Breves apuntes de filosofía

 Breves apuntes de filosofía

Los presocráticos

Cuauhtémoc López Sánchez

En el principio de los tiempos, la mente humana estaba desordenada y vacía. Solamente se ocupaba de las necesidades básicas para sobrevivir. No había tiempo para pensar sobre el entorno, la existencia, el devenir, las acciones y sus consecuencias y aunque en Mesopotamia, India y China existen vestigios de culturas milenarias, es en la Grecia de los siglos VI y V a. de C., de donde nos llegan las primeras aproximaciones del ser humano por explicar la naturaleza del universo conocido y de los problemas sociales, políticos y económicos de las sociedades humanas aplicando principios materialistas.

¿Qué motivó a los griegos a crear o inventar la filosofía? Con toda seguridad, las mismas motivaciones que hoy enfrentamos los humanos: la incertidumbre, la duda razonable de las causas y consecuencias de acontecimientos, fenómenos y cambios en todos los ámbitos ocasionados tanto por la naturaleza como por la mano del hombre.

En Mileto, surgen hombres como Tales, Anaximandro y Anaxágoras, llamados ahora “presocráticos”, no porque hayan nacido antes de Sócrates, que algunos hasta contemporáneos fueron de él, sino porque manifestaban el pensamiento de su tiempo, a diferencia de Sócrates que se adelantó a su época intentando acercarse a la verdad a diferencia de la escuela de Mileto que intentaba explicar el origen y sustancia de las cosas, atribuyéndola al agua, según Tales de Mileto; por masa indeterminada, de Anaximandro, o de aire, propuesta de Anaxímenes y que propiciaron cambios en la visión mitológica que se tenía del mundo, la humanidad y sus actividades.

En Crotona, Italia, en el siglo VI a. de C., emerge la escuela pitagórica. Fundada por Pitágoras de Samos, educado en Egipto y Persia, por lo cual adopta rituales órficos y las matemáticas para explicar que los números y sus relaciones son la medida de todas las cosas, números que poseen propiedades místicas que dan origen a la transmigración, metempsicósis o inmortalidad al alma. Los pitagóricos aportaron al pensamiento filosófico ideas para distinguir al espíritu de la materia, al bien del mal y los principios de la armonía, por lo que son llamados los fundadores del dualismo. Sus principales exponentes fueron Ecfanto, afirmando la rotación terrestre; Alcmeón de Crotona, con estudios embriológicos; Arquitas de Tarento y Filolao de Tebas en el desarrollo de teorías de los objetos matemáticos.

La filosofía presocrática alcanza su mayor esplendor en la escuela de Elea, con Parménides. Sus principales representantes Zenón, Meloso y Jenófanes. Con Parménides, la filosofía toma un rumbo metafísico y ontológico, porque el pensamiento ya no va a girar alrededor de las cosas, sino en cuanto son o existen y propone el método reflexivo con el cual se puede llegar a descubrir la razón de la existencia de las cosas como un todo, sin divisiones, continuo, pero cambiante para las sensaciones humanas. Niegan el conocimiento absoluto de las cosas, se oponen al panteísmo y al antropomorfismo de los dioses y a su adoración, proponiendo la doctrina de un solo dios.

A la escuela de Elea, se le opuso Heráclito de Éfeso. Heráclito era de la realeza pero renunció al trono para dedicarse a la filosofía, primero como seguidor de Parménides para separarse de él, al proponer que todo está en movimiento, todo fluye, inmortalizando la frase “nadie se puede bañar en el mismo río”, porque el río permanece, pero el agua ya no es la misma y afirma que la materia primordial es el fuego, porque es el menos consistente de los elementos. Considera la guerra como el padre de todas las cosas, porque es la discordia, la envidia y la contrariedad el origen del mundo. Aporta un concepto diferente al explicar lo sabio, que no implica al sabio ni a la sabiduría. Lo sabio está oculto en la naturaleza y es menester descubrirlo aunque el hombre no lo puede alcanzar, porque entonces sería Dios, logrando solamente ser filósofo.

Otro filósofo presocrático, fue Empédocles, también de clase real, había nacido en Agrigento, hoy Sicilia. Estudioso de la cosmogonía y la biología, viaja por el Poloponeso curando y enseñando su propuesta de que la luna no tiene luz propia, sino reflejada; que la luz viaja de un lugar a otro en poco tiempo; la transmutación de las almas y es el primero en proponer que los cuatro elementos juntos, aire, fuego, agua y tierra son la raíz de todas las cosas y a diferencia de Parménides, todas no son homogéneas, sino una mezcla unida a causa del amor.

Contemporáneo de Empédocles, fue Anaxágoras quien es el primer filósofo que vivió en Atenas y fue junto con Protágoras, maestros de Pericles. Anaxágoras agrega al pensamiento filosófico la idea de que no solo hay cuatro elementos que dan origen a las cosas, sino un número infinito de ellos llamados “homeomerías” y propone que en la parte más pequeña de cada cosa, hay otras partes pequeñísimas. A esta idea la llamó panspermia.  

En el siglo V, también se hace presente la escuela atomista. Leucipo y Demócrito fueron sus principales representantes. Demócrito de Abedera, lleva al máximo la idea de Parménides al nombrar átomo a la parte más pequeña de las cosas, la cual es insecable, indivisible, con diferentes formas, se mueven en torbellino y hasta el alma está formada por átomos. Demócrito es el primero en hablar de que es en el vacío donde se encuentran los átomos, por lo cual ese vacío se convierte en espacio por lo que deja de no ser. Sigue la ruta sensualista al proponer que el conocimiento se adquiere mediante la percepción de las imágenes emitidas por los objetos. Para Demócrito, el sabio debe ser imperturbable, sereno, tener dominio de sí mismo.

El mundo griego empieza a sumergirse en la corriente sofista, con planteamientos sobre el ser, el no ser, el tener, el saber y aunque empieza el retorno hacia el hombre como medida de todas las cosas, “de las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que no son”, y ello propicia la democracia, la sofística maneja la retórica sin llegar a la verdad.

En ese escenario, emergen las figuras de Sócrates, Platón y más tarde Aristóteles, que marcan el parteaguas, para encaminarse hacia el interés por la verdad, pero como un conocimiento público, descubierto, construido y poseído por los ciudadanos.

Pero Sócrates y Platón, así como Aristóteles, merecen otro espacio.

Isauro Gutierrez