Pedagogía Popular propuesta por Paulo Freire

Vicente García Rocha
Los textos que aquí se reseñan, fueron escritos y discutidos dentro y fuera de Brasil a partir de 1992, por Paulo Freire, hay un tema recurrente en ellos: la reflexión político-pedagógica…
Educación permanente.- El conocimiento como producción social, resulta de la acción y de la reflexión, de la curiosidad que terminó por inscribirse históricamente en la naturaleza humana y cuyos objetos se dan en la historia, tal y como en la práctica histórica se gestan y perfeccionan los métodos de aproximación a los objetos de los que resulta la mayor o menor exactitud de los descubrimientos. La naturaleza humana se halla tan presente que se constituye en la historia misma y no antes o fuera de ella. Es históricamente como el ser humano ha ido convirtiéndose en lo que viene siendo: no sólo un ser finito, inconcluso, inserto en un permanente movimiento de búsqueda, sino un ser consciente de su finitud.
La vocación de ser más exige libertad, posibilidad de decisión, de elección, de autonomía para moverse en el tiempo y en el espacio en cumplimiento de su vocación, en la realización de su destino, para ello es preciso que se participe constantemente en el dominio político, rehaciendo las estructuras sociales, económicas, en que se dan las relaciones de poder y se generan las ideologías. Los seres humanos no pueden ser seres totalmente determinados, sino seres programados para aprender, para ejercer la crítica y la decisión para su liberación.
Es necesario colocar nuevamente en el centro de nuestras preocupaciones al ser humano que actúa, que piensa, que habla, que sueña, que ama que odia, que crea y recrea, que sabe e ignora, que se afirma y se niega, que construye y destruye, que hereda y que adquiere.
La educación puede considerarse como proceso de conocimiento, formación política, manifestación ética, búsqueda de la belleza, capacitación científica y técnica, la educación es práctica indispensable y específica de los seres humanos en la historia como movimiento, como lucha. La historia no prescinde de la controversia, de los conflictos que, por sí mismos, ya generaría la necesidad de educación…
Programados para aprender y enseñar.- Somos seres programados para aprender y enseñar, puesto que uno implica el otro sin que jamás uno prescinda normalmente del otro, han venido adquiriendo en la historia, connotaciones ontológicas. Aprender y enseñar forman parte de la existencia humana, histórica y social, igual que forma parte de ella la creación, la invención, el lenguaje, el amor, el odio, el asombro, el miedo, el deseo, la atracción por el riesgo, la fe, la duda, la curiosidad, el arte, la magia, la ciencia, la tecnología y enseñar y aprender a través de todas las actividades humanas. Precisamente porque nos volvimos capaces de decir el mundo en la medida en que lo trasformábamos, en lo que lo reinvetábamos, por lo que terminamos por volvernos enseñantes y aprendices, sujetos de una práctica que se ha vuelto política, gnoseológica, estética y ética.
Un ser programado para aprender y enseñar, inacabado, pero consciente de su inacabamiento, y por ello en permanente búsqueda, indagador, curioso en su entorno y de sí mismo en y con el mundo y los demás; y por histórico, no se hallase como condición necesaria para estar siendo, inserto, ingenua o críticamente, en un incesante proceso de formación. La educación es permanente no porque lo exija determinada línea ideológica o determinada posición política o determinado interés económico, La educación es permanente en razón de la finitud del ser humano y por la conciencia que éste tiene de su finitud y porque además, por el hecho de que ha incorporado a su naturaleza la noción de no sólo saber que vivía, sino saber que sabía y así saber que podía saber más.
Como no hay educación sin una política educativa que establezca prioridades, metas, contenidos, medios, y se impregne de sueños y utopías, uno de los sueños por el cual luchar, es el sueño de un mundo menos feo, en el que disminuyan las desigualdades, las discriminaciones de raza, sexo, de clase, un sueño así, permitiría la realización democrática y que hoy por hoy, es una farsa. ¿Qué democracia es ésta donde encontramos millones de seres hambrientos, negados, impedidos de leer la palabra y escasamente capaces de leer su mundo?
Se debe enseñar a los niños de cualquier ciudad y de cualquier país, que no necesitemos esconder nuestra condición de judíos, de árabes, de alemanes, suecos, brasileños, mexicanos, africanos, latinoamericanos, de indígenas, de negros, de rubios, de homosexuales, de creyentes, de ateos, de progresistas, de conservadores para gozar de respeto y atención; los niños, los adolescentes, los jóvenes, deben aceptar el reto de pensar y a discutir el derecho a ser diferentes sin que eso signifique ser discriminados, castigados, o peor excluidos de la vida..
