Columna Rebatinga

 Columna Rebatinga

Errores y risas

Efraín del Castillo

Las copiosas lluvias que cayeron en los últimos días en el Sureste Mexicano, afectaron severamente a los estados de Tabasco y Chiapas. Ambos estados son vecinos y comparten una amplísima extensión que fisiográficamente las hace estar relacionadas por donde quiera que se les vea. Tabasco se caracteriza por extensas planicies bajas dedicadas tanto a la ganadería como a la producción de arroz. En términos generales, la lluvia siempre les viene bien para los sistemas agropecuarios, pero a cambio debe pagar cuantiosos costos en lo referente a los daños que las precipitaciones ocasionan en los centros de población, principalmente los de carácter rural, aunque esta vez la propia capital estatal, Villahermosa, se encuentra nuevamente afectada.

Este año, los volúmenes de agua rebasaron cualquier expectativa y provocaron una gran tragedia, tanto por la lluvia que directamente cayó en la mayor parte del territorio de ambas entidades federativas, como por el agua que provino de las presas almacenadoras que debieron ser desfogadas por la Comisión Federal de Electricidad para evitar un colapso que podría haber provocado una catástrofe de incalculables dimensiones.

Por irónico que parezca, la CFE aceptó en una primera instancia que había habido un “error de cálculo”, por lo cual tácitamente reconocía gran parte de la responsabilidad respecto a los daños que privaron de la vida a varias personas y ocasionaron cientos de afectados tanto en sus bienes inmuebles como en su menaje de casa y equipamiento. Miles de personas están desalojadas dada la falta de condiciones para regresar a sus casas y no existe certeza de la fecha en que puedan retornar.

En este orden de ideas, la CFE debería hacerse cargo de indemnizar a la población afectada por esta acción que el gobernador tabasqueño calificó de criminal. Aquí es donde radica el punto nodal del conflicto que se ha desatado entre el propio gobernador y el titular de la CFE, quien alegremente dijo que le provocaba risa la amenaza del primero, de demandar a la paraestatal por estos gravísimos hechos derivados del desfogue ya mencionado.

Técnicamente, es lógica la fundamentación de desfogar las presas, una vez que por el exceso de precipitación pluvial se ha rebasado el límite de seguridad para contener el agua almacenada. También sería lógico que se hubiera evaluado el monto de los impactos, es decir, el que se causaría sin el desfogue y el que se provocaría con esta decisión. Sin embargo, se acepta un error y se provocan daños a la población civil que no tienen para cuando resarcirse.

El sentido común reprueba las risas de Manuel Bartlett, director de la CFE, ante un desastre que ha dejado sin patrimonio a miles de personas que ahora no tienen certeza en un destino inmediato. Curiosamente, este señor fungía como titular de Gobernación en 1985 cuando ocurrió el sismo que destruyó la ciudad de México y ante el cual el gobierno tardó en reaccionar y fue rebasado por la sociedad civil, cuyo heroísmo es digno de recordarse.

columna.rebatinga@gmail.com

Isauro Gutierrez