrados.
– ¿Puedo regresar a mi casa?
– Pero si estás en tu casa, pequeño.
– Sí, pero… con mis papás… mis hermanos… mis abuelitos… mis amigos.
– ¿De qué tienes miedo? Esta experiencia te será de gran utilidad porque empezarás a comprender que quienes reflexionan nada deben temer y que no debes confundir al temerario que no razona con el valeroso que enfrenta los retos y los resuelve.
– ¿Queda muy lejos la Tierra?
– No y si deseas, podemos regresar de inmediato.
– ¿Cuándo vuelva a mi casa, a la Tierra, voy a seguir siendo niño?
– En cierta forma sí, aunque tu mente se habrá expandido como el Universo, en el que como ves, las distancias son tan grandes, que en él se diluyen envidias, rencores y egoísmos y de esta forma estarás obligado a pensar y a actuar de hoy en adelante.
Durante el diálogo llegamos al centro de aquella galaxia. 30 mil años recorridos.
– ¿Cómo te sientes? ¿Estás cansado?
– Un poco. Siento como si hubieran pasado muchos años.
– ¿Ya no deseas seguir colocando estrellas en el Universo?
– Claro que sí, pero…
Colocamos Hidra a 2 mil 700 millones de años del Sol y al mirar hacia la Tierra, ya no la alcancé a distinguir. Unas lágrimas brotaron sin control y por más que traté de ocultarlas, limpiándolas disimuladamente, fui descubierto por aquellos inexplicables personajes que me transportaban sin dificultad por el infinito. En unos segundos apareció la Tierra, majestuosa, azul, flotando en el espacio acompañada de su satélite. Un soplo de voces se estaba despidiendo de mí, pero una voz que sobresalía, retumbó sentenciando:
Utiliza la razón y alcanzarás la verdad.
Aprende a callar y a escuchar con respeto, pero sin temores.
No hagas juicios ni rápidos ni severos.
Ten valor para cambiar lo que creas conveniente.
No menosprecies tu intuición. En muchas ocasiones, te conducirá a la verdad.
Se humilde, sin humillar la cabeza.
Esfuérzate siempre por alcanzar la virtud.
Comparte tus experiencias con quienes te rodean.
No ocultes tus conocimientos ni manipules tus descubrimientos.
Se y piensa en grande, como las dimensiones que has descubierto en el Universo y aprende que así como existe diversidad en los planetas, sistemas y galaxias, así hay diferencias entre naciones, pueblos y personas, obligadas a respetar los límites para no chocar entre ellos, siendo necesario que aprendan a usar correctamente la regla, el compás y las escuadras, pero también que comprendan el manejo adecuado de su tiempo.
– Regresa cuando gustes, siempre serás bien recibido y te estaremos esperando.
Se despidieron con solemnidad. Nunca pude ver sus rostros y sobresaltado por eso, abrí los ojos pensando que sería viejo, con el pelo blanco, dientes postizos como los abuelos y que tal vez ya no encontraría a mis padres y mis hermanos o con la posibilidad de no ser reconocido y casi volé en búsqueda de mi familia.
– ¿Qué sucede? – dijo mi madre- Te quedaste profundamente dormido sobre los libros y no quisimos despertarte porque te vimos muy cansado, pero sonreías. ¿Estás bien?
– Necesitaba platicarte todo esto abuelo, porque no me atreví a comentarle nada a mis papás. En medio de la sala, rodeado por mis hermanos que me miraban sorprendidos, sentí cómo caía un polvo resplandeciente que iluminaba tenuemente la casa. Polvo cósmico adherido a mi ropa, que lucía brillante. Al llegar a la cama, me asomé por la ventana y contemplé las estrellas. Sentí en mis bolsillos el juego de geometría y el reloj que sirvieron para colocar los cuerpos celestes. La regla, el compás, las escuadras y el reloj ya no eran de plástico, sino de un metal blanco, puro y brillante. Al revisar la hora, me sorprendí al comprender que aquel sueño había transcurrido en tan sólo 7 minutos. Abuelito, ¿tú crees que el Universo fue construido usando escuadras, regla y compás o que fue el resultado de un accidente o una coincidencia?