Educación y responsabilidad.- Cualquiera actividad humana, laboral, profesional o académica, requiere y exige sea realizada con responsabilidad, lo que implica por un lado, cumplir deberes y por el otro ejercer derechos. Entre nosotros la falta de respeto a los derechos y el incumplimiento de deberes, están tan generalizados, que el clima que nos caracteriza es la irresponsabilidad. La impunidad es la regla. Se aplaude al listo que roba un millón y se castiga al mísero que roba un pan.
Para superar tales descalabros, hace falta un clima de rigor ético creado por medio de urgentes trasformaciones sociales y políticas, las que posibilitarán la puesta en práctica de una educación orientada hacía la responsabilidad, hacía la liberación de las injusticias y discriminaciones de clase, sexo y de raza. Sin responsabilidad, no hay educación para el progreso, para la liberación. La educación autoritaria, antidemocrática y domesticadora, puede o no ser responsable, la dicotomía entre la práctica educativa para la liberación y la práctica educativa domesticadora y autoritaria, consiste en que la responsabilidad en esta última se da en relación a los intereses de grupo y de las clases dominantes, mientras que en la práctica educativa liberadora, está en relación con la naturaleza humana, haciéndose y rehaciéndose en la historia.
Hay otra diferencia que es imperioso destacar; quien ejerce la práctica educativa domesticadora, tal vez con formación científica y perspicacia política pero carentes de eticidad, puesto que están al servicio de los que dominan, en cambio, los educadores progresitas y libertadores, poseen el que, el cómo, la astucia política pero además, siguen un sueño, una utopía, de ser más de hombres y mujeres, esto es, educación con responsabilidad, con moralidad y con eticidad.
Si inmoral es la dominación económica, sexual, racial, la violencia de los más fuertes sobre los más débiles, inmoral es el dominio de una clase social sobre todas las demás. La educación para la liberación, responsable atiende a la radicalidad del ser humano, tiene como imperativo ético y político la desocultación de la verdad.
Educación y calidad.- Los términos educación y calidad, posibilitan diferentes hipótesis temáticas que se desprenden de él o que se hallan insertos en él: educación para la calidad; la calidad de la educación y la educación y la calidad de vida.
Los griegos fueron los primeros que se interesaron por las cualidades de las cosas de los objetos de los seres. Más tarde Locke sistematizó la cuestión en su Ensayo sobre el entendimiento humano, donde clasifica las cualidades en: primarias –movimiento, figura, forma, inpenetrabiblidad, dureza- secundarias –dolor, color, sabor…- las terciarias, son las que se suman a las primarias y secundarias: son valores que atribuimos a las cosas que tienen sus cualidades primarias.
Es imposible pensar en una educación neutra e igualmente es imposible pensar en una evaluación neutral de ella. No hay cualidades para recalificar la práctica educativa, que pudieran considerarse como absolutamente como neutras, en la medida en que, como valores, son vistas desde diferentes ángulos, en función de intereses de clases o de grupos. Hay formas antagónicas de ver la verdad, la de los dominantes y la de los dominados. En el fondo, ocultar o revelar verdades no es una práctica neutra.
Educación para la calidad, se refiere a una educación cuyo objetivo es la calidad, cierta calidad con la que soñamos, cierto objetivo. Como no existe una calidad sustantiva cuyo perfil esté universalmente definido, tenemos que aproximarnos al concepto; hay calidades y calidades, en cuanto a cualidad terciaria, es decir, valor que atribuimos a los seres, cosas, a la práctica educativa.
Una era lo que entendía por excelencia de la educación el presidente Reagan o lo que entiende el presidente Fox y otra, opuesta, lo que opinan de la excelencia pensadores como Giroux, Michael Apple, Martín Carnoy y otros muchos pedagogos.
Un elitista entiende la expresión como la práctica educativa centrada en los valores de las élites y en la negación implícita de los valores populares. Un demócrata liberal, jamás sectario, posmoderno, entiende la misma expresión como la búsqueda de una educación seria, rigurosa, democrática, en nada discriminatoria ni de los renegados ni de los favorecidos. Sin ser una práctica neutra, si es reveladora de verdades, desocultadota, iluminadora de las tramas sociales e históricas; una práctica justa y ética contra la explotación de los hombres y las mujeres.
Calidad de la educación, se refiere a una probable cualidad primaria del concepto educación, pero no se trata de cualquier calidad, sino de una determinada calidad de la educación: una educación democrática, popular, rigurosa, seria, que respeta y estimula la presencia popular en los destinos de la escuela.
Calidad de la ecuación; educación para la calidad y calidad de vida, no importa en qué enunciado se encuentren, educación y calidad, son siempre una cuestión política, fuera de cuya reflexión y comprensión no nos es posible entender ni una ni otra. No hay, educación neutra ni calidad por las que luchar, en el sentido de reorientar la educación, que no implique también una opción política y no exija una decisión, también política, de materializarla.