Alquimia, la Materia de Egipto

 Alquimia, la Materia de Egipto

“La imaginación es la llama explosiva

 que enciende los espacios interiores

y revela sus misterios y significados”.

Paracelso

José Carlos Avilés Becerril

 

“Alquimia” es una palabra árabe que significa “la Materia de Egipto” y tiene su origen en el antiguo nombre del territorio del Valle del Nilo, Khem, que significa Tierra Negra. El uso del sustantivo “Alquimia” para describir el Arte Real se remonta a las obras de Zósimo, quien trabajó en Alejandría en el año 300 de nuestra era.

En la India Védica, la Alquimia se conocía con el término Nagayuna, el “Camino de la Serpiente”. En China, el texto más antiguo que se conoce sobre Alquimia, Nei-Ching (El Libro de Medicina Interna del Emperador Amarillo), data de apro­ximadamente los años 4,000 y 5,000 antes de nuestra era y precede tanto al I-Ching como al Tao te Ching.

La Alquimia se conoce como el Arte Real, porque es el medio a través del cual se manifiesta el potencial divino que existe en el interior del ser humano. La Alquimia es la Ciencia de los Sabios, bordada en hilos de oro en los motivos culturales de la civilización Occidental, en el camino de los Grandes Misterios del Espíritu que lleva a la Iluminación perfecta.

Este proceso a menudo se ha llamado Magnus Opus, la Gran Obra, porque es el ascenso final por la mística Montaña de Logros mediante la cual se alcanza la libertad del Ciclo del Nacimiento y la Muerte. Al ser un camino de evolución acelerada, la Alquimia implica muchos peligros (al igual que escalar montañas), y sus secretos más íntimos siempre se han ocultado para evitar que quienes no están preparados o quienes no han alcanzado la madurez espiritual, abusen de las energías de alta frecuencia que se requieren para practicar este Arte, o que éstas los lastimen. El concluir la Gran Obra confiere a quienes logran un control extraordinario de las condicio­nes físicas.

Se nos ha dicho que de la alquimia surgió la actual química y cuando buscamos bibliografía al respecto, siempre aparece el nombre de Paracelso. Por ese motivo, citaremos en esta ocasión datos de tan enigmático personaje.

Nació en el pueblecito suizo de Einsiedeln, muy cerca de Zurich, en diciembre de 1493. Su verdadero nombre era Aureolus Pillipus Teophrastus Bombastus Von Hohenheim. Su formación adolescente incluyó los fundamentos de la medicina.

De su maestro Jean Tritemio, abate del monasterio de San Jorge, en Wuraburg, despertó en Paracelso el interés por el saber oculto: medicina, hermética, alquimia, cábala, magia y nigromancía. Le encaminó en todas las ramas del saber, influyendo en su concepción filosófica y en su cosmovisión.

Adoptó el nombre de PARACELSO como expresión nítida de su desafío a toda la tradición médica de su tiempo, que tenía en Galeno, Avicena y Celso a sus indiscutible genios fundadores. El último de ­los mencionados fue un escritor romano del siglo I que recopiló los conocimientos de la especialidad médica de su época.

Como apuntamos antes, Paracelso nos parece un ser enigmático, por demás viajero a quien acompaño siempre una fama de mago, místico y astrólogo. Abrevo de Roger Bacón y tal vez también, de Alberto Magnus.

Fue Paracelso un médico de notable fama, le valió en lo inte­lectual, el apodo de “Lutero de la medicina” y en lo social el de “médico de los pobres”.

La filosofía hermética en que se basa la cosmovisión de Paracelso, comprende cinco aspectos: El primero, está configurado por una doctrina secreta, la misma filosofía hermética; El segundo, por la teo­ría que hoy llamaríamos científica sobre la constitución de la mate­ria; La alquimia y la medicina universal suponen el tercer escalón o arte práctico; El cuarto está constituido por el misticismo; y el quinto, por una síntesis de todo el saber que representa la culminación de sabiduría, un Ars magna.

Puede considerársele como el precursor de la homeopatía y uno de los primeros en desechar la astrología por estimar que era una charlatanería, sin ninguna base científica.

El filósofo Lessing, escribió una biografía de Paracelso en 1839 y Carlos Marx, otra en 1841. Se ocupó Eliphas Leví de Paracelso a partir de sus claves alquímicas, pero también podemos leer a Carl G. Jung y hasta a Jorge Luis Borges, tratando sobre alquimia y sobre Paracelso.

Fue, en fin, nuestro personaje en cuestión, un romántico que buscó apasionadamente la Piedra Filosofal, el elixir de la vida y el gran Catolicón (un remedio que se suponía podía curar todas las enfermedades).

En París conoció al médico Ambriisese Paré, quien acostumbraba cuestionarlo todo y no aceptaba nada, que no estuviera comprobado por los hechos. El encuentro fue benéfico para ambos y afinó el espíritu científico de Paracelso. Anotemos, en seguida, una frase de su pensamiento:

“La imaginación es la llama explosiva que enciende los espacios interiores y revela sus misterios y significados”.

De un libro de Elvira Marteles, titulado La Alquimia, citaré a continuación una reflexión hecha por Paracelso ante sus detractores:

“Mis escritos no son, como aquéllos de otros médicos, compilaciones de Hipócrates, de Galeno, o de Avicena, sino que, en una labor incesante, los he creado enteramente sobre la base de la experiencia, maestra suprema de todas las cosas. Cuando quiero demostrar algo, no trato de hacerlo citando autoridades, sino acudiendo a la experiencia y la razón”.

Acudiremos ahora al escritor masónico mexicano, Jaime Ayala Ponce quien en su libro, Introducción a la Masonería, primera parte, p.205, copia dicho autor del Diccionario enciclopédico de la masonería tomo 2, lo que a continuación citaremos:

“Paracelso, considerando inestable el sistema de Galeno tuvo a bien atacarlo, lo que le atrajo la enemistad de los médicos. Entonces optó por dedicarse a los estudios teológicos. Apunta dicho autor que a Paracelso se le debe el descubrimiento del opio, el uso del mercurio. Agrega que a Parecelso o en honor de Paracelso se debe el florecimiento de la masonería hermética, misma que consagró varios estudios y grados al sistema medical de este hombre, tales como EL COMPAÑERO, EL CONFIDENTE y EL TEOSOFO, llamados de Paracelso…

Según la instrucción de los mismos, este sistema filosófico medical se resume en las siguientes conclusiones: “La escritura Santa conduce a todas las verdades. La Biblia es la llave de la Teoría de las enfermedades. Para conocer la medicina de los magos, debe interrogarse el apocalipsis. Todos los seres, todas las cosas, incluso los minerales y los fluidos, se nutren toman alimentos y bebidas, y expulsan excrementos”.

Su teoría fisiológica está fundada sobre la aplicación de las leyes de la cábala y en la demostración de las funciones del cuerpo humano.

Las hojas son las manos de los vegetales; sus líneas indican las propiedades que poseen. El médico debe conocer los planetas del microcosmos, su meridiano, su zodiaco, su oriente y su occidente”… Hasta aquí, lo que “se fusiló” sin citar la fuente, este escritor.

 

REFERENCIAS HEMEROGRÁFICAS:

 

Revista MUY INTERESANTE, año XI, No. 8, Artículo de Luis G. de la Cruz, 1993.

*Revista Geografía Universal, Artículo de Magda Sólis titulado LA MAGIA Y SUS PERSONAJES.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:

Marteles Elvira LA ALQUIMIA, Ed. Espacio y Tiempo, España, 1992.

DICCIONARIO ENCCICLOPÉDICO DE LA MASONERÍA Ed.Valle de México, tomo2.

 

Ayala Ponce Jaime, INTRODUCCIÓN A LA FRANCMASONERIA, Ed. Entre columnas, México, 1983.

Isauro Gutierrez